Virtudes de Cuba defendida

Ana Cairo • La Habana, Cuba

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Nosotros tenemos la necesidad de la expansión. El mundo entero nos interesa. De Francia la luz, y de España y de los E. [Estados] Unidos […] en ningún país se encuentran relativamente tantos hombres generalmente ilustrados.

El prob. [lema] de C[uba]no es ya de mero sent[imiento] ni se levanta con las bellas frases huecas: ni basta para resolverlo invocar nombres que aparejen el aplauso; lo que se necesita es imitarlos en su virtud y aprovecharnos de su experiencia.

El éxito de los h[ombres] no  se mide por su éxito inmediato, sino por su éxito definitivo; no se mide por el dinero que acumularon, sino por el resultado de s[us]  obras. […] Del que ganó más, queda más; del artista, del literato, del ideador,  del fundador, del creador, queda más.[1]

José Martí (1853-1895)\

2

Antes: ¡Los viejos, los viejos! Ahora: ¡Los jóvenes, los jóvenes! Pamemas de simplistas. Ni viejos por viejos, ni jóvenes por jóvenes. ¡Los útiles!

Ir adelante, mirando más allá. Lema del que piensa y quiere actuar.[2]

Enrique José Varona (1849-1933)

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Como maestro que aprende también de sus alumnos, como escritor libre, no podemos negarnos a la emoción más verdadera, después de haber experimentado los días más plenos de nuestra vida, y de disponernos al mayor esfuerzo por rehacer, por remodelar el país, pues todos, grandes y pequeños tienen su tarea.

Cuando en aquellas primeras inolvidables horas de este año abrazábamos estremecidos a uno de los más nobles y lúcidos de nuestros amigos, él balbucía: “es el triunfo de la ingenuidad”. Ah, Mariano es, sí, el triunfo de la ingenuidad de hombres como tú, que creyeron que sólo lo imposible era digno de ser buscado. Alonso Quijano el Bueno reclamó otra vez su improvisada armadura, su bacía, su jamelgo, salió al camino polvoroso, y sus encuentros de tal modo han hecho ver que lo soñado era lo real, que aún el enemigo de la tiranía que tiene la esperanza difícil, quien se repite de tiempo en tiempo, como en la vieja súplica desgarradora: “Señor, ayuda mi incredulidad”, ante la impresionante prueba, ante las llagas ofrecidas, accede a la fe, dice: “creo”.[3]

Roberto Fernández Retamar.

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[…] si se negara el derecho a disentir en los métodos de construcción (lucha ideológica) a los propios revolucionarios se crearían las condiciones para el dogmatismo más cerril. Debemos convenir en que los criterios opuestos sobre métodos de construcción son el reflejo de actitudes mentales que pueden ser muy divergentes en ese punto pero planteándose honestamente el mismo fin.[4]

Ernesto Che Guevara (1928-1967)

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El poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar  cumple 85 años, los cuales se hermanan con otras dos celebraciones: los 60 de haber ingresado al claustro profesoral de la Universidad de la Habana y los 50 como director de la revista Casa de las Américas.

Los que tuvimos la inmensa suerte de que fuera nuestro profesor, admiramos cómo  logra la plena articulación sistémica de sus oficios. La revista continúa siendo un proyecto de educación a distancia, al igual que varios libros de ensayos. En particular quiero realzar las virtudes de Cuba defendida.

Además de ser un gran poeta, ha alcanzado un dominio enciclopédico de la historia del género en varios idiomas. Siempre habrá que agradecerle la creación de la asignatura Poesía Hispánica para entrenar a los alumnos en las coordenadas de la  evolución modernizadora en la lengua española durante los siglos XIX y XX. También facilitó el dominio de las conexiones entre la poesía y el ensayo.

Hemos memorizado fragmentos de algunos de sus más famosos poemas, como “El otro”, “Felices los normales”, “Palacio cotidiano”, “¿Y Fernández?”. A veces,  utilizamos  algunos versos como intertextos eficientes  para favorecer alusiones.

Como estudiantes, fuimos beneficiarios de la sorprendente interacción de varios tipos de humanistas, la mayoría muy actualizados. Nos acostumbramos a la cultura de las polémicas; a valorar con respeto la diversidad de puntos de vista; a entender la unidad y la lucha de contrarios, no solo como categorías filosóficas  sino como praxis cultural.

La maestra Vicentina Antuña, directora-fundadora de la Escuela de Letras y de Arte (1962-1976), logró estructurar un magnífico claustro que se caracterizaba por el amplio dominio de sus materias y por la  diversidad en cuanto a ideologías.  En el claustro primaba el máximo respeto a las otredades. Sus miembros actuaban entre sí de manera solidaria y complementaria.

Los humanistas José Antonio Portuondo (1911- 1996), Mirta Aguirre (1912-1980), Beatriz Maggi y Roberto Fernández Retamar, nos enseñaron a valorar  las interconexiones entre poesía, narrativa y ensayo. En una clase, en una conversación,  ellos podían introducir las más sorprendentes analogías para explicar categorías y conceptos.

Los cuatro, también poderosos ensayistas, nos enseñaron a justipreciar el género y a analizar sus funciones estratégicas en la historia de la cultura cubana.

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El humanista mexicano Alfonso Reyes utilizó el título de Obras para ir dejando organizada de manera definitiva su producción literaria.  A partir de los 70 años, Cintio Vitier  y Fernández Retamar decidieron enrolarse en una labor parecida. Con  las virtudes de ser también experimentados editores,  los dos lograron ofrecer volúmenes  en sus respectivas colecciones de Obras muy bien estructurados.

En el 2004,  apareció Cuba defendida  dentro de la colección de Obras  de Fernández Retamar. Es un tomo de 322 páginas estructurado en seis bloques. Se genera una historicidad  dialéctica y actualizada, porque se fundamenta en los contrapunteos  de dos series: la del tiempo de la escritura (a partir de 1959) y la del tiempo recreado (desde finales del siglo XV hasta el inicio del  XXI).  El título realza su objetivo principal: la defensa de mi país, agredido de múltiples maneras.

En el primer bloque se salvan del olvido varios textos escritos a partir de enero de 1959. Como se sabe, el poema “El otro” (fechado el 1 de enero) hace cinco décadas que está considerado como un texto canónico para ilustrar el simbolismo de la fecha.

Una función parecida tiene  “La inundación”  (publicado en marzo) de Virgilio Piñera.  Uno de los atractivos del texto es que cada lector tiene que decidir cómo lo recepciona: ¿es un artículo?; ¿podría estar más cercano a una narración?  Se asiste a un giro de la historicidad colectiva: en la madrugada del primero de enero, el personaje-narrador camina por las calles habaneras hasta su casa. En  las primeras horas el espacio urbano permanece vacío, silencioso; se está  acatando la consigna política de cero celebraciones. En el trayecto entre los barrios, se va apreciando que en unas pocas horas todo ha comenzado a cambiar de manera vertiginosa  e insólita. En el desenlace, hay miles de personas eufóricas en los espacios públicos.

Gracias al primer bloque de Cuba defendida se descubre que “El otro” debería estudiarse en conexión con  las prosas “Orgullo de ser cubanos” (8 de enero) y  “Otra salida de don Quijote” (10 de enero). Pienso que debería indicarse dentro de ese primer bloque (al menos con una nota al pie) el parentesco de ambos textos con el  famoso poema.

Retamar con sus tres textos y Piñera  con el suyo, aportaron a la dimensión  épica desde lo subjetivo. Hasta donde conozco, no se han publicado juntos  los cuatro textos. Estoy convencida de la utilidad  de publicar una selección de textos  lo más completa posible sobre 1959, para facilitar la comprensión entre los tiempos de la escritura y la del mundo recreado. (Laboro en dicho empeño).

 “Cómo La Habana se volvió una Venecia silvestre” (30 de julio de 1959) y “La Habana, encrucijada de América” (19 de agosto de 1959) deparan  sorpresas. El  primer texto se inspira en las impresiones  visuales de la gran concentración habanera  del 26 de julio. Por supuesto, las fotografías y las películas han predominado en el imaginario. No obstante, las sutilezas de la descripción poética, me recuerdan que aquí se está pintando con las palabras, como pedía José Martí en “El carácter de la Revista Venezolana” (1881).

En el segundo texto, se están adelantando las premisas conceptuales que definen los objetivos políticos y culturales de los restantes bloques. La Revolución Cubana es uno de los grandes acontecimientos del siglo XX en el continente de Las Américas. La Revolución Mexicana de 1910 fue su antecedente  más cercano. En la concentración del 26 de julio de 1959 se realzó dicho linaje. El invitado de honor fue el general Lázaro Cárdenas, quien vino acompañado de numerosos intelectuales.

“De un nacionalismo abierto” (31 de agosto y 2 de septiembre de 1959) posibilita la comprensión de cómo Retamar enrumba hacia la riquísima tradición de la intelectualidad  (primero criolla y después cubana) de pensar sus problemas en términos de sistema-mundo.

Él lee y relee obras muy  disímiles. Privilegia la máxima actualización. Jerarquiza y fundamenta sus preferencias autorales. Con las ventajas de su formación como lingüista,  realiza un análisis textual en profundidad; ordena categorías y conceptos en series temáticas. Elige un plan de escritura en que las virtudes como buen poeta le facilita analogías muy eficientes.

Desde el título muy certero ya sabe el lector cómo orientarse. Se puede estar a favor o en contra de sus tesis; pero, hay que admirarle la tradición de buen oficio (como diría Alejo Carpentier).

La honradez intelectual de Retamar determina la existencia de este primer bloque con textos mayoritariamente desconocidos. Al decodificarlos,  se realza  la evolución de las series temáticas; se admira la claridad y coherencia de sus ideas, las cuales definen su praxis privada y pública. Por lo mismo, “Lectura de Martí” (30 de enero de 1961), resulta primordial porque nos está indicando el primero de sus linajes: es un hijo espiritual del cubano más universal.   

Desde el primero de enero de 1959,  ha optado por defender a la Revolución Cubana y lo continuará haciendo hasta su muerte. No se trata de una actitud fanática sino de una elección de vida.  Permanentemente, él se autogenerará  preguntas y buscará respuestas, las cuales le suscitarán nuevas interrogantes.

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En el segundo bloque reúne textos que confirman el proceso de lecturas y relecturas para construir un relato histórico desde los orígenes hasta el presente en torno a nuestra sociedad.

En el tercer bloque, rinde homenaje a Haydée Santamaría y a Che Guevara. Hay que agradecer la reunión de todos sus textos sobre Che, porque se aprecia cómo se le multiplica la admiración por el pensador.

El 14 de mayo de 1965, Retamar escribió una carta a Che, en el que le daba la segunda versión de sus opiniones en torno a “El socialismo y el hombre en Cuba”. La primera había sido en marzo, cuando Che le facilitó una copia del mecanuscrito y discutieron en el aeropuerto de Shannon (Irlanda). De ese intercambio, surgió la petición de que redactara la epístola, porque Che quería que se publicara. Quizá pensaba que detrás de Retamar, otros  se enrolarían  en una polémica estratégica.

Desde la perspectiva de José Lezama Lima, ocurrió un suceso digno de ilustrar la mística del azar concurrente.  Che dejaba responsabilidades y desaparecía de nuestra vida pública. El 1 de abril,  viajaba en estricta clandestinidad (ya convertido en Tatu) para asumir la jefatura de los combatientes internacionalistas cubanos en la guerrilla del Congo.  No regresó a Cuba hasta 1966 para preparar la guerrilla internacionalista en Bolivia.

La idea original de ambos (en marzo de 1965) quedó frustrada.  El impacto polémico de las tesis de Che en “El socialismo…” no ocurrió hasta después de su muerte. Y fue muy limitado, porque el texto se recepcionó  en el código sacralizador de ser uno de sus testamentos.

Siempre habrá que agradecerle a Orlando Borrego el haber publicado una selección de textos de Che en varios tomos, centrados en su praxis laboral dentro de la Revolución Cubana. Incluyó cartas, informes, artículos, los cuales permiten poner en un contexto histórico minucioso las preocupaciones del pensador sobre las necesidades de una cultura de las polémicas.  En esos volúmenes está la mejor explicación de por qué le pidió a Retamar el ensayo.

Lamentablemente, la tirada de los tomos editados por Borrego fue tan pequeña que solo circuló de manera muy restringida. Recuerdo que pude leerlos en la biblioteca privada de una amiga y bajo el compromiso de guardar un absoluto silencio.

¡Por fin!, en los últimos años el Instituto Cubano del Libro ha asumido la tarea de una segunda edición  de los tomos compilados por Borrego. Ya han aparecido cuatro.

No fue hasta junio de 2003 que Retamar leyó públicamente su carta-ensayo de mayo de 1965.  Ya existen publicaciones en las que se hermanaron los dos textos.

La excesiva distancia entre el tiempo de la escritura y el de la recepción  obstaculiza la comprensión por el insuficiente manejo de las particularidades, de las sutilezas, en cada contexto.  También podría faltar la evaluación bien matizada en torno a qué motivos polémicos ya han caducado, o ya no interesan a los lectores del siglo XXI.

Se ha beneficiado la historia de la ensayística cubana en los 60. Todavía está pendiente el ordenamiento en un volumen de todos los autores que han problematizado el texto del Che desde 1965 hasta la celebración del cincuentenario en marzo pasado

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El cuarto bloque se conforma por los ensayos “Cuba defendida contra otra leyenda negra” y “La enormidad de Cuba”. Los dos textos  funcionan como sagas de los del primer y segundo bloques.

Resalto las virtudes de “La enormidad de Cuba” (1996) por su objetivo de esclarecer al máximo el sistema de retos inherentes a la categoría político- social  denominada “período especial “.

Cintio Vitier construyó  Resistencia y libertad, un libro de ensayos y artículos centrados también  en algunas de las problemáticas  más álgidas del “período especial”.  Resaltó la importancia de “Martí en la hora actual de Cuba” (1994), por la denuncia valiente  contra  una tendencia  que favorecía  modalidades de exclusión social.

Cintio reactualizaba las tesis del famoso discurso “Con todos y para el bien de todos” (1891) y explicaba que había que ocuparse de la totalidad de los problemas de una sociedad en crisis. Los balseros, las jineteras, los delincuentes, los locos, los suicidas, integraban también el pueblo cubano. Había que alinearse con la ética de la máxima  inclusión social, que se acompañaba con la urgencia de  las reformas  sociales y educativas.

“Martí en la hora actual de Cuba” es un texto hermanado con  “La enormidad de Cuba” no solo por la inspiración martiana de sus autores, sino por el supremo objetivo de que los intelectuales revolucionarios asumieran cabalmente sus funciones como pensadores cívicos y activistas sociales.

Retamar organizó un contrapunteo con la eficiente beligerancia de “Vindicación de Cuba” (1889). Había que esclarecer con la máxima  objetividad las implicaciones económicas de la desaparición de la URSS y del socialismo en el este europeo; además de denunciar el recrudecimiento  de la  guerra contra el pueblo cubano  y su nación por parte del imperialismo estadounidense.

Era una contienda librada en todos los tipos de escenarios.  Enumeró los rubros agresivos de la Ley Torricelli (1992), los cuales se multiplicaban  con la ya anunciada  Ley Helms-Burton (promulgada después de la primera edición de este ensayo).

Retamar no necesitaba  mencionar “Vindicación de Cuba”. Cualquier buen lector martiano identificaba  con rapidez el nexo soterrado pero muy visible. Se había inspirado en la pasión por la verdad  y la  justicia para exigir solidaridad  total con el pueblo cubano. Utilizaba  la ironía y el sarcasmo para comentar el  oportunismo de mercenarios, que se habían enrolado en la guerra mediática  contra nosotros.

También legitimaba  la pasión escritural de Miguel Unamuno. Uno de los aciertos era el título del ensayo, que constituía un homenaje explícito al ilustre vasco.

Sorprende la perspicacia analítica de Retamar, cuando aseguraba que en los inicios de 1996 ya había indicios de que Cuba saldría victoriosa en tan terrible guerra.

El “período especial” ha generado miles de informaciones en una guerra mediática  mundializada que ha durado más de dos décadas. Resistencia y libertad  de Cintio,  En el horno de los noventa  de Fernando Martínez Heredia,  los dos ensayos del cuarto bloque del libro de Retamar, ya son algunos de los textos imprescindibles para un estudio pormenorizado de las tendencias del pensamiento cubano en los finales del siglo XX.

 



[1] José Martí: “Fragmentos”, Obras completas, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1973, t.22, pp. 54, 14, y 92.
[2] Enrique José Varona: Serie “Comprimidos”(1929), Con el eslabón, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981, p.264.
[3] Roberto Fernández Retamar: “Orgullo de ser cubanos”,( periódico Revolución, 8 de enero de 1959); “Otra salida de don Quijote”, (periódico Revolución, 10 de enero de 1959), Cuba defendida, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, 2004, pp. 11-12 y 13-14.
[5] Ernesto Che Guevara y Orlando Borrego: <<Respuesta  a  “?Dónde está Che Guevara?”\>>, fragmento citado por Fernández Retamar en <<Para un diálogo inconcluso sobre “Elsocialismo y el hombre en Cuba”>>, en Cuba defemdida, ob. cit., p.179.

 

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