Miriam Escudero

Una mujer al servicio de su generación

Manuel López Martínez • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

 

A Miriam Escudero casi siempre se le puede encontrar en el Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad. Aunque puede parecer esta una responsabilidad que demanda de ella horas de trabajo y esfuerzo que pueden exceder las que uno normalmente dedicaría a temas profesionales, siempre encuentra el momento para atender requerimientos como el que ahora la convoca, una conversación sobre su trayectoria laboral, experiencias de vida y otros detalles.

A pesar de ser merecedora de galardones tan importantes como el Premio de Musicología Casa de Las Américas, el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba en el año 2011, el Premio de la Academia Cubana de la Lengua; está convencida que estos reconocimientos para lo único que sirven son para validar el trabajo hecho, porque  “el que se crea que puede vivir de los premios está equivocado, sólo son para seguir trabajando”.

¿Cómo nació en usted la vocación por la música?

En mi familia mi madre es músico. Ella estudió para ser maestra de Kindergarten pero también estudió piano porque mi abuela la preparó para la música sobre todo en la iglesia. Yo vengo de una familia bautista donde se le daba mucha importancia a la música en la iglesia. Mi madre iba desde muy joven, y cantaba en el coro de la iglesia. Así que ya había música en mi casa cuando yo nací. Ella era la directora del programa de música de la Convención Bautista Occidental. La música era algo que yo tendría que aprender también para seguir los pasos de mi mamá en el mundo de la iglesia.

¿Cuáles fueron sus primeros maestros?

Yo estudié muchos años con un profesor particular. Cuando llegué a los 12 años finalmente ingresé en el conservatorio Gerardo Guanche, donde las clases eran a partir de las siete de la noche y allí podías cursar el nivel elemental. Tuve profesores espectaculares como Estela Pagola, Rosa Lay en solfeo. Mi profesor de piano era Romano. En aquella época yo estudiaba piano básico, así que lo más importante eran mis clases de piano pero me encantaban las clases de apreciación musical y de solfeo.

Luego comencé en el nivel medio y estuve cuatro años allí, ya que yo había comenzado tarde los estudios musicales desde el punto de vista académico. Esta etapa fue en el conservatorio Amadeo Roldán. No tenía que hacer las asignaturas de escolaridad aquí por tanto tenía mucho tiempo para estudiar música. Tuve excelentes maestros como Martha Laín en piano, Viera Mancheva en armonía y análisis, Fe Ferreiro, Enrique Guerrero, hijo del compositor Félix Guerrero; María Elena Mesa, quien fue mi tutora de la tesis de nivel medio, Miriam Lay, Mayra Cruz, Curvelo y Raudel en contrapunto y armonía contemporánea, entre otros. Esos años tuve una formación que realmente fue determinante para acceder al nivel superior.

Aprendí con Viera Mancheva cuál es el rigor de la enseñanza y por otra parte cómo se debe ser creativo. Ella era rusa y sus ideas, su cultura era otra, pero le daba a cada estudiante lo que necesitaba, sobre todo a través de la creatividad.

En el nivel superior comencé la carrera de Musicología con la idea de ser maestra no de aprender a investigar, ni siquiera sabía que la investigación podía ser una vocación. La investigación la descubrí por el camino. También tuve muy buenos profesores como Victoria Eli en Historia de la música cubana, que luego fue mi tutora de la tesis de licenciatura, la profesora Mercedes de León en análisis pero a la vez con una cultura general muy amplia y con un rigor tremendo, Meri Córdova fue importante también sobre todo por el progreso que ella podía lograr con los alumnos, Iliana García en armonía fue imprescindible, Mari Rosa con aspectos muy novedosos en su enseñanza, Harold Gramatges,  Alberto Alén, entre otros. Fue una época especial la del nivel superior. 

¿Cuáles han sido hasta el momento sus títulos?

Luego de terminar mi licenciatura en el nivel superior, en el perfil de Musicología en 1997, me propusieron matricular en el doctorado y presenté al Ministerio de Educación Superior una propuesta de tema, aunque me  propuse modificarlo. Yo había presentado a Cayetano Pagueras, músico con el que había hecho mi tesis de licenciatura y alcancé el Premio Casa de Las Américas, pero en este intermedio apareció una persona muy importante, que luego va a ser alguien de influencia en mi vida, María Antonia Virgili. Ella llega a Cuba en 1998 precisamente para observar los campos de investigación en los cuales se debía avanzar. Después de conocerla estuvimos en Santiago de Cuba y a ella le llama la atención el hecho de que la obra de Esteban Salas no estuviera publicada, a pesar de ser la música más antigua conservada en Cuba. O sea, fue una persona que vino de afuera quien me dijo que había un vacío de información en cuanto a publicación de este repertorio. Ella prometió gestionar los fondos para que esa publicación se pudiera hacer. Después de esto yo entendí que debía cambiar toda mi perspectiva hacia ese compositor y por lo tanto cambiar mi tema de doctorado. En el año 2000 me voy a Valladolid a matricular un doctorado, dejando el tema de Pagueras avanzado aquí en La Habana y no me gradué hasta el año 2010. Realmente pase varios años cursando todas las asignaturas ya que era un doctorado con una parte curricular. Después discutí la tesis. Luego pude homologar mi título de doctor de la Universidad de Valladolid al de Doctor en Ciencias sobre Arte en el Ministerio de Educación Superior.

¿Qué es para usted la pedagogía? ¿Por qué la incluye en su proyecto personal desde el principio?

La pedagogía es mi vocación fundamental. Creo que es lo que más me gusta hacer. Enseñar significa mostrar a la otra persona las soluciones para transitar caminos por los cuales ya has andado. Cuando eres capaz de explicar una solución es porque ya te has enfrentado al problema, le has tratado de buscar una solución y luego le muestras al otro cómo llegar a la solución sin pasar tanto trabajo. Las experiencias acumuladas son las que trasmite el maestro a un alumno que en el futuro se planteará nuevos problemas y nuevas soluciones. Esto funciona en todos los aspectos de la vida.

Maestro no es solamente el que te enseña música o las alteraciones accidentales si es el profesor de teoría, sino te acerca a la aplicación que tiene más allá de una herramienta en sí misma. Eso es lo que hacían los ilustrados y lo que se hacía en todo el proceso de enseñanza del mundo clásico; enseñar no solamente el fenómeno en sí mismo sino en su contexto. Eso es lo que pienso que debe hacer un pedagogo. Lo importante es explicar para qué me sirve ese conocimiento, cómo lo aplico, qué significado tiene para mí y para el resto de las personas con las que me tengo que enfrentar.

Cuando yo terminé de estudiar en el nivel medio lo que se esperaba de mi es que yo fuera profesora de asignaturas teóricas. Mi primera actividad laboral fue como profesora en la Escuela Elemental de Música Paulita Concepción donde cumplí mi servicio social. Luego impartí clases en el Conservatorio Amadeo Roldán