Entrevista rescatada con José Delarra

“El escultor es un ser de mucha voluntad y de perseverancia”

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Cuando se escriba la historia de los últimos 50 años del movimiento escultórico cubano hay nombres imprescindibles, y uno de ellos es, sin duda, José Delarra, artista que dejó una honda huella en la visualidad insular y quien es el autor de uno de los conjuntos escultóricos más sobresalientes concebidos aquí luego del triunfo revolucionario de 1959: el dedicado al Che, emplazado en la central provincia de Villa Clara.

Delarra (1938-2003) —dibujante, ceramista, pintor y grabador– trabajó arduamente durante su fructífera vida y muestra de ello se aprecia en cifras: 358 esculturas de pequeño formato en los más diversos materiales, 125 obras monumentales (20 de ellas emplazadas en México, Japón, Angola, España, Ecuador, Uruguay, entre otros países), 1 460 pinturas al óleo, tinta o acrílico, impartió cerca de un centenar de conferencias magistrales en prestigiosas universidades e institutos de varias latitudes, realizó 72 grabados y 58 obras cerámicas.

Imagen: La Jiribilla

“Cuando uno va a hacer un monumento, estudia muy a fondo el personaje, el hecho histórico o el lugar; hay que leer mucho y casi como un actor meterse en el papel, en la dermis y la epidermis de la personalidad que vas a abordar, en los huesos y también en el corazón”.

Con Delarra conversé dos años antes de su deceso y, entre los muchos temas abordados, quise conocer de qué manera humanizaba a las personalidades que representaba; su repuesta —rápida e inteligente— no se hizo esperar: “cuando uno va a hacer un monumento, estudia muy a fondo el personaje, el hecho histórico o el lugar; hay que leer mucho y casi como un actor meterse en el papel, en la dermis y la epidermis de la personalidad que vas a abordar, en los huesos y también en el corazón”.

Este principio, por supuesto, lo aplicó con creces en la concepción del complejo monumental más grande erigido en Cuba después del triunfo revolucionario: el dedicado al Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, y a los combatientes caídos —junto a él— en tierras bolivianas.

Según afirmó Delarra a esta  reportera, la obra se soñó en septiembre de 1982 “con el propósito de construir una plaza en la que pudieran concentrarse los pobladores de Villa Clara”, dijo.

El solemne mausoleo contiene un friso que resume la historia de la revolución cubana: “en el lugar más sobresaliente está colocada la figura del Che que aparece con su uniforme de guerrillero, su brazo en cabestrillo, el fusil en su mano derecha, en una actitud de caminar hacia el futuro —enfatizó el artista—. Es decir, que él no concluyó aquí su vida guerrillera, sino que este fue un hito importante dentro de ella”.

En una de las columnas Delarra reprodujo la conmovedora carta de despedida que el Che dejara a Fidel cuando marchó a otras tierras: “son más de tres mil 600 letras de bronce incrustadas en la piedra. Otro de los valores añadidos y hermosísimos de este monumento es que gran parte del bronce empleado fue donado por miles de cubanos que residen en las tres provincias centrales de la Isla. Ellos aportaron múltiples objetos de bronce que, al ser fundidos, forman parte de este conjunto”.

Al preguntársele sobre cuánto de compromiso y responsabilidad personal sintió al asumir este trabajo, respondió: “cuando hacemos un monumento como este en la ciudad en que desarrolló su más importante y decisiva batalla, respondemos a un deseo de la gente.

El escultor, como cualquier otro especialista trabaja para responder a las necesidades de las personas. 

“El escultor, como cualquier otro especialista trabaja para responder a las necesidades de las personas. En Santa Clara, dimos respuesta a un anhelo de la gente cuando realizamos los monumentos a la toma del Tren Blindado, que fue una acción de la columna número 8 Ciro Redondo dirigida por el Che, y el erigido al Vaquerito, porque todos estos acontecimientos están ligados a la historia y los sentimientos de los pobladores de Las Villas.

“Ellos quieren que esa personalidad y esos hechos queden reflejados como hitos de la provincia; y para el artista constituye un altísimo honor —que se cumple con un sentimiento y una actitud revolucionarias— asumir esta obra que trasciende las fronteras de la provincia y del país y constituye referente imprescindible para todo aquel que quiera conocer más de la vida y la trayectoria del Che”.

Durante el extenso diálogo sostenido con Delarra, quisimos saber cuáles son las condiciones que se requieren para ser escultor, tomando como cierto que la escultura, como práctica, es minoritaria no solo en Cuba sino en el mundo: “del total de todos los artistas de la plástica, los menos son los que se dedican a la escultura que es una especialidad que comprende muchas técnicas, profesiones y oficios como la talla, el modelaje, confeccionar los moldes de yeso, tallar madera, mármol o granito, soldar, utilizar materiales modernos, en ocasiones valerte de la industria y, a veces, hasta de la industria desarrollada.

Imagen: La Jiribilla

“Cuando se va a emplazar la escultura monumental, por ejemplo, hay que tomar en cuenta más aspectos todavía: los elementos biológicos, la resistencia del suelo, la resistencia de esa obra a un viento huracanado, en la salinidad —que existe en todas partes de Cuba—, pensar en las plantas, en la iluminación, es decir, en todo el entorno y que esa obra se pueda apreciar de día, de noche y bajo cualquier circunstancia”.

Por otra parte reconoció que las funciones de la escultura son muchas: “está la escultura de pequeño formato que se coloca dentro de un hotel, en una casa y que embellece el entorno íntimo; está la escultura de exteriores, que puede ser de carácter histórico, conmemorativo o ambiental —antes se decía decorativa— que tiene la función de embellecer el entorno y puede ser una fuente o una escultura que se integre arquitectónicamente al espacio”.

Asumir la escultura como medio de expresión es complejo, además de por todo lo dicho, porque requiere de un esfuerzo físico importante.

Asumir la escultura como medio de expresión es complejo, además de por todo lo dicho, porque requiere de un esfuerzo físico importante esa es la razón —bromeó Delarra—  por la que “casi todos somos cojos, herniados, tenemos problemas en la columna vertebral y las manos las tienes siempre heridas”; no obstante las satisfacciones son tantas que “vale la pena: el escultor es un ser de mucha voluntad y de perseverancia. Por otro lado, cuando pintas un cuadro le entregas al público dos cosas: formas y color, pero la escultura, generalmente, es monocroma y creo que por eso se necesita una sensibilidad más refinada”.

Finalmente, quisimos conocer la opinión de este maestro sobre la escultura cubana —lo que ocurría, puntualmente a inicios del siglo XXI— “estoy seguro que va a seguir creciendo. Las escuelas de arte han generado valiosísimos y talentosísimos artistas —en número mucho mayor del que éramos nosotros; la visión del país cada día crece y también las necesidades unidas al desarrollo de la cultura general a nivel de nación. Estoy seguro que dentro de algunos años va a crecer; durante el llamado período especial —en los difíciles años 90— los escultores se volcaron hacia la industria hotelera, pero con la estabilización de la economía la escultura de bien público tiene que alcanzar un mayor rango. Seguro que lo logrará”. 

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