Sentir el patrimonio

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

Múltiples son las razones que evidencian la madurez del programa de verano Rutas y Andares para descubrir en familia. Cada año, por ejemplo, sorprende con novedosos recorridos que incluso trascienden los límites de La Habana Vieja como espacio de acción principal. Asimismo, aumenta el número de talleres que atienden a las sugerencias temáticas de asiduos participantes. Por otro lado, durante 15 años nuevos y variados públicos se han sumado a esta iniciativa, diseñada para establecer conexiones entre las personas y el patrimonio tangible e intangible atesorado en la zona más añeja de la capital cubana. Desde hace tres ediciones, la vocación inclusiva del proyecto se manifiesta sólidamente en el andar infantil Somos 1, dirigido a niños con necesidades educativas especiales.

Imagen: La Jiribilla
Cortesía de la Dirección de Gestión Cultural de la OFHC

“Comprendimos que había un grupo de pequeños que no estaba disfrutando de las atractivas opciones que ofrecemos en el período vacacional, entonces diseñamos un programa específico para ellos”, rememora Ingrid Fernández — especialista del Programa Social Infantil de la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH) — quien junto a un equipo multidisciplinario de profesionales convierte las áreas de trabajo en laboratorios de creación constante.  

Entre pequeños y coloridos veleros, aún en proceso de elaboración artesanal para un taller que se realiza en el mes de agosto, se halla Ingrid. Sin detener completamente su labor, recuerda que en 2013 Somos 1 estuvo dedicado a niños ciegos, ambliopes y débiles visuales, sordos y autistas. “Y para cada uno de los grupos —aclara— se coordinaron actividades diferentes, siempre con el apoyo de instituciones especializadas como la Asociación Nacional de Sordos de Cuba, la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, Cáritas Habana y otras.

Descubriendo mis sentidos fue el título del espacio concebido en esa ocasión para los alumnos de la Escuela Abel Santamaría de Ciudad Escolar Libertad: “El objetivo era potenciar el resto de los sentidos. Para ello contamos con la presencia de miembros del Conjunto de Música Antigua Ars Longa, quienes interpretaron melodías de su repertorio y brindaron la posibilidad de que los niños tocaran algunos de sus instrumentos y se familiarizaran con sus formas”, cuenta Fernández.

En el intercambio también tuvieron la posibilidad de degustar productos elaborados en el Museo del Chocolate y finalmente conocieron sobre algunas monedas, conservadas en los fondos del Museo Numismático. Para la especialista “fue uno de los momentos más significativos porque tocaron piezas pequeñas y otras de gran tamaño, poco comunes, y escucharon las historias de cada una de ellas”.  

La sala de las cocheras del Museo de la Ciudad y la exposición permanente El genio de Leonardo Da Vinci, en el Salón Blanco del Convento de San Francisco de Asís, fueron los sitios visitados en 2013 por los niños sordos la Escuela René Vilches Rojas, del municipio Cerro. En dicha experiencia fue fundamental la colaboración de los intérpretes del lenguaje de señas del proyecto Cultura entre las manos de la emisora Habana Radio. “En este grupo estimulamos también la creación de medios de transporte a través de la técnica del paper craft”, agrega Ingrid Fernández. Luego, recuerda que estudiantes de la Escuela Cheché Alfonso, especializada en menores con autismo, compartieron una visita al Planetario de La Habana Vieja y “se divirtieron pintando y haciendo figuras con plastilina”.

En 2014, la segunda edición del andar Somos 1 se realizó en la Quinta de los Molinos con discapacitados físico-motores y Síndrome de Down. “Tuvieron la posibilidad de interactuar con diferentes animales como jicoteas, conejos; dieron de comer a las aves y a los peces. Además, conocieron sobre las plantas que allí crecen y las regaron”, relata esta joven muchacha que coordina cada uno de los periplos y también se regocija al ver la sonrisa en los rostros de los participantes o escuchar los agradecimientos de los familiares.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Néstor Martí

Precisamente, la satisfacción de las familias es otro de los aspectos que resalta la especialista: “los padres sienten un gran apoyo cuando organizamos programas atendiendo a las discapacidades de sus hijos porque es una manera de incluirlos, de estimular su creatividad e imaginación. La suelta de palomas blancas al comienzo de cada andar simbolizaba la intención de abrir un espacio de libertad, amor y paz para este público que no siempre tiene a la mano opciones recreativas apropiadas”.

Luego de un año, regresó Somos 1 en el mes de julio. Este 2015 estuvo dirigido a niños y adolescentes hospitalizados de la capital. Ingrid Fernández comenta que el propósito fue transmitirles un poco del espíritu que se vive en las instituciones de la Oficina del Historiador. “Creamos un ambiente festivo, con cadenetas y globos, para cambiar el entorno y trasladarles la alegría que sentimos en el Centro Histórico habanero con la celebración de los 15 años de Rutas y Andares. Compartimos con ellos la revista infantil Con vara y sombrero, que se publica con frecuencia semestral en la Dirección de Gestión Cultural con el objetivo de hacer el patrimonio más accesible para los niños. Además de materiales para dibujar, les obsequiamos un audio-libro de cuentos clásicos, del sello discográfico La Ceiba, de Habana Radio”.

En cuanto a la actividad cultural, destaca, disfrutaron de viñetas de la obra musical Aladino, estreno de este verano en el Anfiteatro de La Habana Vieja. Los centros visitados fueron los hospitales pediátricos Marfan, Juan Manuel Márquez y el de Centro Habana. “Los artistas tuvieron el reto de actuar para un público muy variado pues había algunos pacientes de solo meses de vida y otros ya adolescentes; pero supieron hechizarlos con la magia del teatro”, afirma Fernández.  

“El concierto del grupo Ars Longa me pareció muy interesante porque conocimos sobre los instrumentos musicales antiguos” o “agradezco que nos hayan invitado aquí, porque aprendí cosas de las cuales no sabía”, fueron algunas de las opiniones de los alumnos de la Escuela Abel Santamaría, participantes en el andar Somos 1 en 2013, recogidas en el material audiovisual Memorias de Rutas y Andares, de la Dirección de Gestión Cultural de la OHCH

Entre navíos y castillos

Concluyó el mes de julio y también el andar Somos 1. Sin embargo, los especialistas del Programa Social Infantil de la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador no cesan de trabajar. En el mes de agosto coordinan la segunda edición del taller Niños guías del patrimonio, dirigido a pequeños de la enseñanza general. En esta ocasión, explica Ingrid Fernández, “tiene como objetivo acercarlos a las fortificaciones de La Habana colonial y en especial al Castillo de la Real Fuerza donde conocerán, entre otros aspectos, sobre los tesoros encontrados en el fondo de los mares”.

Con la intención de estimular a los participantes, han diseñado un programa que incluye visitas a escaleras truncas, diálogos sobre el funcionamiento de los puentes levadizos y la función de los fosos. “Utilizamos los juegos como vías para enamorarlos de estas hermosas construcciones; cuando las conozcan, seguramente se sentirán más cercanos a ellas”, asegura.

Como sucedió en 2014, en la última sesión del taller que se desarrolla los miércoles, guiarán a sus familiares y al resto de los visitantes y compartirán lo aprendido. La vez anterior, el recorrido comprendió la Plaza de la Catedral junto a las edificaciones que la rodean y la exposición transitoria Juegos de siempre, del Museo de Arte Colonial. Para esta reportera fue una grata experiencia escucharlos exponer sus saberes con gran seguridad y naturalidad; demostraron que pueden ser excelentes comunicadores del patrimonio.

El pequeño Carlos Fabián Mollinedo, por ejemplo, explicó a los presentes que “la Plaza de la Catedral durante los años 1600 y 1700 era conocida popularmente por los cubanos de la época como Plazuela de la Ciénaga. En este lugar se abastecían de agua las embarcaciones que venían por el litoral y se hacían las tareas relacionadas con el mar. En el lugar se cosían las velas, se tejían las sogas, se reparaba la artillería y se hacía carpintería de gran tamaño”.

Por su parte, Daniela Moya comentó que “la campana mayor de la Catedral se llama San Miguel, pesa siete toneladas y fue fundida en España; la menor lleva por nombre San Pedro, es de dos toneladas y fue hecha en Matanzas”. Otra curiosidad relacionada con esta emblemática institución religiosa fue mencionada por Carlos Javier Alfonso: “La Catedral albergó los restos de Cristóbal Colón mientras Cuba fue colonia de España, exactamente permanecieron en la edificación hasta 1898”.

Imagen: La Jiribilla
Cortesía de la Dirección de Gestión Cultural de la OFHC

Además, los nuevos guías compartieron anécdotas y datos históricos relacionados con el Callejón del Chorro y su importancia para el abastecimiento de agua de los pobladores de la villa de San Cristóbal de La Habana en tiempos de la Zanja Real; así como las características de los inmuebles que rodean la plaza y que se conservan en la actualidad.

Feliz por haber escuchado a los niños hablar sobre estos temas que por lo general les son ajenos, María Elena Barba nos refirió en aquella ocasión su cariño por La Habana Vieja y la importancia de que su hijo y el resto de los participantes se hayan acercado a esta parte de la historia.

Niños guías del patrimonio constituye, sin duda, un innovador proyecto que repite este año. No solo los participantes se benefician con el taller, también la ciudad antigua gana nuevos admiradores que descubren detalles apasionantes en un universo cotidiano. Como aseveró en la clausura de Rutas y Andares en 2013 el Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana, “la mejor manera de aprender, además de las lecturas, es tratar de identificarnos con las cosas, poner nuestras manos en ellas, aprender de sus esencias”.

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