No solo Elpidio Valdés

Willema Wong Tejeda • La Habana, Cuba

Cuando se habla de cine cubano de animación, resulta inevitable mencionar un personaje y su creador: Elpidio Valdés y Juan Padrón son referencias indiscutibles en nuestra cinematografía. Elpidio se ha ganado un sitio en el imaginario cubano y Padrón es parte de los buenos recuerdos para varias generaciones.

En 1975, los Estudios de Animación reciben un reconocimiento internacional: el premio en el XII Festival Internacional de Cine para Niños en Gijón, España, a través de Juan Padrón. Este inauguró una larga lista extendida hasta los años recientes.

En 1975, los Estudios de Animación reciben un reconocimiento internacional: el premio en el XII Festival Internacional de Cine para Niños en Gijón, España, a través de Juan Padrón.

Durante diez años consecutivos, obtuvo todos los premios internacionales que tienen los Estudios en ese período. Ha sido jurado en importantes festivales internacionales. Ha impartido talleres y cursos. En los Estudios de Animación del ICAIC, es el único que, hasta el momento, ha realizado largometrajes.

Al principio el cine fue para Juan un juego de niño. Junto a su hermano Ernesto y su primo Pucheaux filmaba con una cámara de 8 mm y hacía historietas. Luego las historietas pasaron a ser un divertimento de adulto, que se publicaban en la revista Pionero. Así apareció por primera vez el mambí (Elpidio) en 1970, como personaje secundario en una historieta de samuráis: Kashibashi. Y adquirió tanta fuerza ese personaje secundario que se convirtió en protagónico.

Elpidio llegó a tener tanta popularidad y aceptación del público, que, en 1974, pasó del papel al celuloide e inauguró así una larga lista de películas. Incluso, el primer largometraje filmado en los Estudios se tituló Elpidio Valdés, y el segundo también lo tiene como protagónico: Elpidio Valdés contra dólar y cañón. El mambí se ha convertido a lo largo de más de 40 años de existencia en un comunicador de valores y conocimientos de la historia cubana. Su existencia ha perdurado gracias a su carisma, la manera atractiva en que narra, la sensibilidad con que ha sido capaz de captar el espíritu del cubano, su sentido del humor. Elpidio ha surgido del talento, la investigación histórica y el interés en la formación de valores. Con ese mismo empeño, Padrón escribió El libro del mambí.

Imagen: La Jiribilla

A través de su historia, Elpidio ha manifestado cambios propios de la dinámica vital, en la que tuvo mucho que ver la retroalimentación con el público infantil, principalmente durante los años 70. Es, en esta década, que en los Estudios se trabajó fundamentalmente la línea didáctica. Se hicieron películas para enseñar, educar. Padrón no se quedó solo con las enseñanzas históricas de Elpidio. También realizó didácticos, de los que hoy bien pueden recordarse: Velocipedia, Aerodinámica, Las manos y La silla. De esta última, pervive el recuerdo de una frase ya célebre tras su repetición en contextos ajenos al filme: “y ahora, la silla más importante del mundo... el pupitre escolar”.

A través de su historia, Elpidio ha manifestado cambios propios de la dinámica vital, en la que tuvo mucho que ver la retroalimentación con el público infantil, principalmente durante los años 70.

Una persona creativa y talentosa, por lo general, tiende a incursionar en varios senderos, transita caminos diversos. Así, en 1980, Padrón hizo un giro importante: inició la historia de unos cortos de animación para el público adulto. Serie de chistes sin diálogos, de aproximadamente seis minutos, y que en un principio eran historias de duendes, vampiros y verdugos: los Filminutos, que han tenido continuidad hasta el presente y han sido acogidos por varios realizadores, pues constituyen una atracción y un reto inevitables. Los Filminutos han recorrido el mundo y han prestigiado la animación cubana.

Cinco años más tarde, los vampiros protagonizaron un largometraje coproducido con España, y que ha alcanzado notable éxito internacional: Vampiros en La Habana. Una parodia de los filmes de gánsteres, en el que unos vampiros de la mafia internacional intentan robar una fórmula mágica que les permitirá vivir a la luz del día. Esta fórmula ha sido trasladada a La Habana por su inventor. El tema del filme fue retomado por Padrón en 2003, con Más vampiros en La Habana.

En 1985, Joaquín Lavado, Quino, inicia un proyecto junto a Padrón, en él su famoso personaje de historietas, Mafalda, es llevado al cine por el padre de Elpidio. Surgieron así los Quinoscopios, una serie de seis cortos en los que se animaron los chistes del historietista argentino. Han sido tan reconocidos y agradecidos por el público que, en 1994, Padrón retoma el personaje en un compendio de 80 minutos que lleva por nombre Mafalda.

Imagen: La Jiribilla

Su personaje paradigmático y los Filminutos han centrado su labor creativa desde 1987 hasta la actualidad, a la que se han sumado otros realizadores de prestigio, como Tulio Raggi y Mario Rivas. Más recientemente los cortos han sido dirigidos por Juan Ruiz, siempre con la asesoría de Padrón.

Elpidio se transforma, asume las nuevas tecnologías, muestra perspectivas diversas, pero aunque dejaran de existir sus películas, él continuaría viviendo en la memoria.

En 1995, Padrón dirigió, en coproducción con España (Telemadrid e Iskra), una serie de 156 minutos titulada Más se perdió en Cuba, que sirvió al año siguiente, 1996, para el largometraje Contra el águila y el león. Ambas producciones tratan la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana de 1898, presentada de forma simpática por el conocido personaje Elpidio Valdés; en ella se recrean sucesos de la historia de Cuba que abarcan hasta 1933, con la presencia del hijo de Elpidio, quien, junto a su padre, continúa la lucha por la verdadera independencia de su país.

Elpidio se transforma, asume las nuevas tecnologías, muestra perspectivas diversas, pero aunque dejaran de existir sus películas, él continuaría viviendo en la memoria. Existen imágenes, frases, palabras o nombres que marcan una huella, que fundan ciclos de asociaciones, que se instauran como recuerdo. Padrón ha tenido la magia para dejarnos atrapados, el sentido del humor para sacarnos sonrisas o carcajadas, la seriedad para trasmitirnos mensajes inteligentes, y el sobrado talento para convertirse en historia.

 

Versión del texto original publicado en el volumen Coordenadas del cine cubano 3, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2014, p.p. 338-340

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