Siempre otro: Salomón

Caridad Blanco de la Cruz • La Habana, Cuba
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Santiago Armada (Chago) (Palma Soriano, 1937-La Habana, 1995) publicó sus primeros dibujos de humor en la revista Mercurio, de la Escuela de Comercio de Santiago de Cuba en 1955. Durante 1958 creó sus primeros personajes de historietas, Julito 26 y Juan Casquito, para el suplemento del periódico El Cubano Libre, que mimeografiado, se editó en la Sierra Maestra durante la ofensiva llevada por el Ejército Rebelde contra las tropas al servicio de Fulgencio Batista. Valiéndose de ellos y en particular del primero, Chago se convirtió en un relator de los acontecimientos de la vida en campaña remitiendo a los lectores, por una parte, a las contingencias políticas del momento, y por otra, a los asuntos de la vida cotidiana en la guerrilla. Fue así el cronista de sucesos a los que se acercó desprejuiciadamente, refiriendo de un modo muy peculiar la épica de un momento histórico.

Imagen: La Jiribilla

Este artista cubano, humorista, historietista, dibujante, pintor, diseñador, ensayista y poeta, fue una de las figuras prominentes de la avanzada en la plástica cubana de la década del 60. Su obra, teniendo sus enclaves dentro del humor gráfico, alcanzó una dimensión como hecho artístico que trascendió los horizontes de una visión restringida del arte, y su herencia se ha manifestado en más de un artista, en más de una postura, dentro de ese complejo fenómeno de la cultura visual, definido por algunos como "Renacimiento Cubano" o "Nuevo Arte Cubano", que ha ocupado el espacio de casi la totalidad de los dos últimos decenios.

Su obra, teniendo sus enclaves dentro del humor gráfico, alcanzó una dimensión como hecho artístico que trascendió los horizontes de una visión restringida del arte

Indisolublemente ligado al nombre de Chago está, sin dudas, el de Julito 26. Sin embargo, él es el autor también de una de las tiras más insólitas, provocadoras y controvertidas que se hayan realizado dentro de esa modalidad gráfica designada entre nosotros como historieta. Me refiero a Salomón, surgida en los primeros años luego del triunfo de la Revolución, en un período de gran efervescencia social, política y cultural, entrelazada con los propios avatares de la vida del artista y de su época. Todavía está por calcularse el número de obras marcadas con ese título, y por descifrar, muchos detalles de su devenir gráfico. No existe recopilación alguna sobre el mismo [1]. Están asequibles, sólo aquellas tiras que atesoran las bibliotecas junto a la colección del periódico donde fue publicado casi por tres años (los primeros). De sus 11 exposiciones personales [2], algunas lo volvieron a poner a consideración del público y aunque hay quienes se han ocupado de estudiar la obra de este artista, no se han extendido en el estudio de este aspecto.

Ir a Chago es inevitablemente ir hacia Salomón y por eso, atinado, detenerse por una vez en sus particularidades. Sus orígenes se advierten hojeando las páginas de El Pitirre, suplemento humorístico del periódico La Calle fundado en 1960 bajo la dirección de Rafael Fornés. En esta publicación, un grupo de —por entonces— jóvenes artistas se replanteaban, cada uno desde sus propias perspectivas, el modo de hacer humor. La renovación que se produjo partió de la ruptura con las convenciones formales y conceptuales de la tradición humorística cubana, ganando la imagen en protagonismo. [3]

Imagen: La Jiribilla

El silencioso Chago, con un enorme apetito cultural, adquirió de manera autodidacta un saber en torno a las corrientes internacionales de vanguardia, no sólo en el dibujo de humor, sino también en cuanto a filosofía y arte en general. Todo esto tuvo una repercusión en su obra. Se ampliaron sus temáticas, su línea se volvió cada vez más depurada y personal y sus técnicas más libres, dispuestas a resolver los retos que él mismo se impuso. En El Pitirre nacieron, entre caricaturas de sátira política, las series: Mi amiga la muerte, El eterno hombre y El ser y la nada. En ellas estaba el germen de lo que llegaría a ser su Salomón.

Ir a Chago es inevitablemente ir hacia Salomón y por eso, atinado, detenerse por una vez en sus particularidades

Este mutante y contradictorio personaje apareció por primera vez el 21 de diciembre de 1961 (junto al Sabino de Rafael Fornés) en el suplemento gráfico Rotograbado de Revolución. Desaparece de la prensa periódica luego de su última aparición el 23 de septiembre de 1963, como consecuencia de las diversas incomprensiones que en torno al significado del personaje se crearon [4]. Las tiras iniciales fueron resueltas con gran sencillez gráfica, dibujadas horizontalmente, utilizando según fuera conveniente, desde una hasta cinco viñetas. El artista jugó con la tipografía, descomponiendo el nombre de su protagonista hasta convertirlo en un ordenamiento silábico, con la pretensión de desvirtuar, paulatinamente, el título original. La apariencia física de Salomón, mientras tanto, era muy sencilla, de casi insignificante trazo.

Salomón expuso en sus comienzos, algunas inquietudes de Chago cercanas a lo poético, dentro de un humor que desde el absurdo, comenzaba a activar resortes filosóficos todavía en ciernes. El personaje, primero, dialogaba con la naturaleza, hasta que en solitario, se preguntaba a sí mismo y era aplastado por sus propias preguntas, dando paso a ciertos elementos simbólicos: el sol, la luna, la luz, la muerte, la duda y la sombra del protagonista como contrapartida para un diálogo, en el que mucho había de la sabiduría y el refranero popular cubano. Se establecieron, en esos mismos inicios, los puntales de lo que sería una de sus constantes, la metamorfosis.

Imagen: La Jiribilla

Más tarde Chago abandonó la tira por un ordenamiento de viñetas adecuado a sus necesidades expresivas, ocupando desde 1962 y hasta 1963 media página del suplemento. Salomón intentó establecer con su réplica dibujada un diálogo; cuestiona, divaga y después, ya en solitario se expresó a través de la conjunción de sonidos de aparente procedencia animal y frases populares. A primera vista, pudieron parecer estos parlamentos confusos o disparatados, no obstante, los distingo como parte de la búsqueda emprendida por el autor, ocupada en desentrañar las esencias del ser y de la vida, de lo humano y su identidad, del lugar que ocupamos en el universo (o en la historia); concediendo importancia a la hibridez y al mestizaje en sus más amplios sentidos. Por otra parte, se revelaron el sexo, las excrecencias y efluvios como actos nombrables de la vida, (reconocibles y nada vergonzosos de lo humano), cuyo asentamiento está en la realidad, y particularmente en lo cotidiano. Lo escatológico se expone sin demasiados tapujos, desde la referencia a la mierda, de forma elíptica, metafórica o explícita (la Kaka), y ésta es junto al eructo objeto de análisis para el personaje.

Salomón aulló ante la luna, pensó, meditó, pretendió hablar con otros y descubrió que a veces el diálogo es imposible

Salomón aulló ante la luna, pensó, meditó, pretendió hablar con otros y descubrió que a veces el diálogo es imposible. Se debatió entonces entre dos nuevos universos. Uno, simbólico, lírico, abierto, cosmológico, y otro en el que se encierra en cajones construidos por él mismo y allí pare a fuerza de imaginación (mente) e inteligencia, su propio mundo, un tanto onírico con su correspondiente mitología: centauros, sirenas o ninfas —según el caso—, los cuales hacen pensar en reflexiones de carácter antropológico.

Después del año 1963 el personaje sobrevivió en papel o cartulinas, como el resto de su obra hecha sobre estos humildes soportes. Se convirtió Salomón en obra única. Difícil de deslindar, aun en su autonomía, del resto de la producción simbólica de Chago y de las conceptualizaciones que hizo sobre su obra en sentido general, y en particular, sobre el destino del humor al cual se debía llegar según sus propias definiciones por medio del conocimiento. [5]

Ese Salomón (sin posibilidades de impresión), mostrado a los amigos y conservado en carpetas durante años, potenció los más diversos experimentos. Combinaciones de tinta china con violeta genciana, azul de metileno o rojo acetil (al echar mano al botiquín doméstico), la interacción de otras técnicas como el gouache, la acuarela, la tempera (aguadas y salpicaduras), el collage y el aerógrafo, incluyendo el reciclaje de pruebas que realizó para lograr estampaciones con bases invertidas de imprenta convertidas en escenarios de situaciones.

Imagen: La Jiribilla

El personaje deambuló entre cajones semejantes a laberintos (interrelacionándose y confundiéndose con su serie El Cajón), en medio del sarcasmo y la ironía. Los parlamentos llegaron a apropiarse del cuadro y el protagonista fue sustituido por el globo que contenía su locución. La oscuridad se adueñó de las viñetas, interrumpida sólo por frases cortas dichas desde afuera de la escena o por pequeñísimos dialogantes. Desechó las estructuras clásicas y por un breve tiempo las abstracciones geométricas fueron el trasfondo elegido para insertar al personaje y sus obsesiones. Globos semejando labios contenían en su interior las ideas expresadas por Salomón que caminaba multiplicado sobre sus contornos. Los espacios nítidos de la historieta se desarticularon y perdieron sus arcaicas convenciones. La acción ocurre en estructuras suspendidas y quebradas, mientras el diseño conduce la lectura. El color ganó en presencia, los fondos dejaron de ser blancos o negros, para un actor que levita casi en el espacio-tiempo de sus nuevos habitáculos convertido, poco a poco, en una masa amorfa, grotesca. En ese traspaso de fronteras, convenciones y límites, llegó incluso a introducirse en otras series del autor como fue el caso de La chanson du condon. [6]

El personaje deambuló entre cajones semejantes a laberintos (interrelacionándose y confundiéndose con su serie El Cajón), en medio del sarcasmo y la ironía

En septiembre de 1975 Chago realizó en la Sala de Exposiciones del periódico Granma su primera muestra personal: Humor Gnosis, Ninguno, Otro; justo en una década que la premura de algunos críticos definió como "oscura" o "gris" para el arte cubano, abusando del comodín instrumental y operativo que ha sido periodizarlo por decenios, y de las absolutizaciones; obviando —por ejemplo—, "detalles" tan significativos como este. Esa exhibición constituye la más extensa realizada por el artista con casi 100 obras, muchas de las cuales correspondían al Salomón dibujado entre los años 1963 y 1975. Tras ella el rastro de la tira, ya autónoma, se difumina.

Chago y su personaje forman un dueto muy particular, en el que el segundo, pudiera ser valorado como su mejor autorretrato, en una perspectiva histórico-filosófica y también de carácter psicológico. Valiéndose de sus posibilidades gráficas nos habló en su particular lenguaje acerca del amor, la nada, la existencia, la muerte, la moral, la ética, el poder y otros temas en los que Salomón intervino, mucho antes de que se pusieran en boga, por lo explícitos, asuntos como el sexo y lo escatológico. Desde una postura de radical anticolonialista (de espíritu martiano) —apuntada con anterioridad por Antonio Eligio (Tonel) —, Chago centró y descentró sus reflexiones en torno al hombre, la historia, el cosmos; dislocó los límites de lo "elevado" y lo "bajo", renegó de esquematismos y dogmas.

Este primer acercamiento a su historieta, deja abiertas numerosas incertidumbres, las cuales hacen pensar en la necesidad de volver pacientemente a detener los ojos en las carpetas (cajas o "cajones") donde su viuda, Dalia García, guarda con igual celo, la obra que durante años el artista concibió y fue "encajonando". Pudiera descubrírsele alguna que otra nueva pista y permitirnos mayores precisiones. No obstante me atrevo a conjeturar que Chago nos tendió una trampa con Salomón al diseminarlo en todo lo que hizo paralelamente, y aún después, en otros protagonistas de sus obras: condones, penes y vaginas.

Imagen: La Jiribilla

Reparar en Salomón precisa reconocerlo en su dialéctica, en la transfiguración constante de sus escenarios y de su propia apariencia. Cambió su rostro, el pelo fue reemplazado por un gorro de tres puntas; mientras su hogar gráfico —más allá de viñetas, cubos, laberintos, globos y ambigüedades espaciales— perdió los límites y contornos reconocibles; en tanto el cuerpo se mantuvo estático, o se expandían su nariz o su trasero, se convertía en centauro, se estiraba caminando —multiplicado— por los contornos de sus propias locuciones o llegaba a ser esa masa amorfa, grotesca y expresionista, identificable por tres atributos que habían llegado a ser definitorios (plumilla, fusil y pene), al sustituir lo que una vez fuera su gorro de bufón. Desnudo siempre, se le colocó fuera del tiempo, acentuando su carácter efímero, transitorio.

Chago centró y descentró sus reflexiones en torno al hombre, la historia, el cosmos; dislocó los límites de lo "elevado" y lo "bajo", renegó de esquematismos y dogmas

De Salomón, Chago había dicho: "Es tesis, antítesis y síntesis. Un hombre determinado, un individuo y, a la vez todos los hombres, la colectividad. Con él he querido crear un personaje tan vasto, complejo y contradictorio como el hombre mismo /.../ es una historieta de situación. Evita y huye del patrón psicológico a priori /.../ es también, fundamentalmente, la búsqueda del espacio - tiempo y del lenguaje propio, idóneo, de la historieta como arte /.../ afirmación mayor del medio artístico cabal que es". [7]

Numerosas razones existen para detenerse en toda la extensión de la obra de este autor, cuyo punto de partida estuvo instalado en los territorios reservados al humor. Él fue un derribador de fronteras y de esos artistas que llegan demasiado pronto. Pionero en la representación descarnada, directa y plurisignificativa de asuntos problémicos como el sexo y lo escatológico, también en la postura crítica y desacralizadora de su hacer, con predominio de lo conceptual. Supo cómo conducir la historieta por lugares no transitados con anterioridad. Hizo un uso creativo de la viñeta y de otras convenciones del género como el balón o globo, e instrumentó una dialéctica para su personaje que se construye y deconstruye al mismo tiempo, caracterizándolo por sus esencias y no por su apariencia. Nos dio además, el único personaje de la historieta cubana que rebasa los estereotipos, desde su visualidad, el silencio o la palabra, brotando en ese umbral de lo alegórico que lo hizo multidireccional y polisémico, en su angustia o su lirismo, mucho antes de que se colocaran en la palestra crítica las referencias al neobarroco, sus pliegues y la catarsis de la postmodernidad.

Dentro de las exposiciones que formaron parte del II Salón de Arte Cubano Contemporáneo, celebrado en La Habana, entre noviembre de 1998 y enero de 1999, estaba una que le rendía homenaje a este artista en el evento nacional más importante de las artes plásticas que se realiza en Cuba. La muestra Chago-Salomón: el inquietante umbral de lo simbólico, en la Galería Habana, volvió a colocar en el circuito de exhibiciones a este importante artista tras casi nueve años de ausencia del mismo. En las paredes de la galería fueron vistas 84 piezas del autor que en apretada síntesis resumían su labor desde 1963 y hasta 1991, incluyendo 20 del controvertido Salomón.

¿Cuál es el sentido de este casi mítico personaje? Me atrevo a aventurar una de las respuestas posibles a esta interrogante. Salomón es un ensayo [8] sobre la historieta como arte y expresión conceptual y filosófica de su autor. Creo, como Samuel Feijóo, que es un pensador, pero también un viajero, un indagador, construido por alguien que creyó en la fertilidad de la duda, de las preguntas sin respuestas, en la relatividad de las cosas, en su transitoriedad y en el valor de arribar, ya no a la risa, sino a la sonrisa —si esta fuera posible— a través del conocimiento intenso y extenso. Un personaje —como su autor— imprescindible al arte cubano, revelador de una exploración en torno a la materia humana, al espíritu, y al cual se puede acceder por diversas vías. Consiguió ganarse su propio estado de independencia (cierta autonomía), pese a lo cual, se entrecruzó con toda la obra que Santiago Armada (Chago) realizó persistentemente hasta su muerte, con singular compromiso ético, siendo uno de los artistas menos comprendidos de estos tiempos, quien nos dejó misterios y enigmas que están aún por descifrar.

 

Notas:
1. La única recopilación, hasta el presente, sobre Salomón, se encuentra ilustrando el texto "Chago el gráfico", escrito por Samuel Feijóo para la revista Signos, No. 21 de 1978, editada por la Biblioteca Martí de Santa Clara. Allí, junto a referencias a particulares momentos de la producción artística de Chago, están 33 ejemplos de la serie y su evolución, específicamente de lo realizado por él entre 1961 y 1963. A igual período pertenecen las 17 tiras de Salomón incluidas por Chago en su libro El Humor Otro. Ediciones R, La Habana, Cuba, 1963. En ambos casos, las tiras habían sido publicadas, casi en su totalidad, en el periódico Revolución.
2. De estas once exposiciones, dos fueron realizadas después de la muerte de Chago. La primera, en Espacio Aglutinador, galería privada de los jóvenes artistas plásticos Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez, bajo el titulo Levántate Chago, no jodas Lázaro, en febrero de 1996. La segunda Chago-Salomón: el inquietante umbral de lo simbólico, formó parte del II Salón de Arte Cubano Contemporáneo, e inaugurada el 16 de diciembre de 1998.
3. Involucrados con esta a renovación en el humor estuvieron artistas de experiencia como Rafael Fornés (al frente de El Pitirre), Sergio Ruiz y otros más noveles: René de la Nuez, José Luis Posada, José Gómez Fresquet (Frémez), y Eduardo Muñoz Bachs, junto a Chago. Este grupo con posterioridad tuvo un desempeño muy significativo, tomando en cuenta que cada una de estas individualidades tiene una presencia puntual en diferentes expresiones de las artes plásticas en Cuba. Para El Pitirre dibujaron también Fresquito Fresquet, Guerrero, Carlos Pérez Vidal, D. Villegas y Lazo, según hasta el lugar donde he podido llegar en mi investigación en torno a esta publicación.
4. Igual suerte corrió el personaje Sabino realizado por Rafael Fornés, que compartía el espacio con el de Chago. La entrevista "La dimensión más profunda de la caricatura: conversación con Rafael Fornés", realizada por Dannys Montes de Oca y Cristina Padura, pudiera ser esclarecedora de algunos puntos de contacto existentes entre las historietas de estos dos artistas. La misma fue impresa en el catálogo de la exposición De José Dolores a Sabino. Retrospectiva de Rafael Fornés, realizada en la Galería-Taller René Portocarrero en junio de 1996, en La Habana.
5. Existen tres etapas en la conceptualización del humor, delimitadas por Chago en su obra. Una primera de 1961 a 1963 denominada Humor Otro. La segunda, de 1963 al 64 definida como Humor Ninguno y, la tercera, que se extiende desde 1965 a toda su producción simbólica, hasta 1995, año de su fallecimiento, como Humor Gnosis.
6. Chago gustaba trabajar por series, alternando con Salomón, sus dibujos, pinturas, objetos y ensamblajes de diverso tipo. De este modo reincidía en temas y formas, buscando nuevas perspectivas, asociaciones o matices diferenciadores. Esta característica de su trabajo se puede apreciar desde inicios de los años sesenta y en las décadas siguientes. Muchas de ellas fueron trabajadas simultáneamente, como ocurrió con las tres (historietas) realizadas para El Pitirre, luego de comenzar a realizar para el periódico Revolución, en 1961,  su Salomón. Entre sus más significativas series (dibujos y pinturas de corte expresionista) de las décadas del sesenta y el setenta están: Penes y chochopenas; Lo amorfo y descorazonador; Diarreas, esputos y eyaculaciones prematuras; Linternagos; Desaforados, conformes; Calibán y prole; Camaleones y otras hierbas, entre otras.
7. Citado por Samuel Feijóo  en “Chago el gráfico”. Signos. Biblioteca Martí, Santa Clara, Cuba, No. 21, 1978, pp. 536-537.
8. Entendido el ensayo, desde una postura similar a las asumidas por este género en la literatura. Expresión de elementos puntuales, exposición abierta, indagadora, más que conclusiva.
 
*La entrega de este texto y una galería de imágenes para el dossier sobre la historieta preparado por Antonio Enrique González Rojas, constituye otro gesto de reconocimiento y homenaje a Santiago Armada (Chago) que busca continuar difundiendo su obra, todavía poco conocida, cuando se cumplen 20 años de su desaparición física. Da continuidad a la presentación de El Humor Otro. Santiago Armada in memoriam que se realizó en el showroom del artista Yornel Martínez, intervención en la librería Fayad Jamis, en la 12 Bienal de La Habana, el 19 de junio de 2015. Esta acción  comprende también  la publicación del texto “Entre líneas, silencios y cajones”. Escrito especialmente para esa ocasión en que se puso en manos de los presentes  el libro El Humor Otro en soporte digital como una manera de contribuir a la socialización de aquel cuaderno que vio la luz en 1963 con Ediciones R y a propiciar el conocimiento  en torno a la obra de Chago.
Texto publicado en el International Journal Of Comic Art. Estados Unidos. Vol. 2. No.1, Spring 2000.pp. 178-189.
Palabras al catálogo de la exposición personal de Santiago Armada (Chago) Sa-lo-món. Centro de Desarrollo de las Artes VisualesLa Habana, Cuba. Febrero-marzo de 2000.
Premio de Crítica de Artes "Guy Pérez Cisneros" 2000 (Categoría reseña). Consejo Nacional de las  Artes Plásticas. La Habana, Cuba

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