Hachas de San Juan (Guía práctica para la educación del carácter de las niñas.)

Jamila Medina Ríos • Holguin, Cuba

Otrupon Meyi: El diluvio. El daño. La brujería. […] Vida. Enfermedad. Temor y trampa. Oddún del diablo y femenino. […] Cuando sale este Oddún se toca con la punta de los dedos en el suelo, llevándolo después al pecho y se dice: Yere (se invoca a la tierra). Es signo de abikú. Rige todo lo que sea obeso. Se dice que está bajo las órdenes de Aragún y por orden de este se creó la tierra antes del diluvio universal. Donde se maduran los frutos y caen. Aquí […n]acieron los chivos, los peces, las cotorras, los coyotes, las arañas, el puercoespín, la frutabomba, la cordura, los sueños, las hernias, la elefantiasis, los forúnculos, los tumores, las diarreas, el útero, el estómago, los fibromas, el flujo blanco. Es un Oddún muy difícil. Hay que hacer mucho Ebbó. Es un Oddún de pruebas. Señala blancura, los muertos, la bondad, el juego, extinción del agua, mansión paternal, el bloqueo, el ostracismo. […] Su nombre secreto es Yereke (tierra sólida). 

 

 

¿Quién dijo verde limón?

 

A la hora del deshielo/ Cuba, a las dos de la tarde/ cuando el sol ha deshuesado lo que quedaba vivo/ y los choferes terminan de almorzar…/ corto las puntas de mi pelo de melaza/ desgrano ese bagazo/ hongo y madeja/ sobre una mesa redonda de cristal./ Hurgo el pelo quemado con la punta de los dedos/ con la punta de la lengua/ alargo su roce de espaguetis rotos/ su crujido de arroz sin remojar.

Hachas de san Juan/ que se llevan los soles de las dos de la tarde/ la costra de aceite adherida en los sartenes/ el moho de las baldosas del baño/ y de la rosca de los pomos/ el calcio del vaserío espiritual.../ Hachas de san Juan/ trincando en el bijol del mediodía/ llevándose/ la mancha del centro de calzoncillos blúmers toallas sábanas sobacos…/ Corten por dentro la garganta de la histeria/ con limón el quimbombó del llanto/ la sangraza que bala de nucas y mollejas/ la leche rancia de la duda y la añoranza.

Hachazos de san Juan no dejen cuero/ ni pelo ni palma de raíz/ ni abriguitos de invierno/ colgados ondeando/ en la casilla vocal./ Hachazos de san Juan no dejen valle/ ni pájara pinta/ ni cucaracha con alas/ ni caguayo con pañuelo/ ni títere con cabeza.

 

 

Una luna marinera/ fue amarrada a la solera

del molinillo de sangre

 

Yo, Cárcamo de Dolores/ cascarilla mascarada de cuerpo/ piel de sombra desol(l)ada en aguacero…/ Yo, carámbano gangrena/ tú, radical/ de mamas témpano/ de muérdago/ escozor garfio clavado-sacado/ de la fibra muscular…/ Tráeme un caguayo sin cola de la montaña/ y gira en la tempestad.

Es verdad que el cuerpo desmembrado/ vaciado/ parece un corcel roto/ reventado en amarras/ uncido a un carro de yerbas./ Es verdad que el cuerpo/ desgajado de ti/ es una hojita de vinca/ crujiendo entre el pasto y tu planta…/ Pero tráeme una uña de gato y un látigo/ tejido de crin hirsuta/ y gira en la tempestad.

Pecho y espalda al dolor/ pecho y espalda al dolor/ pecho y espada…/ Cuece un tromb/po que arranque/ todo-de-cuajo./ Que la nata de leche/ hirviente cunda y espume/ y brote saltando como lava:/ una blanqueada de cal/ una cura de yeguas en salmuera/ que espante/ la pesadilla en la frente/ el moscón de la taza/ el pájaro de su nido.

Sal del nidal./ Tráeme un ala de colibrí/ un diente de castor/ y gira en la tempestad./ Es verdad que la luna sin ti/ no danza no abraza el mundo/ no bebe ni escupe luz/ –presa en su sitial nocturno./ Es verdad que el tálamo del mar/ la melodía desconchada de ti/ no vibra no calcina no amanece.

Expándete en la noche/ recuésta(me) la cabeza en el borde/ del huracán…/ Yo-cráter voy a ser cumbia cumbre lumbre retumbante/ yo-campo arado voy a ser géiser/ voy a ser banco de corolas púrpuras/ voy a ser el par de zapatillas de cristal/ cráter de luna/ misal/ bosque de orugas/ tejiendo/ su pucherito de lágrimas…

El dedo me pincho/ me pincho el dedo con la rueca./ Te voy a esperar dormida./ Tráeme un coro de gaitas del diluvio/ y gira en la tempestad.

El rayo retumba el trueno/ palidece al verte./ Bajo la luna hueca del eclipse/ echémonos a dormir para hibernar/ como se espera un asado…/ Trae los cuchillos para cortar la carne/ y ver si brota el sangrerío…/ Voy a pinchar/ punzarme el dedo./ Encuentra ya el cuchillo…/ encuéntralo ya./ Si la sangre está helada/ y no hay carmín para pintar mis labios…/ poco importa./  La sangría es un método infalible/ el paradigma en el ruedo/ de los exorcismos./ Voy a extraerme tu demonio.

Tráeme un cojín de ópalo de la montaña/ un cinturón de balas./ Enciende el fuego nocturno

prende la luz./ Qué importa/ si te encadenan al risco./ Bajo la seda de las noches frías/ te voy a dar mi beso/ me vas a dar tu/cruz/ y voy a hacerte un edredón/ de paja/ para que esperes cómodo/ la buitrada espectral.

Con la mano quemada/ (a)tráeme/ (en) la tempestad./ Soy un mar encrespado que se heló./ Entra en la tumba/ que todo el mundo sabe/ que la hoz que el haz de la quemadura/ palidece/ puesta a refrigerar.

Sonámbula/ con la frente marcada/ Sól-la luna marinera/ boga vaga/ en la bruma buscando/ nuevamente la rueca./ A ciegas/ si no se hinca el dedo/ si no cruza al insomnio/ pero encuentra el sol/ cegará igualito amarrada a la solera./ Bajo la noche se la ve:/ como un caballo cojo/ trotando en círculos/ para ahuyentar el mareo/ con los ojos vendados/ por que cante el molino.

 

 

Topos

 

I

Escondida en agujeros sucesivos, metiendo la cabeza como un topo en los anales o anaqueles del amor, revolcada, como en los huecos de una flauta, de la que no sale el aire porque tapas los agujeros con tus dedos, de la que no sale el aire, de la que no sale sangre, ni muerte, ni dolor.

 

II

Qué paraíso desean los suicidas, las putas tiernas, los viejos. A qué infiernos van las infieles, los cobardes, los caídos, los exiliados, los que flaquean. En la desidia, en el limbo-purgatorio, espero por mi decapitación. Quién pudiera olvidar el brillo del sol que cundió el ojo, la vaharada plácida de un día de calor en compañía, las noches de helada y de deshielo en que los pies se buscaban y las narices y las manos y los pómulos. Quién serrara de tajo mi memoria.

 

III

Conociéndome por algún agujero, alguien dijo tú eres para mí, y otro dijo eres núbil, en el centro, como una nuez tienes, algo que no logra desleírse cuando penetro o lamo. Destazada en una y otra dirección, empantanada en cuevas, cavernillas, como una manada de topos que huye de los gases o la luz… he saltado sin transfigurarme, fugando de mi boca y de mi pubis y de la sádica narración de mi dolor. Yo misma, el cuerpo abierto como una flauta dulce, he acogido a los topos huidizos (chulos, reyes, caballeros, prestamistas judíos): sobada por sus pies como un desierto, socavada por sus manos y sus penes, sus dedos, babeada por sus lenguas y sus bocas, como flauta de pan.

 

IV

Ciega y sorda como el topo marsupial, de pelo blanco rosa o rojo intenso, dorado. Buscando lombriz u oruga allá en el fondo de la tierra, un centro electrizado, cierto calor engañoso donde soportar la llegada de la noche. Cada topo es más solo. Topo piedra de medir, topo prendedor, topo lunar sobre tela. Topo topo, tope tope, y aquella edad en que mi abuela me llevaba a jugar, chocando la cabeza que no sabíamos tendría que ser destazada porque guardo dentro un abejeo de recuerdos zumbantes. Un ramillete de dalias sobre el pelo, un puñado de florecitas naranjas con que una día me pediste perdón, la hojarasca manicomio con que alguien escribió te quiero, una caja esmaltada con pintura de uñas donde te llevé miel al tercer día, la walkman con que quisiste enseñarme a oír los Beatles, y mi vaso embarrado con batido de plátano.

 

V

Curiosamente te alejas de la boca el pomo con batido de plátano para asentir y disentir por última vez. Bajo los plátanos sonantes, se apaga quedo el plátano callado, como vaticinó un amante y copié estos días de desidia, dividida por la insularidad. Aplatanarse es una de las negociaciones dada al cuerpo de la isla y prohibida al pólipo del amor. La madera del plátano de sombra es blanca rosácea como la carne del salmón y como el pelo del topo marsupial. Dos animales que excavan su regreso. Doy la vuelta sin mirar hacia atrás por primera vez en cuatro años, y quedas en San Rafael y Galiano, sin que yo pueda leer el criptograma que eso significa, sino solo percibir la vuelta de hoja, su filo entrando en el estómago, y sentir el resquemor árido del fruto, repetirse de un extremo al otro de la soga, de la víscera partida. Doy la vuelta y solo atino a mirarme la saya y pensar plátano, coño, cuánto demora en caerse una mancha de plátano.            

 

 

Fogata sobre el puente

 

Candelilla-Bastilla-falso-vivo. A veces en las tardes, cuando el sol de los muertos se embelesa y el cuerpo se me abrasa en alcanfor, zurzo rojo sedienta, a las armas un batallón de medias. Dice mi madre que hay rabias que es baldío volver a repasar. Barricadas de aire. Espumarajos.

Arroz con berenjena yo te (con)juro para sacar el daño vaina de flamboyán. Cuando alguien dice te cas/zo sé que está por salir por esa cueva. No me dejes caer detrás (labio pegado al caimitillo). De nadie es culpa que mis trenzas crezcan torcidas como lunas de ataúd, serpentinas (negadas) al peine en carnaval. Llueva o relampaguee piel de z/sapa lo espero en la colmena. Mi barco tiene nueve dientes/ nueve remos de colores/ nueve espinas de pescado y un (ca)imán. Quiero zarpar con él de mi esqueleto. Creo. Dile y ve.

Le zumba flor de lis. Pasó febrero./ ¿Vendrá junio/ será octubre? Trébol de cuatro hojas trepa el muro. Sombrilla china protege mis muñecas del caballito del diablo. ¿Me quiere pétalo de suerte? ¿Me querrá copa de fe? ¿Me quiso daga de amor? ¿Me equivoco en llamarlo rayo de esperanza? Ponle cuatro avemarías a la Candelaria (una por viento, una por reino, una por ala), pon su nombre en un pañuelo y agüita a serenar. Tengo el cuerpo por dentro como un tronco de pino perforado de ojáncanos. Si entrecierro los ojos es por no herirme de esmeralda, ni acariciar el verde tercio-pelo cuando el sin fin de escarabajos entre en mí.   

Desde que se fue ya no me peino/ ya no entro en el espejo. Dame la mano y danzaré. A la una mi mula agua del pozo, que vienen por el campo de espig/nas. A las dos que los veo al tirar de la noria. A las tres los amanso regadío. A las cuatro que caiga el chaparrón. ¿Cuántos jinetes? ¡Cuántas crines para hacerme un cetro! ¿M/te alcanzarán los hilos? Pon río en la damajuana y forraje bastante en los jolgorios del cobre: cientoenrama corazón de ciervo espantamuertos/ hierba de agua de sangre hierba de las heridas/ pericón amarillo sanjuanera. Que la yegua de la noche no se despierte hambrienta, piafándome sobre el pecho.

Voy a dar guerra con centella. No te asustes si una mano (de mil flores) te alcanza en lo oscurito (en rojo vino) y se te planta en la montura. Son seis segundos apenas. Cuando maúlle en la puerta sal a ver. Pondremos huevos sobre el agua, arribarriba en las escamas de la piña del pino. Donde empoza la lluvia. Una scout sonríe y silba siempre ante la dificultad. Y se frota las manos cuando chifla el mono. Las chispas obtenidas por percusión deben entrar en contacto inmediato con materia combustible: cabellos, hojas secas, virutas de madera, paja… o cualquier tipo de yesca natural.

 

 

Prāāyāma

 

Venir a tu casa por el camino del agua, queriendo a toda costa respirar.

El cuerpo sometido, la lengua, el ojo sumisos… de detallista. Garganta enrojecida con polvo de pizarra. Temblor/temor al costurón de tinta, a la balanza menguante de la brújula. La vida siempre en otra parte y el deseo sin fondo de una mesa de lectura en lo sombrío por trabajo: donde ritmar las páginas con las yemas batidas, con la boca en O, con la lengüitafuera. Vivir cent(r)ada, sembrada como un frijol en un pomo: encaminada en tales y mascuales.

La nuca rota: enjugándome/enjuagándome, exprimida en la yugada. Resguardada/a-guardada mientras el palo va y viene, aguantar mientras el palo de mesana; escarranchada, con todo, aferrarse al palo de agua (un sonido de semillas que sube/un quejido de llovizna que baja). Girar en mástil del molino. Abandonarse al vendaval que hacia delante (como una bandera llevada contra viento… y marea/o), sin vomitar relamida de (re)gusto, sin bajar las escaleras deslizada en baranda, sin tomar (a)qué(l) t(r)e(n) de/al fin del mundo, aunque sea mecida en el columpio del parque de la esquina/aunque sea en la fronda en la poceta clareando de la parra del patio. Donde cunden las piedras. Y la mano entra engañada a su d/color/torpor/sopor.

Ir a tu casa por el camino del agua, (re)aprendiendo a respirar. Boqueo. November Charlie. Descenso, depresión y remontada… de la carpa del pecho. Ojo saltón, pez volador, corazón amainado… Cuerporgullo ama(n)sándose, con la pierna arremangada hasta el muñón (posición de felino, camisón de feto), sacando piedra de garganta: gripe-rabia cogida en la humedad, que no deja que sangre a las mejillas, que no tiñe arrebol. Nenúfar con la raíz apretada largo tiempo en el fango, estírate.

Ay, el cuerpo suelto de leer sin levantar el lápiz, sin tropezar con nadie, cruzando calles de la provincia vaciada, cruzando el reparto Playa, atravesando establos de hojarasca, yendo hacia el puente de saltar de cabeza del Cristino, más allá de los yaquis.

Dónde brillo del sol sobre las aguas, rostro fresco lechuga sin vinagre, columna vertebral espiga, alta alta por el vientre de la costa. Y oreja pegada al viento entre los pinos, y rodilla desatenta que se rasga, moretón en el muslo. A veces voy como un tonel de proa a popa. Demasiadas, se me pierde la vista en estribor. Pero yo cruzo entre la cerca y el asfalto cuando empino. Y me resisto sin (c)rujido, aguanto mucho (con) la cabeza bajo el agua, y suelto lastre, y nado arrecife adentro, incluso adonde el estómago se me tuerce del asco, cuando a la mar me voy.

Casa rodante, saltimbanqui: la sed colgando de una mano y la cantimplora en la otra. Piano sin arpa, pulsa/rechina/empoza con tu goteo anhelante. Vengan conmigo entrando al agua al dienteperro a la entrepierna aquellos dedos pegajosos que en el verano escolar.

Me doy risa cuando me veo venir sab/via (recostada en las losetas, empujando solamente un diafragma mientras aprieto fuerte el otro, creyendo que respiro, creyendo el desapego de mis ramas de coral, todavía envidiosa/fascinada del pedaleo inconstante de la ola).

Ya voy/ ya vengo por el camino del agua… La nariz respingada, la sonrisa de pato que no moja sus plumas, fardo que flota aunque podría volar. Por un segundo (me) creo en mi fortaleza. Entro en la temporada/el ciclo/el rito de la cabeza contra el pecho, del abrazo en la noche para poder dormir. ¿Y si se abriera la caz/sa?

Como sea, marinera incauta, capitán tormenta/la cabeza adicta al curso de los rápidos, le acepto su pieza al bandoneón. El cuerpo erguido, pensando que ya sabe respirar bajo el agua, se descalza. Sin esnórquel, sin remos… imagino el después del tintineo. Y empuño en tu puerta el llamador… 

 

Ficha: Jamila Medina Ríos: Holguín, 1981. Poeta, narradora y ensayista. Graduada de Licenciatura en Filología, perteneció al grupo Vórtice, y cursó el Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2002. Fue editora y codirectora de la revista Upsalón, de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Es editora de Unión. Mereció el Premio Alejo Carpentier de Ensayo, 2012, con su obra Diseminaciones de Calvert Casey. Ha publicado los libros: Huecos de araña (poesía), Ediciones Unión, 2010 (Premio David 2008); Primaveras cortadas (poesía), Proyecto Literal, México DF, 2012; Ratas en la alta noche (cuento) (Malpaís ediciones, México DF, 2011) y Escritos en servilletas de papel (cuento) (Ediciones La Luz, Holguín, 2011).

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