Su gran secreto

Ernesto Daranas • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

No la conocía personalmente antes de Conducta, la admiraba desde lejos y deseaba poder trabajar alguna vez con ella. Pero la verdad es que no escribí Carmela pensando en Alina porque me parecía más joven que la maestra que tenía en la cabeza. Luego, mientras compartía con Mariela López la preparación de los muchachos de la película, fue que comenzamos a tenerla en cuenta.

Imagen: La Jiribilla

Nosotros no queríamos que los niños ensayaran mucho con el casting adulto para que no terminaran imitándolos y eso matara su frescura. Por esa razón Alina no conoció a los alumnos de Carmela hasta que estuvimos ya próximos al rodaje. Armando (Chala) se impresionó mucho al verse frente a la mismísima Justa, pero Alina le hizo ver enseguida que estaba tan nerviosa como él y que sólo saldrían adelante si confiaban el uno en el otro. Ese era el mismo temor que yo sentía haciendo esa película y respeté mucho la sinceridad con la que ella lo asumía. Fuera de eso, Alina era rebelde y muy auténtica, decía lo que pensaba y no se dejaba poner la bota encima.

Siempre hemos tenido excelentes actrices, pero ella descolló por su capacidad de sintetizar y expresar lo que somos como cultura y como pueblo. Por eso fue la mejor embajadora de Conducta.

La filmación de Conducta terminó en el set de la casa de Carmela. Habíamos trabajado muchísimo, pero lo cierto es que, a lo largo de todas esas semanas, apenas si nos habíamos relacionado personalmente. Me daba pena decirle, en ese epílogo de los rodajes tan dado siempre a las catarsis, todo lo que yo le agradecía. Finalmente ella se me acercó para preguntarme, de sopetón, por qué nunca le había dado el personaje. No entendí, ¿habíamos acabado de filmar la película y Alina no tenía claro todavía que ella y solo ella era Carmela? "-Sí, mijito, pero tú nunca me dijiste: Alina, ¡el personaje es tuyo! Y todo este tiempo he sentido que me tenías a prueba". Nos echamos a reír y se nos fueron algunas lágrimas, las mismas que no habíamos querido que asomaran a los ojos de Carmela.

Siempre hemos tenido excelentes actrices, pero ella descolló por su capacidad de sintetizar y expresar lo que somos como cultura y como pueblo. Por eso fue la mejor embajadora de Conducta. Hace apenas unos meses fuimos a un Festival en Panamá, se la comían a preguntas "difíciles" y admiré la sencillez y la honestidad de sus respuestas. Luego nos fuimos a beber Balboas, que es la Cristal de los panameños, nos hicimos muchos cuentos, nos reímos burlándonos uno del otro y soñamos a la Cuba que tenemos en el corazón y en la cabeza. Alina pensaba y sentía como cualquiera de nosotros y quiso que eso se sintiera en todo lo que hizo.  Ese fue su gran secreto. 

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