Jilma Madera:

Un centenario de oro para las artes plásticas cubanas

Leonardo Depestre Catony • La Habana, Cuba
Fotos de Archivo

Unos cuantos años atrás, en muy breve conversación telefónica con Jilma Madera, le pregunté su lugar de nacimiento. Venía el asunto porque no recordaba dónde había leído que era habanera, mientras que en otro lugar aseguraban, que pinareña. Ella me lo aclaró: era nacida en la provincia de Pinar del Río, tal como establece la muy acuciosa Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed), que sin estar lo debidamente publicitada como merece, es muy útil.

El fausto suceso ocurrió en el contexto rural de la más occidental de las provincias cubanas, el 18 de septiembre de 1915. De manera que Lilia Jilma Madera Valiente cumple 100 años. El acontecimiento amenaza pasar inadvertido y esto, además de injusto con la memoria de la artista, sería imperdonable para la cultura cubana.

Creadora de una obra tan monumental y polémica como el Cristo de La Habana, de la energía de sus manos y talento artístico emergieron otras esculturas significativas.

Imagen: La Jiribilla

Realizó los estudios de Arte en la Academia de San Alejandro y en Nueva York, siguió cursos complementarios en México y Europa.  Vio y vivió la escultura de diversas capitales y ello enriqueció una formación académica que hoy pudiéramos considerar lo más completa posible para su tiempo. Además recibió el título de profesora de dibujo y modelado.

En cuanto a premios, los alcanzó en el Salón de Escultura  del Círculo de Bellas Artes, en la II Exposición de Arte Hispanoamericano de La Habana, 1954, en Salones Nacionales; en galerías de Madrid, Tampa, Nueva York, sin contar las ciudades donde su obra pudo apreciarse.

Varios años antes de realizar su Cristo, Jilma emprendió un viaje hasta el Pico Turquino para colocar allí el busto modelado por ella de José Martí. Fue aquella una iniciativa de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana (AAASM), a la cual se sumaron nuevas voluntades, como el doctor Manuel Sánchez Silveira, médico de Media Luna y fervoroso martiano, designado oficialmente director técnico del proyecto. Era éste parte del homenaje concebido por el centenario del nacimiento del Apóstol, pese a lo cual carecía de apoyo gubernamental. Jilma esculpió el busto en bronce, sin remuneración alguna. Es ella quien contaría esta anécdota: [1]

“... Al llegar al hotel Casagranda, en Santiago de Cuba, el doctor Sánchez Silveira, al ofrecernos una cordial bienvenida, me expresó que tenía varias hijas locas por conocerme, pero que una de ellas quería solicitarme permiso para acompañarles en la subida.

“Al manifestarle yo que no tenía inconveniente alguno, allí mismo llamó a Celia, que con aquel cuerpo frágil y menudito de mujer, vestida con un camisero blanco y azul, con ese aire de cubana que le caracterizaba, me extendió una hermosa sonrisa y me dijo: ‘Yo soy Celia, la hija del doctor.¡Ay, Jilma, cuánto deseaba conocerla! ¿Usted me permite que pueda ir con ustedes al Turquino?’, y le respondí: ‘¡Cómo no! Yo estoy encantada de que subas con nosotros al Turquino’”.

El 21 de mayo de 1953 se develó el busto de Martí y a Jilma correspondió el honor de izar la bandera en lo alto del Turquino.                                        

En cuanto al Cristo de La Habana, es nuevamente Jilma quien nos narra: [2] 

"Habían librado la convocatoria de un concurso y yo presenté mi boceto, tal y como lo había hecho en otras oportunidades, pero esta vez resulté ganadora. Así fue como me trasladé a Carrara, Italia, pues la obra se talló allí debido a que el mármol de esta región austral es de los mejores del mundo.

"Como artista sumamente celosa —subrayó entonces—, me aparté de la imagen a que nos tenían acostumbrados quienes me antecedieron: un Cristo débil, frágil. Quise darle la austeridad, el amor y la fuerza que lo colocaron al lado de los pobres de la tierra, como dijera Martí”.

Se develó el 25 de diciembre de 1958, días por los que el país estaba inmerso en una definitiva crisis política e intensa lucha del pueblo para derrocar el régimen dictatorial de Fulgencio Batista.

Apuntó Fernando Ortiz: [3]

"Esa monumental obra fue inaugurada oficialmente por un gobierno impopular entre los fragores de la guerra civil (...) Fue con gran pompa y autoridades militares y civiles, bendiciones de Cardenales y séquito de clerencia; y legiones de inciviles diablitos gozando de aquel espectacular sarcasmo. El pueblo, incrédulo, no asistió a la ceremonia".

Con una altura de 24 metros, el Cristo de La Habana —en medio de un entorno natural de esplendente belleza— ha devenido uno de los símbolos de la capital cubana.

Una y otra anécdota son hoy parte de la historia, no ya de la muy personal de Jilma Madera sino de la historia de las artes plásticas en Cuba y de la cultura nacional, en la cual esta artista tan dignamente se inserta.

Dotada de un estilo sobrio y elegante, aunque enérgico en el tratamiento de las formas, lo cual confiere una humana autenticidad a su quehacer, la escultora falleció en La Habana, el 21 de febrero del año 2000. Pero con estas dos obras emblemáticas tiene garantizada la vida eterna. Al menos, es la opinión de quien redacta.

 

Notas:
1.   Carlos Manuel Marchante Castellanos, “Una deuda saldada con la historia”, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí,  Año 104, enero-junio 2013.
2.   Susana Toledo, "Jilma Madera, con la dama del Cristo", Bohemia, 13 de noviembre de 1987.
3.   Bruno Javier Machado, Casa Blanca. Hallé su luz oscura, Publicaciones del Museo Histórico Municipal de Regla, 1987.

 

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato