Diálogo con José Villa Soberón

La escultura cubana hoy: riqueza expresiva, renovación y búsqueda

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

La Madre Teresa de Calcuta permanece ensimismada en su silencioso rezo, abrigada por la paz del Convento de San Francisco de Asís; un John Lennon inquisitivo, apaciblemente sentado en el banco de un parque capitalino, se burla de los demonios pasados; el ilustre Caballero de París camina aún inmortalizado por su Habana querida; Hemingway retorna, para no marcharse, al restaurant El Floridita; el Benny pasea por Cienfuegos, la ciudad que más le gusta; y el gran bailarín Antonio Gades observa admirado una antigua plaza habanera.

Estas y muchas otras figuras ilustres nos hemos topado en la ciudad, talladas en bronce por uno de los escultores cubanos más representativos del arte contemporáneo: José Villa Soberón, quien, a pesar de ser mayormente conocido por dichas piezas figurativas, posee una extensa y fascinante obra abstracta, donde destaca el arte geométrico que redefine desde lo conceptual, formal y espacial, su serie escultórica de grandes personalidades.

Imagen: La Jiribilla

Como muchos niños, Villa Soberón se sintió atraído por el mundo de las artes plásticas desde pequeño, pero según confiesa, su definición estuvo más vinculada al azar y a la instancia de sus profesores para que matriculara en la Escuela Nacional de Arte.

En el caso de su inclinación por la escultura, manifiesta: “Siempre me ha gustado más la capacidad de la creación de un objeto real que la ficción de ese objeto, probablemente por eso me resultó más interesante estudiar y dedicarme a la escultura”.

Usted ha trabajado la escultura figurativa y la abstracta. ¿Con cuál de las dos se siente más cómodo y cuáles han sido las de mayor dificultad?

A mí me han resultado complejas y difíciles todas las esculturas que he hecho. En nuestro país, es complicado producir una obra por la escasez de materiales y uno tiene que ir sorteando muchas dificultades. Pero todas las he disfrutado, hay unas que me dan más trabajo, otras menos; con algunas siempre uno se siente más contento y otras, a veces las que menos esperas, son las que te aportan más reconocimientos y satisfacciones.

Ahora, en esta parte de mi vida, estoy enfocado en dos líneas de trabajo fundamentales: un tipo de escultura extraordinariamente laboriosa y compleja, que son estas figuras que conoces en bronce, y por otra parte, el abstraccionismo geométrico, que es lo que más me interesa personalmente, porque estas esculturas llenan más mis expectativas que otras, con ellas me siento más cómodo y realizado.

En el caso de la escultura abstracta, ¿por qué acudir al arte geométrico?

Ese tipo de expresión tiene mucho que ver conmigo, porque la comunicación que se establece es menos literaria y más para estimular los sentimientos, las interpretaciones y emociones, por eso me parecen mucho más atractivas que las esculturas directas. Incluso, cuando hago obras que tienen una comunicación más inmediata, siempre trato de buscar, a través de esa expresión, que puedan encontrarse otras detrás de lo obvio y lo evidente.

Imagen: La Jiribilla

Con respecto a la escultura figurativa de grandes personalidades, ¿cómo se desarrolla el proceso de creación y cuáles son sus principales complejidades?

Me gusta que las figuras se sientan humanizadas y no luzcan como la estatuaria tradicional, muy teatral, melodramática y heroica

Estas esculturas están llenas de mucho trabajo físico de producción. Casi siempre son obras por encargo, marcadas por una necesidad muy particular; yo escojo los personajes que me resultan atractivos, y si no me atraen trato de evadir ese encargo. Para la creación, voy imaginándome a la persona y busco mucha información que pueda ilustrarme. Este grupo de esculturas casi nunca las realizo a partir de una fotografía, sino que, generalmente, trato de estudiar el lugar donde se van a emplazar y crear una imagen del personaje en ese contexto visual. Me gusta que las figuras se sientan humanizadas y no luzcan como la estatuaria tradicional, muy teatral, melodramática y heroica, sino todo lo contrario, que en ese entorno queden lo más naturales posible.

Si tuviera que escoger, ¿qué personalidad o personalidades no quisiera dejar de esculpir?

No quisiera hacer muchas más para no exagerar este tipo de trabajo, porque si resulta muy reiterativo puede perder un poco el interés y el atractivo. Pero me hubiera gustado hacer una escultura de Lezama Lima, por ejemplo; es un personaje muy interesante para realizar.

Actualmente, ¿en qué proyectos profesionales se encuentra enfrascado?

Uno siempre está lleno de planes, lo que pasa es que la mayoría nunca se dan. Realicé hace poco una escultura abstracta de acero que disfruté muchísimo para los jardines del Ministerio de Cultura. Tengo un proyecto para Camagüey de una escultura así, y estoy realizando, junto a un joven escultor del ISA, un Martí que me pidieron para Chile.

En relación a la escultura cubana contemporánea, ¿cómo percibe su estado actual en cuanto a logros y deficiencias?

Las carencias que tiene son las de toda la vida, las materiales. Siempre existe esa complicación con la escultura para producir una obra, porque no hay una forma natural de adquirir los materiales. Sin embargo, a pesar de eso, creo que la escultura cubana se ha desarrollado muchísimo. Al comparar la labor escultórica de cuando era más joven —y estaban incluso vivos los autores más relevantes de esa época— con lo que existe ahora, me doy cuenta de que hay una producción muy superior.

Hoy día, afortunadamente, las personas no se encasillan con tanta facilidad y tienen una perspectiva de creación mucho más amplia. Por tanto, es común encontrarse un artista capaz de hacer una magnífica escultura y al otro día una fotografía. Lo que prevalece en el arte contemporáneo cubano es ese objeto tridimensional de diferentes estilos y expresiones. Cuando uno piensa en todos los proyectos de la Bienal, el del Malecón, se da cuenta que la presencia de la escultura es muy relevante.

Al comparar la labor escultórica de cuando era más joven —y estaban incluso vivos los autores más relevantes de esa época— con lo que existe ahora, me doy cuenta de que hay una producción muy superior.

¿Qué opinión le merecen los jóvenes exponentes cubanos de esta manifestación artística?

Yo me mantengo muy vinculado al ISA y me asombra el talento que tienen los jóvenes para reinterpretar la escultura cubana contemporánea. La perspectiva de las nuevas generaciones no es la mía cuando era joven, pero creo que eso es muy válido, pues cada generación trae una concepción diferente. Desde su visión, me parecen excelentes artistas y muy creativos; lo que más destaca es esa capacidad de creación, renovación y búsqueda. Las mismas limitaciones materiales hacen, por lo regular, que los jóvenes sean mucho más imaginativos y capaces de producir piezas con pocos recursos verdaderamente sorprendentes, y utilizar cualquier medio para hacer una obra de arte. Es algo que creo va a caracterizar en el futuro a la producción artística de estos años, y en eso los jóvenes son siempre los más destacados.

¿Qué principios e influencias se manejan actualmente en la escultura cubana desde el punto de vista formal y conceptual?

En las artes hoy día no hay ningún creador que viva en una torre de cristal aislado; la influencia de unos con otros se da mucho. Quizá ya no sea el momento de las grandes personalidades y artistas relevantes de inicios del siglo XX, porque hay otra manera de ver el arte y entender la creación. Existen grandes artistas, y otros que no son tan grandes, pero ya no están los Picasso, los grandes monstruos capaces de revolucionarlo todo. Hoy se van produciendo los cambios de manera diferente.

En mi caso, las esculturas de Oteiza, Chillida y Calder, esos abstractos de mediados del siglo XX, ejercieron una influencia muy fuerte. Hay un grupo de escultores más tradicionales en la expresión que estamos influenciados por el abstraccionismo geométrico, pero no somos la única expresión escultórica. Hoy, afortunadamente, hay una expresión más variada y rica de la escultura en muchos creadores jóvenes y en otros que no lo son tanto.

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