Una joven pianista debuta en La Habana

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
La programación estival del Ora­torio San Felipe Neri dispuso en sus úl­timos capítulos el debut en La Ha­bana de Marié Lavandera Piñero, jo­ven pianista cubana de 19 años de edad cuya formación acaba de trans­currir en el conservatorio José Iturbi, de Va­len­cia, pero que por voluntad expresa quiso estrenarse profesionalmente en su contexto de origen, como para confirmar un sentido de pertenencia.
 
Desde el punto de vista estilístico, el programa recorrió las estaciones del desarrollo de la literatura pianística europea desde el barroco has­ta el im­presionismo.
 
Mientras el Preludio y fuga en Fa mayor, de Juan Sebastian Bach transitó con la nota de una lección ini­cialmente bien aprendida que debe profundizar si se decide a asimilar el exigente repertorio del genio alemán, la Sonata en Do mayor, de Franz Joseph Haydn reveló de una manera más elocuente la potencialidad virtuosística de una intérprete que se aviene al perfil del clasicismo.
 
La página romántica seleccionada fue la Balada no. 3, de Federico Chopin. De las cuatro baladas escritas por el compositor polaco, suele atribuirse a esta una cualidad lírica suprema, en correspondencia con el modelo literario inspirador, la obra del poeta Adam Mickiewicz. Han sido tantas las interpretaciones de referencia que lo mejor que puede suceder a un pianista es tomarlas en cuenta primero y luego olvidarlas a la hora de buscar su propio reflejo en la escritura original. Esa sería la vía deseable para La­van­dera.
 
La más retadora prueba de la protagonista del recital trajo a primer plano una de las obras de la monumental suite Iberia, de Isaac Al­béniz: Ron­deña, compuesta en 1906, y publicada en el tercer cuaderno de lo que llamó él mismo en francés Dou­ze Nouvelles Im­pre­ssions en Quatre Ca­hiers (Do­ce nue­vas impresiones en cuatro cuadernos).
 
Aquí brilló el talento de la joven intérprete, quien supo extraer y comunicar los más espléndidos ju­gos de una partitura elogiada en su día por Claude Debussy y Oliver Messiaen y que siendo tan profundamente andaluza —encontró el autor motivación en la luz y la gracia de la ciudad de Ronda—se em­pata con los aires venidos de nuestra isla al recrear los acentos de una guajira.
 
Para agradecer la cálida recepción del público, Lavandera regaló fuera de programa La comparsa, de Lecuona, como para sugerir el camino que le puede llevar al territorio del pianismo cubano.
 
Fuente: Granma

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