Cantores...

Mercedes Sosa: la melodía del fuego eterno

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Para decidir, para continuar,
para recalcar y considerar
Sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros.

Ay,  fogata de amor y guía
razón de vivir mi vida.

Con telúrica voz, como lamento doloroso de las entrañas de la tierra que sacude sus siglos de injusticias llega Mercedes Sosa a la eternidad de la América Nuestra y Nueva. Ella sintetizó en su obra, creadora desde las canciones que asume y hace suyas —y con ello las vuelve universales—, la voz de nuestros pueblos, el sentir y soñar de los pobres de la tierra.  

Imagen: La Jiribilla
Mercedes Sosa en la Casa de las Américas de La Habana. Foto tomada de La Ventana 
 

Dale tu mano al indio,
dale que te hará bien
y encontrarás el camino
como ayer yo lo encontré.

Dale tu mano al indio,
dale que te hará bien
te mojara el sudor santo
de la lucha y el deber.

En artículo anterior me referí a los primeros años en la vida de Haydée Mercedes Sosa, que es su nombre completo, nacida en San Miguel de Tucumán, Argentina, el 9 de julio de 1935. Sus presentaciones iniciales en la radio local, su camino junto al músico Oscar Matus la llevan hasta el Manifiesto del Nuevo Cancionero, documento que fue lanzado ante la prensa por un amplio grupo de músicos y cantores el 11 de febrero de 1963, y deja asentados los “mandamientos” de La Nueva Canción no solo en Argentina sino en todo el continente. Con él queda constancia de un cambio que se viene produciendo en el canto, especialmente de actitud, frente a una música “comercial” que desde los grandes medios masivos en manos de los poderes económicos y políticos, se impone. En fecha tan temprana como 1963 tienen conciencia de los peligros de esas canciones de moda que imponen los medios masivos y los circuitos de grabación y distribución de discos, desde su filtro, que va estilizando la canción, despoetizándola, descomprometiéndola. De ahí que lancen este manifiesto donde declaran que el genuino cantor se nutre de las raíces populares, que asume suyas todas las sonoridades de otros pueblos, que son creadores y no repetidores de fórmulas de éxito,  y —muy especialmente— que asumen el canto como expresión de las luchas de los oprimidos; el cantor se inserta como visión enamorada, poética, como activista social desde su arte y su actitud, desde su compromiso con todas las buenas causas.  

Cambia lo superficial,
cambia también lo profundo,
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo.

Cambia el clima con los años,
cambia el pastor su rebaño,
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.

Mercedes Sosa se va convirtiendo en todo un símbolo de la rebeldía, en la medida en que su éxito se hace mayor, la figura de la india con su poncho y su bombo y su telúrica voz, con su espesura poética, se torna incómoda y peligrosa para los poderosos, y su cultura light. La Negra, empieza a llamarla su pueblo con lo cual ese “negra” despectivo discriminatorio, de las clases dominantes, hacia los de abajo, se revierte en término admirativo; es como una canonización que hace el pueblo para decir la mía, la voz nuestra.

Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte,
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.

Si no creyera en la balanza,
en la razón del equilibrio,
si no creyera en el delirio,
si no creyera en la esperanza.

Si no creyera en lo que agencio,
si no creyera en mi camino,
si no creyera en mi sonido,
si no creyera en mi silencio.

Imagen: La Jiribilla
Mercedes Sosa en la Casa de las Américas de La Habana. Foto: Cortesía de la Institución 
 

Muy pronto comienza a ser injuriada, amenazada, prohibida, los poderosos saben que es altamente peligrosa, porque es dueña de la poesía popular, es la identidad de los de abajo; tal es su resonancia, su autenticidad, que ni siquiera tiene que cantar, su sola presencia o su nombre son suficientes para que sea tomada por acto de rebeldía. Mercedes Sosa es el anti poder, lo que viene en el tiempo y las raíces, lo que no es corruptible, manipulable, destruible, comprable; es el pueblo en su historia y en ese momento.  

Si no creyera en quien me escucha,
si no creyera en lo que duele,
si no creyera en lo que quede,
si no creyera en lo que lucha.

¿Qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera?

Las dictaduras militares la tienen en su lista negra, en momentos en que desparecen por miles estudiantes, líderes sindicales, todo el que piensa o se rebela; Mercedes Sosa comete un grave delito: canta, de verdad, sin medias tintas. Resiste, pero cada día que pasa su vida peligra más, y en 1979 tiene que salir al exilio.

Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro.

He de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque solo quede tiempo en mi lugar.

Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada.

He de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.

Con el exilio en Europa Mercedes Sosa expande la voz de los latinoamericanos, su cancionero incluye piezas de Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Cesa Isella, Daniel Viglietti, Víctor Jara, Horacio Guaraní…

Si se calla el cantor,
calla la vida,
porque la vida
misma es toda un canto.

Si se calla el cantor,
mueren de espanto
la esperanza, la luz y la alegría.

Atenta a todo lo que pasa, incorpora pronto canciones de trovadores cubanos como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, con lo cual está asumiendo el canto de la Revolución cubana; así mismo, piezas de Chico Buarque, o Milton Nascimento, de Brasil, y se vuelve con mucho interés hacia el rock nacional argentino incorporando piezas de Charly García, Luis Alberto Spinetta y León Gieco, con las que redimensiona el enfrentamiento a las dictaduras militares; su voz le otorga gran resonancia a los versos de protesta: 

Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.

Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente,
que no me abofeteen la otra mejilla
después que una garra me arañó esta suerte.

Imagen: La Jiribilla
Mercedes Sosa y León Gieco. Foto: Archivo de La Jiribilla
 

Mercedes Sosa rompe una vez más con los prejuicios, ahora musicales, su voz que es el folclor vivo de su pueblo se fusiona con los roqueros, con la mayor naturalidad; “Solo le pido a Dios” de León Gieco se convierte en himno en gran parte del mundo, entre otras muchas piezas que ella va sumando, con un riguroso criterio de selección.

Lo que canta se torna antológico, porque solo interpreta las más auténticas y poéticas canciones, y por ello todo lo que pasa por su cósmica engendra la maravilla. Nunca canta por cantar, siempre su voz sale del alma, de la pasión y la razón, del dolor y los sueños de los necesitados, de esa acumulación de energía poética; Mercedes es un acto constante de creación.   

Cambia el pelaje la fiera,
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño.

Pero no cambia mi amor
por más lejos que me encuentre
ni el recuerdo, ni el dolor
de mi pueblo y de mi gente.

Lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana,
así como cambio yo
en esta tierra lejana.

Cambia, todo cambia…

Tras unos años en Europa, el 18 de febrero de 1982, regresa “La Negra” a su tierra; Argentina se estremece con sus multitudinarios conciertos, su voz y la del pueblo se funden, el odio está cayendo con su canto que anuncia el nuevo tiempo.

Tantas veces me mataron, tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí, resucitando.
Gracias doy a la verdad y la mano con puñal
porque me mató tan mal y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.

 

Su última obra, el álbum Cantora, es un proyecto colosal, aglutinador, no solo porque invita a cantores de diversos rincones del mundo, sino también porque incluye en ellos a cantantes de otros mundos artísticos como Shakira o Diego Torres, y llega a ser tan atrevida como de fusionar su canto con el de René de Calle 13. Un disco sin fronteras, con canciones cardinales y donde el sentimiento cobra dimensiones colosales, con el extra de saber que era su despedida.

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez....

Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.  

Imagen: La Jiribilla

Cantora, es un álbum doble, con un DVD que contiene una especie de making off de la grabación, donde aparecen Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Fito Páez, Charly García, Luis Alberto Spinetta, Víctor Heredia, Liliana Herrero, Rubén Rada, Jorge Drexler, León Gieco, Lila Downs, Teresa Parodi, Gustavo Santaolalla, Joaquín Sabina, y Teresa Parodi, entre muchos otros. Esta obra de 2009 es la despedida de Mercedes que nos dejó más de 50 discos y cientos de colaboraciones. Así que no vale hablar de muerte pues en esa obra está ella; y en nosotros, y los que vendrán y escucharán su canto de profunda esencia humana.

Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra,
este corazón que va de su parte, sol y tinieblas.
Para continuar caminando al sol por estos desiertos
para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos.

Quiero despedir estas líneas de encuentro con Mercedes Sosa con una pieza del álbum Cantora, “Zamba del cielo”, que canta La Negra con Fito Páez y Liliana Herrero. Cuando terminan de grabar se toman las manos y saltan lágrimas, suyas, nuestras, de todos los que damos gracias a la vida que nos dio su canto.   

 

Zamba del cielo

Autor: Fito Páez

La vida es una hoguera
que quema toda ilusión,
la vida también regala
gente divina de corazón.
La vida también regala
gente divina de corazón.

Las cosas siempre suceden
las más hermosas son sin querer
qué suerte que hoy la alegría
tiene tu nombre y tiene tu piel,
que suerte que hoy la alegría
tiene tu nombre y tiene tu piel.

Alumbrados por estrellas
bajo un cielo protector
dormiremos abrazados
por la luz que da el amor
con calor que da el amor.

La vida me ha dado mucho
pero también me quitó,
la vida es este río de maravillas
y de dolor,
la vida es este río de maravillas
y de dolor.

Y alumbrados por estrellas
bajo un cielo protector
dormiremos abrazados
con la luz que da el amor,
al calor que da el amor,
al calor que da el amor.

La vida es una hoguera
que quema toda ilusión,
se enciende la melodía
del fuego eterno entre los dos.

 

 

  

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato