Hasta siempre, querido Pacho

Vivian Martínez Tabares • La Habana, Cuba
Viernes, 11 de Septiembre y 2015 (11:48 am)

En la tarde del 9 de septiembre se fue un gran ser humano y un artista consagrado a la escena: Francisco Pacho Martínez, cofundador del Teatro La Candelaria junto al maestro Santiago García, y presencia permanente a lo largo de los 49 años de vida del entrañable grupo colombiano y nuestramericano.

Su rostro inconfundible, de fuertes rasgos mestizos, su nariz aguileña y “su cabellera esponjada y luminosa como su río Magdalena” –y cito de lo que escribiera hace unos instantes su compañero César Badillo--, fue sello indeleble en pasajes de la mayoría de las puestas en escena del grupo. Disciplinado y dispuesto, fue pilar y guía batallador para todos los que fueron sumándose a la aventura. Ni la avanzada enfermedad renal que padeció en los últimos años, ni los severos tratamientos que debía cumplir con regularidad, le impidieron defender cada día su espacio como artista, su papel en cada obra. Tan Candelaria era Pacho que hasta hace poco se le pudo ver en Camilo, como uno de los treces sacerdotes guerrilleros que reviven a Camilo Torres Restrepo en el más reciente estreno del grupo, una creación colectiva a la que aportó un emotivo testimonio personal de cuando conoció al sociólogo y religioso, y desde la escena le prestó su cuerpo y su voz para traerlo al presente, en compromiso por la paz para Colombia –como cuando en 1966, con Patricia Ariza, se sumó a la manifestación pública por la muerte en combate de Camilo.

Imagen: La Jiribilla

Una amiga común, testigo presencial de la que sería su última función, el 26 de agosto pasado, en el Teatro Pablo Tobón Uribe, de Medellín, durante la Fiesta de las Artes Escénicas, me cuenta hace unos minutos que las más de mil personas que colmaban la sala, se pararon a ovacionarlo en aplauso cerrado luego de su escena autorreferencial, convertida en acto de entrega rotundo.

Pachito era además un caballero delicado y atento, que ofrecía su amistad y hospitalidad, orgulloso de pasearnos por La Candelaria, su barrio de andares por tantos años. Un ser humano humilde y generoso, que hablaba en voz baja y sonreía con ternura, un amante de la música y un poeta sensible –que con timidez me entregó una copia de su libro Candelaria bohemia para la Casa--, y un revolucionario que se entregaba en cuerpo y espíritu a los mejores empeños.

Sus notables valores humanos y su huella de artista nutren la memoria viva de la escena latinoamericana.

Hasta siempre, querido Pacho.

Fuente: La Ventana

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Comprometido hombre de las tablas ...viviras por siempre

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