Con la adarga al brazo, todo fantasía

Ana Cairo • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

Con motivo de la cuarta centuria de la publicación de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, quiero rendir un tributo admirativo a la novela cimera de Miguel de Cervantes evocando a intelectuales revolucionarios que construyeron una nueva saga de héroes en los que la dimensión quijotesca estaba fundida con el realce de la praxis revolucionaria, que enaltecía el combate por la justicia y la dignidad humanas.

Imagen: La Jiribilla

En la oncena tesis sobre Feurbach, Carlos Marx exaltó la necesidad de una praxis revolucionaria coherente para cambiar al mundo. El humanismo de tradición cervantina también puede enriquecerse con el  legado de Marx.

A partir de la dimensión de nuevo mito revolucionario mundial en que se convirtió Che Guevara, ese linaje universalizador también puede estudiarse como uno de los aportes culturales de la Revolución cubana.

I

[24 de septiembre de 1955].

Tal vez alguna bala de esas tan profusas en el Caribe acaben con mi existencia (no es una baladronada, pero tampoco una posibilidad concreta, es que las balas caminan mucho en estos lares), tal vez, simplemente siga de vagabundo el tiempo necesario para acabar una preparación sólida y darme los gustos que me adjudiqué dentro del programa de mi vida, antes de dedicarla seriamente a perseguir mi ideal. Las cosas caminan con una rapidez tremenda y nadie puede predecir dónde ni por qué causa estará al año siguiente. [1]

[6 de julio de 1956].

Si por cualquier causa, que no creo, no puedo escribir más y luego me toca las de perder, consideren estas líneas como de despedida, no muy grandilocuente, pero sincera. Por la vida he pasado buscando mi verdad a los tropezones y ya en el camino con una hija que me perpetúa he cerrado el ciclo. Desde ahora no consideraría mi muerte una frustración, apenas como Hikmet: “Solo llevaré a la tumba la pesadumbre de un canto inconcluso”. [2]

[15 de julio de 1956]

No soy Cristo y filántropo, vieja, soy todo lo contrario de un Cristo y la filantropía me parece cosa de…[aquí hay una palabra ilegible], por las cosas que creo, lucho con todas las armas a mi alcance y trato de dejar tendido al otro, en vez de dejarme clavar en una cruz o en cualquier otro lugar. […]

Lo que realmente me aterra es tu falta de comprensión de todo esto y tus consejos sobre la moderación, el egoísmo, etc., es decir las cualidades más execrables que pueda tener un individuo. No solo no soy moderado, sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mí que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda. En cuanto a tu llamado al moderado egoísmo, es decir, al individualismo ramplón y miedoso, a las virtudes de X.X. debo decirte  que hice mucho por liquidarlo, no precisamente a ese tipo desconocido, menguado, sino al otro, bohemio, despreocupado del vecino y con el sentimiento de autosuficiencia  por la conciencia equivocada o no de mi propia fortaleza. En estos días de cárcel y en los anteriores de entrenamiento me identifiqué totalmente con los compañeros de causa. Me acuerdo de una frase que un día me pareció imbécil, o por lo menos extraña, referente a la identificación tan total entre todos los miembros de un cuerpo combatiente, que el concepto yo había desaparecido totalmente para dar lugar concepto nosotros. Era una moral comunista y naturalmente puede parecer una exageración doctrinaria, pero realmente era (y es) lindo poder sentir esa remoción de nosotros.

(Las manchas no son lágrimas de sangre, sino jugo de tomate.)

Un profundo error tuyo es creer que de la moderación o el “moderado egoísmo” es de donde salen inventos mayúsculos u obras maestras de arte. Para toda obra grande se necesita pasión y para la revolución se necesita pasión y audacia en grandes dosis, cosas que tenemos como conjunto humano. [3]

[Aproximadamente, octubre de 1956].

[…] Además, tenía que llegar a una serie de conclusiones que se daban de patadas con mi trayectoria esencialmente aventurera; decidí cumplir primero las funciones principales, arremeter contra el orden de cosas, con la adarga al brazo, todo fantasía, y después, si los molinos no me rompieron el coco, escribir. [4]

[Marzo de 1965]

Otra vez siento sobre mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.

Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo primero ya no me interesa, soldado no soy tan malo.

Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada como única solución  para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.

[…]

Ahora, una voluntad que he pulido con delectación de artista, sostendrá unas piernas flácidas y unos pulmones cansados. Lo haré.

Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri del siglo XX. [5]

 

II

[¿Finales de 1967 o 1968?]

—¿Dónde estás, caballero seguro

caballero del cierto destino?

—Con la espada aclarando camino

al futuro, señora, al futuro

[…].

—¿Dónde estás caballero el más fuerte,

caballero del alba encendida?

—En la sangre, en el polvo, en la herida,

En la muerte, señora, en la muerte.

—¿Dónde estás, caballero ya inerte,

caballero ya inmóvil, y andante?

—En aquel que haga suyo mi guante,

y mi suerte, señora, y mi suerte.

—¿Dónde estás, caballero de gloria,

Caballero entre tantos primero?

—Hecho saga en la muerte que muero;

hecho historia, señora, hecho historia. [6]

 

III

Por la manchega llanura

Se vuelve a ver la figura

De don Quijote pasar.

Va cargado de amargura,

va vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura

en horas de desaliento así te miro pasar!

¡Y cuántas veces te grito: Házme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar;

házme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,

házme  un sitio en tu montura

que yo también voy cargado

de amargura

y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,

caballero del honor,

ponmea la grupa contigo

y llévame a ser contigo

pastor. [7]

 

[¿Finales de 1967 o 1968?]

La gente suele decir, los americanos,

los norte-americanos suelen decir,

León Felipe es un “Don Quijote”.

No tanto, gentlemen, no tanto.

Sostengo al héroe nada más…

y sí, puedo decir…

y me gusta decir.

Que yo soy Rocinante.

 

No soy el héroe

Pero le llevo sobre el magro espinazo de mis huesos…

y le oigo respirar…

y he aprendido a respirar como él…

y a injuriar

y a blasfemar

y a maldecir

y a relinchar.

A mí me gusta mucho relinchar.

[…]

¿Cómo es aquel relincho americano?

Aquel que empieza

¡Justi-í-í-í-í- cia!

Aquí el acento cae sobre laí,

Muy agudo y sostenido

Como un vibrante y sostenido cornetín:

¡Justi-í-í-í-í- cia!

¡Qué bonito relincho!

[…]

Tenéis que aprender americanos.

Venid. Vamos a relinchar ahora,

ahora mismo todos juntos ,

desde el capitolio de Washington…

fuerte,  fuerte, FUERTE…

hastaque el relincho llegue a Vietnam

y lo oigan todos los vietnamitas;

y a Cuba también

y lo oigan todos los cubanos,

como el cornetín

de la gran victoria universal,

hasta que lo oigan los hombres todos

de la tierra

como el cese definitivo de todas las hostilidades

del planeta. [8]

 

IV

He optado por ofrecer una reconstrucción histórica de cómo el propio Ernesto Che Guevara fue articulando su autoquijotización. Las cartas a sus padres demoraron en publicarse, porque lógicamente mediaban consideraciones en cuanto a la privacidad familiar.

Más adelante, examino la problemática de la recepción a partir del asesinato de Che Guevara (9 de octubre de 1967) y del discurso de Fidel Castro en la televisión explicando que era cierta la noticia de su muerte.

En 1954, el médico Ernesto Guevara vivía en Guatemala. Allí conoció a algunos  de los moncadistas que habían logrado escapar y que no fueron sometidos a juicio, ni fueron sentenciados a cumplir condena en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.

En Guatemala, el médico Guevara vivió con ira e impotencia el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz. Allí se convirtió en un intelectual antimperialista, porque supo cómo los yanquis lo habían financiado y organizado. Logró cruzar la frontera y llegar a Ciudad México.

Las citas de las cartas a los padres pueden ilustrar las fases de su radicalización ideológica que motivaron un reajuste en la cosmovisión existencial. Se aprecia cómo va surgiendo el revolucionario cubano Che Guevara, quien ya en octubre de 1956 se autodefine como un nuevo Quijote.

El 15 de mayo de 1955, por la presión popular, los moncadistas encarcelados fueron amnistiados.  En junio, ellos fundaron el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En julio, comenzaron a llegar exilados a Ciudad México. Algunos de los que habían estado en Guatemala reencontraron casualmente  al médico Guevara. Surgieron las primeras amistades. Poco después de llegar Fidel Castro a Ciudad México se conocieron y surgió la hermandad entrañable.

Las citas de las cartas a los padres pueden ilustrar las fases de su radicalización ideológica que motivaron un reajuste en la cosmovisión existencial. Se aprecia cómo va surgiendo el revolucionario cubano Che Guevara, quien ya en octubre de 1956 se autodefine como un nuevo Quijote.

 

V

En marzo de 1965 se publicó en la revista uruguaya Marcha el ensayo “El socialismo y el hombre en Cuba”. Che Guevara, su autor, eligió el atractivo formato de una carta pública a Carlos Quijano, director de la publicación. Con rapidez se difundió el texto por América Latina, mientras que en Cuba permaneció  mayoritariamente desconocido.

En menos de tres semanas Che Guevara redimensionó su praxis revolucionaria. A principios de marzo era el Ministro de Industrias y el 1ro. de abril ya se había convertido en el jefe guerrillero Tatu, quien partía clandestinamente a cumplir una misión internacionalista en el Congo.

Antes de irse, escribió varias cartas de despedida. La única que se publicó el 4 de octubre de 1965 fue la destinada a Fidel Castro. Durante seis meses se mantuvo un silencio absoluto sobre el paradero del Che. Cuando el 3 de octubre se realizó la sesión constitutiva del primer Comité Central del nuevo Partido Comunista de Cuba y se divulgó quiénes lo integraban, Fidel leyó la famosa carta, en la que el propio Che argumentaba por qué no podía estar.

A partir de esa noche, la admiración por el héroe se multiplicó. Quizá, el mejor  ejemplo sea que, poco después de oír a Fidel, el trovador Carlos Puebla compuso la canción que mantuvo sin difundir: Aquí se queda la clara / la entrañable transparencia/ de tu querida presencia/ comandante Che Guevara.

El 5 de marzo de 1960, el fotógrafo Alberto Korda había retratado a Che en el entierro de las víctimas ocasionadas por el sabotaje al barco francés “La Coubre”.  Aunque  en otra ocasión la foto se había publicado en el periódico Revolución, había permanecido prácticamente desconocida. A partir de 1968, se reprodujo alrededor de un millón de veces.

El 9 de octubre de 1967, Che Guevara fue asesinado en Bolivia. Durante la semana siguiente, los rumores y discusiones se multiplicaron a favor y en contra de la veracidad de la noticia. Fidel Castro habló por televisión y la confirmó. El 18 de octubre se organizó la velada solemne en la Plaza Cívica.

Quizá el recuerdo más vívido de aquella noche sea el de la certeza del más absoluto silencio en un espacio, donde más de un millón de personas se reunieron.

Allí se estrenó el documental Hasta la victoria siempre de Santiago Álvarez, en el que se incorporó a la banda sonora un fragmento de la Suite de las Américas de Dámaso Pérez Prado. Se aceleraba la apropiación colectiva visual y sonora del nuevo mito.

Nicolás Guillén leyó el manuscrito de “Che comandante, amigo”, uno de los poemas que miles de personas memorizaron.

 

VI

La carta del Che a sus padres escrita en marzo de 1965 se difundió  vertiginosamente después del 18 de octubre de 1967.  Asombró la fuerza de renovación metafórica: Otra vez siento sobre mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo…

Imagen: La Jiribilla

La fuerza transgresora de esta imagen de Che podría ilustrar lo que Alejo Carpentier definía como los héroes que encarnaban mitos universales: Los que mejor encarnan las aspiraciones humanas colectivas, comunes al hombre, y por tanto se pueden dar como arquetipos de personificación de mitos.

El mito es la cristalización, en acción de personajes, en una acción determinada, en un psicodrama o una acción dramática o en una acción novelesca de las apetencias profundas del hombre. En realidad el mito de Prometeo responde a la apetencia  que tiene todo hombre digno de ese título de alcanzar el cielo y de probar el fuego mágico de los dioses. Es el origen de los inventos, es el origen de todas las grandes cosas que ha hecho el hombre. El mito es eso. Los mitos están instalados en nuestra vida. Los mitos no son sino una representación gráfica. Una especie, si usted quiere, de sublimación del comic, de nuestras acciones cotidianas llevadas con planos más o menos fabuloso, pero responden a nuestras apetencias cotidianas. [9]

 

VII

Mirta Aguirre (1912-1980) provenía del movimiento estudiantil revolucionario antimachadista. Se había graduado de abogada y ejercía como periodista. Era poeta y por vocación literaria (con una gran disciplina como autodidacta), se había convertido en la mejor especialista cubana en la lírica española y en la obra de Miguel de Cervantes. Desde 1962, cumplía funciones como profesora y subdirectora docente de la Escuela de Letras y de Arte de la Universidad de la Habana.

Mirta supo captar de inmediato la originalidad de esta sorprendente autoquijotización revolucionaria. Su poema “Canción antigua a Che Guevara” es muy complejo, porque con alusiones sistémicas propone un ejercicio de historicidad dialéctica. Se emplean las alusiones para organizar una progresión simbólica. Se privilegia cómo se va transformando el imaginario medieval del héroe en el romancero español.

Al final se exalta la permanente futuridad del nuevo héroe, un caballero andante revolucionario, quien pervive audaz, orgulloso y  feliz, en la acción de los que continúan su pensamiento y su praxis.

Mirta supo captar de inmediato la originalidad de esta sorprendente autoquijotización revolucionaria. Su poema “Canción antigua a Che Guevara” es muy complejo, porque con alusiones sistémicas propone un ejercicio de historicidad dialéctica. Se emplean las alusiones para organizar una progresión simbólica. Se privilegia cómo se va transformando el imaginario medieval del héroe en el romancero español.

Creo que en la actualidad una edición anotada resultaría conveniente, porque facilitaría una mejor comprensión de la originalidad y audacia de ese gran poema.

No he podido acceder al manuscristo original de “Canción antigua a Che Guevara” para saber si está fechado. (No sé si existe).  Sí recuerdo que en un acto de homenaje al Che efectuado en el anfiteatro de la Escuela de Letras, ella lo leyó con emoción y admirable maestría.

 

VIII

León Felipe (1884-1968) era un poeta español republicano que se exilió en México. Allí se transterró, es decir, hizo el máximo por integrarse a la nueva comunidad de intelectuales.

En diciembre de 1955, el médico Guevara conversó con él; tenía algunos de sus libros; le gustaban los poemas de El ciervo.

El 24 de agosto de 1964, el Che le escribió a Felipe. Se disculpaba por no haberle agradecido antes el envío de uno de sus libros. Le contaba que había citado  uno de los poemas en un discurso.

El poema “Vencidos” de Felipe fue musicalizado e incorporado al repertorio del catalán Joan Manuel Serrat. Se difundió ampliamente entre los jóvenes de finales de los 60. Se recepcionaba como parte del espíritu reivindicador antifranquista que recuperaba  los poemas  silenciados de poetas republicanos como Antonio Machado y Miguel Hernández.

Al cantarse “Vencidos” ya muerto Felipe, quedó en un segundo plano “El último relincho”, suprema evidencia de cómo le impactó la metáfora de la autoquijotización del Che, difundida por la carta a los padres de 1965.

La solidaridad con la nueva épica revolucionaria se materializó en el realce del símbolo personificado de Rocinante. Se privilegiaba la praxis de luchar por la justicia defendiendo a los vietnamitas, a los cubanos, a la paz, a las causas más nobles en todo el mundo.

 

IX

En agosto de 1981, el poeta Nicolás Guillén publicó la crónica “El Quijote en La Habana”. Se convertía en uno de los primeros en exaltar las audacias renovadoras de la escultura Quijote de América, que había sido emplazada en el parquecito de 23 y J: […] a caballo, claro, pero un caballo que salta agresivo y cuyo dueño enarbola una espada que va recta al corazón del enemigo. Parece un corcel mambí y aún creo yo que es ese el sentido, el símbolo del monumento, cuyo autor, Sergio Martínez lo tituló el Quijote de América, está realizado utilizando alambrón de hierro y electrodos de soldadura eléctrica, desnudo, el cabello largo, flotante. [10]

 
 
Notas:
1. Ernesto Che Guevara: “Carta a su madre desde México”, en América Latina. Despertar de un continente, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 125-127.
2. Ernesto Che  Guevara: “Carta a sus padres”, pp. 127-128.
3. Ernesto Che Guevara: “Carta a su madre”, pp. 128-129.
4. Ernesto Che Guevara: “Carta de Ernesto para su madre desde México”, pp.129-131. (El realce de palabras en negrita es de AC).
5. Ernesto Che Guevara: “A mis padres”, Obras 1957-1967, Editorial  Casa de las Américas, La Habana, 1970, t.2, p. 699. (El realce de palabras en negrita en negritas es de AC.)
6. Mirta Aguirre: “Canción Antigua a Che Guevara”, en El poeta eres tú. Selección de poemas cubanos dedicados al Che, realizada por Blanca Zabala Santana, Editorial Letras Cubanas, La Habana,  2007, pp. 40-41..
7. León Felipe: “Vencidos”, en  antología La poesía moderna en lengua española, El posmodernismo, realizada por Guillermo Rodríguez Rivera, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1987, t. 2, p.71.
8. León Felipe: “El gran relincho”, ob. cit. ,pp. 83-84.
9. La última entrevista de Alejo Carpentier”, publicada en el suplemento mexicano Uno más uno, 3 de mayo de 1880, en Alejo Carpentier: Entrevistas, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985, pp.495-498.
10. Nicolás Guillén: “El Quijote en La Habana”, El Caimán Barbudo, agosto de 1981, p. 6.

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