Mucha(s) Alina(s)

Frank Padrón • La Habana, Cuba

Su rostro sonriente y expresivo se dibujó en el nuestro mientras las cenizas volaban a otros espacios; y por nuestras mentes transcurrió, como en una película, aquellas a las que prestó su talento, su dedicación y entrega; desde la más reciente, la multipremiada Conducta (2014) de Ernesto Daranas —incluyendo no pocos lauros a ella por su entrañable Carmela—hasta aquella María Antonia (1982) de Sergio Giral, donde dio vida a otra cubana auténtica y memorable.

Imagen: La Jiribilla

El cine nuestro contó para suerte de la cultura (inter)nacional y de los espectadores, con no pocas colaboraciones suyas; qué importa que no fuera el protagónico, para ella, lo aclaró más de una vez, no había papeles pequeños sino aquellos que la motivaran, fueran o no de esos en torno a los cuales gira toda la historia.

El teatro fue su casa, su esencia; tuve la suerte de disfrutarla compartiendo con otro grande, Adolfo Llauradó  En el parque , puesta en escena nada menos que de Vicente Revuelta con Teatro Estudio, que fuera para la actriz esa escuela que significó también para todos los colegas suyos que por allí pasaron; en esa excelente pieza del ruso Alexander Guelman, ella dio muestras de su fibra para asumir papeles intimistas, de poder conducir la acción teatral “hacia adentro”, a lo más sensible del ser humano, algo que sentimos en tanto espectadores de principio a fin en una obra con tanto diálogo, tanta difícil transición que solo una grande de la escena puede llevar a feliz término.

Ella dio muestras de su fibra para asumir papeles intimistas, de poder conducir la acción teatral “hacia adentro”, a lo más sensible del ser humano

Semejante altura histriónica demostró en la simpática y sufrida Lala Fundora de Contigo pan y cebolla (Héctor Quintero) que repitió en su reciente versión cinematográfica a cargo de Juan C. Cremata, o en una de las féminas de otro clásico del gran dramaturgo que llevó también ese realizador a la pantalla (El premio flaco), mas en las tablas aún descolló en otros imprescindibles como el Virgilio Piñera de La boda (Raúl Martínez y Teatro de la Luna).

Pero, medio popular por excelencia, fue en la televisión donde esta mujer llegó a cada rincón del país, a cada hogar, a cada televidente, con personajes de telenovelas (la Justa de Tierra Brava entre las más recordadas) que ya hubieran bastado para inmortalizarla.

Expresividad, carácter, ductilidad, fuerza y sentido de lo dramático fueron algunas de las virtudes que le permitieron pasearse por tantas manifestaciones, autores y registros; confesó recientemente en un programa de televisión que compartimos, cómo le gustaría hacer más comedias, asignatura que lamentablemente, no podrá consumar ya.

Imagen: La Jiribilla

De ese encuentro juntos en la pequeña pantalla quiero hablar un poco; ocurrió hace un año aproximadamente en el programa de Cubavisión Entre amigos que conduce Julio Acanda; nosotros salíamos juntos en un primer bloque y en uno final. En otros momentos éramos entrevistados individualmente.

 Fue en la televisión donde esta mujer llegó a cada rincón del país, a cada hogar, a cada televidente, con personajes de telenovelas (la Justa de Tierra Brava entre las más recordadas) que ya hubieran bastado para inmortalizarla

En una pregunta que para muchos telespectadores fue brusca y poco elegante (no precisamente para mí, acostumbrado a la provocación) el conductor me cuestionaba cómo haría si tuviera que decir, así cerca y hasta delante de esta actriz, que la misma no era tan buena, o había realizado algún trabajo que dejaba que desear.

“Toreé” aquello como pude, dicen los que me vieron que muy bien, pero lo que respondí no es tan importante como lo que dijo ella cuando le preguntó Acanda qué contestaría si yo emitiera un juicio negativo: “Él es un hombre honesto, por tanto no me preocupa; lo que considere malo o bueno sobre mí, lo acato simplemente, esté o no de acuerdo”, dijo tajantemente.

Para quienes apreciaron el espacio, empezando por mí mismo, aquella respuesta dio la medida del gran ser humano que era esta mujer, su respeto por el otro, y sobre todo —algo que no muchos en este medio detentan— por la crítica, por los críticos, por una labor que ella aquilataba y valoraba en toda su importancia.

Otro momento, posterior, fue cuando me pidieron le entregara el Premio Caricato que otorga la UNEAC a los actores destacados cada año en los diferentes medios. La entrega más reciente no podía recaer en otra actriz sino en quien encarnó la maestra abnegada y crédula en los mejores valores humanos a la que dio vida en el filme Conducta.

En un atestado teatro Mella, donde tuvo lugar la ceremonia, recuerdo todavía, y creo lo haré siempre, el momento en que ella subió al escenario a recoger el trofeo y las flores que le entregaba, pero sobre todo siento aún el abrazo estrecho y sincero que ella me dio cuando los animadores anunciaron su nombre y subió, sonriente y feliz como generalmente estaba.

Lo sentí de nuevo, hace unos días en el momento en que los medios anunciaron la infausta noticia: “Ha muerto Alina Rodríguez”. En aquel abrazo, en su beso de entonces que volví a experimentar, estaban también los de todo un pueblo, todo su público que donde quiera que estuviera —fueron cientos de expresiones en muchos lugares del mundo— volvían a ver, como en un filme, las muchas películas, obras teatrales y series televisuales, en los que la misma y tanta(s) Alina(s) demostraron lo que era: una inmensa actriz.       

Comentarios

Magnifico articulo.El fallecimiento de Alina es una gran perdida para la Cultura Cubana.

Precioso comentario. Alina es Alina Rodríguez. Una artista cubana grande, hermosa y eterna. BHS

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