De cómo Santiago Apóstol llegó a los 500

Jorge Sariol • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del autor

El título no es exacto, porque peca naturalmente, de pretencioso. No cabría en estas pocas páginas de Memorias de La Jiribilla la historia de medio milenio de Santiago de Cuba. No sería posible siquiera una relación de cómo Santiago Apóstol, santo patrono de la ciudad, se hizo imagen y semejanza de la “criollez” más santiaguera.

Imagen: La Jiribilla

Así como complicado sería encuestar a los habaneros sobre cuáles serían los siete lugares-hechos-personalidades más emblemáticos de la capital, una lista santiaguera resultaría un largo directorio de nombres que después del número cinco bifurcará la lista en varias ramas. Agregue, modifique o invéntese el lector sus propias relaciones.

A pesar del reto comencemos por un principio. Según cuentan, Santiago de Cuba fue la segunda ciudad en América bautizada con este nombre, precedida por Santiago de los Caballeros en La Española. [1]

Dicen también que cuando Diego Velázquez puso los pies en aquella muy buena bahía, muchos ya le decían…de Santiago, en honor a uno de los apóstoles de la tradición cristiana, nacido en Galilea y conocido también como Santiago el Mayor o Boanerges. Y es así que Velázquez denominaría en 1515 al poblado que fundó en sus orillas, inspirado naturalmente en la orden a la que pertenecía Su Majestad católica Fernando I.

Sin embargo, la devoción no prosperó; en cambio con los siglos se hizo patente entre la población más humilde, un culto mariano a la Virgen de la Caridad del Cobre y que se extendería a todo el país.

Esto se lo explican muchos en el sentido de que Santiago significaba la colonia: el poder militar —los soldados españoles comenzaban sus acciones con el grito ¡Por Santiago!— y el poder ideológico, con la iglesia y el símbolo de un apóstol subido a un caballo blanco, con espada y bandera con cruz. Entonces a la ciudad solía llamársele Cuba y el nombre genérico con que se identificaban a los hoy santiagueros era el de “cubanos”.

Aun así, cada 25 de julio salían a la calle las compañías de milicias de la jurisdicción, según la doctora Olga Portuondo, para participar en los actos del día de Santiago Apóstol, momento aprovechado en 1731 por unos cuantos “para sublevarse y acimarronarse, con caja y bandera, sin asistir a la fiesta, en acto de rebeldía contra los desmanes del gobernador departamental”.

Imagen: La Jiribilla

Pruebas documentales explicitan que luego del estallido del 68, en carta a su esposa Ana de Quesada, Carlos Manuel de Céspedes, escribiría: “Muy temprano oímos los cañonazos con que los tiranos celebraban la festividad del Santiago en la ciudad de Cuba. [2]

“La ira que ardió en nuestros pechos al escuchar esos alardes de  dominación sobre el suelo cubano y los infelices esclavos, que tienen aherrojados en las poblaciones, solo pudo calmarse con la idea de que aquella misma noche le daríamos la serenata con nuestros rifles en Baire Abajo que era el punto elejido (sic) para la sorpresa”.

La historia afirma que desde mucho antes, en los comienzos del siglo XVII, el Cabildo eclesiástico de Santiago de Cuba se había impuesto animar el culto al santo Ecce Homo, empeño que se vería abonado por varios hechos fortuitos, algunos con visos de leyenda.

Uno cuenta sobre la historia del desembarco en 1678 de corsarios franceses en las arenas de la playa de Juraguá. La acción de un loco llamado Juan Perdomo, quien fuera usado como guía, sorprendió a los agresores con el grito de ¡Santiago, España! y provocó tal confusión que los piratas se batieron entre sí y terminaron en retirada. El pueblo agradeció el lance y la ciudad se salvó de un saqueo.

Cuentan igualmente que quien fuera primer obispo cubano y que ejercería en su propia tierra, nació  la víspera del día del Santo Patrono, en la propia ciudad. Así, el nuevo obispo llamado Santiago Echavarría y Elguezúa, no vislumbró al santo patrón como guerrero ecuestre, sino como un peregrino y difundió la idea de una evangelización de los esclavos, tuvo el propósito de evitar y solucionar las disputas eclesiásticas en el púlpito y luchar contra el vicio del contrabando y otras ideas menos conquistadoras.

Sin embargo, aseguran que fue Emilio Bacardí y Moreau, primer alcalde y hombre sensible a la cultura santiaguera, quien se interesaría por reafirmar —curiosamente durante el periodo de la ocupación norteamericana— la trashumante estatua ecuestre del apóstol Santiago.

Bacardí se propuso salvaguardar la efigie del santo guerrero montado sobre caballo blanco, que tantas veces había sido paseado en peregrinación por las calles de la villa en los días consagrados a su dignidad. Y al museo que crearía iría el ilustre santiaguero, cuya figura vendría a ser “un símbolo de identidad por su hidalguía, por su rebeldía, por su intransigencia”.

Imagen: La Jiribilla

Si La Habana tiene a la Giraldilla —dicen muchos— la más caribeña de las ciudades cubanas tiene a Santiago apóstol. Pero faltaría la versión más popular de esta historia, que llegaría de la mano del actor y dramaturgo —tunero de nacimiento­— Raúl Pomares [3], quien representaría con el Conjunto Dramático de Oriente la obra De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, espectáculo de su autoría y que muchos consideran como “la más alta cota estética y promocional del teatro de relaciones”.

La pieza se estrenaría protagonizada por el actor camagüeyano Héctor Echemendía, y luego se convirtió en la obra emblemática del Cabildo Teatral Santiago, con Dagoberto Gaínza, hoy director del grupo teatral A dos manos, interpretando al santo. El mismo Gaínza sale caracterizado en  acciones culturales.

El apóstol Santiago llega a la cuidad con sombrero alón, doblado a la usanza mambisa, algunas veces con una banderita cubana como escarapela, con sable o una vara en la mano izquierda, abrigado con capa blanca y roja y montado sobre un brioso caballo blanco. Y entonces se cuenta la historia de cómo puso los pies en la tierra. Desde hace muchos años el personaje es además el reconocimiento más sincero y natural del santiaguero al substancial y auténtico legado hispano.

 

Notas:
1. Cada 25 de julio se le celebra una fiesta en honor a Santiago en otras 12 ciudades del orbe: Santiago de Compostela, Galicia, España; Santiago de Chile; Santiago de Guayaquil, (Ecuador); Santiago de Querétaro (México); Santiago de Cali (Colombia); Santiago de Guatemala; Santiago de Veraguas (Panamá); Santiago de Chiquitos, (Bolivia); Santiago de los Caballeros, (Rep. Dominicana); Santiago de Sesimbra (Portugal); Alange (Panamá); en Santiago del Estero y la provincia de Mendoza, Argentina. También celebra el santo ese día la ciudad de Sancti Spíritus, en la provincia cubana del mismo nombre; en la provincia de Santiago de México y en Caracas, en Venezuela, fundada el 25 de julio de 1557 con el nombre de Santiago de León de Caracas.
2. El subrayado es del autor.
3. Recientemente fallecido, Raúl Pomares obtuvo el Premio Nacional de Teatro y la Distinción por la Cultura Nacional, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba.

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