El Noel de mis recuerdos

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

No fui lo que se dice amigo de Noel Nicola. Nos saludábamos cuando nos cruzábamos en alguna parte y nunca en vida le dije lo mucho que disfrutaba de su obra. Recuerdo que lo conocí en persona allá por 1983 o tal vez 1984. Por entonces un grupo de amigos de los que estudiábamos en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, en carreras como Periodismo, Filología, Historia del Arte y Bibliotecología, nos reuníamos todos los fines de semana en el apartamento donde vivía una amiga polaca, hija de un funcionario de la embajada de aquel país europeo en Cuba.

Imagen: La Jiribilla

Ella  estudiaba con nosotros y la vivienda que el MINREX le tenía asignada al padre y su familia, ubicada en el edificio de la esquina de G y 5ta en el Vedado, nos servía como maravillosa sede para hacer descargas trovadorescas que podían durar hasta 12 horas corridas. En uno de aquellos encuentros alguien llevó a Nicola y después él participó varias veces en nuestra tertulia.

Por esa época Noel vivía en San Nicolás, entre Concordia y Laguna, a un par de cuadras del lugar donde siempre he residido y de cuando en vez coincidíamos en el barrio, pero nunca pasamos del saludo formal. Quizá yo me cortaba un poco ante el carácter de Nicola y por eso no llegué a preguntarle cosas que me habría encantado que él me respondiese en torno a su quehacer.

Como se sabe, Noel Nicola fue uno de los fundadores de la Nueva Trova, compositor de varios temas devenidos clásicos de la cancionística nacional. Sin embargo, por razones diversas, en un momento de su carrera él renunció a presentarse ante el público, dejó de grabar y cuando volvió a hacerlo, hay que decir que los resultados no se correspondieron plenamente con su calidad como artista. A lo anterior ha de añadirse que, con excepción de una que otra composición, en conjunto su obra tampoco ha recibido la promoción que se merece y continúa siendo en buena medida desconocida tanto internacional como nacionalmente.

Para cualquier estudioso de nuestra cancionística de fin del siglo XX, sabe que por el conjunto de su obra, Noel Nicola resulta un trovador imprescindible entre los surgidos en los últimos 50 años en nuestro país.

Al margen de lo antes expuesto, para cualquier estudioso de nuestra cancionística de fin del siglo XX, sabe que por el conjunto de su obra, Noel Nicola resulta un trovador imprescindible entre los surgidos en los últimos 50 años en nuestro país. No sorprende, por tanto, que figuras de tremenda valía en el plano musical hayan expresado su admiración a propósito de lo hecho por este creador.

Sucede que un repaso breve por las composiciones de Noel deja claro que él abordó disímiles propuestas genéricas y estilísticas, que pasan por el son, el rock, la canción y los aires de la trova tradicional, con el agregado de que como cantante poseía, en sus mejores tiempos, un registro vocal impresionante.

Ahora, mientras redacto estas líneas, evoco algunas de las piezas de Noel que de un modo u otro me impactaron desde que las escuché por primera vez. Entre ellas pudiera mencionar “Esa mujer es un dolor”, “Comienzo el día”, “Se fue a bolina”, “Llueve en agosto de 1981”, “Calma y algo más”, “Leí su carta ayer”, “Cuatro cosas bien”, “María del Carmen”, “Nana para despertar a una muchacha”, “Tema del miedo”, “El son oscuro”, y sobre todo, “Laura, milonga y lejanía”, para mi gusto personal una de las canciones más memorables de la obra de Nicola.

Por último, quiero evocar a mi otrora vecino del barrio de San Leopoldo, Centro Habana, por medio de parafrasear unas palabras de Silvio Rodríguez, dichas en la Casa de las Américas durante el acto de presentación del fonograma 37 canciones de Noel Nicola (doble CD realizado como sincero reconocimiento a la obra de este trovador) y en las que se deja claro que en la cancionística de Noel encontramos un hombre que ama con intensidad, a la vez que combate la muerte, el machismo, la burocracia, el oportunismo, la indolencia… y en el que prevaleció, no ya sólo en su obra artística sino en todo su accionar, la ética como estandarte.

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