Ojalá la historieta cubana…

A. G. Rojas • La Habana, Cuba

Imágenes tomadas del volumen Beca de creación Ojalá 2012. (Ediciones Ojalá, 2013)

La pequeña eclosión de concursos de historietas cubanas suscitada en el último lustro, ha venido a urdir un nuevo y saludable nicho promocional para algunas de las creaciones contemporáneas más interesantes, además de esbozar una loable jerarquización, muy necesaria en un contexto deprimido y sobre todo editorialmente raquítico, donde los gloriosos años 80 y el empuje de la Editorial Pablo de entonces, aún son inalcanzable cúspide.

De los galardones Caimán a cuadros (2010), auspiciado por la revista El caimán barbudo en 2010, Cuadro a cuadro (2011), convocado por el programa televisivo homónimo y los Estudios de animación del ICAIC, y la Beca de creación Ojalá (2012), pensado por Silvio Rodríguez, este último ha arrojado el resultado —digamos que— más lujoso, con la edición (fechado en 2013, pero recientemente comercializado) de un exquisito volumen de tapa dura, páginas cromadas e impresión en cuatricromía, que lo sitúa a niveles editoriales internacionales. Además, favorece singularmente el disfrute de la lectura de las dos obras triunfadoras: El primer encuentro, de Osvaldo Pestana (Montos), gran constante autoral en los tres lauros referidos, y El viaje, de Luis Aguiar Palacios (Palacios), con justas referencias a siete propuestas con apreciable calidad, de las cuales aparece una página per cápita.

Imagen: La Jiribilla

Las iniciativas librescas que más se le han acercado son las nada despreciables compilaciones Crónicas urbanas / Chroniques Urbaines (2010) y Soñar La Habana / Rêver La Havane (2014), productos del fomento belga a la historieta cubana, canalizado por la cada vez más cardinal Vitrina de Valonia.

A diferencia de estos volúmenes colectivos, cuyos ejes discursivos han cubierto amplio espectro temático y estético, amén de que el más reciente partía del pie forzado de historias urbanas capitalinas, el volumen de marras, intitulado Premio de creación Ojalá 2012. Historietas, cuenta en sus dos obras premiadas con la absoluta axialidad de la ciencia ficción y la adaptación de textos literarios de autores cubanos como F. Mond (El primer…) y Miguel Collazo (El viaje). Afortunadamente, se alejan de tendencias morales y didactistas, reduccionismos infanto-juveniles y banalizaciones tendenciosas del concepto de lo nacional. Importante también es sus visualidades “realistas”, apegados como están a la historieta occidental de aventuras, cuyo gurú cubano vendría siendo Orestes Suárez (Camila, Yakro).

No renuncian, sobre todo Palacios, a la articulación —discreta— de mundos y contextos fantásticos, que tampoco dejan de obedecer ciertas y muy nítidas pautas estéticas de esta zona creacional. Lo mismo para el ser extraterrestre que determina el clímax de El primer… En su sólida “corrección” formal, nunca llegan a frisar las fronteras del barroco minimalismo de Moebius o las figuraciones de Breccia o Pratt, tampoco a Miller o Mignola.

Al revisar algunas de las muestras finalistas, se advierten búsquedas formales y narrativas otras, de promisoria complejidad (Mi tío el empleado, de Alejandro y Leandro Rodríguez, Por primer vez, de Raynier Bermúdez, y sobre todo Rosas y espinas, de Arí Bayolo), pero que parecen no haberse concretado en resultados sólidos, apostando finalmente el jurado por las “seguras” y muy atractivas piezas de Montos y Palacios.

Imagen: La Jiribilla

Página de El Viaje de Palacios
 

Una vez más, permanece prácticamente ausente la figura del guionista, rol asumido por el dibujante en arriesgada incursión en la plenitud autoral, que no siempre arroja buenos frutos. Aunque Montos y Palacios decidieron apelar a la literatura para poder asentarse en hombros de gigantes.  

Una vez más, permanece prácticamente ausente la figura del guionista, rol asumido por el dibujante en arriesgada incursión en la plenitud autoral, que no siempre arroja buenos frutos

Adaptación del cuento homónimo del satírico escritor cubano de sci-fi, F. Mond (Crónicas koradianas, Cecilia después o por qué la Tierra, Musiú Larx), la propuesta de Montos lanza intensos guiños estético-narrativos a la inconclusa (al menos editorialmente) Yakro, de Suárez, publicada par de decenios atrás en la desaparecida revista trimestral Pablo. Ambas abordan el “paleocontacto”, o sea, la visita de civilizaciones extraterrestres humanoides muy desarrolladas, a la Tierra paleolítica, cuya influencia generó los ulteriores mitos de dioses y ángeles celestiales.

 

Consistente en una relampagueante secuencia de trepidante acción coronada por un inesperado golpe de efecto conclusivo, destaca en El primer… el uso del silencio. El parco empleo de los diálogos consolida la hegemonía del ícono, de la imagen no verbal como recurso expresivo cuasi omnímodo. El encuadre, con preeminencia del primer plano, viene a servir de preciso elemento significador de las acciones y los objetos; el intenso montaje aparece como dinámica herramienta narrativa.

Las viñetas y sus estructuraciones un tanto convencionales agilizan la narrativa hasta ritmos vertiginosos para fugaces primeros planos y planos-detalle; mientras el autor, para escenas climáticas o planos generales de altos rigores plásticos, se explaya en amplias composiciones a página completa, que pueden o no englobar viñetas menores.

Notable el vasto dominio del blanco y negro que despliega Montos en esta y el resto de sus obras, aguzándose cierto cariz expresionista, en franco desafío al “realismo” anatómico que logra en otras propuestas.

No poco entusiasmo despertó en mí el apreciar en la propuesta de Palacios, una valiente adaptación de una de las —en mi opinión— grandes novelas cubanas y de las más olvidadas: El viaje, de Miguel Collazo (El libro fantástico de Oaj, Onoloria), casi perdida como está en la irregular colección Radar de los 70 y 80, verdadero amasijo desjerarquizado de géneros considerados menores como el policiaco, el espionaje y la sci-fi. Con esta obra, Palacios se desmarca de la mayoría de sus historietas publicadas, de tono histórico-político (Henry Reeve. Valor y voluntad, La marcha invasora de Camilo y Che), o satírico (Los ardides de Rabbar, La gran aventura de Rabbar), y embraza el género en que equívocamente tiende a enmarcase la novela: la sci-fi.

Imagen: La Jiribilla

Página de El primer encuentro
 

Aunque esta saga-fábula responde a ciertas directrices genéricas de sesgo post-apocalíptico y hasta de la space opera, Collazo desborda por mucho, tales fronteras y se adentra en una onírica y simbolista épica sobre los conflictos y diálogos generacionales, la búsqueda de la felicidad, lo desconocido como perenne e inalcanzable horizonte, y el humanismo como gran principio.

Contrario a la breve y sencilla historia de Montos, Palacios se lanza —repito— valientemente a revisitar, revalorizar y adaptar el críptico texto desde su contemporaneidad, y más aún, condensar la compleja trama, pletórica de personajes y sucesos, en apenas 26 páginas, rebosantes de horror vacui, exacerbado por la adición del oscuro cromatismo.

Palacios se apoya en una composición más convencional, casi siempre de viñetas pequeñas y bien delimitadas, con algunas excepciones que, en pos de la espectacularidad, dinamizan la historia. Opta por la figuración de corte épico-aventurero cercano al universo howardiano del cimerio Conan y el atlante Kull, garante del diálogo con públicos prestos a estos códigos, antes que a una estética más compleja como la de Moebius o la Giger.   

Palacios se apoya en una composición más convencional, casi siempre de viñetas pequeñas y bien delimitadas, con algunas excepciones que, en pos de la espectacularidad, dinamizan la historia

La síntesis conduce en este caso a una simplificación de las dimensiones simbólicas de la novela, la desaparición de arcos dramatúrgicos completos, y una encriptación un tanto excesiva, en el intento de concentrar la mayor información posible en cada página; más la acelerada conclusión que, aunque coincidente con la escritura de Collazo, se desfasa con la trama planteada en la historieta. Quizá El viaje hubiera requerido una obra mucho más extensa, a pesar de lo agotador que es concebir una pieza como esta. Pero no deja de ser válido el intento premiado por Ojalá

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