Otra revolución en Santiago

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Dicen que es el lugar de la Isla donde la tierra tiembla con mayor frecuencia. De hecho el poeta León Estrada nos recuerda que el primer impreso lírico que vio la luz en la villa fue una sucesión de versos escritos por el sacerdote Miguel Joseph Serrano en 1766 bajo un título desmesurado y elocuente: “Trágica descripción que bosqueja la momentánea lamentable desolación de la muy noble y muy leal ciudad de Santiago de Cuba, causada por el horrendo terremoto, acaecido a las once y cincuenta y más minutos de la noche del miércoles once de junio de mil setecientos sesenta y seis”.

Pero lo cierto fue que la más reciente destrucción vino por el aire y desde el surcon los bramidos del huracán Sandy. Otro poeta, y también periodista, Reinaldo Cedeño se encargó de dejar testimonio en un libro admirable de aquellas horas difíciles y de la saga de solidaridad y entereza que revirtió la terrible situación.

Al cumplir medio milenio de existencia, Santiago es nuevamente Santiago. La misma y diferente. La histórica e incombustible y la que se reinventa a diario. Así la ven mis ojos y la siento en mi respiración a pocas horas de la celebración.

Con el ministro de Cultura, Julián González Toledo, comparto una jornada a la que asoman reanimados materialmente los hitos espirituales de la urbe oriental. El huracán dañó en la provincia cerca de 200 instituciones y centros culturales, los cuales en su mayoría recuperaron sus funciones en cuestión de meses.

Para los 500 años la cota se situó a un nivel más alto, en un empeño coordinado y planificado del sistema institucional de la cultura en su conjunto y las autoridades políticas y gubernamentales del territorio.

Si tan solo se tratara del renacimiento y ampliación del Museo Bacardí y de la Casa de la Trova, todo esfuerzo tendría plena justificación. Nunca en los últimos lustros tuvo el museo mejor semblante. Desde la rehabilitación del inmueble hasta el diseño museográfico, el trabajo en la institución, el Bacardí está en condiciones de promover adecuadamente sus valiosos exponentes históricos y artísticos, ahora más cuando dispone de áreas para la restauración y el manejo responsable de sus fondos así como de un nuevo espacio aledaño especializado en las artes decorativas.

La Casa de la Trova, en la calle Heredia, se salvó del acusado deterioro que amenazaba con convertirla a la vuelta de pocos años en un ente ruinoso. Los trabajadores de la EGREM, junto a una brigada de constructores, se batieron por erradicar la más mínima sombra de chapucería en su terminación. Y para completar la oferta, le añadieron otro espacio, el llamado Café Bohemio,

El Bacardí y la Casa de la Trova encarnan dos caras de una misma realidad patrimonial. Uno, la brújula que apunta a la raíz, la que se requiere para orientar los pasos hacia el origen. Otra, la matriz viva de un sentimiento que se renueva entre sones y guitarras.

Muy cerca de ambas instituciones, el centro de la ciudad: el parque Céspedes, con la catedral que parece flotar con sus naves, el ayuntamiento, la casa de Velázquez y el hotel Casa Granda con una de las mejores terrazas de la Isla, solo comparable con las galerías exteriores del Hotel Nacional de Cuba.

A media mañana, en el parque, una orquesta danzonera, dotada de instrumentos añejados por el tiempo —figles, bombardinos, atabales, trombones de pistón— repasa a Pepe Sánchez, Sindo y Matamoros, mientras un huracán de nuevas urgencias revolucionarias marca el cumpleaños de Santiago. 

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