Releer, recolocar, reintegrar: Martí en su (tercer) mundo *

María Elena Capó • La Habana, Cuba

Pensado y manuscrito entre 1963 y 1964, Martí en su (tercer) mundo se presenta un año después, parcialmente, en el número 41 de la revista Cuba Socialista. En el propio 1965, una versión completa fungió como pórtico de los dos tomos de la primera tirada de Páginas escogidas de José Martí, republicadas más tarde, una y otra vez. Considerado como una de las muestras más sólidas y vigentes del pensamiento cultural de la Revolución cubana, a 50 años de su aparición, lamentablemente, no abundan los estudios que profundicen en su alcance y atiendan sus calidades.

Para el poeta de “El otro” fue el primer texto [de los que dedicó] a estudiar la vida, la obra y el pensamiento [del Maestro] (…) [y] (…) del que derivan los demás [1]. Hoy sabemos que marcó de manera decisiva las labores de reinterpretación e irradiación del legado del Héroe de Dos Ríos, en los contextos económicos, políticos, sociales y culturales reconfigurados tras el triunfo de 1959. En realidad, dichas tareas se habían iniciado ya, en 1961, con otro texto suyo, Lectura de José Martí. Y si entonces el autor esbozaba, desde Lunes de Revolución, el suplemento cultural de más amplia circulación en la Isla, la posibilidad de un acercamiento otro a la figura del más universal de los cubanos a partir de un conocimiento activo de su obra; ahora se esforzará no solo en hacer mucho más explícitas las indisolubles relaciones entre la labor creativa y la tarea política del Héroe Nacional cubano sino también, en  presentarlo como líder y parigual de otros que en el siglo XX, como antes él lo hiciera, se pusieron al frente de un enorme conjunto de pueblos que en 1962, Fernández Retamar había definido con certeza descarnada :     

“Los  nuestros son los países sobre los cuales han caído la voracidad colonialista y la rapiña imperialista; son los países sobreexplotados, saqueados, esquilmados; los países a los que se ha arrancado esclavos, materias primas, riqueza; a los que se ha llevado miseria y violencia. ¿No nos reconocemos, con esos rasgos, a todo lo largo y ancho del mundo? Somos los países del Asia profunda, del África violenta, de la América latina desgarrada. Distintos en apariencia, desparramados por todo el planeta, nos han unido males comunes, que hermanan más que la lengua o el color de la piel, y ciertamente más que la geografía. (…) ¿Cómo no hemos de estar identificados los sufridos latinoamericanos cuyo frente de batalla más ardiente está hoy en nuestra isla, con el bravo rebelde de Argelia, con el partidario de Lumumba, con el heroico y tenaz coreano? Esta es sin duda nuestra familia”. [2]

Dicha caracterización adelanta algunas de las preocupaciones que más tarde serán expuestas en el texto todo. Una de las más sobresalientes, el temprano interés del creador por insertarse en el debate sobre la descolonización que, iniciado en otras latitudes, cobró nuevos bríos en el ámbito caribeño y latinoamericano, a partir de la victoria de las fuerzas rebeldes. Martí en su (tercer) mundo constituye clara evidencia de lo dicho y reúne en sí el germen de muchos de los temas y problemas que encuentran desarrollo mayor en muchas de las obras posteriores del poeta, ensayista y profesor cubano  dedicadas al examen de la vida y la obra del Maestro.

Concebido como un largo trabajo escrito en honor de dos fervientes intelectuales martianos, Ezequiel Martínez Estrada y Manuel Pedro González, el autor maneja provechosamente dos elementos paratextuales: el título y la dedicatoria. Ambos declaran, informan, precisan. Exhiben sin reparos, orgullosamente, las deudas de gratitud contraídas por él con ambos estudiosos. Así comienzan a ser saldadas y constituyen, al mismo tiempo, testimonio de cariño, respeto, homenaje y compromiso.

Dividido en seis apartados —el primero de ellos sin título, y los cinco restantes denominados Nuestra América, La batalla social, Sobre su pensamiento, La tarea literaria— tal parcelación define las que Fernández Retamar considera principales zonas de la obra política y creativa del Apóstol. Ellas también son los ejes que vertebraron sus incansables batallas por la emancipación.

El segmento inicial del texto recupera la fotografía —hoy canónica— de un joven y altivo líder que, colocado delante de una imagen del Apóstol, sostenía frente a quienes le juzgaban por las acciones de desobediencia civil que concluyeron con el asalto al cuartel Moncada, que este había sido su autor intelectual. Del pasado reciente al pasado lejano, de Fidel Castro a José Martí, el ensayista  propone a sus lectores recorrer una ruta intelectiva que los conducirá al examen razonado del proceso emancipador que, reiniciado en 1895, encontró audaz relevo en los esfuerzos de un grupo de combatientes que en el año del centenario del natalicio del Maestro, retomaron el empeño interrumpido y se reconocieron como hijos suyos. Presentar, explicar y legitimar el proyecto emancipador en curso tras la derrota de la tiranía, constituyeron algunos de los propósitos del trabajo examinado.

La aseveración de que el autor de Vindicación de Cuba fue un dirigente político que [siguió] siendo subversivo 70 años después de su muerte [3] constituye el antecedente de un conjunto de juicios emitidos por figuras ilustres del quehacer literario latinoamericano. Pero para construir la imagen de Martí que el ensayista considera en su tiempo necesaria y útil no le alcanzan los criterios de otros, aun cuando estos hayan sido seleccionados y jerarquizados cuidadosamente. Prefiere ofrecer los suyos de manera poco convencional. Rechazando los segmentos afirmativos, elige el empleo de oraciones interrogativas que —luego lo sabremos— serán respondidas a lo largo del estudio, y le servirán al autor para  presentar a sus lectores al hombre que deberán conocer y reconocer. Así queda hecha por ahora, la invitación a la lectura de su obra, con ello comenzará a estimularse la reflexión y el diálogo acerca de ella.

Habiendo dejado planteadas algunas de las más destacadas cualidades del patriota cubano —muchas de las cuales explican el magnetismo y la futuridad  permanente de sus ideas— el ensayista presenta una síntesis de su tránsito vital que mucho tiene de relato histórico y de biografía novelada. Es aquí donde se incrustan varios microrrelatos que sobresalen por su belleza y efectividad comunicativa. El nomadismo y la precariedad de una existencia constantemente dividida entre el cumplimiento de los deberes patrios y un hambre de afectos que acompañó al Delegado hasta el fin de sus días son presentados sin excesos melodramáticos. Tampoco están ausentes los tenaces desvelos organizativos que precedieron a la guerra culta, necesaria y breve que concibió y desencadenó, ni las relaciones que anudó con algunos de los sectores menos privilegiados del exilio cubano: obreros y profesionales pobres, mujeres heroicas. Presente también se halla la complejidad de los intercambios con los viejos jefes militares de las primeras contiendas y, sobre todo, la veneración profesada a quienes fueron partícipes de aquellas.  De ahí que sea visible el empleo de un discurso polifónico e inclusivo pero, al mismo tiempo, firme en la defensa de las convicciones de las que Fernández Retamar se hace heredero y portavoz.    

Tras hermanar coherentemente varios asuntos, no renuncia el creador a la mención de fechas significativas para la historia de Cuba, España, Latinoamérica y los Estados Unidos, introduciendo con ello no solo el examen de algunos de los más importantes conflictos que afectaron a dichas áreas sino también y, sobre todo, la demostración de los vínculos existentes entre ellos. Y aun cuando el discurso intenta respetar el orden cronológico, muchas veces se fractura en aras de profundizar en el análisis de los procesos de nacimiento, maduración y consolidación de las ideas más radicales del Apóstol, las cuales no solo son referidas, sino también estimadas como principales asideros del nuevo empeño libertario. Cuando lo considera preciso, el ensayista vuelve, repetidamente, la vista a hechos pretéritos, contrastándolos y/o relacionándolos. Desde los nuevos tiempos, son examinados  y reinterpretados  con un instrumental de análisis marxista con el objeto de mostrar la pertinencia y actualidad del legado del Apóstol. Desde el punto de vista estilístico, se destacan la reiteración y el énfasis como figuras decisivas en el tratamiento de los tópicos antes referidos. El eficaz manejo de que son objeto, refuerza su importancia.

La utilización profusa de fragmentos de citas textuales provenientes de trabajos martianos, así como de comunicaciones privadas y públicas, le sirve a Fernández Retamar para fundamentar algunos de los rasgos más sobresalientes del pensamiento independentista, anticolonial y antimperialista del líder cubano, caribeño y latinoamericano. Ese que se construye y reconstruye al calor de la brega cotidiana. Sin embargo, no desconoce en modo alguno el ensayista la relación orgánica que aquel establece con el poderoso ideario libertador generado fuera de nuestra área geográfica y del que Martí no solo se siente legatario, sino también, hacedor. Dichas alusiones, contribuyen a promover el examen de ambos e incitan a la realización de lecturas y relecturas de los documentos que les dan cobijo. Pero no solo importan los textos, sino también sus autores y todos aquellos que, habiendo sido pilares esenciales de las gestas liberadoras conforman una ilustre genealogía que como nos identifica, distingue y enaltece, debe ser constantemente enriquecida con los nuevos protagonistas de los desafíos a enfrentar.

La definición, la argumentación, la comparación y la ejemplificación son algunos de los principales recursos didácticos sobre los que se asienta el trabajo examinado. Todos ellos, se hacen acompañar de la palabra del Apóstol, lo que acentúa  de manera elocuente, la validez de los criterios defendidos los cuales serán retomados y/o revalorados con insistencia en exámenes posteriores.

Para los momentos finales de su texto, el autor regresa a su tiempo histórico concreto. El énfasis mayor se concentra en reiterar la vigencia de la creación martiana, así como los nexos indisolubles entre ella y la joven epopeya  cubana.

A manera de cierre, coloca un extensísimo párrafo que —como lo ha hecho el trabajo todo— explica, aclara, fundamenta, precisa y que por su importancia me permito citar íntegramente:

“Por la agudeza con que Martí postuló el imprescindible antimperialismo de la revo­lución cubana; por su comprensión de los problemas reales del país, más allá de la mera lucha contra España —problemas que permanecerían sin cambios esenciales durante la primera mitad del siglo XX—, y por las dinámicas soluciones aportadas, es natu­ral que su ideario conservara profunda vir­tualidad revolucionaria, y que a él se remi­tiera Fidel Castro como inspirador del ataque al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Aquel ataque desencadenó una revolución radical a cuyo desarrollo asistimos. Ese mis­mo desarrollo ha ido generando (o haciendo históricamente afrontable) una nueva pro­blemática. Consecuente con ella, Fidel Cas­tro declaró su adhesión al marxismo-leninis­mo. ¿Ha abandonado así su filiación martiana? Lejos de eso: no sería exagerado afirmar que, en el orden político, con las evidentes diferencias del caso, así como ha podido de­cirse que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el fidelismo es la postura martiana del período de la absoluta descolonización, del paso de la liberación política a la liberación económica, del rechazo definitivo del imperialismo y del triunfo del socialismo en un país subdesarrollado. Ello quiere decir que se ha “superado” a Martí en el sentido de haberlo incorporado, asimilado a la nue­va conciencia. Además, no poco de lo que dijo en el mismo orden político, y desde lue­go en el de los problemas culturales, sigue teniendo impresionante vigencia. Por lo pronto, su preocupación política mayor, que lo llevaba de Cuba a “Nuestra América” y los Estados Unidos, sigue siendo en gran medida la nuestra. Su obra se sitúa en los albores de la articulación de Cuba con el mundo. Esa articulación, hoy manifiesta, es la que permite hacer ver la importancia de la tarea de este pensador, uno de los primeros de los países subdesarrollados”. [4]

Cerrando el círculo de intelección abierto y, al mismo tiempo, estimulando a  partir de lo dicho el análisis sobre el presente y el futuro de Cuba, Fernández Retamar convidó (convida) a sus lectores, de entonces (y de hoy), a no demorar la lectura de la obra medular e imperecedera del más universal de los cubanos. 

 

Notas:
1. Noticia en Introducción a José Martí, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2006, p. 11.   
2. ¿El otro mundo? En Papelería, Universidad Central de Las Villas, 1962, pp. 296-297.
3. Roberto Fernández Retamar, Martí en (su) tercer mundo (Prólogo), en Páginas escogidas de José Martí, Editorial Universitaria, 1965, p. 1. (Todas las citas que se consignarán provienen de esta propia edición)
4. Idem, p. 58.
*Una versión anterior de este trabajo se presentó en la Conferencia Internacional, La guerra necesaria. Organización e inicio auspiciada por el Centro de Estudios Martianos de La Habana, Cuba, en mayo de 2015. 

 

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