Burrerías en Va por la Casa

Aimelys Díaz • La Habana, Cuba
Martes, 21 de Julio y 2015 (1:45 pm)

"¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños…!” Así escribía el Poeta en Madrid. Corría el año 1914 y Juan Ramón Jiménez ideaba una de las narraciones más tiernas y líricas de la lengua castellana, Platero y yo. La obra resulta un ejemplo cumbre de cómo en la literatura es imaginado el burro, uno de los personajes que más ha cargado historias en su montura. Cuentos, fábulas y leyendas han narrado la vida de estos seres bondadosos y traviesos. La dramaturgia cubana no es ajena a esto, y es en la escena infantil y titiritera donde más hacen de las suyas.

Imagen: La Jiribilla

Ejemplos de ello son El burro Caturro Perimpimplujo, del autor matancero Jesús del Castillo, el burro Plata de Historia de burros, escrita por el maestro de la figura animada René Fernández Santana, y llevada al retablo en numerosas ocasiones por creadores de Cuba y de otras latitudes. Ambas piezas, junto a El perro y el burro, también de Fernández Santana, fueron recreadas por Teatro La Proa en su espectáculo Burrerías, que se presentará el próximo jueves 23 a las cinco de la tarde, como una de las actividades que cierran la Temporada de verano Va por la Casa.

Fundado en el año 2003 y dedicado al teatro de la figura animada, Teatro La Proa ha alcanzado una relevancia en el arte teatral de la isla. Cenicientaaa!!!!, Aventuras con el televisor, Mowgli, el mordido por los lobos, Romance en charco seco, Aires de fiesta, entre otros, resumen un camino de fuerte trabajo, calidad y rigor en el quehacer teatral. Ello le ha permitido a La Proa lograr un estilo escénico, un sello que los hace únicos desde la selección de los textos escritos hasta la confección de los muñecos y la composición escénica. Todo bajo el amparo del talento actoral.

Como pivotes de estas creaciones, el dramaturgo, director y titiritero Erduyn Maza y el diseñador y titiritero Arneldy Cejas, secundados por la investigadora y dramaturga Blanca Felipe en la asesoría. En Burrerías un burro puede llamarse Plata, y también Platero. La poesía de Juan Ramón Jiménez se une a la de Fernández Santana y a la de Jesús del Castillo, para contarnos esta historia. Entre peleles, teloncillos, marotes, parlantes y esperpentos, los títeres seducen, desde el color hasta la técnica de manipulación.

Deudor de esa “escuela” que ha sido Teatro Papalote, bajo la dirección de René Fernández, Arneldy Cejas destila el bello arte de la construcción titiritera. En ese sentido, la artesanía teatral se funde a estos creadores que desde la selección de las telas hacen suyos los personajes de las obras. De esta manera surge la verde pradera y la cascada donde el burro encontrará el amor. Pues de eso trata la historia, de amor y alegría. A manera de divertimento Burrerías nos presenta un espacio para jugar, cantar y reír.

Sobre el espectáculo Maza, quien también es el encargado de la dramaturgia, comentó: “estas variedades titiriteras para pasear en burro fueron escritas con el propósito de dignificar a ese animalito noble y laborioso que a través de la historia ha sido vilipendiado, llegando a convertirse en representación de la ignorancia y la tozudez”.

Entre adivinanzas, canciones infantiles tradicionales, títeres y actores se funden en esta pieza sencilla, colmada del mejor artificio en torno a la figura animada. Con presentaciones en espacios disímiles, como escuelas, bibliotecas, teatros, y ante públicos diversos, Burrerías llega ahora al Patio Casa Tomada para hacernos cómplices del buen hacer titiritero.

Tomado de: La Ventana

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