Teatro

En “la sala de Portela”, El Paso Teatro

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de la autora

El pasado fin de semana disfruté una experiencia poco usual, pues asistí a una puesta en escena de El Paso Teatro. Uno de los aspectos más novedosos fue el escenario: la casa del maestro Mario García Portela, un destacadísimo y veterano pintor cubano que ofreció la sala de su hogar para que los jóvenes integrantes de esa compañía nos hicieran partícipes de su estética.

Días antes, la imprescindible y tierna Maricuqui —esposa y mano derecha del maestro— me llamó para hacerme la invitación: “se trata de otra de las cosas de Mario”, me dijo, al tiempo que me comentó que la idea había nacido de manera espontánea al término de una función realizada en la Sala Teatro Raquel Revuelta. Resulta que Portela y Maricuqui —gente amorosa y culta— fueron a disfrutar de El Paso Teatro y, al final de la función se generó un debate: ahí fue el momento justo en que Portela los invitó “a hacer la obra en la sala de su casa” del Vedado para que un grupo de amigos se acercaran al quehacer de la agrupación que comenzó a trabajar en el 2009 pero que, finalmente, en 2013, fue reconocida por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, institución rectora de esa manifestación en la Isla.

Imagen: La Jiribilla
 

La puesta está basada en Casa vieja, de Abelardo Estorino, todo un clásico del teatro cubano, pero que incluye fragmentos de otros textos como Aire Frío, El baile, La edad de las ciruelas, Delantal todo sucio de huevos y El Premio flaco, según comentaron a esta reportera Harold Vergara y Daysi Sánchez —profesores del Instituto Superior de Arte, ISA— y directores de El Paso Teatro.

Según ambos, el guion es una suerte “de  pastiche” porque se han tomado fragmentos de las mencionadas obras, pero sin perder la esencia de los conflictos planteados por Estorino: “no obstante en nuestra versión  —subrayó Vergara— los protagónicos se truecan y Esteban pasa a un segundo plano y enfatizamos más en los conflictos de Laura”.

Una de las características de esta compañía de teatro es que sus integrantes son egresados de distintas especialidades universitarias y en estos momentos todos cursan el Instituto Superior de Arte (ISA), en la especialidad de actuación: Ana León (Laura), graduada de nivel superior de idioma francés, tercer año; Eliecer Londres (Diego), graduado de Historia del Arte en la Universidad de La Habana, primer año; Karla Vicens (Flora) graduada de nivel superior de música e integrante del grupo vocal Sexto Sentido, tercer año; Adrián Olivares (Esteban) graduado de Sociología de la Universidad de La Habana, primer año.

Uno de los aspectos en los que más insisten los directores de El Paso Teatro es formar a sus actores a partir de un teatro de participación en el que la relación directa con el espectador sea la clave para establecer un nexo y cierto involucramiento por parte del público, para que éste se sumerja en la obra como un personaje más; es un método para que “los actores registren los estados de ánimo de los espectadores y los hagan suyos”. También  “trabajar los imprevistos” contribuye a que el actor exteriorice su monólogo interior.

Hasta el momento El Paso Teatro tiene en su repertorio obras como Ninfa, Feliz cumpleaños y Sonata para un hombre nuevo, entre otras, y para los próximos meses prevé montar un nuevo espectáculo a partir de la película La vida de los otros (Das Leben der Anderen), largometraje alemán estrenado en 2006, que recibió en 2007 el Premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa y que narra el control ejercido por la Stasi —policía secreta de la otrora República Democrática Alemana (RDA)— sobre los círculos intelectuales de ese país.

Esta versión de Casa vieja se acerca a la hora de duración y, realmente, hay que reconocer que no es fácil para un actor o actriz adecuarse a un escenario poco convencional en el que tiene al público literalmente cara a cara, pero, creo, el secreto está en que cada uno de los personajes hace suyo el espacio que le corresponde: en ese contexto es difícil hacer trucos porque no hay luces especialmente concebidas, ni atrezo y utilería para apoyarse, ni apoyaturas musicales, ni patas, ni telón de boca o de foro.

Imagen: La Jiribilla
 

La puesta tiene ritmo, agilidad y la curva de intención va como de ola en ola, pero con ciertas pausas, respiro que agradece el espectador: de lo contrario el texto se volvería demasiado difícil de digerir por la intensidad de  los conflictos humanos que se plantean.

En cuanto a las actuaciones están bastante parejas, aunque sobresale la actriz Ana León porque su personaje (Laura) está sobrediseñado para que el conflicto descanse, fundamentalmente, sobre sus hombros por lo que su responsabilidad escénica es un tanto mayor, algo que ayuda a la hora de auto dinamitarse; por otra parte, hay que trabajar con especial énfasis en la voz y la dicción: en algún que otro momento de clímax, se elevan demasiado los niveles, lo que no favorece en demasía al brillo de la puesta.  

La experiencia íntima con El Paso Teatro —lejos de los escenarios convencionales— fue sui generis y no solo para quien suscribe estas líneas sino para otras destacados personalidades que acudieron “a la sala de Portela” como la actriz Daysi Granados, quien al término de la función subrayó que “la verdad escénica de estos actores es conmovedora” y da la medida de la importancia que tiene para el artista el “estar preparado para la improvisación”.

Esta versión de Casa vieja es —también y de muchas maneras— una oportunidad para una vez más felicitar a Portela por su profunda vocación de pedagogo y por su insistente apoyo a los más jóvenes —aunque no sean artistas de la plástica, que es su fuerte.

Agradezco a Maricuqui el invitarme y estoy segura que el “otro grupo de amigos” que este viernes, sábado y domingo acudan “a la sala de Portela”, luego del aplauso final, se marcharan con la certeza del paso firme y seguro con que ya anda El Paso Teatro.

 

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