Superflacas en cuentos gruesos

Las selecciones, compilaciones y recopilaciones vienen abundando en la literatura nacional y es curioso apreciar cómo, mientras más se las critica, más frecuentes se hacen. En general cuentan con tantos partidarios como detractores, pues muchos no ven con buenos ojos que en ellas se incluyan nombres que no siempre gozan de la excelencia reconocida en otros, mientras para algunos en verdad sí devienen útiles muestrarios de la literatura que se escribe, con independencia de que no todo lo incluido tenga el mismo nivel o guste por igual.

Teresa Medina se ha venido revelando como una peculiar “cazadora” de cuentos, que luego sumerge en compilaciones de temas bastante atrevidos y que sobre todo buscan encontrar al ser humano de la cotidianidad que cualquiera de nosotros puede tropezarse. Los temas de sus compilaciones son bastante inauditos a mi juicio, sobre todo, siempre me provoca un poco de susto cuando recibo un correo suyo o alguna llamada telefónica para que le busque (o escriba) textos de temas que nunca soñé pudieran formar un corpus dentro de libro alguno.

Es por eso, que a su persistencia, tenacidad y buen deseo de hacer, hay que agradecer ya libros como Ni más ni menos gordas (Extramuros, 2012), Mi juguete preferido (Gente Nueva, 2013), varios proyectos inéditos (aunque acabados) como una selección de cuentos sobre los celos, otra sobre la ancianidad y ahora el libro que el sello Ediciones Cubanas pone en nuestras manos: Superflacas, que reúne la obra de unos 40 narradores que en algún momento de su trabajo se decidieron a tomar la figura de la flaca como fuente de inspiración.

Como toda selección temática y que dé un panorama tan amplio de estéticas, niveles de desarrollo autoral, formas de enfrentar el hecho narrativo y de asumir el tema mismo de la selección, Superflacas deviene un libro algo ecléctico en su concepción y, sin embargo, interesante en su recorrido desmitificador y abierto hacia un tema que en ocasiones es objeto de burla o escarnio a nivel social, cuando no de una profunda mistificación de conceptos que establecen para la mujer un ideal físico (de mayor o menor grosor) y que nada tiene que ver con sus valores humanos o espirituales, amén de que resulta francamente discriminatorio y empobrecedor para ella.

Tras los fundamentos iniciales que conforman la presentación —basados más en lo psicológico (e incluso en lo médico) que en lo literario y que nos alertan del peligro en que se sumen las mujeres cuando por dar demasiada importancia a su físico acaban enajenándose de su propia vida y de sus gustos más caros—, las flaquísimas van desfilando ante nosotros en una portentosa galería de tipos físicos diferentes pese a su denominador común y que nos hacen aterrizar de asombro en una serie de argumentos que se mueven entre los registros de lo cotidiano humorístico, lo macabro, lo sexual, lo policial, lo parapsicológico, lo tétrico, lo escatológico, lo onírico y extrasensorial, lo muy imaginativo y hasta lo puramente fantástico.

El lector, abriendo cuentos al zar, podrá tener un grueso abanico de historias que pueblan las flacas más atribuladas, poderosas, vengativas, dominadas y dominantes, pacatas, liberales, abusivas y abusadoras, buenas y malas gentes, recalcitrantes, ardorosas o frías, atractivas o repelentes, seductoras y seducidas, adorables o que meten miedo y, en fin, un buen montón más de ellas.

Lo que más deseo destacar en este variopinto libro, que página a página no dejó de sorprenderme, sobre todo al ver la gama de historias que una esmirriada figura femenina puede llegar a sugerir, es precisamente la hondura humana y el poder imaginativo de muchas de ellas, el modo en que los autores sortean el tema para asirnos a un argumento demoledor y que clasifica en nuestro gusto, sobre todo por su poder de imaginación y humanidad.

Como todo panorama de este tipo, cada lector encontrará cuentos que le moverán del sitio y otros que le dejarán impasible. Inevitable cuando conviven tantas estéticas, nivel de desarrollo o retos argumentales. Es difícil, ya decía antes, en un mismo volumen de relatos, agrupados todos bajo tema similar, dejarnos seducir todo el tiempo por una historia que en resumen casi siempre tiene similar protagonista.

A los que todavía no tienen el libro en sus manos sí les recomiendo este heterogéneo muestrario narrativo que contiene obras de autores muy conocidos y de diversas generaciones y tendencias como Eduardo del Llano, Raúl Aguiar, Nelton Pérez, Sheyla Valladares, Esther Díaz Llanillo, Enrique Cirules, Anna Lidia Vega Serova, Enid Vian, Arnaldo Muñoz Viquillón, Emilio Comas Paret, Elaine Vilar Madruga, Rubén Rodríguez González, María Elena Llana, Rogelio Riverón, Diana Fernández y Leonardo Padura entre tantos otros y otras, algunos con una obra literaria más abultada que los demás.

Se agradece además a Ediciones Cubanas, la publicación de este volumen tan panorámico y que de alguna manera tiene la intención de promover en sus mercados habituales del extranjero y de fronteras la obra de numerosos autores contemporáneos que no siempre alcanzan la difusión demandada por nuestras letras, sobre todo en una atractiva edición que contó con el trabajo editorial de Dania Pérez Rubio, el diseño interior de Raúl Martínez Hernández y la ilustración de cubierta del creativo Yorlan Cabezas Padrón.

Así que, amigo lector, si al terminar la lectura de alguno de estos cuentos, de repente usted se encontrara por la calle con alguna de las Superflacas protagonistas de estas historias, no dude en saludarla cortés y amigablemente, y tratarla como el ser humano que es pero, con cuidado, ¿eh?; mire que a veces —y esta selección bien que lo atestigua—, las flacas nos suelen dar sorpresas y muchas de ellas son de cuidado, porque toda flaca que se respete puede ser de padre y muy señor mío

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