En el teatro se vive para siempre

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba
Lunes, 10 de Agosto y 2015 (12:30 pm)

Ha muerto el poeta, dramaturgo y director artístico Fidel Galbán Ramírez en su amada Remedios, aunque nació en San Fernando de Camarones en 1945. Un domingo, día en que los aires de la existencia se acomodan entre el sol y la luna para recomenzar una nueva semana, que es decir una nueva vida. El lunes que viene tendremos que subsistir sin Fidel y a la vez lo sabremos presente y añorado, como sucede con los hombres y las cosas imprescindibles.

Imagen: La Jiribilla

La última vez que tuve comunicación con él fue el pasado 3 de marzo, me escribía para agradecerme como secretario general del comité ejecutivo del Centro Cubano de la Unima (Unión Internacional de la Marioneta), la elección de Jorge Luis Rojas, actor emblemático de su Guiñol Rabindranath Tagore, como miembro de honor de la  organización nacional de los titiriteros. Me subrayó que había sido un acto ineludible de justicia, que estaba haciendo falta y él lo estaba añorando. A la vez, con su simpatía de siempre, con tintes guajiros de acendrada cubanía, me recordaba que aún le debíamos su diploma como miembro de honor. Las circunstancias cotidianas, desencuentros y lejanías hicieron que no pudiéramos llevarlo a cabo y lo pospusiéramos en varias oportunidades. Realmente pensaba que ya lo había olvidado, envuelto entre sus responsabilidades al frente del grupo teatral y la enfermedad que ya venía padeciendo, me di cuenta que no, seguía tan lleno de ilusiones, activo y ansioso de compartir y ofrecer como el más joven de nuestros juglares.

Le debe toda Cuba a Fidel Galbán no solo su pergamino como integrante honorífico de la añeja alineación internacional de los titiriteros, sino un agradecimiento y tributo infinito por su obra fecunda como autor y director de escena. Hace diez años, cuando ya las glorias habían ido y venido en una trayectoria intensa volvió a encantar a todos durante la edición del  Festival Nacional de Teatro de Camagüey 2004, con la puesta en escena Una manzana fuera de cuento, Premio Villanueva de la crítica teatral, fresca e inolvidable propuesta de los guiñoleros remedianos, cien por ciento galbaniana, para decirlo como la marca en que se convirtieron sus montajes, llenos de música, gracia y poesía natural.

Si lo evocamos vivo y sonriente con su familia teatrera, esposa e hijos, junto a todos los compañeros del colectivo instalado en una bellísima sede ubicada en el centro de la Isla, más allá de sus piezas Lararí Lararé, Raulín y las flores, El agüita de todosTina y Fina o El segundo enviado del Rey, por solo mencionar algunos títulos, hay que recordarlo como el autor de El gato simple, escrita en 1970, obra que recorrió la geografía de todo el territorio nacional y allende los mares, enamorando a  profesionales y aficionados con su fábula clara y certera, aleccionadora y poética, como los cuentos de los abuelos, preñados de sabiduría y gentileza literaria, escritos con los dedos del alma.

En 2011, de gira nacional con Teatro de Las Estaciones por Remedios, lo vi cara a cara, ahora sé que fue ese nuestro encuentro final. Hablamos de lo humano y lo divino, de sus talentosos  vástagos, de Maritza y el amor, de planes futuros, y por supuesto, de su gato simple, redivivo cada año, sin fecha límite de caducidad, como todo lo bueno y efectivo. Me guardo la imagen de su adiós en la puerta del teatrico, junto a los colegas de su inolvidable tropa. Un adiós que ahora se empeña en parecer definitivo, pero los teatreros sabemos que no es verdad, sobre las tablas, en los retablos, en medio de la magia de la creación escénica no hay nada concluyente, en el teatro se vive para siempre.

Boca de Camarioca, 9 de agosto de 2015

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