Títeres e interrogantes para un nuevo contexto Cuba-USA

¿Qué dirá el maestro Peter Schumann?

Rubén Darío Salazar • La Habana, Cuba
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“Un teatro es bueno cuando tiene sentido para el pueblo”

Peter Schumann

 

En 1963, el año en que nací, vio la luz también, en Nueva York, el grupo teatral norteamericano “Bread and Puppet” (Pan y Muñecos), colectivo que aún dirige el incansable creador de origen europeo Peter Schumann, radicado en la actualidad en el estado de Vermont. Hace cuatro años tuve la inolvidable experiencia de conocerlo en vivo, durante la celebración del 21 Congreso Mundial de la Unima (Unión Internacional de la Marioneta) celebrado en la ciudad de Chengdú, China. Conservaba la misma actitud contestaria, diáfana y singular por la que lo reconocen en medio mundo.

Imagen: La Jiribilla

Considerada una de las agrupaciones más importantes de EE.UU., todos los que han visto su trabajo, concuerdan en que arte y emoción van parejos en sus propuestas dramáticas. “Bread and Puppet” cree más en la acción social contundente que en el hecho de protestar por el mero hecho de hacerlo. Para ellos decir desde la calle, un parque o una plaza lo que necesitan, debe concluir más que en risas o gritos en una verdadera toma de conciencia. Por eso decidieron acudir a un medio donde las consecuencias de lo que se hace son absolutamente libres, fuera del control psicológico que genera la representación en una sala.

Sus muñecos no siempre fueron gigantescos, sufrieron una transformación paulatina de pequeños a muy grandes, debido a la influencia ejercida en Schumann por un teatro de estirpe siciliana. A su modo de ver, aquellos titiriteros habían conseguido una manera de decir, traducir y crear realidades, que contenían la esencia de este tipo de manifestación: “el teatro debe ser tan básico como el pan”, de ahí el nombre elegido para la reconocida compañía.

Imagen: La Jiribilla

En estos días en que las noticias traen las imágenes y comentarios de la rehabilitación de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU., establecimiento de embajadas e izamiento de las enseñas patrias, no puedo dejar de pensar en el maestro Schumann, uno de los poquísimos directores de teatro de títeres norteamericanos que se han arriesgado a llegar hasta la Isla [1] para compartir con sus colegas de las tablas nacionales conceptos escénicos, plásticos y filosóficos; ese perenne afán de trabajar afuera y en el interior de la gente, algo que considera como demoníaco, pero que en estos tiempos de mercadería, desmemoria, aislamiento cotidiano versus tecnología y fatuidad cultural se vuelve absolutamente necesario.

“Bread and Puppet” ha sido firme en sus postulados desde las primeras obras. Ellos escriben con sus producciones las noticias del día y denuncian todo el horror que está pasando,  aquello que los medios de comunicación no cuentan ni informan. Esta actitud los ha convertido por años en un teatro incómodo, que aborda urgentes temas políticos de la actualidad, echando por tierra cualquier suerte de espejismo neoliberal.  Nunca he reconocido el trabajo del grupo norteamericano como asunto lejano de los títeres en Cuba, mucho menos como posibles enemigos o rivales profesionales. Para nuestro gremio “Bread and Puppet” significa más que ser vecinos  —como pidió el Secretario de Estado John Kerry que seamos Cuba y EE.UU. a partir de ahora— son amigos que comparten junto a los muñecos de sus montajes el pan que alimenta al pueblo.

Ha recalcado Schumann que los muñecos pequeños son ideales para las comedias, los medianos buenos para el drama, y los muy grandes dan con exactitud la talla como bufones. Me encantaría escuchar su opinión acerca de las actuales circunstancias que viven nuestros países, sobre este nuevo escenario dividido por ese “abismo construido en más de cinco décadas”, al decir del presidente Barack Obama, un precipicio histórico imposible de borrar, donde innegablemente a los cubanos nos ha tocado llevar la peor parte en cuanto a lesiones humanas, geográficas y económicas.

El futuro entre ambas naciones no podrá ser labrado solo con olvidos y perdones, habrá que agregar inteligencia, lograr la consolidación de un enriquecimiento espiritual que deberá ser más fuerte que cualquier fortuna material o secuela negativa de papeleos y desidias sociales derivadas de nuestros problemas internos o a consecuencia de una relación tensa y asfixiante por demasiados años que promete ser ahora más dilatada y respirable. Gran reto el que tenemos por delante. No será tarea para niños ingenuos que no calculan los pasos ni las palabras.

Sospecho que el maestro Peter no respaldaría en nosotros actitudes sumisas con los nuevos-viejos vecinos porque no tienen razón ni sentido. Entre el pasado y el futuro, lo único que un pueblo no puede perder es el espíritu legítimo de independencia y soberanía que los hace soñar y caminar hacia delante. Defendería, y en esto estoy totalmente seguro, un toma y daca equilibrado y justo entre nuestros países, una correlación que facilite el diálogo necesario y el intercambio solidario.

Nunca hemos sido antinorteamericanos, la cercanía geográfica y la naturaleza de nuestra idiosincrasia, ausente de xenofobia, no lo permite. Nuestro lenguaje está lleno de anglicismos y nuestra sociedad habla de dólares con conocimiento de causa. Consumimos mucha música y cine generado allá, y no solamente de trasmano, sino desde los propios medios oficiales, entre otras proximidades históricas. Reconocer estas influencias debiera llevarnos a atenderlas con agudeza, no con proscripciones inútiles, ni torpes estrategias, si con el desarrollo  de una voluntad crítica de hondura, a la salvaguarda de todo lo que hemos alcanzado en materia sociocultural y educacional. En esa conexión entre nuestros países se encuentra lo mismo el arte clownesco y titiritero de Charles Chaplin, siempre a favor de los oprimidos, que los simpáticos muppets de Jim Henson,  satirizando costumbres y estereotipos con una gracia infinita. Mis recuerdos sobre ellos son diáfanos, nunca dolorosos, son imágenes indelebles por razones luminosas. Por eso compartiría con nuestros vecinos el encanto dicharachero e infantil de Pelusín del Monte, la valentía de Elpidio Valdés, ambos representativos de lo mejor que llevamos en el alma. 

 

Notas: Diseñadores, actores y directores artísticos de origen europeo, cubano y portorriqueño radicados en EE.UU. han visitado la Isla a partir del año 2006, mediante el Taller Internacional de Títeres de Matanzas. En 2014 lo hizo la Compañía Sandglass Theater que dirige el maestro Eric Bass, en Vermont; ellos inauguraron la 11na edición de este evento, que sirvió por primera vez en el Caribe como marco del Consejo Mundial de la Unima.

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