Artes Plásticas

Wilfredo Prieto: Ping-Pong no es un muñeco

Bertha Carricarte • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de la autora
 

A principio de marzo pasado, la obra de un artista cubano causó un soberano escándalo internacional cuando estuvo a punto de ser vendida por 20 mil euros. Se trataba de Vaso medio lleno, exactamente un vaso de agua, común y corriente, a medio llenar. El estupor de muchos proviene de la precariedad del gesto, quizá porque no conocen o han olvidado que Marcel Duchamp, padre del arte contemporáneo hasta donde esa palabra alcance el presente mismo, plantó, hace más de 100 años, su Rueda de bicicleta santificándola como obra de arte. Aunque el vaso de agua de Wilfredo Prieto, no pretende revolucionar el arte como hace un siglo lo hicieran los ready made de Duchamp, sí viene como anillo al dedo, para recordar que lo esencial es invisible para los ojos.

Imagen: La Jiribilla
Obra Bolígrafo
 

Natural de Sancti Spíritus, Wilfredo Prieto, obtuvo su diploma como pintor en el Instituto Superior de Arte (ISA) en el año 2002; desde entonces acá  ha pintado poco, y ha pensado mucho; es decir, su obra ha escapado a la tiranía de la tela y el pigmento. No hay narcicismo en sus propuestas, no intenta persuadir al espectador sobre su capacidad de representación pictórica, ni mostrar una autoría fijada por el ejercicio tradicional. Prieto es un cazador furtivo de ideas que concretiza en la realidad táctil del objeto, aprovechando toda posible connotación derivada de la práctica común, y exaltada por la peculiaridad del gesto que selecciona y reevalúa.

Artista joven pero con amplia reputación internacional, W. Prieto se presenta en el panteón sagrado del arte cubano, con Ping-Pong cuadrícula, una instalación esparcida por todo el patio del Museo Nacional de Bellas Artes, donde la mayoría de sus componentes puede pasar totalmente desapercibida: ¿Y esa montaña de arena? ¿Van a reparar el museo? ¿Y ese polaquito? ¡Seguro de un funcionario! Ah, qué bien: dos ventiladores muy modernos…

La mayoría de los 35 emplazamientos, ha sido el resultado de un proceso selectivo que el artista legitima partiendo de su consideración: Polvo amplificado por diamante  (diamante y polvo),  aunque también ha trabajado en la materialización de ciertas ideas que exigían diferentes niveles de elaboración: Cuanto más añades menos ves (film de plástico transparente), o Paisaje abstracto de Sancti Spíritus (muro). La obra más antigua data de 1995 El multimueble, y hay varias de 2015.

Wilfredo se identifica con la vertiente conceptualista, teniendo como santo patrón a Marcel Duchamp, figura cumbre del dadaísmo francés, quien fijó el principio de que un objeto preexistente al acto mismo de creación, puede devenir fenómeno artístico al servicio de una idea que lo asimila como tal. W. Prieto parte con frecuencia de ese principio, pero además, su praxis se nutre de la vivencia cotidiana, de la experiencia cruda nacional y universal, acomodada para excitar la imaginación del espectador. Aceptadas las reglas del juego, vale participar en esta cacería de piezas, donde ping-pong puede ser un par de medias, una piedra iluminada, un montón de cristales rotos o dos rocas que se besan.

Imagen: La Jiribilla
Obra Futuro incierto
 

Aunque algunos de los objetos que participan del ritual artístico de W. Prieto, han constituido obras independientes (Grasa jabón y plátano. Bienal de La Habana, 2006), en esta ocasión, el ensamble de las piezas tal como lo presenta el proyecto curatorial, multiplica el efecto de su impacto y diversifica el interés de su interpretación. De pronto uno va de aquí para allá buscando el tesoro escondido que de tan pequeño y sui géneris, escapa a todo escrutinio, o chocando de narices con un tanque de agua común y corriente, que en el croquis aparece identificado con el número 15, como Matrioska.

Artista de rango internacional, con numerosos reconocimientos, su obra ha sido exhibida en Irlanda, Italia, Holanda, Canadá, EE.UU., Australia, Francia, Barcelona, Singapur, Venecia, Nueva York, etc., lugares en los que ha presentado sus caprichosas credenciales. Dicen que en una galería de Barcelona, colocó una alfombra bajo la cual ocultó el polvo y el churre que pudo reunir barriendo el lugar. (Sin título/Alfombra Roja, 2007). Esta travesura me hace recordar algún animado de Disney, sobrevolando las implicaciones que pudo tener aquel gesto artístico en el susodicho espacio.

La fertilidad de sus iniciativas es indiscutible: Transformó un museo de arte canadiense en un club de baile, con todas las de la ley, excepto la música (Sin sonido, 2006). En 2004 presentó su Biblioteca Blanca, con más de 6.000 libros… totalmente negros. Las 30 astas de bandera en Apolítico (2001), su obra más conocida, están coronadas con las banderas nacionales despojadas de su correspondiente color. [1] Para explicar la genealogía de su controvertido Vaso medio lleno, bastan sus propias palabras: Es una obra de 2006. Viene de un grupo de trabajos con los que experimentaba reducir al máximo el objeto y buscar en él un concepto filosófico, casi desde un accidente cotidiano. Me interesaba que los resultados no tuvieran personalidad, que pudieran pertenecer a cualquiera y que la idea estuviera contenida en la propia realidad. En mis obras, siempre pretendo descubrir “contenidos” que ya están “contenidos” en la realidad. Por eso me gusta decir que soy un “artista realista”, no en el sentido academicista, sino porque hablo de la realidad desde ella misma. Quiero que las obras no me pertenezcan, que no lleven nada que las reconozca como mías, sino que puedan pertenecer a cualquiera”. [2]

Imagen: La Jiribilla
Obra Veneno y antídoto
 

A mediados de 2013, el periódico Escambray anunciaba el inicio de una obra monumental de W. Prieto en Zaza del Medio, pueblo que lo vio nacer, donde han comenzado los primeros tanteos para viabilizar un proyecto de gran magnitud: “Este constituye el proyecto más importante en el que estoy trabajando. Va a ser una escultura de un kilómetro de distancia, aquí mismo en Zaza del Medio, en el campo. La idea es como una carretera que hace el símbolo del infinito, que vuelve a sí misma, está hablando de un viaje a ninguna parte. También lleva un puente, es una construcción súper complicada, porque tiene una dimensión ingeniera”. [3] La idea de esta obra civil dicta a las claras el sentido de pertenencia geográfica que anima a Wilfredo, el rigor de su aprovisionamiento conceptual, y la aspiración a colocar en un pedazo de su terruño nativo, un indicio concreto de su obra plástica, pensando también en la dimensión turística de la propuesta. Como puede apreciarse, las intenciones creativas de W. Prieto se expanden más allá de la confrontación limitada al contacto efímero con el público, o la simple validación del material desechable, o de escaso valor económico.

En cuanto a la Bienal, y en relación con las exposiciones de los otros tres (grandes) artistas involucrados en la muestra colateral del museo (Gustavo Pérez Monzón, Alexandre Arrechea y Tomás Sánchez), Ping-Pong se comporta como un justo cierre, como jubilosa despedida y simpático happy ending, donde ironía, humor y reflexión se tiran de los pelos, se dan la mano y dicen alegremente adiós al visitante, después de haber suscitado, como mínimo, una suspicaz sonrisa.

 

Notas:
1.   Havana-cultura.com/Artes visuales/Wilfredo Prieto, artista plástico.
2.   Javier Díaz-Guardiola: Wilfredo Prieto: «Podría venderle el “vaso” a un euro a quien demuestre que su concepto es fallido. En: http://www.abc.es/cultura/arte/20150306/abci-entrevista-wilfredo-prieto-artista-
3.    Escambray <http://www.escambray.cu/>

 

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