Clásico imprescindible, más allá del video clip

Joel del Río • La Habana, Cuba

Uno de los lugares comunes menos justificados teóricamente, entre los que suele esgrimir la crítica y el periodismo cubano, suele adjudicarle a Now! (1965) del cubano Santiago Álvarez, la “invención” del video clip o music video contemporáneo. Supongo que la reincidencia de tal atribución se justifique desde la voluntad de conferir atributos de vigencia a una obra que conquistó, desde su total singularidad, el estatus clásico, es decir, vigente en todas las épocas.

Antes de hacer afirmaciones apresuradas, el crítico o periodista, pudiera también valorar ciertos fragmentos de nuestro subestimado cine musical, anterior o posterior al ICAIC, y seguramente encontrará a Rita Montaner haciendo auténticos video clips en los años 30 (Romance del palmar, 1938), o tropezará con Un día en el solar (Eduardo Manet, 1965) que puede valorarse en tanto sucesión de piezas musicales y bailables hilvanadas en una frágil construcción dramática.

Además, si se quiere rastrear más profundamente en nuestra historia audiovisual, habría que encontrar los verdaderos antecedentes de nuestro video clip en los antiguos kinescopios, aquellos dispositivos que filmaban en cine las imágenes de un monitor televisivo, y así registraron grandes actuaciones, muchas veces con elementos de puesta en escena, de algunas de las principales figuras musicales cubanas, sobre todo en los años 50 y 60.

Imagen: La Jiribilla

Para explicar el gran auge del video musical cubano es innecesario remitirse a Now!, que se relaciona esencialmente con la historia, las tradiciones y los paradigmas del mejor cine cubano, experimental y documental.

Si de todas maneras es preciso encontrar un antecedente para el video clip cubano en el cine del ICAIC, más vale revisar Nosotros, la música (Rogelio Paris, 1964) en el cual se registran poderosas ilustraciones visuales de la atmósfera conceptual recreada por cada canción e intérprete, desde el danzón interpretado por la Charanga Francesa, hasta la rumba del Septeto de Piñeyro, pasando por el guaguancó de Celeste Mendoza recreado en un solar muy parecido a los que inundaron nuestro video clip hace diez años. Y además, hay un conjunto de documentales musicales, algunos de un valor patrimonial y audiovisual extraordinarios. Pudieron considerarse video clips diversos fragmentos de Rompiendo la rutina, A ver qué sale, La rumba, El danzón, Rita, Lecuona o María Teresa, todos dirigidos por Oscar Valdés entre 1974 y 1980.

Precisamente en la segunda mitad de los años 70 se encuentran los primeros antecedentes del verdadero video musical cubano y extranjero. Para explicar el gran auge del video musical cubano es innecesario remitirse a Now!, que se relaciona esencialmente con la historia, las tradiciones y los paradigmas del mejor cine cubano, experimental y documental. Teóricamente se ha explicado hasta el cansancio que la modalidad televisiva llamada en inglés music video se inicia, internacionalmente, en los años 70, con el desarrollo paralelo del lenguaje televisivo y el pop británico, vinculados brillantemente con la aparición de “Bohemian Rhapsody”, de Queen, en 1975.

La tendencia asentada por la banda, que inicialmente se negaron a presentarse en los shows televisivos en vivo, y enviaban el video de  dicha canción, contaba con un ilustre antecedente en las películas. La tendencia fue continuada por un director australiano Russell Mulcahy, muy identificado con el cine experimental, que en 1979, dirigió “Video killed the Radio Star”, para The Buggles, y este se transformó en la primera obra del género televisada por una cadena, en este caso MTV, especialmente concebida para difundir este tipo de cortometrajes musicales o pop promos, como les llamaron algunos.

Now! carece de vínculos parecidos o relaciones conceptuales con el cine musical cubano o internacional, ni mucho menos tiene algo que ver con la trasmisión televisiva de actuaciones musicales.

Now! carece de vínculos parecidos o relaciones conceptuales con el cine musical cubano o internacional, ni mucho menos tiene algo que ver con la trasmisión televisiva de actuaciones musicales. Santiago Álvarez hereda ciertos conceptos del cine de vanguardia a la hora de vincular el contenido de una canción con las imágenes (un vínculo que está en el fondo de algunas obras del cine experimental desde los años 20 en Francia y Alemania) y como quiere conferirle al breve documental fotográfico un matiz testimonial, de denuncia y combatividad, recurre entonces a la pixilación o fotoanimación, una variante en la técnica del stop motion que consiste en tomar imágenes de una persona manteniendo una postura fija para cada fotograma, tal y como había hecho Norman McLaren en su célebre trabajo Vecinos, de 1952.

Pero los vínculos entre el cine de animación y el experimental fueron utilizados no solo por McLaren, sino que en los años 60 estaban de moda otra vez, y Santiago probablemente pudo ver, antes de hacer Now!, el documental Salut les cubains!, de 1963, dirigido por la francesa Agnes Varda, con Benny Moré fotoanimado, o el innovador docudrama de Richard Lester A Hard Day’s Night, de 1964, donde ocasionalmente se recurren a técnicas similares de simular movimiento en un grupo de instantáneas tomadas en serie. Sin embargo, la creatividad de Santiago apenas se detuvo en la utilización de una técnica de la animación de fotografías tomadas en serie, porque le interesaban en igual o mayor medida otros arbitrios temáticos y formales.

Santiago se ve forzado (quizá por la falta de otros materiales auditivos y visuales) a manipular fotografías y algunas escasas imágenes de noticiarios, para analizar la realidad norteamericana con ojo periodístico, de documentalista determinado a lograr un testimonio estremecedor, más allá del juego lúdicro de simular movimiento con un grupo de fotos mostradas a gran velocidad. Quiere convocar a la lucha a favor de los derechos civiles de los afrodescendientes, convencer y provocar, sensibilizar al espectador y si es preciso incomodarlo. Y el fuerte contenido político de Now! encontró pariguales en documentales latinoamericanos de similar época y tendencia crítica o antimperialista como Maioria absoluta o Viramundo (de los brasileños León Hirszman y Geraldo Sarno), Revolución y La hora de los hornos (realizadas por el boliviano Jorge Sanjinés y los argentinos Fernando Ezequiel Solanas y Octavio Getino, respectivamente).

Según declaraciones del director en “Los documentales del ICAIC más representativos del período 1959-1983”, revista Cine Cubano, No. 108, “las verdaderas raíces de Now! están en mis vivencias de 1939 en los propios Estados Unidos de Norteamérica, como testigo crítico de imágenes inolvidables sobre la brutal discriminación racial yanqui (…) No hemos querido solamente condenar la discriminación racial, sino también la actitud fascista del gobierno de los Estados Unidos, que actúa de la misma forma, tanto en Viet Nam como en Santo Domingo”.

La versión guerrera de Lena Horne, a partir de la más famosa, alegre y tradicional de las canciones hebreas (“Hava Nagila”, que significa Alegrémonos) alcanza un elocuente correlato en las fotos elegidas y montadas por Santiago Álvarez, al ritmo del crescendo melódico del canto a que recurre el canto de batalla.

Santiago se ve forzado (...) a manipular fotografías y algunas escasas imágenes de noticiarios, para analizar la realidad norteamericana con ojo periodístico, de documentalista determinado a lograr un testimonio estremecedor, más allá del juego lúdicro de simular movimiento con un grupo de fotos mostradas a gran velocidad.

Pero es que Now!, en cuanto a la tesis conceptual que sostiene toda la estructura, trasciende con mucho las invocaciones presentes en el texto de la canción, y se presenta un resumen del racismo norteamericano, en pasado y en presente, desde el Ku Klux Klan hasta la violencia policial racista presente en 1965 y en 2015, de modo que el testimonio suele recibirse como un ensayo al mismo tiempo real, concreto, arrebatado y racionalista.

Como asegura Sergio Giral en el artículo “Lena, perros y bayonetas”, de la revista Cine Cubano No. 42-43-44, las “fotos históricas de «quemas de negros», denuncian al racismo como un mal muy arraigado en la sociedad norteamericana, y el plano de la “Wehrmacht” desfilando (motivo de reproches de algunos críticos norteamericanos) como su verdadero síntoma. Now! comienza con una esperanza y termina inevitablemente en un grito de exhortación a la lucha”.

Los recursos expresivos de Now! se relacionan mucho más directamente con los filmes soviéticos de los años 20 que con videos musicales de finales del siglo XX. Por el uso dinámico del montaje intelectual, el carácter de contrapunto entre varios planos simbólicos y realistas, y la intención de profundizar en la realidad e incluso cambiarla. Tiene mucho más que ver con El acorazado Potemkin o El hombre de la cámara, que con “Rapsodia bohemia” o “Thriller”.

Y si bien se pudiera alegar que el documental de seis minutos está dedicado a ilustrar una canción, va siendo hora de comprender que la “pequeña” obra de Santiago Álvarez excede, con mucho, la ilustración del texto de la canción, y más bien lo comenta, lo ensancha, lo interpreta, y por último, lo convierte en parte de la acción dramática de sus personajes, los oprimidos de la tierra con quienes el realizador, el más martiano de nuestros cineastas, quería compartir suerte y destino.

Now! subordina la canción a sus propósitos antirracistas y combativos, en vez de someter las imágenes al texto, como suelen hacer los realizadores de video clip. Es cine político de altos quilates, propaganda realizada desde los más creativos conceptos del arte cinematográfico. Dista de ser un congelado antecedente del video clip porque sus métodos de realización, y las verdades que describe, continúan activas y vigentes.

He podido comprobar la vigencia y el poder siempre renovado de Now! cada curso de verano, cuando les explico el cine cubano a un grupo de estudiantes norteamericanos procedentes de diversas razas, culturas y clases sociales. La reacción es siempre la misma. Algunos hasta levantan puños y se les nubla la mirada. A otros, les parece un panfleto de propaganda antirracista. Pero en ninguno de estos encuentros suele discutirse las similitudes con el music video.

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