De flora, fauna… y mariposas se compone un verano

Narmys Cándano García • La Habana, Cuba

Fotos: Josman Vicéns

Aunque no ha abierto al público oficialmente, desde hace tres años la Quinta de los Molinos pasó a formar parte de los espacios privilegiados que, mediante el proyecto Rutas y Andares, ofrecen la oportunidad de descubrir los atractivos de la ciudad que escapan a la cotidianeidad.

Todos los martes a partir de las diez de la mañana, en los meses de julio y agosto, esta especie de bosque de ensueño, recibe a los interesados en conocer más a fondo su historia, así como la flora y la fauna cubanas.

Imagen: La Jiribilla

En una extensión de casi cinco hectáreas conviven más de 170 especies vegetales, entre ellas plantas y árboles endémicos. Animales a los cuales se les brinda un esmerado cuidado como conejos, palomas, jutías congas, pavos reales y otros ejemplares, son objeto de interés del público y materia de trabajo para los especialistas que guían cada recorrido.

Y es que el atractivo del lugar es evidente cuando se conoce que, durante este verano, en un día, han (re) descubierto la Quinta… más de 239 personas, de acuerdo con los datos registrados por el Departamento Sociocultural de la         Instalación.

Fuera de la temporada funcionan talleres medioambientales para niños y se realizan actividades como las del Club de Amigos del Bonsái, visitas dirigidas, junto a otras acciones encaminadas a fortalecer la relación hombre-naturaleza y resaltar la importancia de apostar por un desarrollo sostenible. Un Centro Comunitario de Información Ambiental, un aula ecológica y otras áreas afines fomentan las acciones tanto prácticas como teóricas.

Imagen: La Jiribilla

Ubicada en una de las zonas más céntricas de La Habana, la Quinta de los Molinos debe su nombre a que en ese terreno estuvieron ubicados dos molinos de tabaco entre los siglos XVIII y XIX. Tras su desaparición se ubicó allí el Jardín Botánico Nacional, asimismo fue residencia de verano de los Capitanes Generales Españoles durante la colonia; posteriormente devino residencia del General Máximo Gómez, y más cercano a nuestros días fue sede de las escuelas de botánica y de Segunda Enseñanza de La Habana, usos que la devuelven importante y versátil a cada época.

Una mariposa como premio

Como galardón a las familias más asiduas en este verano a las Rutas y Andares, llegan las visitas al Mariposario, que da sus primeros pasos para ilustrar al visitante sobre la vida y la reproducción de esos interesantes ejemplares.

Imagen: La Jiribilla

Si bien la mayoría de los premiados han sido adultos mayores, la oportunidad se extiende a toda la familia por lo que niños, jóvenes y adultos disfrutan del paseo.

Tal y como se expone en su entrada, estos lugares son una alternativa para la protección de las mariposas y su hábitat. Pueden utilizarse con fines educativos, mostrando el proceso de metamorfosis de estos insectos y el papel ecológico que desempeñan en la naturaleza, así como las relaciones que mantienen con su entorno. De ahí que funcione como escenario ideal   para el proyecto de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Un amplio, seguro y decorado jardín guarda para los interesados especies cubanas que pueden ser fácilmente encontradas en la ciudad, explica Roberto Rodríguez, responsable de la instalación.

Imagen: La Jiribilla

Los lunes, miércoles y viernes esa atípica ruta se encarga de develar otra arista de un patrimonio natural que, igualmente, debe ser conservado y reconocido. Según describe Roberto, “primero se les explica qué son las mariposas, a qué orden pertenecen (lepidópteros) y cómo se distinguen de las polillas, pues estas últimas son las que vuelan de noche, aunque los especialistas las distinguen por la forma de las antenas, que en las mariposas terminan en “masitas”, y en las polillas tienen diferentes formas”.

La charla teórica abunda, además, en las características comunes de ambos insectos: “todas comparten semejanzas como cuerpo y alas cubiertos de escamas, tres pares de patas, dos de alas, el aparato bucal en forma de espiritrompa, metamorfosis completa: huevo, larva, pupa o crisálida”.

El recorrido comienza en el cuarto de cría, que es el que sustenta el trabajo de la instalación. Se les muestra cómo se alimentan las larvas a fin de que evolucionen satisfactoriamente por los diferentes estadios en los que mudan la piel hasta convertirse en pupa o crisálida, expone el especialista.

“Luego se les habla sobre las necesidades del Mariposario, que es un espacio cerrado con condiciones de humedad y temperatura adecuados en el que se necesitan plantas de néctar para la alimentación, hospederas, que cada especie tiene seleccionada mediante mecanismos evolutivos para colocar sus huevos, y de refugio, en su mayoría plantas ornamentales”.

Los visitantes también son testigos de la labor de recolección que diariamente realiza el equipo de trabajo: dentro del jardín se recolectan manualmente en las plantas hospederas —ya localizadas— las larvas y huevos para su cría, que consiste en alimentar y limpiar a la futura mariposa. Para apoyar la alimentación sin dañar las posturas se han dispuesto fuera del Mariposario varios canteros con iguales especies. Muchas de estas plantas —y de ahí su importancia— desprenden sustancias tóxicas que evitan a los depredadores.

Cuando se forman las crisálidas se llevan al pupario, que está dentro del Mariposario, donde permanecen hasta que la mariposa “emerge”. “Las larvas se fijan por el envés de las hojas, para que esta última quede de cabeza al nacer. Al romper la crisálida, la nueva huésped tiene las alas arrugadas, las cuales se estiran paulatinamente con el bombeo de la sangre, proceso que dura cerca de media hora”, expone el especialista. Dependen también del calor del sol para secarse, pues sin la ayuda del astro rey no lograrán volar.

Otro dato interesante, que es una de las interrogantes más frecuentes, es que las mariposas no crecen, el adulto conserva el mismo tamaño con el que sale de su pupa. ¿Cuánto se demoran en nacer? Depende de la especie, puede ser una semana, diez días o en dependencia de las condiciones climáticas hasta seis meses. ¿Y cuánto viven? El ciclo vital poder durar diez días o hasta un mes.

Llama la atención durante el recorrido por el Mariposario una planta de maracuyá devenida hospedera y “cuarto de cría natural”, pues en ella se desarrolla completamente el ciclo de vida, por lo que en cualquiera de sus etapas está a la vista de los curiosos.

Cuenta Roberto que en ese punto de la visita varias personas le han preguntado por qué no hay mariposas en la ciudad, a lo que él alega que, si bien una de las principales razones es la necesaria fumigación o la contaminación ambiental típica de la urbe, al ausencia de estos agradables insectos se debe a la sustitución de muchas plantas hospederas —como el maracuyá— por otras exóticas para uso de la jardinería, que al ser más bonitas sustituyen a otras más comunes que sirven de hogar a las mariposas. No obstante, señala, no son acciones que se hagan a propósito, sino que muchas veces suceden por desconocimiento.

Cada día, la ruta cierra con la siembra de una planta hospedera y se regalan a los visitantes algunas posturas para que puedan intentar atraer a las mariposas a sus patios, y así estar más cerca de esa naturaleza que escasea en las ciudades pero que siempre tiene mucho que ofrecer.

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