Xiomara Blanco:

No hay Justa como Alina Rodríguez

Mayra García Cardentey • La Habana, Cuba

Era 1997 cuando Cuba vivía, padecía la trama de Tierra Brava, considerada por muchos, una de las mejores telenovelas de producción nacional. Era 1997 cuando Cuba elegía a sus delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular. Era 1997 y Alina Rodríguez, la Justa Quijano de la popular entrega audiovisual se disponía a ejercer su derecho al voto.

Imagen: La Jiribilla

“Pero, ¿cómo que no estoy en ese listado?”, refutó intrigada a la encargada de la mesa electoral. “No está, lo siento. No la encuentro”, le respondió solícita. “Cómo que no, si yo me vi, mira estoy ahí, yo soy Alina Rodríguez”, le señaló con el dedo la línea exacta donde se nominaba a una persona desconocida para su interlocutora. Esta, con pena, solo atinó: “Disculpe, no fue mi intención. Es que yo la busqué por Justa”.

“Me cuesta mucho hablar en pasado, transcurrirá mucho tiempo sin que lo pueda hacer”

Alina Rodríguez había sido muchas mujeres a la vez; pero hasta ese año nunca el pueblo la confundió más, mejor decir, la hizo más suya, que cuando interpretó a la criada respondona de Lucio Contreras, a la fiel compañera de Silvestre Cañizo. También la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) le reconocería con un Caracol su inolvidable interpretación. Hoy, a casi 20 años de aquel rol, a días de su muerte, para muchos “no hay en Cuba, otra Justa posible”. Así lo asegura Xiomara Blanco, directora de radio y televisión y principal artífice de Tierra Brava, quien para hablar de la “versátil artista”, evita todo verbo en pretérito. “Me cuesta mucho hablar en pasado, transcurrirá mucho tiempo sin que lo pueda hacer”.

Magnetismo de mujer

Conversar sobre las primeras referencias que tiene Xiomara de la también Lala Fundora de Contigo pan y cebolla, es remontarse varias décadas atrás, por aquel 1991. “Conocí a Alina a través de su obra en el teatro con Héctor Quintero. Siempre me pareció una actriz con un temperamento tremendo. Después la vi ocasionalmente. La primera vez que me topé con ella fue cuando yo estaba grabando la novela Martin Rivas y ella hacía su película María Antonia. En cierta ocasión coincidimos los dos equipos en la misma locación”.

Su personaje cautivó a varios incluida la propia Consuelito Vidal quien no escatimó en elogios: “¡Qué tronco de actriz es esa Alina Rodríguez! Para los cubanos ¡tronco! de lo que sea, es lo máximo, la cima. Esa es la protagonista de María Antonia”.

Fue, de igual forma, una buena primera impresión para Xiomara. “Desde el principio me pareció muy espontánea. Le sobra profesionalidad. Es una de esas actrices que representan un volcán de talento. Tiene un magnetismo personal tremendo”.

Por eso pensó en ella para su medular personaje de Justa Quijano en su novela en rodaje, Tierra Brava. “Buscaba una actriz que personificara a esa mujer sencilla, de aspecto común, pero llevara implícito, además, cierta clase. Cuando tienes esa cualidad, lo mismo si estás haciendo una reina o una campesina, esa destreza sale; y a ella le sobra”.

“Desde el principio me pareció muy espontánea. Le sobra profesionalidad. Es una de esas actrices que representan un volcán de talento. Tiene un magnetismo personal tremendo”

Basado en una radionovela de Dora Alonso, el argumento tuvo sus reacomodos en la versión televisiva. “En el original es una negra cocinera de la casa, gruñona, protestona y mal hablada. No quería eso. Pensé en una mujer atractiva sin llegar a ser bella, sin mucha preparación pero con un sentido inmenso de la integridad y la justicia más allá de la obediencia. Para eso ella es perfecta”.

Aunque, los conflictos de la sirvienta irreverente resultaron también sugestivos, de una primera leída, para Alina, quien en entrevista había confesado la similar afinidad que le produjo este papel y el protagónico de Conducta. “Me atrajo ese sentido de la verdad, de unos principios bien claros ante la vida, de defender lo que ella (Carmela) creía positivo sin importarle el resto de la gente, de defender a esos niños que ama por encima de todo. Me pasó lo mismo cuando leí el primer capítulo de Tierra Brava... Tú sientes que hay algo ahí y dices: ´ay, esto sí, lo puedo hacer´ porque, desde que te estás leyendo el guion, ya te conmovió”.

La consagrada artista tiene esa capacidad de reconocer los buenos diálogos, las historias ensortijadas detrás de cada trama. Xiomara siempre lo supo. “Si Justa no la hacía una actriz como ella no pasaba de ser más que una criada respondona. Y ella correspondió con ser la contrapartida enérgica de una criatura compleja como Lucio Contreras. El personaje fue tan fuerte que casi se la hubiera tragado, como decimos en el medio. Pero ella se fue por encima, y le ganó”.

Incluso la directora examina los puntos en contacto entre Justa y Carmela. “En Conducta es esa mujer de pueblo, con una entereza y dignidad que defiende por encima hasta de la propia cordura. Lo mismo en Tierra Brava que en el filme de Daranas la podían borrar con un plumazo. Lucio Contreras la podía mandar a matar, sacarla de la finca; y a Carmela la trataron de jubilar. Nunca olvido esa respuesta de este último papel: ´No me voy a retirar, a mí me tienen que botar´. Sin gritar, ambas mujeres, nada más con su representación física, su mirada, la fuerza de su pronunciamiento, mantienen sus principios fuera de considerar riesgos. Esa es Alina Rodríguez”.

Imagen: La Jiribilla

Todas las Alinas posibles

Disciplinada, participativa, profesional, son algunos de los adjetivos a los que apela Xiomara Blanco, quien tuvo el placer de dirigirla, trabajar en conjunto con ella y llegar a ser más que una colega.

En el recuento surge la tesis de cómo su resolución profesional deviene espejo de sus propias convicciones. “Dota a sus roles de una fuerza tremenda aunque no la tenga en el guion. No acepta un papel por tener un trabajo. El personaje tiene que decirle algo a ella, para ella decírselo a los demás. Y tú crees lo que está diciendo. Por eso la gente recuerda sus mujeres: están insufladas del yo personal, de su temperamento y carisma únicos”.

“Dota a sus roles de una fuerza tremenda aunque no la tenga en el guion. No acepta un papel por tener un trabajo. El personaje tiene que decirle algo a ella, para ella decírselo a los demás

Xiomara admite, incluso, que a veces no sabía quién hablaba, si la persona o el personaje. “Los actores y actrices cuando llegaban a grabar, por lo general conversaban, chismeaban. Ella llegaba y hacía todo eso pero ya buscando el papel. Cuando participaba en lo que se estaba diciendo, ya encarnaba su rol, incorporaba hasta la manera de hablar, ocurrencias, frases, dichos… Ella era el personaje desde que entraba en el estudio. A veces le preguntaba cuando me protestaba algún parlamento: ´ ¿Quién me habla, Justa o Alina?´. ´Justa, Justa´. ´Ah, bueno, entonces vamos a hablar con Justa´”.

Al final del repaso, es inevitable volver a su desaparición física, aun cuando durante todo el diálogo, entrevistada y periodista sortearon, con menor o mayor suerte, toda conjugación verbal pretérita.

“Es una artista con una fuerza interior colosal. La escena cubana ha perdido, sin duda de ninguna clase, una de sus mejores actrices. Es una lástima: por su belleza, por su edad, le quedaban muchos años para muchos personajes”.

Xiomara piensa por un momento, se recuesta en el sillón de mimbre de su céntrico apartamento en el Vedado, como recurriendo a una cronología de lo que interpretó y no la actriz durante toda su vida: María Antonia, Justa, Lala Fundora, Carmela, la enfermera de Vestido de Novia… Solo se le escapa una añoranza. “¡Qué Doña Bárbara hubiera sido Alina Rodríguez!”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato