El sabor del rock con miel y limón

Guille Vilar • La Habana, Cuba
Foto: Ana María Domínguez Cruz

Desde hace unos cuantos años ya, comencé como crítico a interesarme por la obra de los músicos cubanos y ha sido una constante nuestro acercamiento a intérpretes cuya trayectoria, no tiene que ser necesariamente extensa y avalada por el transcurrir del tiempo. Basta que sean jóvenes o no, pero que los distinga una luz propia como para percatarnos de que pueden llegar a iluminar con su carga de talento, todo un espacio donde a otros apenas ni se pueden distinguir.

Imagen: La Jiribilla

Así las cosas, orquestas de música bailable, cantautores y solistas en los más diversos instrumentos entre tantos otros, nos han concedido el privilegio de intimar con las musas que los alientan, para entonces que una vez  esto suceda, disfrutar del placer de poder elogiarlos para que nuestro lector se sienta igualmente complacido de contar con semejantes artistas entre los valores patrimoniales de la nación.

No obstante, a pesar de lo mucho que haya escrito acerca de los músicos cubanos, nuestro nombre va a aparecer vinculado con la promoción y divulgación del rock anglosajón por los distintos medios de prensa desde finales de los años 70 hasta la fecha. Sin embargo, no soy necesariamente un especialista en el rock nacional aunque desde que me desempeño al frente de la Dirección Artística del Centro Cultural Submarino Amarillo, se ha ampliado notablemente nuestra perspectiva sobre esta música en cuestión.

Agrupaciones cubanas de rock que quizá hubiera dejado pasar por alto, me han demostrado cuanto puede uno llegar a estar equivocado. Si bien no todas merecen los mismos reconocimientos, hay una en particular que no deja de asombrarnos: Miel con Limón [1] se llama.

Para un grupo nuestro de rock, disponerse a tocar en el Submarino Amarillocentro nocturno especializado en versiones del rock anglosajón— tiene tantos elementos que juegan a su favor como otros en contra. Cuentan con más posibilidades de triunfar quienes mejor sepan escoger clásicos del género entre las profundidades de décadas rebosantes de éxitos como fueron las de los años 60 y 70 del pasado siglo. Pocas manifestaciones de música popular a nivel mundial como el rock, han gozado de una espontánea explosión de creatividad, originalidad y experimentación como ocurrió durante las mencionadas décadas, lideradas por Los Beatles y sus contemporáneos.

Por tal motivo, con los ojos cerrados, pueden meterse las manos en las cestas con canciones de aquellos tiempos, que siempre van a sacar maravillas. En contra, tenemos que no basta seleccionar un buen repertorio con canciones estelares sino que dichas piezas deben de ser interpretadas desde la mayor autenticidad, pero sin dejar de abandonar nuestra identidad.

Por regla, en las llamadas “Disco-tembas”, lugares donde se toca en vivo la música de antaño para quienes fueron jóvenes por aquel entonces,  lo principal es armar el repertorio con canciones del rock que revuelvan la nostalgia y no importa necesariamente cómo se toquen.

Aunque el Submarino… no escapa de semejante sentimiento, la misma diversidad de contar cada noche con la actuación de un grupo distinto, marca una diferencia que el público la ha hecho suya y favorece a los mejores, aquellos que habitualmente consiguen llenar el local, semana tras semana. Valga la aclaración, que en el caso particular de nuestro centro cultural, no solo lo colman personas que han conocido de las vibraciones del rock a través del paso de los años sino también jóvenes interesados en sumarse al deleite de una música que no deja de impactar a muchos. Y tal es el caso de lo que sucede con Miel con Limón, agrupación que independientemente de que pueda tocar cualquier día de la semana, tiene su peña fija cada lunes, a partir de las nueve de la noche hasta las dos de la mañana en un sumergible musical repleto de diletantes comprometidos en preservar el encanto que encierra la nave.

Y no podía ser de otra forma, para quienes a pesar de ser jóvenes músicos, no sienten la necesidad de imitar la moda y mucho menos copiar el modo de quienes inventaron el rock.

Conocen que la respuesta se encuentra en la capacidad de aprehender profundas cualidades dispersas en la esencia del género. Por lo tanto, uno presiente que la intención de Miel con Limón en concierto, es algo más que tocar con el mayor rango de profesionalismo posible. Quizá pueda ser que sencillamente, logran conectarse con la pasión original de los maestros. Y esto no solo pasa porque tanto Nelson como Daniela, en sus roles de voces solistas, lo hagan tan creíble que sin remedio se adueñan de la escena. Nos obligan en cada presentación suya a preguntarnos dónde rayos aprendieron a cantar con esa intensidad que reclama cada pieza del rock. Pero a la vez, la coherente dinámica del movimiento gestual del resto de los integrantes, nos remonta a los inicios del punk de los años 80, en una Inglaterra donde tales roqueros como que para intentar quitarse de encima antiguas maldiciones tenían que mostrarse muy inquietos mientras tocaban sus respectivos instrumentos.

En conclusión, si estuviéramos facultados como buscadores de talentos, no nos cabría la menor duda de apostar por ellos durante una actuación de Miel con Limón. Nos permiten descubrir por qué no salimos de una sorpresa para entrar en otra, al constatar que estamos ante un grupo guiado por el ángel del rock, al que solo le bastaría la adecuada promoción para convertirlo en una institución cubana de las más representativas del género.

Nota:
1. Miel con Limón está conformado por Nelson Labrada y Daniela Beltrán, voces, Yoendry Montero, guitarra; Carlos Peniche, bajo; José Fernández, batería;  Evelio Álvarez, percusión menor, y Wilfredo Gatell, guitarra y dirección.

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