Cuando el arte habla el idioma de los números

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

En las últimas décadas el sector cultural en general, y la producción artística en particular, han comenzado a jugar un rol determinante como elementos medulares de las industrias creativas. La contribución de la rama artística al Producto Interno Bruto de las naciones adquiere cada vez mayor importancia, desde un análisis tanto económico como social.

Imagen: La Jiribilla

Los bienes y servicios culturales son calificados como uno de los sectores más dinámicos de la economía mundial. La producción cultural en Cuba, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, alcanzó como promedio de los últimos seis años, junto a los deportes, el 4,1 % del PIB. Tal análisis no podría soslayar el impacto de la producción simbólica resultante, como valor intrínseco de la misma en toda su expresión. El Estado cubano defiende y promueve, como parte de su política cultural, que las asignaciones de recursos a la educación y la cultura es inversión y no gasto; mas es preciso esclarecer que la inversión es una asignación de recursos que debe ser redituable. 

La contribución de la rama artística al Producto Interno Bruto de las naciones adquiere cada vez mayor importancia, desde un análisis tanto económico como social

En las disciplinas económicas términos como rentabilidad y sostenibilidad no se interpretan con el mismo valor semántico que cuando se abordan fuera de esa rama, por lo que la denotación varía según el contexto. “La rentabilidad es un indicador económico, mientras que la sustentabilidad es un concepto”, puntualiza la profesora y especialista en economía de la cultura, Tania García. Por tanto, el análisis comienza por entenderlos como dos categorías diferentes.

En determinadas bibliografías, sustentable y sostenible se utilizan indistintamente. Sustentable significa ser capaz de cubrir sus propios gastos para sostenerse, ya sea mediante la generación de ingresos propios que permiten cierta independencia económica, o gracias a patrocinios, que pueden ser mixtos.

Por otro lado, rentabilidad es un indicador que mide la eficiencia de la actividad económica de una empresa. Se aplica a la producción cultural —que no a la cultura—, de bienes y servicios en el plano de la comercialización.

La licenciada Beatriz Pérez, investigadora junto a la doctora Tania García, del Instituto Cubano de Investigación CulturalJuan Marinello” (ICIC), clasifican “los emprendimientos culturales como nuevos modelos de gestión, donde la búsqueda de la auto reproducción y sostenibilidad económica de los proyectos creativos forma parte de su propia concepción y organización estructural”.

En consecuencia, de la capacidad-habilidad de los gestores para lograr la sustentabilidad de sus proyectos depende en gran medida la sostenibilidad de estos a mediano o largo plazo.

“los emprendimientos culturales como nuevos modelos de gestión, donde la búsqueda de la auto reproducción y sostenibilidad económica de los proyectos creativos forma parte de su propia concepción y organización estructural”.

Las investigadoras describen este nuevo panorama teniendo en cuenta aspectos como “la cooperación, caracterizada por la sinergia y enfoque integral; el cambio en el soporte estructural que demanda un proceso económico dinámico, flexible y en red; así como nuevas formas de relación entre el creador y el consumidor”.

Detrás del Muro y Vitria son emprendimientos que ilustran estos dos últimos aspectos. El primero comenzó como un proyecto curatorial a lo largo del malecón habanero como sitio de emplazamientos de piezas de artistas visuales cubanos y extranjeros convocados por el equipo de Detrás…

El segundo es una cooperativa dedicada al diseño, realización y montaje de vitrales, con un perfil artístico en su manufacturación.

Desbrozando el marabú legislativo

Recién comenzado el año, exactamente el 27 de febrero, el Consejo de Ministros se reunió para informar sobre la aprobación de una serie de medidas relacionadas con la actualización del modelo económico y social cubano.

En primer orden se anunciaba “la política sobre la asignación de recursos financieros a escritores y artistas para el desarrollo de proyectos culturales, cuyo propósito es perfeccionar los mecanismos y las fuentes que garanticen la entrega de financiamiento a proyectos culturales de escritores y artistas, por instituciones y organizaciones de la cultura, sin intermediario”, explicaba el ministro de Economía, Marino Murillo, citado por el diario Granma.

El también vicepresidente del Gobierno agregaba que dicha medida facultaba a la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), los institutos y consejos del Ministerio de Cultura (MINCULT), así como el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), para otorgar financiamiento directo.

Los órganos de dirección mencionados asumirán las riendas del procedimiento y el control del mismo. La resolución constituye un avance en pos de liberar de trabas burocráticas la materialización de los proyectos artísticos y viabilizar el trabajo de sus hacedores. “Al desaparecer las limitaciones para la entrega de fondos se podrán financiar más proyectos y se facilitará así el encargo estatal de los creadores”.

En el resumen se agregaba que se tendrá en cuenta para seleccionar a los beneficiados la calidad de la obra, el interés en ella de los institutos y las organizaciones culturales, además de la trayectoria de los creadores.

Aunque positivo, el instrumento carece de evidentes vacíos metodológicos. No especifica los pasos a seguir o una guía básica para presentar las propuesta de de proyectos, ni las cotas de financiamiento, ni siquiera las instancias a las cuales dirigirse en busca de ayuda sobre este tema. Tampoco aclara, en el caso de los jóvenes artistas, quienes aún no tienen un currículum sobresaliente, cómo se evaluarían sus propuestas, o qué aspectos medirían para determinar la calidad de un work in progress.

Imagen: La Jiribilla

El titular del MINEC si puntualizó que “la concesión de los recursos financieros estará exenta de impuestos, pues los proyectos aprobados no generan ingresos personales. En tanto, si la obra resultante se usa con fines comerciales, el escritor o el artista y la institución que la comercializan abonarán los tributos establecidos”.

“Se mantienen las actuales fuentes de financiamiento, al tiempo que se incorporan los aportes de entidades cubanas y extranjeras radicadas en Cuba, así como los de personas naturales cubanas y extranjeras, las formas asociativas sin ánimos de lucro reconocidas por la Ley, y las formas de gestión no estatal; siempre a través de los institutos y consejos del MINCULT, el ICRT, la UNEAC y la AHS”.

No obstante, a día de hoy existen casos como los de algunos artesanos que presentan propuestas de cooperativas al Ministerio de la Industria (MINDUS) para eludir la posición que sostiene el MINCULT frente a este proceso. Tal panorama evidencia que aún existen recelos hacia este tipo de asociación privada, ya sean cooperativas o de una persona natural.

En tanto, el proceso de aprobación de las cooperativas culturales por el Consejo de Ministros y la Comisión creada para la implementación de los Lineamientos… parece haberse estancado, a juzgar por la ralentización del análisis y la alta discrecionalidad informativa alrededor del tema.

Hasta el presente, el Decreto Ley para las cooperativas no agropecuarias es el único instrumento legal que ampara esta forma de asociación para los proyectos artísticos autogestionados. Vitria, por ejemplo, sí funciona bajo esa clasificación, pero no bajo el amparo de artístico, a pesar de que sus vitrales son auténticas obras de arte. De hecho, sus integrantes se presentan como una cooperativa de servicios al igual que Calflat, una pequeña empresa dedicada a trabajos de herrería, ya sea funcional, artística u ornamental.

Por otro lado, La Galería y Open Estudio Altamira no podría funcionar bajo el estatus de cooperativa, ni el ya citado Detrás del muro. Ambos nacieron bajo la égida de las artes visuales y el objeto que persiguen no es ser rentables. Empero, ese no es su finalidad expresa, porque no está contemplado en la naturaleza de su concepción.

Sus respectivas metas se enfocan en lograr ser sostenibles para realizar los subproyectos y actividades pedagógicas y artísticas que se han propuesto como objetivos personales y profesionales.

Aquellos que no son cooperativas —dígase las productoras audiovisuales— existen y se sustentan bajo una clasificación que ellos mismos han denominado “alegal”, puesto que no son legales, pero tampoco lo contrario. Sin embargo, en virtud de sus resultados algunos han demostrado tener un modelo de gestión eficaz que podría ser digno de estudio.

A todas luces, el decreto de marras no parece ser el ideal para este tipo de emprendimiento, ni siquiera para las cooperativas artísticas. Al decir de Beatriz Pérez, “desde el mismo nombre puedes pensar intuitivamente que esa ley no se va a ajustar a la producción cultural porque esta tiene una naturaleza muy peculiar”.

Además, esa percepción viene aparejada con un desconocimiento sobre lo que es la cooperativa. Existe la noción de que en la cooperativa todos los socios tienen que percibir igual beneficio y participación, en realidad esta última se define acorde con el trabajo. Al principio se decía que no se podía formar una cooperativa artística porque las jerarquías artísticas no lo permitían.

“Otra limitación son los engorrosos trámites y procedimientos adoptados para obtener la aprobación de las cooperativas, lo cual ha recibido múltiples críticas. La experiencia más cercana que tuve fue con las productoras independientes. Se efectuó un estudio para determinar si la naturaleza de las productoras clasificaba como cooperativa, hasta cierto punto sí cumplían con los parámetros, pero ellos ponían cierta clase de requerimientos que para el caso de las cooperativas culturales ese decreto tendría que modificarse o agregarle una regulación”.

Confluencias dicotómicas

Los conocimientos sobre economía de la cultura se hacen cada vez más perentorios. En un contexto de reformas económicas y actualización del modelo social por el que atraviesa el país es indispensable saber qué modelo de gestión se ajusta mejor a cada emprendimiento artístico. Así como cada manifestación del arte tiene sus características que la distinguen del resto, cada emprendimiento reclama un modo de administrarse conforme a su naturaleza.

Los artistas e intelectuales que se embarcan en esta travesía prescinden en muchos casos de solicitar información y colaboración en materias de gestión, producción, contabilidad y asesoría legal. En algunos casos por desconocimiento y/o inexperiencia, en otros porque minimizan la importancia de asesorarse adecuadamente.

Todas estas aristas de una forma u otra están asociadas a la cuestión de fondo. Los emprendimientos privados y autónomos indagan diversas vías de patrocinio y aplican a múltiples programas, fundaciones, instituciones estatales o no gubernamentales en la búsqueda de auspicios y cooperación para sus organizaciones. Entre ellos se cuentan “familiares y amigos, las personas más cercanas al microempresario y emprendedor. Son quienes confían en él y están dispuesto a ayudarles”, explican García y Pérez.

Otros posibles auspiciantes son los inversores ángeles, “por lo general personas con efectivo dispuestas a colocarlo en pequeños negocios a cambio de una participación temporal en el mismo. Suelen pedir altos y rápidos niveles de rendimiento a la inversión que realizan.

Podrían estimularse otras opciones que, sin atentar contra la naturaleza cultural de los proyectos y productos, ofrezcan nuevas vías para generar ingresos. Los actores que se involucran en esos procesos tributan en términos cultuales y económicos, lo cual apunta a una doble ganancia

“El Estado es otro ente que ofrece incentivos a través de sus programas oficiales de ayuda a las pequeñas y medianas empresas”.

Ambas economistas piensan que podrían estimularse otras opciones que, sin atentar contra la naturaleza cultural de los proyectos y productos, ofrezcan nuevas vías para generar ingresos. Los actores que se involucran en esos procesos tributan en términos cultuales y económicos, lo cual apunta a una doble ganancia.

De igual manera, la academia puede aportar mucho en materia no solo conceptual y teórica, sino también en brindar herramientas prácticas en un trabajo colaborativo y de intercambio, mano a mano con los emprendedores cubanos.

Beatriz Pérez argumenta que “la investigación debe acompañar los procesos culturales y el diseño de políticas, como un puente que conecta a uno con otro. Todo nuevo modelo, que es a lo que estamos asistiendo, llega acompañado por las transformaciones que se están sucediendo en el país, las inmediatas y las del futuro: actores que están emergiendo como parte de ellas; nuevas formas de hacer que se están emprendiendo. Algunas ni siquiera son novedosas, pero en este contexto adquieren mayor visibilidad.

“No hay que desentenderse de cómo van a ir aconteciendo los cambios. Tenemos que trazar políticas que sean menos directivas y más inductivas. Algunas las usamos bien pocos como los instrumentos de políticas fiscales y de tributo, que pueden estimular determinadas prácticas y desestimular otras.

Todo nuevo modelo implica oportunidades, limitaciones y amenazas. De lo que se trata es de aprovechar esas oportunidades, maximizar lo positivo del nuevo modelo y minimizar los obstáculos

“Por supuesto, todo nuevo modelo implica oportunidades, limitaciones y amenazas. De lo que se trata es de aprovechar esas oportunidades, maximizar lo positivo del nuevo modelo y minimizar los obstáculos.”

De la conjunción de tres entidades fundamentales: Estado, academia y actores-emprendedores dependerá que los cambios en el entorno de la gestión de procesos artísticos surtan efectos.

Es así que la política cultural, sin obviar sus logros y preceptos fundacionales, debe atender a los imperativos de las dinámicas actuales de las industrias creativas. Respaldar mecanismos legítimos que se creen para fomentar los emprendimientos culturales es el paso natural en aras de continuar estimulando la creación, que no sólo pervive por amor al arte.

 

Nota:
La información y valoraciones ofrecidas por la Dra. Tania García y la Lic. Beatriz Pérez forman parte de una investigación en curso que las expertas llevan a cabo sobre factores de la economía de la cultura en Cuba, y fueron compartidas por las académicas a los cursantes del taller de Economía de la Cultura, organizado por la plataforma Circuito Líquido en abril de 2015. Asimismo fueron tomados fragmentos de la entrevista realizadas a ellas para esa plataforma durante ese mismo taller.

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