Todo Santiago: Now! en su 50 aniversario

Mario Piedra • La Habana, Cuba

Mil novecientos sesenta y cinco fue un año tremendo. En Cuba, se establece el Partido Comunista, se eligen sus principales dirigentes y, en medio de esos eventos, Fidel Castro da lectura a la carta del “Che” Guevara que lo sitúa combatiendo “en otras tierras del mundo”. En EE.UU., Lyndon Baynes Johnson, presidente ahora por el voto popular, abre las compuertas de lo que se convertirá definitivamente en la guerra contra los vietnamitas. Hippies y universitarios declaran a voz en cuello su oposición a esta y queman sus tarjetas de reclutamiento: no quieren agredir a nadie y mucho menos, morir en el intento. Pero, por el momento, lo más significativo es la lucha sorda, cotidiana y sangrienta de la sociedad negra norteamericana por sus derechos civiles. Martin Luther King, ya Premio Nobel de la Paz, lidera el inmenso movimiento en pos de un sueño. Y por todo EE.UU. resuena una canción que advierte que, para lograr ese sueño, ahora es el momento.  

Imagen: La Jiribilla

Todo esto no puede dejar tranquilo a Santiago Álvarez, ya director del Noticiero ICAIC Latinoamericano, que no teme a la palabra “panfletario” y que entiende que, como revolucionario, tiene el deber de inmiscuirse en cualquier lucha que considerara justa. Además, confía en las posibilidades del cine como arma arrojadiza que puede crear o reforzar actitudes. Está, por tanto, a punto de nacer Now!, no solo uno de las más perfectas denuncias de la discriminación racial en EE.UU., sino también una de las primeras obras maestras del documental cubano.

Se ha señalado, quizá demasiado, el carácter propagandístico de la obra del cineasta. Poco, sin embargo, del carácter personal, personalísimo de su cine, tributario de sus más profundas inquietudes y —ahora sí— urgencias. 

En Now! está todo Santiago. No solamente el realizador, sino el “animal politicón” que dice ser, en su muy personal decir del “zoon politykón” aristotélico. No estamos en presencia de un comunicador apremiado por las necesidades de la propaganda, sino ante el ser humano, el emigrado que sintió en carne propia la iniquidad de la discriminación racial norteamericana.

Muchas veces se ha hecho referencia a la condición de “cineasta urgente” de Santiago Álvarez; y esta “urgencia” se ha vinculado con los apremios de la confrontación política. Pero más allá, la urgencia de Santiago es también la necesidad de decir, participar, aquí y ahora y pronto, dominado tal vez por su condición de ser el más añoso de los realizadores “jóvenes” del joven ICAIC. Se ha señalado, quizá demasiado, el carácter propagandístico de la obra del cineasta. Poco, sin embargo, del carácter personal, personalísimo de su cine, tributario de sus más profundas inquietudes y —ahora sí— urgencias. 

Si algún elemento marca definitivamente el cine de Álvarez, es la banda sonora y, dentro de esta, la música. Si en el noticiero tradicional esta última constituye apenas un fondo sonoro, desde muy temprano Santiago articula como un elemento fundamental de su “documentalurgia” las infinitas posibilidades expresivas y, sobre todo, emotivas, que ofrece una buena partitura. Algunos han considerado a lo que él denominaba así como la expresión de su estilo. Para el realizador, sin embargo, esta, su visión personalísima de la dramaturgia del documental, apunta más al diseño de los recursos expresivos en función comunicativa y, finalmente, persuasiva.

Durante años —narraba el director— pasó centenares de horas en la discoteca de la televisión, no solo archivando, sino catalogando la música según sus potencialidades expresivas para su uso en el medio. No es de extrañar que Santiago, quien no oía la música sino que la veía en función de las imágenes, quedara fascinado con los acordes pegajosos y rítmicos de “Hava Nagila”, despojada de los versos de Moshé Nathanson y convertida en himno de combate por la voz de Lena Horne.

Faltaba ahora, en un proceso inverso a su práctica, encontrar cuáles imágenes enriquecerían o mejor, permitirían “lograr un efecto único que sería imposible sin la interacción entre ambas partes” [1]. Para ello, Santiago se apropia de una buena cantidad de ilustraciones pertenecientes a la televisión, revistas y prensa norteamericanas. Hacía bueno de esta manera, el excelente comentario del escritor mambí, Ramón Roa, quien afirmó que de los pocos placeres que depara la guerra, ninguno hay como dispararle al enemigo con su propio cañón. Esta apropiación, presente consuetudinariamente en noticieros y documentales realizados por Álvarez, se vuelve un “marca de fábrica”, un recurso que no solo resolvía carencias, sino que mediante su manipulación en el montaje y el trucaje, ofrecía un “valor añadido” de verosimilitud fílmica. 

El montaje de Now!, junto con la escogida de las imágenes, constituyen elemento principalísimo del discurso cinematográfico.

Precisamente sobre el montaje y trucaje en Now! se ha hablado mucho. Y esto no se refiere a textos o estudios, se “ha hablado” mucho. Hay muchas referencias, casi siempre de pasillo, a autorías, participaciones y aportes. Y es claro que estas participaciones y aportes existen. El Noticiero ICAIC Latinoamericano y la documentalística de Santiago Álvarez sería imposible o impensable, si este realizador no hubiera logrado identificar, reunir y trabajar con el equipo sumamente talentoso de colaboradores de los que se rodeó. La lista de los integrantes del equipo sería demasiado larga, pero en los créditos de Now! hay varias de esas personas. También en esos créditos dice: “Director: Santiago Álvarez”; quiere decir, la firma que unifica esos aportes, los hace suyos y los acepta, para bien o para mal. 

El montaje de Now!, junto con la escogida de las imágenes, constituyen elemento principalísimo del discurso cinematográfico. Sin dejar de hacer lo que tantas veces hizo, convertir la yuxtaposición de planos, la colisión de fotogramas en nuevos sentidos y significados, Santiago hace fluir el montaje [2] acorde al ritmo y la intencionalidad de la canción. Esta suerte de “subrayado” convierte en un flujo indetenible, crudo e inquietante, del cual no puede escapar el espectador. Es, sin duda, un recurso  comunicativo muy eficaz mediante el cual se quiere trasmitir nítidamente un mensaje, y Álvarez —siempre lo afirmó— era ante todo un comunicador.

Aparentemente en Now! no hay filmación propia o realizada para el documental. Sin embargo, no es así. Santiago no pudo sustraerse a dejar una impronta, una opinión muy personal.

Unido a lo anterior, no deja de impactar la “precisión”, casi quirúrgica de los cortes determinados por los requerimientos de la propia canción (ella lo marca todo), pero también por lo que se convirtió en un “credo” del realizador: “Cinco fotogramas son cinco y no son seis”, afirmaba en entrevistas. Mientras que frente a la moviola, sujetaba un fragmento haciendo pinza sobre el primer y el último fotograma y ordenaba: “De aquí a aquí”.

Por último, aparentemente en Now! no hay filmación propia o realizada para el documental. Sin embargo, no es así. Santiago no pudo sustraerse a dejar una impronta, una opinión muy personal. Una de estas “huellas” puede verse en el famoso plano donde surgen llamas reales de una fotoanimación. Mediante ese inédito recurso, Álvarez altera el plano temporal del crimen y ese hombre negro atado e indefenso, no fue quemado en el pasado, sino que es ahora que está ocurriendo el asesinato. Y ya en el estricto final, cuando la música ha finalizado, aparece una coda visual y sonora. Huellas de impactos de bala escriben Now! a toda pantalla y en la banda sonora se escucha un tableteo de ametralladora. Quizá el mismo tableteo que el Che reclamaba en su carta de despedida. Porque se trata de 1965, que fue un año tremendo.

 

Notas:
1.   Esta descripción se corresponde con la que ofrecen del videoclip  Body y Weibel (1987), citados por Ana María Sedeño en “Narración y Descripción en el Videoclip Musical”, versión digital.
2.   Realizado en una incómoda moviola vertical y sincronizando directamente con el disco, según reza la memoria colectiva  del Noticiero.

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