Más que un documental, un testimonio

Orlando Mora • La Habana, Cuba

Un irreprimible sentimiento de rechazo, de repulsión hacia muchas cosas experimenta el espectador al terminar los escasos minutos de Now!, el gran corto del cubano Santiago Álvarez. El racismo en su más total violencia, enseñando al espectador sin literatura y sin aclaraciones exculpatorias. La irracional barbarie, la brutalidad sin límite del hombre sobre el hombre, ejercida en el marco del país más civilizado de occidente. Las palabras de H. Rap Brown: “La violencia es parte de la cultura norteamericana; la violencia es tan norteamericana como el pastel de cerezas”, no son más que la formulación de lo evidente.

Imagen: La Jiribilla

Álvarez ha evitado el mayor riesgo de su empresa, riesgo común a todo intento artístico de acceder a esta suerte de situaciones: la poetización del dolor y la tragedia.

Álvarez ha evitado el mayor riesgo de su empresa, riesgo común a todo intento artístico de acceder a esta suerte de situaciones: la poetización del dolor y la tragedia. Sus imágenes no están para despertar la afición burguesa o compadecerse del que sufre y luego quedar tan en paz como quien da una limosna; no interesa quién es el agredido, no sobre quién se golpea ni quién lo hace; allí está la situación inmediata y general, la violencia ya en marcha que sólo se vencerá con violencia. Por eso su corto está construido sin primeros planos, sin drama individual, sin personaje. Porque, con frase de Godard, los primeros planos son también una cuestión de moral.

Mientras Lena Horne va interpretando su canción, las imágenes van golpeando al espectador, sin tiempo ni espacio para la reflexión. Now!, con sus cinco minutos de cine, es un rudo puñetazo en pleno rostro, un golpe al pasmarote, al alelado que diariamente asiste a un mundo despedazado por los violentos, sin que le importe siquiera afirmar sus responsabilidades. Pero Now!, al mismo tiempo, podría ser una ocasión para rumiar largamente ideas que política y artísticamente nos interesan. Por ejemplo, pienso que la profunda convicción que esta obra exhibe, supone en su autor una experiencia personal y social tan importante como la revolución cubana.

Sólo quien ya presenció en su país tal momento puede hacer un cine de tanta lucidez y tanta esperanza.

No basta poseer talento, ni saber de cine; es necesario ante todo, tener fe en una revolución que ha de permitir una sociedad humana, con justicia plenamente realizada por el hombre. Sólo quien ya presenció en su país tal momento puede hacer un cine de tanta lucidez y tanta esperanza.

Now! más que un documental es un testimonio. No es narración cinematográfica, tampoco descripción. Es, sin más, unas imágenes que, asombrosamente montadas de acuerdo con el ritmo de la canción, dan fe de lo que cualquier persona atenta puede ver en las calles de muchas ciudades norteamericanas. El cine en su más pura esencia visual, en su mejor momento de verdad. La realidad captada sin mediaciones por la cámara, sin tapujos, sin mentiras. Nuevamente la definición de Godard: el cine es la verdad 24 veces por segundo.

 

Nota: Versión del texto publicado originalmente en la Gaceta Cine Club de Medellín, en julio de 1968, el cual también se incluye en el libro Santiago Álvarez cronista del tercer mundo de Edmundo Aray, editado por la Cinemateca Nacional de Venezuela, 1983.

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