Now!: ahora y siempre

Frank Padrón • La Habana, Cuba

Now! (Cuba, 1965) de Santiago Álvarez, es sin lugar a duda, el primer video-clip cubano, el antecedente más sólido y genial de la modalidad audiovisual en Cuba, y a la vez, un pequeño e inmenso documental de los muchos extraordinarios que rubricó el maestro.

Empleando como único corpus sonoro una canción sobre los crímenes racistas en la Norteamérica de la época en la voz rasgada y expresiva de Lena Horne (que versionaba una pieza israelí titulada “Hava Nagila”) y utilizando sólo fotos de archivo, Santiago logra, apoyado en la técnica del collage y la fotoanimación, y mediante un montaje dinámico y funcional, aprehender y trasmitir la denuncia al tremendo mal social (aún hoy, como se sabe, de una vigencia lamentable en muchos lugares de los propios EE.UU. y de todo el mundo) redondeando un testimonio impactante que se erige a la vez en legado artístico de lo que podía y puede hacer el cine con pocos recursos y mucha imaginación creadora.

Imagen: La Jiribilla

Sin embargo, dentro de los linderos de ese género (el clip) cada vez más popular y recurrido por músicos y productores —también por cineastas que promocionan su obra mediante su canción-tema cuando la tiene— Santiago sigue dando lecciones.

Si sobre algo quiere llamar la atención, más aun, denunciar explícita y radicalmente el realizador es (sobre) la violencia racial, las desigualdades sociales que en ese aspecto concreto, aunque también en otros tantos como es sabido, hollaban la sociedad norteamericana.

Ocurre que, sin desdorar las muestras artísticamente conseguidas dentro de esa línea audiovisual, esta acusa cada vez más una peligrosa tendencia a la frivolidad y la banalidad en función del más elemental sentido publicitario; no hay que olvidar que en puridad, esa es la esencia del clip: vender, acercar el receptor a un producto otro, mayor, del cual forma parte; hablando en términos semióticos, apelar al hipertexto mediante uno de sus elementos sub o paratextuales. En esto, como en tantos otros rubros, Santiago fue no solo innovador sino un artista de vanguardia.

Si sobre algo quiere llamar la atención, más aun, denunciar explícita y radicalmente el realizador es (sobre) la violencia racial, las desigualdades sociales que en ese aspecto concreto, aunque también en otros tantos como es sabido, hollaban la sociedad norteamericana.

El grito desgarrador, la advertencia sangrante que emerge de la voz (también negra, y por ello potente, lastimera, ancestral) de la Horne, se funde de modo inextricable a las de por sí expresivas, elocuentes imágenes para devenir un gesto de profundo y radical llamado de alerta.

La canción-protesta, como entonces se llamaba a ese tipo de música con fuerte carga sociopolítica, es empleada por el maestro como siempre lo hizo con la música en general dentro de su cine, desde los noticieros hasta los más complejos documentales: herramienta útil, imprescindible, para comunicar mensajes, para más que reforzar las imágenes, fundirla a ellas y sumarlas al lenguaje, por tanto único e indivisible.

En este aspecto, la visualidad, Álvarez también se luce en el empleo de la planimetría, con el uso magistral, por dosificado y sabio de sus encuadres y focalizaciones; en ello supera también las modernas concepciones del clip, a tal punto ancladas en lo subliminal que extravían con no poca frecuencia la importancia de lo icónico en sí mismo.

Aunque se trata sin duda de una lucha política y socioeconómica, todo comenzaba por un odio racial; la humillación y el maltrato a afrodescendientes por parte de una policía blanca, excluyente y de clara orientación fascista.

El documentalista no cometió ese pecado: no confundió el dinamismo y la contundencia de sus fotos convertidas en discurso fílmico, con la fugacidad extrema en función de un efecto en definitiva “publicitario”; no es eso lo que le interesaba sino la concientización, la toma de partido; por ello cada imagen, aunque rápida, dura lo necesario para que la retina del espectador la conserve, la procese e incorpore a su sensibilidad.

Luego, la fotografía en blanco y negro desempeña a cabalidad su papel de concentración y fuerza cromática desde tales gamas, que en el caso específico de este micro-filme detenta funciones también simbólicas; en definitiva, el combate que apreciamos en pantalla es también entre gamas y colores de piel, los mismos que son reproducidos por la fotografía.

Aunque se trata sin duda de una lucha política y socioeconómica, todo comenzaba por un odio racial; la humillación y el maltrato a afrodescendientes por parte de una policía blanca, excluyente y de clara orientación fascista.

Santiago fue como siempre, profeta y poeta; un adelantado, que dejó este válido texto artístico a todos sus colegas de entonces y después, incluyendo los muchos “hacedores” de clips para los cuales también es, y tanto, un imprescindible e irrenunciable paradigma.

Now! entonces, e(a)nuncia su (a)temporalidad, su universalidad y permanencia desde su propio título.

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