Inagotable cubanía de Carmela, la maestra

Joel del Río • La Habana, Cuba

Todos los personajes de Alina Rodríguez rezuman cubanía. Desde María Antonia y Santa Camila de La Habana Vieja, hasta Lala Fundora de Contigo pan y cebolla y la equitativa Justa de Tierra brava. Todas ellas son cubanas emblemáticas, muy diferentes entre sí, pero representativas de la pasión, las esperanzas, las tragedias o alegrías que nos distinguen como nación. Cada uno de estos personajes hizo historia y la convirtió en algo más que una actriz interpretando un papel. Sin embargo, Conducta provocó catarsis colectiva en Cuba y significó la consagración de la artista por una serie de razones hasta cierto punto extracinematográficas.

Imagen: La Jiribilla

Todavía Conducta recibe premios en países y festivales donde poco o nada se sabe del cine cubano. La historia de Carmela, decidida a cumplir con su deber y rescatar a su alumno Chala de la marginación y el descarrilamiento, significa el acercamiento de nuestro cine a la típica cubana de a pie, con un salario pequeño, familia emigrada, y vida austera, sencilla. Pero ella ama su trabajo de educadora, y aspira a desempeñarse en el aula lo mejor posible, desde la consagración a los valores que le inculcaron sus mayores. A partir de ese paradigma positivo e inspirador que es Carmela, el filme propulsa una reflexión de suma vigencia, dados los tiempos que corren, sobre las virtudes y la generosidad inherentes al buen magisterio.

La historia de Carmela, decidida a cumplir con su deber y rescatar a su alumno Chala de la marginación y el descarrilamiento, significa el acercamiento de nuestro cine a la típica cubana de a pie, con un salario pequeño, familia emigrada, y vida austera, sencilla. 

La maestra está consciente, sobre todo, de que la educación nunca concluye en el aula, y por eso sostiene con firmeza opiniones sobre el papel de la familia y del medio. En una memorable escena de Conducta, se escucha a Carmela en off poniendo en evidencia la debilidad de todo sistema educacional, cubano o de cualquier otro país: “Todos los años tengo a un Chala en el aula. Ninguno pudo más que yo, porque en el fondo, todos son muchachos. Hay cuatro cosas que hacen a un niño: la casa, la escuela, el rigor y el afecto. Pero cuando cruzan esa puerta está la calle, y un maestro necesita saber lo que les espera allá afuera. Antes para mí la vida era más clara, y yo sabía para lo que preparaba a un alumno. Pero ahora, lo único que tengo claro, es para lo que no debo prepararlo”.

En varias escenas, Carmela es presentada en tanto encargada de garantizar la armonía y utilidad de la clase, como si el filme intentara sugerir que en el aula, la escuela, la educación, se encarna el principio cohesionador de la nación. Carmela parece ser la persona que sabe todo sobre todos, y por ello es la única capaz de mantener el imprescindible equilibrio entre los que se fueron y se quedaron, entre los presentes y los que ya no están. Dentro de ese hálito integrador, permite que una alumna coloque la estampa de la virgen de la Caridad del Cobre en una esquina del mural situado al fondo del aula, junto con las imágenes de José Martí, Antonio Maceo e Ignacio Agramonte, el tocororo, el escudo y la bandera.

Imagen: La Jiribilla

Cuando Raquel, la funcionaria de educación del municipio, se niega a admitir que la estampita de la Virgen, porque según ella “no hay manera de explicar la presencia de esa imagen en el mural de un aula nuestra”, la maestra le riposta asegurando que hay muchas cosas que no se explican y que ella se había visto obligada a hacer. Luego continúan discutiendo el caso de Chala, pero pronto la disputa se cierra entre la maestra y la funcionaria:

Carmela, usted sabe del respeto que se le tiene. Pero es que ya se van sumando varios problemas en su clase. Entienda que no podemos permitírselos.

—Perdón, pero en mi aula ustedes no permiten nada. Yo doy clases aquí antes que tú nacieras…

—A lo mejor ha sido demasiado tiempo.

—No tanto como los que dirigen este país. ¿Te parece demasiado?

Luego de la tan aplaudida frase, porque traduce la firmeza de la maestra y la justicia de las posiciones que defiende, Carmela se levanta y abandona la reunión. Raquel le sugiere a la directora que hable con ella, porque lo último que quisiera hacer es tomar una medida con ella. La escena cierra con el rostro de Marta, la joven maestra sustituta cuyas posiciones se han ido acercando a las de la maestra experimentada y contenciosa. La joven está sentada delante del cuadro del Martí adolescente. En la pizarra que puede verse al fondo se lee: “Los corazones juntos crecen”, y aparece un vocabulario que incluye términos como hermandad, dignidad e integridad.

En varias escenas, Carmela es presentada en tanto encargada de garantizar la armonía y utilidad de la clase, como si el filme intentara sugerir que en el aula, la escuela, la educación, se encarna el principio cohesionador de la nación. 

Otra de las numerosas escenas en que el personaje de Carmela es presentado por el guion, el director y la actriz en tanto principio cohesionador de la unidad nacional, ocurre en otra clase. Mientras la cámara describe elegantes movimientos transversales en el espacio del aula, escuchamos a Carmela leyendo en off otro fragmento de su informe final: “No hay dos grupos iguales. Y cada uno trae muchachos que te marcan para siempre. Este es el grupo en que le di clases a mi propio nieto. Con él, son siete los que se me han ido en apenas tres años. Una les habla de Martí y de la Patria, pero en la casa desentierran a los muertos para hacerse ciudadanos españoles. Este es el grupo de Camilo, que les enseñó lo que es la muerte. El grupo de Yoan, con su padre preso por asuntos políticos. El grupo de Yeny, una gran alumna, pero con la cruz de ser palestina. Y claro, este es el grupo de Chala, el grupo donde en el mural hay una estampita de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, y no hay dios que la quite mientras la maestra sea Carmela”.

Imagen: La Jiribilla

En la última escena de la película en el aula, se escucha la voz de Carmela preguntándoles a los estudiantes si recordaban la razón por la cual la estampa fue colocada en el mural. La maestra reitera: “¿alguien aquí vio algo de malo en eso?”. Mientras se escucha a coro la respuesta negativa, la cámara toma en plano medio a Carmela, al centro del aula, con la imagen de Martí adolescente a la izquierda y a continuación se le da curso a un nuevo intercambio de ideas, sobre temas cívicos y hasta espirituales. Una estudiante le pregunta a la profesora si cree en la Virgen, y ella le responde que hizo catequesis y primera comunión en la misma iglesia que la niña visita ahora. Yeny asegura que nunca ha visto a la maestra en la misa. Carmela le contesta que no soportaba a un cura diciéndole que había algo malo en los santos de su abuela.

Los estudiantes le siguen preguntando a Carmela si es verdad que se va de la escuela, que las autoridades quieren expulsarla. Ella les dice la primera mentira que le escuchamos en toda la película: “Están preocupados por mi salud y quieren cuidarme”. En el disimulo, se expresa obviamente la voluntad de la maestra por salvaguardar la inocencia de esos niños, y protegerlos de un conflicto que de ninguna manera pueden comprender. Así, cuando Yeny pregunta si hay algo malo en que la estampita esté en el mural, Carmela le contesta: “Todo tiene un motivo, y yo te prometo que en otro momento vamos a hablar de eso. Pero ahora lo más importante para mí es que todo sea como ustedes sientan que debe ser”. Chala riposta: “Aquí nadie es bobo profe, todo el mundo sabe que eso la mete en tremenda candela”.

Como respuesta a la observación de Chala, Carmela le pide la estampita a Yeny y vuelve a colocarla en la misma esquina del mural, bajo la frase martiana que celebra la escuela como fragua de espíritus, y la clase simplemente continúa con la revisión cotidiana de la tarea. En toda la película nunca se vio tan nítida otra frase en la pizarra como la que asegura, presidiendo toda la escena antes descrita, que “No hay rito mejor de religión que el uso libre de la razón”. Debajo de la máxima aparece un esquema, otra vez, que alude a la Constitución, sus decretos, artículos, derechos y deberes, en franca sugerencia a la libertad de credo que la propia Carta Magna asegura y garantiza.

Imagen: La Jiribilla

La película concluye, fuera del aula, con una escena muy similar a la del comienzo. Maestra y alumno se encuentran en la calle, en medio del bullicio y la descompostura. El niño le habla a la educadora, y ella le recuerda enfáticamente el “Buenos días”, sencillo índice de civilidad que el muchacho siempre olvida. De esta manera, el espacio del aula se ha extendido a la calle, y comienza a triunfar la educación y los buenos modales por encima de la rudeza y el mal comportamiento. El público lo comprendió a cabalidad y por eso Conducta y Alina Rodríguez adquirieron dimensión legendaria, porque se presenta el aula en tanto espacio donde se dirime día por día el futuro de dos niños y una maestra, el futuro del grupo y de la escuela. En fin, el futuro de la nación. 

Comentarios

Indiscutiblemente Alina, es de las mejores actrices que ha tenido la televisión mundial en los siglos de existencia que tiene, caracter, carisma, amabilidad, tacto son algunas de las cualidades que puedo mencionar sobre ella, fue una maravillosa actriz y estoy seguro de que vivirá en nuestros corazones por siempre. Gracias Alina por regalarnos esas noches con tierra brava, y que Dios te acoja en su reino y te eleve como te lo mereces.

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