Quince años en familia

Mayra García Cardentey • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía de la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana.

Rauda entró en la oficina y, sin secarse el sudor de diez minutos en bicicleta bajo el intenso sol de las 11 de la mañana, atinó solo a preguntar: “¿Todavía quedan entradas para Obra abierta?”. El teléfono no cesó en toda la mañana y a esa hora era muy poco probable que existieran capacidades para el andar especial por las labores de restauración en el Capitolio.

Susana Hernández Santos lo sabía, pero quiso correr el riesgo. “Me lo imaginé, tendré que llamar temprano el próximo lunes, o pasar antes”. La joven de 22 años entra en ese 60 por ciento de personas que repiten en el popular proyecto público Rutas y Andares para Descubrir en Familia.

Lleva más de una década asistiendo a las distintas ediciones, figura en esos 12 mil visitantes que como promedio acuden cada año al atractivo proyecto de promoción cultural organizado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Pero Susana no es la única, el entra y sale de interesados es constante, y el teléfono no da cabida para cinco minutos de tranquilidad en la Dirección de Gestión Cultural, encargada de coordinar las diferentes acciones.

“No damos abasto para tanta demanda”, insiste Katia Cárdenas Jiménez, fundadora de la iniciativa y al frente de la institución, en una afirmación que combina la reputación del programa y los retos para venideros años.

Imagen: La Jiribilla

La primera ruta

Rutas y Andares para Descubrir en Familia surgió en el 2001, con el objetivo de acercar al público al patrimonio histórico-cultural atesorado en la zona.

“El proyecto partió de un diagnóstico sociocultural realizado con habitantes del Centro Histórico. Como resultado se evidenció que las principales necesidades estaban contenidas en las líneas de trabajo de la Oficina, pero faltaba promoción”, recuenta Cárdenas Jiménez, principal artífice de esta estrategia de comunicación participativa con enfoque patrimonial.

“Pensamos entonces en aplicar un programa público más aglutinador basado en un concepto de familia”, argumenta la especialista quien también explica cómo en los inicios solo concibieron rutas, “itinerarios por los principales museos constituidos bajo temáticas, colecciones u ordenamiento geográfico”. Desde el principio también se aplicaron los incentivos para la familia que más visitas cumplimentaran.

“Luego los visitantes exigieron los andares. Para empezar, eran muy sencillos a nivel de plazas. Posteriormente se organizaron módulos por temáticas generales, con sus respectivas derivaciones específicas que se renuevan todos los años”, recalca.

Visibilizar e interconectar las colecciones de los museos; sumar diferentes tipos de públicos; atraer a instituciones de prestigio de la ciudad y convocar a intelectuales y artistas, resultaron algunos de los propósitos del creciente accionar. 

Y pasaron 15 años. Mucho ha evolucionado la iniciativa desde aquellos albores de siglo, cuando se trazaran los primeros senderos. Con el tiempo salieron de los predios del casco histórico, y hoy cuenta, además de los recorridos, con más de 70 talleres, unas 20 visitas virtuales para los adultos mayores, trayectos especiales para niños y adolescentes y propuestas para las personas sordas.

Imagen: La Jiribilla

Se hace camino al andar

Para Marcos Antonio Santana Hernández, ganador hace cinco años de Rutas y Andares, la experiencia vivida resulta increíble, gracias a las diferentes opciones. “Cada vez hay un itinerario nuevo, mágico, incluso aunque sea el mismo. Todo el que llega nunca quiere irse”.

Esta y otras opiniones similares no son aleatorias. Para ello la propuesta contiene evidentes bases teóricas y metodológicas de comunicación popular y consumo cultural, y está constantemente palpando las necesidades de sus usuarios. Porque en las diferentes actividades nada resulta espontáneo o basado únicamente en una noción empírica.

“Cada año asumimos estudios de público para nutrir el diagnóstico sociocultural y perfeccionar la próxima edición. Potenciamos la participación democrática en la cultura, que las propias personas tracen lo que desean”, añade la directiva.

“La idea bebe de esa vocación de la Oficina de mostrar la ciudad, sus proyectos, de dar fe de lo que sucede en la obra restauradora, devolviéndole al público y consultándole de alguna forma lo que está sucediendo. Es una tradición que viene de Roig y continúa Leal”, aclara.

A pesar de la acogida en estos tres lustros, Cárdenas Jiménez reconoce el reto de reinventarse cada día a partir del criterio de los usuarios y los especialistas: arqueólogos, arquitectos, inversionistas, historiadores, promotores…

En ese sentido, las familias destacan el trabajo de los guías. “Existe una visión especializada y testimonial en cada actividad. No abogamos por la preparación de personas con un discurso aprendido. La calidad e implicación de expertos es premisa”, apunta la investigadora. Así el andariego encontrará a profesionales que en este período dejan sus oficinas y gabinetes, para caminar juntos el Centro Histórico de la ciudad.

El arte de sumar

Imagen: La Jiribilla

He ahí el principal elogio para Rutas y Andares: no solo aúna diversas proposiciones en el verano como resultado de la oxigenación anual, si no que con cada una de ellas amplía el abanico de incidencia y personas meta, en una visión heterogénea e inclusiva de la promoción sociocultural.

Este 2015 no es diferente. Como novedad se incluyó la solicitada visita a la obra de restauración del Capitolio y nuevas rutas: Las artes en el Barroco, en la Basílica Menor de San Francisco de Asís; José Martí en el camino de los libertadores, organizada por el Museo Casa Natal de José Martí; Alicia Alonso. Órbita de una leyenda, en el Centro Hispano-Americano de Cultura, y la ruta de la Quinta de los Molinos.

También se agrega el Andar especial para los adolescentes y jóvenes Contigo Somos +, que los acerca a los principales centros universitarios de la capital, con el objetivo de recibir información vocacional y conocer el papel de las casas de altos estudios en la historia social de la ciudad.

Estas y otras acciones sumadas a las habituales reflejan el incesante empeño de sumar más familias a la comprensión y salvaguarda del patrimonio cultural.

Los propios protagonistas dan fe de ello. Para la veinteañera Susana Hernández Santos, con diez años desandando La Habana, “esta es una propuesta interesante para disfrutar con amigos, allegados, no solo por el esparcimiento útil, sino por la manera de proyectar el conocimiento. No es solo la información fría de una conferencia; te muestran el lugar, te adentran en la historia de forma amena, atractiva”.

Para los especialistas y directivos, los retos son constantes, toda vez que la demanda crece en número y variedad. Aunque no habrá mayor  complacencia que los propios visitantes manifiesten su satisfacción y trasmitan la comunicación para el patrimonio. “Siempre nos sorprende con diferentes iniciativas para disfrutar en familia durante las vacaciones”, considera Paula Esther Morales García, de 12 años. Su hermano Paulo Daniel secunda en una perfecta promoción al programa: “Si indagan por una opción para aprender y divertirse, no busquen más, ya lo encontraron: Rutas y Andares que en este año se viste de quince”.

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