Rumba de fundamento

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Lo que se sabe, no se pregunta, pero de vez en cuando, y en determinados contextos, conviene confirmarlo. La rumba, se ha dicho con razón, se defiende sola. Comenzó a forjarse en los barracones de esclavos y las accesorias a donde iban a parar los libertos en las ciudades, creció en las márgenes de las ciudades, entre gente humilde, negros, mulatos, blancos pobres, se multiplicó en variadas especies musicales y estilos danzarios, conquistó las escenas de la noche, llegó a las orquestas y sentó plazas en salones, se hizo visible y audible en el cine y se convirtió en uno de los emblemas del alma cubana, que se reconoce en París y México, Roma y Madrid, Nueva York y Tokio, Sao Paulo y Helsinki.

No por azar fue proclamada Patrimonio Cultural de la Nación, condición que comparte con el son, la décima improvisada, el danzón y las tumbas francesas, y aspira a igualarse al tango y los mariachis, con toda legitimidad, como Patrimonio Cultural de la Humanidad, proceso que más temprano que tarde, con inteligencia y fundamento, debe fructificar.

Justo como parte de la estrategia promocional que acompaña esa aspiración, acaba de culminar la Ruta de la Rumba, iniciativa compartida por el proyecto internacional Timbalaye con el Ministerio de Cultura, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Asociación Hermanos Saíz y la Fundación Fernando Ortiz, ocupó durante la recta final de la etapa vacacional de verano, instituciones, plazas y calles de La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Cienfuegos, Trinidad, Camagüey, Guantánamo y Santiago de Cuba.

La rumba, sí, se defiende sola, pero ahora confirmó tres de sus argumentos más vigentes: su verdadero alcance nacional, su raigambre popular y su capacidad para relacionarse con otras expresiones artísticas. Parecieran, como ya apuntamos, verdades sabidas, pero necesarias no solo para acompañar el esperado reconocimiento universal de sus valores patrimoniales, sino también como señales de resistencia ante un entorno sonoro en el cual, por obra y gracia de la imposición de los modelos fabricados por la industria cultural hegemónica, la mediocridad, el facilismo y la trivialidad ganan espacios.

Cantar, bailar, gozar la rumba en Guanabacoa o en la guantanamera Loma del Chivo es un acto de afirmación identitaria. Rumbear con las recias y bellas muchachas de Obini Batá en el Pabellón Cuba o en la santiaguera Casa del Caribe. Hacerla vivir en una calle cienfueguera entre trazos pictóricos o arropada por bailarines de danza moderna en Camagüey levanta el espíritu.

Pensar la rumba también fortalece. Los promotores de la Ruta, Ulises Mora e Irma Castillo, dedicaron el itinerario a resaltar la figura de don Fernando  Ortiz, por su extraordinaria contribución a la vindicación y el estudio de las raíces que forjaron la cultura de la nación. Raíces que se empinan desde una pasión rumbera de fundamento. 

Comentarios

Es muy importante el legado que nos han dejado nuestro ancentros... aunque no se aprovecha totalmente. La rumba tiene una historia muy rica y pocos la conocen, como se degrada cada día un gran porcentaje de tradiciones culturales ella tambien decae en el sentido de trabajo y promoción, se está haciendo mucho pero lo hacen pocos, si todos no nos unimos, llegará el momento en que para las nuevas generaciones todo esto sea historia vieja....

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