Aproximaciones al valor cultural
desde la danza

Jorge Brooks • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

En la danza, como en el resto de las manifestaciones culturales en Cuba, el financiamiento de la cultura es asumido como una inversión. En esta esfera se elaboran bienes y servicios, se genera valor aunque no se alcancen los beneficios deseados. Para llegar de la idea original al público (consumidor) hay que pasar por las etapas de investigación y desarrollo (creación), de producción (presentación pública), que está directamente vinculada a las etapas de distribución y comercialización.

Imagen: La Jiribilla

En las condiciones actuales de nuestro país, y dentro del marco de la política cultural, se impone entender el proceso de creación de valor como un fenómeno unitario, condicionado por el fin de la obra creada, que es su aporte social, sin descuidar variables económicas, como los costos.

Las teorías del valor económico se pueden aplicar en las manifestaciones de danza, pero no como rectora de esta actividad artística con connotaciones económicas, sino con el fin de utilizarlas como planteaba el Che, en función del bienestar y la realización plena de todos los miembros de nuestra sociedad, con iguales derechos y oportunidades de acceder a los bienes y servicios culturales [1].

Para los bienes y servicios culturales, el precio es un indicador de valor, pero como sucede con cualquier otra mercancía, este no es su medida exacta, hay que considerar la demanda y la oferta, y adecuar la ley del valor a las condiciones y propósitos de nuestra sociedad.

En nuestro país, en la manifestación de danza los precios son fijos ( solo varían los precios de taquillas en dependencia de la categoría de los teatros), subvencionados por el Estado para el bienestar de todos sus ciudadanos, por lo que la demanda a diferencia de otros países rara vez influye en el precio, el gusto es acumulativo y dependiente del tiempo, por lo que el consumo cultural contribuye a la satisfacción presente, y a la acumulación de conocimientos y experiencias que conduce al consumo futuro. Pero ya es habitual, que las altas demandas y los altos precios, están asociados a productos seudo culturales.

En el momento actual hay una gran carencia de tecnología adecuada en los teatros y espacios escénicos que no satisfacen los requerimientos técnicos que demanda esta actividad. En muchos casos, por ejemplo, hay que recurrir al alquiler de luces a TECNOESCENA (Centro Técnico de la Escena), con altos precios, fijados en función de la rentabilidad de ese centro de apoyo a la actividad artística, que se comporta de igual modo para la confección de vestuarios, escenografías y attrezzo, en detrimento del impacto social de más de una puesta en escena.

En la actualidad, es práctica recurrente, la contratación de estos servicios a pequeñas cooperativas de trabajadores por cuenta propia, los cuales poseen una tecnología más avanzada en cuanto a equipos de luces, proyectores, máquinas de humo, etc., igualmente debe recurrirse a talleres de confecciones textiles con un alto nivel de realización, que entregan en tiempo las producciones que se les soliciten, y con los cuales no puede competir la llamada industria artística.

Esto obliga en sentido general a las agrupaciones de las artes escénicas a ser más eficientes en las actividades de gestión y captación de fondos de terceros, y otras producciones que se aseguran con el sponsor de teatros, festivales, así como con el apoyo de productores y agrupaciones de amigos desde el exterior, o a través de instituciones de cooperación internacional de determinadas embajadas que ofrecen ayudan económica para el intercambio cultural.

Imagen: La Jiribilla

De igual modo ocurre con la comercialización en frontera y hacia el exterior de las agencias de representación y comercialización artísticas, que no pueden fijar precios a partir del valor del bien cultural que pudieran ofrecer. Se ofrece lo que ya por otros, está hecho, más que comercializar, lo que se hace es recaudar.

La labor creativa en la danza y en las artes en general tiene como objetivo la generación de valor cultural y económico, por lo que la influencia de estos valores afectan las ideas creativas en cuanto a su formación y presentación, dado que se manifiestan como incentivo para el proceso creativo, a la vez que son resultados de este.

En algunos casos el valor económico radica en el valor patrimonial de las instituciones, de las células artísticas, de su contenido y del flujo de servicio que proporcionan. El valor patrimonial puede ser puramente teórico cuando la propia instalación ocupa lugares o edificios con un valor histórico y encierra importancia cultural en sí misma, como por ejemplo la sede de Danza Contemporánea, el Teatro Nacional de Cuba, y su entorno en la Plaza de la Revolución, también son portadores de valor: la técnica de la danza moderna cubana, acompañada por los legendarios tambores batá, que preservan y enriquecen día a día nuestra identidad insular. Sus archivos musicales conservan obras de reconocidos músicos cubanos compuestas para esta compañía, sus diseños de la mano del reconocido Premio Nacional de Teatro Eduardo Arrocha, los guiones coreográficos de Ramiro Guerra, su archivo histórico, las notas a programas de mano de Alejo Carpentier, y la permanencia de reconocidas figuras nacionales e internacionales entre su membresía, como Luz María Collazo, Isidro Rolando, o el propio Eduardo.

Portadores de valor cultural como el reconocido Santa Cruz ya han desaparecido, apenas queda alguna foto, una breve imagen en algún documental, pero su voz, su forma de interpretar nuestra música folclórica, desapareció con él; de igual modo ocurrió con Nancy González, solo queda su canto en Sulkary y en nuestra memoria.

En cuanto al flujo de servicios que generan, desde el punto de vista económico podemos clasificarlos en bienes y servicios, y otras funciones no propias de la actividad que operan generando beneficios. El principal servicio que se presta y se manifiesta en el consumo individual y colectivo como un nuevo producto económico, es la interrelación arte-publico.

El valor del uso económico para sus usuarios y asistentes, se puede medir por el valor total de los ingresos de taquilla, considerando las gratuidades. Si la entrada es gratuita, entonces el valor de uso debe medirse por la cantidad de asistentes. Existen otros servicios como el Taller Internacional de la Técnica de la Danza Moderna Cubana (CUBADANZA) con los que se obtiene un excedente de ingresos como valor añadido al producto principal.

Hay que destacar las ofertas de servicios que se acumulan como beneficios sociales y cuyo valor forma parte de la riqueza económica producida por la organización que son: actividades de educación formal, galas culturales, la instrucción de grupos escolares, así como los talleres de formación de prácticas artísticas.

Una de las grandes limitaciones en la esfera de la economía de la cultura, es que la contabilidad se basa en el hecho de que los gastos y los resultados de la producción se llevan en la forma de valor, es decir se expresan en forma de dinero, y no de valor cultural, por lo que hay que buscar fórmulas, como la utilización de las memorias descriptivas, para reflejar la verdadera magnitud de la valía de la cultura, su impacto social.

En la cultura el análisis del valor, va más allá del valor en sí, necesariamente incurrimos en procesos de calcular, evaluar, afirmar o negar valor, atribuir o modificar [2]. Al igual que en la esfera económica tratamos de determinar el valor, a la vez que damos una valoración; sus orígenes son diferentes, por lo que en buena medida los medios para representar el valor en la cultura son diferentes. Hay valor en Sulkary de Eduardo Rivero para Danza Contemporánea de Cuba, la cual junto a Carmen de Alberto Alonso, son las coreografías más significativas en la historia de la danza cubana; también hay valor en  las danzas y prácticas mágico-religiosas, que la comunidad haitiana en el sur de oriente otorga a las tradiciones que la identifican, lo que hay que determinar en todos los casos es su naturaleza, en el contexto del discurso cultural.

Al valor en la cultura le son inherentes los procesos de calcular, atribuir, modificar, afirmar y negar, que en su conjunto conforman un proceso de evaluación. Su concepción humanista expresa las características universales, trascendentes, objetivas y no condicionales de la cultura, representa cualidades inherentes de estética, artísticas o en la importancia socio cultural que posee [2].

En la danza como arte creativo e interpretativo cada representación es única e irrepetible, efímera en el tiempo. Coma cada una de las representaciones posee un valor cultural (que es a un tiempo variable), este tiene que ser considerado para cualquier análisis desde el punto de vista estético y para la toma de decisiones. Como portadores de valores estéticos y morales, una obra de danza necesita del reconocimiento público para patentar su importancia cultural, que garantice su elevación al “canon cultural”. En la manifestación danzaria en nuestro país, compañías como el Ballet Nacional de Cuba, Danza Contemporánea de Cuba, y el Conjunto Folclórico Nacional, son depositarias de ese valor cultural elevado, ellas son instituciones culturales, por el incalculable valor patrimonial que conservan y generan.

Los juicios sobre el valor cultural están precedidos de una carga ideológica. En primer lugar, aunque exista una respuesta estética individual, está condicionada por el contexto político social en que se emita este juicio. Por otra parte existe la posibilidad de acuerdo entre las personas por razones equivocadas, condicionadas por el entorno social o por otras fuerzas externas, pero es igualmente cierto que su consenso provenga de un proceso más importante de generación y transmisión de valor; el simple hecho de que se produzca este acuerdo en un valor cultural, es interesante por sí mismo; su medición es posible a través de variables cuantitativas y cualitativas, en función de satisfacer las demandas del público, destinatario de la obra de arte.

El valor cultural en la danza deriva de diferentes fuentes, por lo que tiene un carácter    multidimensional [3], para el análisis que nos ocupa sus elementos de valor cultural se pueden clasificar en dos categorías: los que son resultados de la creación o la interpretación; y los derivados del ámbito institucional tomando como marco la compañía.

Al realizar el análisis del valor cultural en la Compañía Danza Contemporánea de Cubas (valido para cualquier compañía de danza) es necesario tener en cuenta los siguientes criterios: valor estético, valor espiritual, valor social, valor histórico, valor simbólico, valor de autenticidad y el valor que genera su capital humano.

 

Notas:
1. Che Guevara, E: Sobre la concepción del valor (Contestando algunas afirmaciones sobre el tema). Una respuesta a Alberto Mora. Nueva Internacional 1991; (2);  p. 161-163.
2. Throsby, D. Economía y Cultura. Cap. 2. Las teorías del valor. Madrid: Cambridge University Press,  2001. pp 33-56.
3. Ariño A. Sociología de la Cultura. La constitución Simbólica de la Sociedad, Barcelona, España: Editorial Ariel S.A.; 1987. Cap.1. La plaza de las tres culturas. pp. 13-76.

 

 

 

 

 

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