Selección de poemas

Rafael Carballosa Batista • La Habana, Cuba

Las cosas por su nombre

No se engañe, “Delegada”,
somos unos muchachos tranquilos.

Nos tendemos sobre la hierba
a conversar con las nubes
y a traducir el idioma
que nos traen las lluvias de Agosto.

Es cierto que somos un poco vagos,
pero mire usted, tanto empeño
y asusta cómo anda el mundo.

Se nos ve vagabundear por las esquinas
cuando casi todos se han ido a dormir,
en busca de una señal, de una invitación,
que nos recuerde que aún estamos vivos.

Y también es cierto que soñamos con paisajes
que nunca hemos visitado,

que somos militantes del asombro y la fuga,
que abrazamos las preguntas que emergen como islas
en el horizonte de cada canción.

Nos llenamos de dibujos y alambres
porque ya sólo el cuerpo quizás nos pertenece.

Nos declaramos en contra
de todo el que pretenda administrarnos
las buenas libras de oxígeno
que a cada segundo nos da la vida
sin reclamar diezmo, oda ni sumisión.

Nos aburre la gramática de los noticieros
así que llamamos las cosas por su nombre
y nos resbala que la Academia
pregone el Apocalipsis.

No anhelamos más herencia que la noche
y su altura sorprendida.

Bajo el imperio del caos y la resaca
amamos y somos amados sin mayores argumentaciones.

Los que vengan después harán lo suyo.

***

 

Y mentimos porque sí,

                                           para pasar el rato,

                                           para reírnos de los museos,

                                           porque demasiadas veces

hemos visto morir y matar a nuestros padres

en nombre de la gloriosa verdad.

 

Las navajas que ve en nuestras manos

están en su mirada.

 

No llegaremos a la luna,

no inventaremos la rueda ni el rock and roll,

pero tampoco seremos el combustible

que ha de mover la Gran Máquina de la Estafa Universal.

 

Hijos de la extensa raza de los hombres,

cualquier sonrisa es nuestro barrio,

cualquier vino nuestra casa.

 

Vaya a su meeting y homenaje

y déjenos en paz,

mientras dibujamos caligrafías de humo,

y recitamos versos obscenos.

Mientras cantamos, descreídos y borrachos,

desde la indócil vértebra sonora.

 

***

 

Salón de peluquería

Mujer de latidos bilingües y vestir de acuarela,
de labios y pechos de fiebre,
debes saber
que te ama un hombre simple como la tierra,
un hombre que no logra limpiarse de ironías,
se emborracha con alcoholes mentidos
y tropieza el minuto de la hora que no alcanza.

Mujer de gestos cinematográficamente sofisticados,
despierta y sin tregua,
tú que descifras todas las señales
y das primero y tres veces,
te aviso
que te espera un hombre sucio como el tiempo.

Un hombre que dice con frecuencia
carajo,
la cosa está de pinga,
me cago en dios.
Un hombre sin talento para las relaciones públicas,
el marketing y el sistema empresarial.

Mujer sustancia de confeti y neón,
emperatriz de las celebraciones,
Honoris Causa en dietas, gimnasios y cosméticos,
entérate
que voy a la tristeza y los domingos;
que soy leal como la noche;
que me demoro más en una canción
o en el alarde irrebatible de tus nalgas
que en el arcoiris desechable de las vidrieras;
que frecuento el censurable vicio
de tenderme a conversar con la luna,
tal vez porque sospecho que en su vientre
pastan los sueños que postergamos
por idiotez o cobardía.

Mujer experta en telenovelas y revistas de chismes,
estadista del souvenir y la gangarria,
faraona del confort,
látigo del luto y la arruga,
si aún no he aniquilado tu entusiasmo,
te prevengo
que si pasas el umbral de mi desasosiego
y persistes en hacerme la estrella de tu show,
tendrás que seguir siendo tú misma
porque así, teatral y purpúrea,
te quieren mis muertos.

Y si acaso mi cariño deviene
en catedral de mármol y escarcha,
te invito
a que combatas y destruyas mis ídolos,
porque también yo,
oh mujer que te conmueves
con la peor música del mundo,
también yo
prefiero el idioma que habla la ternura.

Y ahora,
por favor,
ponme de nuevo ese bolero.
 

***

Letanía ciudadana
 

               “…mostrándome sus manos llenas…”
[ Walt Whitman ]

 

La libertad justifica las guerras,
                               me dicen los generales.
La libertad a veces se vende,
                               me dicen los comerciantes.
La libertad mueve a las masas,
                               me dicen los políticos.
La libertad está más allá,
                               me dicen los beatos.

La libertad pasó de moda,
                                     me dicen los adolescentes.
Cuidado con una sobredosis de libertad,
                                     me dicen los adictos.
La libertad se hizo secretaria,
                                     me dicen los hippies.
La libertad, ah, la libertad,
                                     me dicen los nostálgicos.

La libertad es una ilusión,
                                 me dicen los budistas.
La libertad es un truco,
                                 me dicen los magos.
La libertad no tiene solución,
                                me dicen los matemáticos.
La libertad está prohibida,
                                 me dicen los censores.

La libertad se cae,
                                  me dicen los arquitectos.
La libertad no tiene ritmo,
                                  me dicen los músicos.
La libertad no da buenas cosechas,
                                  me dicen los campesinos.

La libertad nos mantiene ocupados,
                                  me dicen los enterradores.
La libertad fue otro dinosaurio,
                                  me dicen los paleontólogos.
La libertad es una candela,
                                  me dicen los bomberos.

La libertad es pa’ los machos,
                                  me dicen los mariachis.
La libertad es un delito grave,
                                  me dicen los policías.

La libertad, qué es la libertad,
                                  me pregunta mi niño.
Y yo, que siempre me creí libre,
no sé qué responderle.

 

Tomado de Alas Cuba

 

FICHA
Rafael Carballosa Batista (Holguín, 1975): Poeta cubano. Ha publicado los cuadernos de poesía La infinita quietud de la tristeza (Ed. Áncoras, 2004), Rimas comunes, El grave otoño y La ventaja de no pertenecer (Ed. El Abra, 2005, 2007 y 2012, respectivamente). Ha recibido el Premio de Poesía “Mangle Rojo”, Asociación Hermanos Saíz, 2002 y 2003; Premio Poesía de Amor, Isla de la Juventud, 2003; Premio de la Ciudad de Nueva Gerona (décima), 2003 y 2010; y el Premio en el Concurso Literario “Paco Mir” (décima), 2004. En la actualidad vive en la Isla de la Juventud.

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