Cazando mariposas: Pensar al niño desde el teatro

Yudd Favier
Fotos:Sonia Teresa Almaguer
 

¿Dónde nació la idea de la Muestra de artes escénicas para la infancia Cazando mariposas?

El pasado año se celebró en la capital mexicana el Festival Iberoamericano de Teatro para Niños y Jóvenes, que estuvo dedicado a la educación. En esta coyuntura, el Ministerio de Educación de la República de Cuba (Mined) eligió como participante nacional  a Teatro de Las Estaciones, en virtud de  su trabajo de promoción literaria con autores como Dora Alonso, Emilio Bacardí, José Martí , Federico García Lorca, Hans Christian Andersen y Charles  Perrault, entre otros escritores,  por ser un grupo promotor e inclusivo de todas las artes (cine, ópera, ballet, pintura, circo) dentro de sus producciones para niños a través de su teatro titiritero, y su reconocida trayectoria artística.

Imagen: La Jiribilla

En el festival  azteca se presentaron con Una niña con alas, espectáculo que tras 15 años de mantener en el  grupo un elenco afianzado, introdujo a jóvenes provenientes de los talleres de actuación y animación impartidos por su líder y otros maestros invitados. De alguna forma la producción también nació con la intención precisa de recolocar la figura de Dora Alonso  a través de sus versos e historias en su provincia natal, pues  tras recorrer varias comunidades urbanas y rurales encontraron un claro desconocimiento  de la autora y su obra. La  tarea se hizo inminente.  De cierta manera,  Una niña… nació desde un doble carácter pedagógico: entrenar  a los actores noveles en las calidades de una puesta en escena para niños y exponer escénicamente para el nuevo auditorio  textos imprescindibles de nuestra literatura.

El festival coincidió con el Congreso Internacional de Educación, en esta coyuntura la Organización de Estados Iberoamericanos convocó a los participantes del evento a presentar proyectos que establecieran vínculos entre la educación y el teatro. Fue así que se implicó Rubén Darío Salazar, quien hace casi tres décadas trabaja para los niños, inicialmente como actor titiritero y luego como director artístico de más de 40 espectáculos dirigidos a este público. Profesor y creador de talleres infantiles y juveniles desde que fundara su grupo en 1994, es uno de los promotores fundamentales del rescate de Pelusín del Monte como niño-títere de auténtica cubanía, además de servir como gestor de intercambios fructíferos con importantes figuras del panorama escénico internacional. Al ser un investigador incansable de un  teatro titiritero que en Cuba tiene su prioridad en el público infantil, le propuso este proyecto a Victoria Velázquez, directora del departamento de Enseñanza Artística del Mined, intención que se convirtió en la primera muestra de artes escénicas para la infancia Cazando mariposas.

Entre los llamados grupos de teatro profesionales existen hoy, nada más y nada menos que 90 conjuntos que dirigen su trabajo al público infantil.  El grupo más joven del catálogo tiene ya cinco años de creación. Seis grupos de teatro guiñol, con más de 50 años,  funcionan regularmente, junto a otra decena de colectivos con más de cuatro décadas. En resumen, el teatro ha generado durante más de medio siglo una increíble fuerza de trabajo que se ocupa del niño al escogerlo como receptor. La gran mayoría han intervenido escuelas y comunidades como un hecho cotidiano de sus quehaceres como artistas, por tanto el concilio entre la escuela (Ministerio de Educación, Brigada de Instructores de Arte José Martí), la comunidad  unida al funcionamiento de las Casas de Cultura y el teatro profesional (Consejo Nacional de las Artes Escénicas) existe hace tiempo de manera factual, sin embargo no fue hasta el pasado 16 de julio, que esta natural  comunión se hizo efectiva formalmente, desde la anuencia de todas las autoridades reunidas en esta primera muestra para pensar al niño en el teatro.

Rubén Darío  funge como  secretario general del Centro Cubano de la Unima (Unión Internacional de la Marioneta), organización que si bien es titiritera no tiene ni un solo miembro que no haya trabajado para el niño, por ello invitó a algunos de sus  integrantes para conformar el panorama de representaciones. Convergieron: Teatro Tuyo, de Las Tunas; Retablos, de Cienfuegos; Teatro de Las Estaciones,  de Matanzas (todos con obras merecedoras de los premios  Villanueva de la crítica en el año 2014)  y El Arca, de La Habana, a los que se sumaron los espectáculos de los grupos La fragua, de La Habana también; y La Andariega, de Camagüey;  ambos presentan a niños aficionados en la escena, desde el trabajo dentro de la propia escuela y en las casas de cultura, respectivamente.  Pensar al niño desde los que dedican su labor a ellos  a través del teatro, sencillamente era una tarea pendiente.

Entre los participantes estuvieron invitados los instructores de arte de toda la Isla con relevantes resultados en su trabajo en las escuelas y/o comunidades,  y directores teatrales profesionales  de varias provincias del país: Emilio Vizcaíno, director del Guiñol de Guantánamo y de la Cruzada Teatral; Dania Agüero, directora del Guiñol de Holguín; Carmen Margolles, directora de Teatro Alánimo, Santa Clara; Pedro Venegas, director de Teatro Paquelé, Sancti Spiritus; Yosvany Abril, director del Grupo Polichinela, Ciego de Ávila; Doris Méndez, directora de Teatro Alas, Pinar del Río; y Malawi Capote, directora del Guiñol Los cuenteros, Artemisa; así como la presencia siempre afortunada del Premio Nacional de Teatro René Fernández Santana, director del Teatro Papalote, de Matanzas, entre otros convidados, para conformar representaciones de 14 de las 16 actuales provincias del país.

La muestra se movió entre tres sedes fundamentales: El Arca (Museo y Teatro de Títeres), que se constituyó en fuerte de operaciones (conferencias, mesas de opinión, lectura dramatizada, más funciones con sus respectivos trueques y logística),  el Teatro Nacional de Guiñol  (TNG) y la Sala Covarrubias del Teatro Nacional.

Primer día

A las 3 de la tarde en El Arca comenzó la muestra con el espectáculo Mi amigo Martí, del mencionado grupo La fragua, dirigido por la instructora de arte Zulema Armas,  con niños de sexto grado de la escuela  Ignacio Pérez, del municipio Playa. Esta obra pude verla  por primera vez en la biblioteca de un colegio, probablemente el lugar para el que fue creada, y desde su contexto  me sorprendió  por su concepto sintético y al mismo tiempo global de la obra de Martí, en un collage preciso dónde confluyen de manera muy resumida textos como Los dos príncipesLos zapaticos de rosa, La muñeca negra y algunos de los Versos Sencillos del autor. El  montaje cierra con una excelente representación de un fragmento de Abdala, en dónde la madre que clama es interpretada por un sincronizado coro de cinco niñas a la manera del teatro griego, para acentuar el ruego de esa madre hacia el hijo que marcha a la guerra. La precisión al decir el verso, la carga de sentido al colocar la modulación exacta y la excelente dicción de sus ejecutantes, denotan el trabajo de la profesora, además del cuidado de los accesorios, peinados, vestuarios y composición espacial, también encomiables.

Imagen: La Jiribilla

Dos horas después nos encontramos en la sala del TNG, en una nueva devolución de textos vitales para el niño cubano, los salidos de la pluma de  Dora Alonso.  Mediante el espectáculo Una niña con alas, nos acercamos a tres niños que llegan al lugar del encuentro con la niña Dora,  mientras esperan, niños al fin, juegan, crean bandos, alianzas, peleas y reconciliaciones, usando en sus diálogos los versos y la prosa de la autora: romances tristes, alegres, adivinanzas, cuentos que se suceden mientras se espera y evoca a la muchachita matancera.

Desde ese primer día se produjeron al terminar las funciones los primeros trueques, que no fueron otra cosa que el intercambio entre el público de instructores de todo el país y los  directores profesionales del teatro para niños, relacionándose a través de preguntas y/o comentarios con los directores y actores de ambos montajes. Martí y Dora Alonso en la escritura teatral, niños y actores profesionales en la escena, así comenzó todo.

Segundo día

El viernes 17, otra vez en El Arca, se realizó  la primera mesa de opinión con los directores que formaban parte de la muestra: Rubén Darío Salazar,  Ernesto Parra, Christian Medina y Liliana Pérez Recio, con la conducción de Yudd Favier y el tema fundamental Niños y niñas en la escena nacional. La reflexión fue centrada en  dos cuestiones fundamentales: el retorno del niño y la niña como personaje protagónico de los argumentos  dramáticos y los aportes que para cada uno de los directores implicaba comunicarse con el infante mediante la figura de un homólogo.

Ernesto Parra, director de Teatro Tuyo, realizó posteriormente una conferencia ilustrada a través de su trabajo unipersonal La estación, donde compartió con el auditorio los conceptos fundamentales de su estética del clown, labor que ha ido sistematizando a través de la investigación y el entrenamiento. Disertando sobre personajes tipos, categorías, el uso del objeto y más, fascinó a un auditorio que, como suele suceder a los niños ante los payasos, se quedó con ganas de ver el espectáculo completo. 

En la tarde regresamos al TNG para ver Divertimentos danzarios con La Andariega, oferta que mostró un diapasón muy amplio de géneros bailables, con niños que trabajan desde la comunidad. Una experiencia a cargo de su director Luis Orlando Antúnez  (Bambino), con dos décadas de trabajo intenso en la formación de infantes a través del teatro y la danza.

Un momento fundamental de todo el encuentro, precedido por la actuación del grupo Semillas de amor, de la Escuela especial Camilo Cienfuegos,  fue la asistencia de los directores nacionales de las principales enseñanzas de las primeras edades (preescolar, primaria, secundaria y educación especial); todos describieron panoramas muy específicos de cada enseñanza en el presente y hablaron sobre las contribuciones que puede hacer el teatro respecto a la psicología de las edades, las principales características etarias detectadas en la contemporaneidad y la introducción de temas nuevos según los contextos, entre otros temas.

Tercer día

En la mañana, de vuelta una vez más a la sede de Teatro El Arca, los integrantes de este joven grupo hicieron una lectura dramatizada de Ángel  o  cualquier día de la semana, texto de René Fernández Santana que expone la historia del niño Ángel, un pequeño que pasa todo el día solo  y se inventa historias junto a  su vecina Socorrito. El niño en su fabulación envenena a las amigas de su mamá, les crea historias por teléfono y les cuelga a los insistentes colegas de su papá, secuestrados luego por ladrones imaginarios.  Un argumento  que además de presentar a una familia disfuncional (con gritos, ausencias, infidelidades, marcado sexismo en sus roles), aborda temas como la muerte y la orfandad, el descubrimiento de la sexualidad en los niños y otros temáticas que por mucho tiempo no se habían tratado de esta forma en el panorama nacional. La reflexión que en torno al texto se produjo tras la lectura, ante la presencia de su autor, se convirtió en la conexión propicia para hablar sobre contenidos novedosos en la dramaturgia para niños nacional, asunto que fue incluido en la segunda mesa, esta vez con los autores René Fernández, Norge Espinosa y Ulises Rodríguez Febles. Con la guía del moderador Rubén Darío Salazar, los tres reflexionaron sobre sus procesos de creación y confluyeron todos en un punto: la importancia vital de dirigir una mirada constante hacia los niños cercanos, fuente fundamental para adoptar a esos niños-héroes de sus historias, dirigidas también al niño receptor.

Imagen: La Jiribilla

Las tres salas-sedes ofrecieron funciones ese día: La muchachita del mar, por Retablos (en el TNG mañana y tarde), Jardín de estrellas, de La Andariega (en El Arca) y Cuento de amor en un barrio barroco, de Teatro de Las Estaciones (Sala Covarrubias del Teatro Nacional). En todas ellas los protagonistas fueron niños  (niños actores y niños títeres).

Marianita, en La muchachita del mar, es una adolescente que descubre se convertirá en espuma de mar al término de sus 300 años de vida como sirena.  Su abuela, posesa a la vez por una bruja marina, le anuncia la única manera posible de obtener un alma inmortal y le ofrece un conjuro para lograrlo: debe ser amada por un humano. Mariana, que ha salvado a un príncipe de morir ahogado, es encontrada por este en la playa, ya convertida en humana. Y aunque se hacen grandes amigos el príncipe se casa con una jovencita del reino vecino.  Su única forma de salvación depende de un acto cruel y ella prefiere inmolarse, en recompensa se convierte junto al príncipe en un ser etéreo, que puede vivir muchas aventuras eternamente.  Una fábula que coloca temas de índole existencial sobre la vida  y la posteridad, a través de una conocida fábula de Andersen como La sirenita

Wilo, en Cuento de amor en un barrio barroco, es un niño que pertenece a una geografía variopinta de pregones y ambientes de carnaval, llena de vendedores bonachones, fisgones y metiches que no entienden la tristeza que tiene él, que no quiere frutas, ni música, ni caramelos, porque suspira de amor por una sirena.  Una historia que evoca el mito de la ciudad recordada (ese Santiago de Cuba que cumple medio siglo, tierra natal del cantante protagonista —William Vivanco— y del director del grupo Las Estaciones) y otros mitos universales de disímiles procedencias: sirenas, dioses afrocubanos, Alí Babá, entre otros mitos urbanos. El niño se lanza a la mar para rogarles a las diosas (Yemayá y Oshún) por su amada, hasta rescatarla del secuestro perpetrado por el rufián ladrón de Las mil y una noches. Son las populares canciones del trovador oriental, acompañadas por la Orquesta Miguel Faílde, las que van conectando esta historia de amor y magia caribeña.

Mati y Maikol,  de Ventana de estrellas, son dos niños, ella de la ciudad y él  de un pueblo de campo. Los dos entablan una hermosa amistad, mientras develan en sus conversaciones sus principales problemas familiares. El abandono por uno de los padres, el divorcio, la intrusión de los niños en una vida adulta que a veces les resulta incomprensible y ríspida, son algunos de los temas propuestos desde el texto, que se hace más lícito y directo desde la representación de los propios niños, provenientes de los talleres de actuación de la camagüeyana compañía teatral y danzaria La Andariega.

Cuarto día

El domingo las tres salas-sedes mantuvieron su programación habitual con espectáculos del evento, pero para la clausura se alistó el estreno de Teatro Tuyo, que en verdad resultó el compendio de cuanta acción se consolidó en esos días en torno a los más pequeños. El teatro es un arte social y cualquier acción que por estos tiempos se acometa necesita de la comprensión y disposición de todos sus participantes. Esta convocatoria estuvo hecha desde la estrecha interrelación de su organizador con el resto de los colaboradores. Rubén Darío no sólo diseñó un evento  desde la indiscutible calidad de las puestas en escena, sino que también lo hizo desde la relación personal y armónica con sus colegas. En los momentos iniciales del proyecto Cazando mariposas, le sugirió a Ernesto Parra que para una muestra que tuviera al niño como centro debía preparar “algo” con su hijo Jean Paul, de diez años. Cuando padre e hijo accedieron, le pidieron a Rubén que les escribiera un poema-carta como únicas palabras del espectáculo.

Así nació Caras blancas, el más reciente estreno de Teatro Tuyo. Jean Paul sube a escena siendo él mismo: el hijo de un payaso al que su padre le quiere dejar por herencia su profesión. Planteado desde la presentación de reprises clásicos, las conexiones están dadas a través de la relación padre-hijo,  adulto-niño. Un padre  a veces como persona mayor imponente, otras como profesional competitivo, en todos los casos es remplazado por su joven heredero, quien desde su inocencia le va  enseñando un buen par de lecciones. Dar, ofrecer,  vuelve ser ese leit motiv que de tantas formas se ha desarrollado en los argumentos teatrales de Parra, ahora con un poco de El chicuelo chaplinesco,  apuntado como guiño explícito en sus gorras. Es también una historia sobre el amor filial, demasiado evidente como para no ser sincero. En el último de los trueques una instructora decía que lo que más le había gustado era ver al niño libre, original, sin estar atado por una cadena de acción, sino formando parte de un juego, luego supimos que era esa la esencia de este montaje conmovedor. 

¿Cómo es el niño cubano de hoy? ¿A qué niño, de qué edad y contexto nos estamos dirigiendo? ¿Qué historias les estamos contando a través del teatro, con cuáles lenguajes, metáforas o analogías? ¿Con cuáles historias se pueden sentir identificados o distantes? ¿Cómo involucrar a los niños como actores, qué tratamiento darles? ¿Qué les ofrece el teatro desde la actuación y qué desde la recepción? ¿Qué se escribe hoy para niños en el teatro, cuáles son los héroes o heroínas actuales? Fueron preguntas todas que desde las mesas de opinión, las conferencias, los debates, los  trueques posteriores a las presentaciones, los mismos argumentos de los espectáculos ofrecidos, se estuvo  intentando responder durante la intensa y variada  programación.

Cuatro jornadas sobre el niño como punto de mira de los que trabajan con y para ellos desde la escena. Cuatro días también de adultos que apresaron insectos alados, cual ideas siempre mutantes del teatro, para luego soltarlos libres, en un jardín contentivo de variadas y distintas especies de flores que polinizar.

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