Teatro

Ensayo en soledad

Isabel Cristina • La Habana, Cuba

El proyecto “Lumen Teatro”, dirigido por la joven Ambar Carralero, presentó la obra Ensayo sobre un suicidio, una versión de La noche canta sus canciones del dramaturgo noruego Jon Fosse. Luego de su estreno el pasado año en el Café Teatro Bertolt Brecht, la directora escoge ahora un espacio más propicio para el espectáculo. Se trata de la sede de La Isla Secreta, un apartamento de Soledad 308 que, con sus contextos cotidianos, es el escenario ideal para esta obra.

Jon Fosse construye la historia de una pareja que transita por las vicisitudes de la vida común: un niño pequeño, el aburrimiento, el fracaso. La estructura tradicional de la pieza es dinamitada en la versión de Carralero, quien la convierte en una especie de Reallity Show, y por momentos en un juego de teatro dentro del teatro. Un escritor nos invita al lanzamiento de su última novela, nos hace pasar a la casa y nos da la bienvenida. El acto consistirá en la representación de algunos capítulos interpretados por él mismo y una actriz amiga.

La casa como espacio escénico complejiza la puesta en escena, pues se agudiza la pauta realista sugerida por el dramaturgo y diseñada por la directora. El espacio determina una iluminación, escenografía, y estilo de interpretación determinados. Ambar emplea luces no teatrales, lámparas de noche y bombillos incandescentes para, desde la iluminación, contribuir a componer la atmósfera real, cotidiana. Aunque principalmente se representa en la sala de la casa, se utilizan otros espacios como la cocina y el cuarto. Los diseños, escenografía y ambientación de Pedro Ocejo se conectan coherentemente con una visualidad realista, y la presencia de elementos reales le concede al espectáculo un atractivo singular.

La complejidad de la versión dramatúrgica que realiza la directora se evidencia en su puesta en escena, ya que tanto los actores como los espectadores juegan un doble rol. Yoander Vallester, quien interpreta al joven, debe recibir al público como el escritor que va a presentar su novela, y luego actuará su propia vida. Mientras, Yohana Pérez interpretará a la esposa y también a la amiga del escritor. El público se convierte en el auditorio que asiste a la presentación del libro, y en ocasiones interviene directamente en la escena.

Los diálogos de Jon Fosse expresan la teatralidad privilegiando lo íntimo, los silencios, la vida interior de sus personajes. Esta vez se dialoga desde las habitaciones de una casa y no desde un escenario frontal, lo cual constituye un reto mayor para los actores. Si bien los intérpretes logran llevar el peso de la puesta y conseguir el ritmo necesario para que se conecten los fragmentos de la historia, se imponen otros desafíos: la casa como protagonista demanda matices profundos, tonos más bajos, una relación dinámica con el espacio, dar mayor importancia a las miradas, a los pequeños gestos y las acciones cotidianas. Ajustes que se irán perfilando en el encuentro sistemático con el público.

Ambos intérpretes deben repensar la relación existente entre sus personajes actores que interpretan las escenas de la novela, así como los de ficción creados por el escritor. Constantemente entran y salen de la invención sin definir claramente el tránsito de uno al otro. Yohana Pérez es una actriz con excelentes condiciones para afincarse a la cuerda realista que en algunos momentos el texto sugiere, sin embargo, debe comedir su fuerza dramática para lograr un efecto más intimista.

La pauta del personaje que interpreta a otro personaje se complejiza aún más cuando el escritor se interpreta a sí mismo. El actor Yoander Vallester también tiene el reto de asumir al amante de la esposa que aparece casi al final de la obra. Sin embargo, más allá del vestuario no hay una marcada diferenciación entre los personajes que interpreta el mismo actor. Esta confusión de roles podría dejar de ser una deficiencia y convertirse en una virtud, si se aprovechan mejor las licencias que posibilita el recurso del teatro dentro del teatro.

A pesar del dinamismo, la originalidad y la frescura de la versión dramatúrgica de Carralero, de ella nacen las deficiencias fundamentales del montaje, pues fusiona —como al descuido— géneros, estilos de representación, recursos dramáticos, roles, espacios, realidad y ficción. La directora debe, además, repensar la intervención del tercer personaje en términos de actuación, controlar entradas y salidas y atender con especial tino el trabajo de los actores. Esta última consideración resulta esencial en una puesta en escena donde los géneros se mezclan para conseguir la risa del espectador. Tal es el caso de la escena final que se reitera varias veces: a modo de melodrama, de comedia o serie televisiva.

Ajustar todos estos elementos será el reto futuro de Ensayo sobre un suicidio. Confío en la evolución orgánica del proyecto “Lumen Teatro” y en que la guía de Ambar hará crecer esta obra ante el público.

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