Manuel Pérez Alfaro: conversación con un guionista de historieta

Lysbeth Daumont Robles • La Habana, Cuba
Foto e imágenes cortesía de la autora

Manuel Pérez Alfaro (Morón, 1935) es uno de los pocos guionistas de historieta en Cuba, autor de los textos de series como Camila y Fefo, el cuentero, respectivamente dibujadas por Oretes Suárez y René Mederos, además de las adaptaciones de cuentos cubanos al comic. Iniciado en la realización de guiones de radio y televisión, graduado de Diseño Gráfico y Licenciado en Arte en la Universidad de La Habana, dirigió durante un tiempo los Estudios de Animación del ICAIC. En la década de los 80 se desempeñó como editor de las revistas Cómicos y Pablo, además decoordinar las distintas ediciones del Encuentro Iberoamericano de Historieta. Ya en los 90, imparte el Curso Integral de Historieta, que deviene el Taller de El Muñe, donde se forman gran parte de los dibujantes cubanos que publican en la actualidad.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo llega Manolo Pérez al comic?

Esa es una historia bastante larga. En mi infancia era un apasionado lector de los “muñequitos”, como se denominaba al comic en nuestro país. El término historieta surgió después, por una cuestión profesional, técnica. Todos los personajes e historias que llegaban eran norteamericanos, salían semanalmente y ni siquiera se imprimían en Cuba. Se hacían en EE.UU., se traducían y luego se anexaban en forma de suplementos de periódicos como El Mundo y El País. Allí estaban Pancho y Ramona, Luis Ciclón, Terry y los Piratas, en fin, muchos personajes conocidos. Poco a poco surge en mí el deseo de contar mis propias historias.

Todos los personajes e historias que llegaban eran norteamericanos, salían semanalmente y ni siquiera se imprimían en Cuba

Como en aquella época casi todos los relatos populares se contaban a través de la radio, creé un espacio de 15 minutos semanales en la escuela, donde junto a mis compañeros hice y actué mis primeros guiones. Luego de graduarme del Instituto, quería estudiar pintura, para poder dibujar las historietas. Mi madre se oponía, arguyendo que “los pintores se morían de hambre”. La convencí que me dejara al menos trabajar en la radiodifusión, y comienzo en el medio con la redacción de un programa de variedades. Entonces, con un grupo de teatro integrado por actores de la talla de René de la Cruz y José Antonio Rodríguez, escribí para un dramatizado semanal que salía por Radio Capital Atarés.

Para un aprendizaje de excelencia, me acerco a Radio Progreso y allí encuentro a Marcos Behemaras, quien me aconsejó bastante. Años más tarde sabría que junto a Virgilio Martínez él había creado el personaje de Pucho en medio de la lucha clandestina. Hice algunas adaptaciones de teatro para Radio Cadena Oriental.No me desarrollé mucho en el medio, así que cuando triunfó la Revolución, me matriculé en la Escuela de Diseño, aunque la vida me llevó por trabajos de dirección y administración.

Hábleme de su labor en los Estudios de Animación del ICAIC

Cuando se crea el Consejo Nacional de Cultura, me captan para hacer labores socio-culturales y de divulgación en la Isla de la Juventud, donde estaba viviendo en ese momento. Después me proponen dirigir el Departamento de Animación del ICAIC. En aquellos primeros estudios estaban Tulio Raggi, Muñoz Bachs… Hice algunas adaptaciones con Cecilio Avilés. Como director, propuse la idea de no enfocarnos solamente en los festivales, sino llenar las matinées de los cines cubanos: Hernán H. con Gugulandia, Tulio que empezaba con El Negrito Cimarrón, y ahí es que le sugiero a Juan Padrón hacer Elpidio Valdés —que ya había salido en historieta— en dibujos animados. Cuando se cumple el aniversario 20del ICAIC, nos lanzamos a la aventura de hacer el primer largometraje cubano de este género. Se incorporan así nuevos personajes de historietas a este nuevo mundo de la animación.

¿Cuándo realiza su primer guion de historieta?

Ya Prensa Latina había creado el grupo de historietas P-Ele, dirigido por Fidel Morales, para aglutinar a los historietistas. Hace un primer concurso patrocinado por la Unión de Periodistas de Cuba. Presento allí mi primera historieta, con dibujos de aficionado. Fidel me incita a escribir y dejo entonces el lápiz y el pincel. Nunca tuve una formación como dibujante, pero siempre quise contar historias partiendo de las nociones gráficas que me apasionaban, y eso fue lo que hice.

¿Cuál es su rol en las revistas Cómicos y Pablo?

Cuando se crea la editorial Pablo de la Torriente, Irma Armas —la directora—me invita a participar con guiones sobre episodios de la historia de Cuba, que eran dibujados por Roberto Alfonso y el cartelista René Mederos. En ese momento es que secundo a Francisco Blanco, como editor en laPablo. El objetivo de las revistas que allí se publicaron era contar historias cubanas: aventuras, policíacos… Primero, hubo una tendencia a hacer cosas más conocidas.

La revista Pablo surge para dar a conocer fragmentos de la vida de Pablo de la Torriente. Ana Núñez Machín —que firmaba África— es la autora de los guiones de estas anécdotas. Cómicos trabajaba más el humorismo, pequeños relatos históricos, adaptaciones de cuentos de Samuel Feijóo y Onelio Jorge Cardoso. Nos basábamos mucho en personajes reales como el bandido Polo Vélez. Hacer una revista cada mes implicaba tener un colchón editorial con las obras, conclusivas o seriadas, que iban a publicarse poco a poco. Había buenos escritores, pero no teníamos guionistas de historieta. Fuimos aprendiendo todos sobre la marcha. Más tarde se crea el Taller de Historietas, donde se orientaba a dibujantes y cuentistas que colaboraban con este movimiento. El Taller sobreviviría a la crisis de los 90 y sería la esperanza para un gran número de jóvenes que nunca pudieron ver sus historias publicadas hasta muchos años después.

Imagen: La Jiribilla

Sus personajes Camila y Fefo, el cuentero, estuvieron entre los más populares de las publicaciones seriadas de los 80, incluso sus historias constituyeron sendos álbumes publicados por la editorial Pablo de la Torriente. Háblenos de sus respectivas génesis.

Irma Armas quería que reflejáramos la actualidad y que se incluyeran personajes femeninos, que casi no existían. Así nace el personaje deCamila, con diseños de Orestes Suárez, nuestro mejor dibujante de estilo realista. La muchacha, ex-periodista y experta en artes marciales, se va a reunir con su padre a la selva latinoamericana, y se involucra en la lucha contra el narcotráfico.

Mientras, hago adaptaciones de cuentos cortos de Cardoso y otros autores cubanos contemporáneos. En ese momento, por influencias de materiales europeos, ya manejaba bien los elementos de dramaturgia, los diálogos y los planos, para no hacer aburrida la historia. Me puse a pensar en un personaje sin edad, atemporal, como de otra dimensión, que a su vez participe en las acciones de la historia. Bauticé entonces a Fefo, el cuentero, con el sobrenombre que le decían a mi hijo en la beca.Contaba historias de la época de Martí o de Fidel. Hay una historia que él narra: son dos muchachos que se dan una cita junto al puerto en el mismo momento de la explosión de LaCoubre. Va contando minuto a minuto el encuentro amoroso, así como los previos al estallido.

¿Tenía un método para realizar los guiones? ¿Cuáles serían los principales consejos para los principiantes que deseen aventurarse en la creación de un comic?

No existía un lugar donde estudiar cómo hacer un guion de historieta. Tomábamos referencias de las estructuras utilizadas por autores foráneos que publicaban en las páginas de Cómicos y Pablo: Carlos Giménez, Alberto Breccia, Juan Acevedo… Un guionista, sea dibujante o no, debe tener en cuenta la extensión del texto de los diálogos, la complicidad con el lector, pero también dosificar la información en imágenes.

La historieta se narra, se descompone cuadro a cuadro y toma muchos elementos de los planos del cine. Cada viñeta debe anticipar la siguiente. Por ejemplo, un plano general sirve para ubicar en tiempo y espacio la historia. Primero, hay que tener en mente qué se va a contar y cómo. Para concebir la historia se necesita crear una breve sinopsis del argumento, luego se confecciona la escaleta. Cuando se trabaja con un dibujante, como es mi caso, hay que explicar con detalle cada escena.

 Un guionista, sea dibujante o no, debe tener en cuenta la extensión del texto de los diálogos, la complicidad con el lector, pero también dosificar la información en imágenes

 

Es importante entender que la historia se adapta al espacio que se le ofrece. No es lo mismo una de ocho cuadros que una de 64 páginas. También se necesita, a veces, internacionalizarla, para que un lector de cualquier lugar del mundo pueda entenderla, apelar a la experiencia común que tenemos todos los seres humanos. El guionista interviene en el diseño de los personajes protagónicos, antagónicos, secundarios… Cada uno debe distinguirse de otro. Por eso todos los superhéroes usan uniformes para que se identifiquen fácilmente. Por ejemplo, Orestes Suárez vestía a Camila con su cinta negra “a lo samurái” para anunciar que iba a haber acción.

A la hora de elaborar un guion, hay que prepararse y leer bien, ver teatro y cine, televisión buena y mala. Al mirar las telenovelas ya yo sé lo que va a suceder o de lo contrario, me asombro con las soluciones del guionista. Trabajar con ingenio el guion de historieta permite también hacer buena cultura, buena comunicación.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuál es su opinión acerca del estado actual de la historieta en Cuba?

En los 80, Cuba estaba en la vanguardia de la historieta latinoamericana. Se convocaba la Bienal Iberoamericana de Historieta, con los autores que publicaban en Cómicos. Uno de los más conocidos fue Quino, que estuvo en varias oportunidades. Alberto Breccia fue presidente del jurado en una ocasión. También tuvimos de Argentina a Fontanarrosa, a Muñoz. El español Carlos Giménez, quien expuso y dio conferencias acá. Vinieron historietistas europeos del campo socialista. Intentamos hacer una Asociación Latinoamericana de Historietistas, pero quedó en proyecto. Tuvimos colaboradores indispensables como el italiano DarioMogno, que se aseguraba que tuviéramos la información más actualizada y que participó en todas las Bienales.

Tras la crisis de los 90, no había abastecimiento de papel. Solo se hicieron unos libritos pequeños o tiras humorísticas, con el sobrante del papel de la revista Bohemia. Seguimos luchando, aunque perdimos muchos espacios. A pesar de los achaques propios de la vejez, continúo creando y formando a los historietistas que se me acercan.

Nosotros los historietistas de otra época estamos dispuestos a ayudar con cualquier nuevo proyecto. Se me acercan jóvenes, y siento que el deseo de narrar gráficamente no se ha perdido. Casi siempre influidos por el estilo manga, con historias más japonesas que cubanas, que necesitan incluir elementos nacionales. No hay posibilidades de formación especializada ni esperanzas de publicación, por tanto se están haciendo historietas, pero se quedan en el plano de los amigos, de los compañeros de escuela.

Se me acercan jóvenes, y siento que el deseo de narrar gráficamente no se ha perdido

También se está viviendo un cambio de técnicas, el mundo de la digitalización, que va cada vez más rápido. La historia de la historieta en Cuba ha tenido periodos de mucho auge. Actualmente, está “en terapia intensiva” (risas), aunque no creo que hayamos “arado en el mar”. Tenemos un patrimonio que servirá a las generaciones del futuro, pero que tenemos que recuperar entre todos.

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