Bitácora de viaje (I)

Otoño titiritero en las montañas
de Vermont

Rubén Darío Salazar • Estados Unidos
Fotos del Autor

Justo el día 11 de septiembre, la fecha en que daba comienzo la 9na edición del Festival Puppet in the Green Mountains, en el pequeño Estado de Vermont, EE.UU., y a las 11 de la mañana, nos dieron la autorización de viaje a los de Teatro de Las Estaciones.  Volver a Norteamérica (estuvimos en 2000 y 2011), era más que la intención cultural y de intercambio de nuestra agrupación, una tarea aplazada de varios amigos y colegas residentes allí. De La Habana a Miami (noche en el Hotel Deauville, el hotel de Los Beatles), de Miami a Baltimore, de allí a Boston y del estado de Massachussets a las villas de Putney y Brattelboro comenzó la aventura. El festival está organizado por el Sandglass Theater de Eric Bass e Inés Zeller, la compañía estadounidense que inauguró, en abril de 2014, el Taller Internacional de Títeres de Matanzas. El arte es siempre premonitorio; con aquella acción nos estábamos adelantando al suceso político acaecido entre nuestros países el 17 de diciembre del mismo año.

Imagen: La Jiribilla
 

La edición de 2015 se realizó hasta el 20 de septiembre bajo la convocatoria “Caminando por los bordes”, interesante llamado que amplió este año el concepto del festival hasta sensibles temas sociales y otredades artísticas que colindan con el universo de las figuras. Nos antecedieron el espectáculo La mujer blanca, de Magali Chouinard, de Quebec, Canadá, también aplaudido el año pasado en el taller matancero, un montaje para la calle que Chouinard denomina performance poético y visual, con marionetas y máscaras sin palabras. El maestro norteamericano Paul Zaloom trajo una comedia satírica y política en dos partes titulada White like me, pero tampoco llegamos a tiempo para disfrutarlo. No alcanzamos a ver las propuestas de Facto Teatro, de México, y Barbara Steinitz, de Alemania, en Made of Paper, teatro en papel, ingenuo y sugerente. Lo mismo sucedió con la esperada puesta en escena al aire libre The Underneath the above Show, del mítico grupo Bread and Puppet, originario de Vermont. Talleres, conferencias y diversos encuentros se sucedieron antes de nuestra llegada el día 15 de septiembre.

El hospedaje y las comidas del festival están a cargo de amigos y colegas de Sandglass Theater, gente sencilla, colaborativa y entusiasta que acogen a los invitados como familia. Inolvidables las atenciones para con los cubanos de Nancy Shepperd y el matrimonio formado por Jhon y Jane Field.

Nuestra primera experiencia antes de trabajar para más de 800 niños con la versión poética de Norge Espinosa, sobre el cuento de H.C. Andersen “El patico feo”, en el Latchis Main Theater, fue ver en el acogedor espacio de Sandglass Theater el espectáculo (yo le llamaría happening) de Kimi Maeda, artista de origen japonés radicada en EE.UU.  

Bend, acude a la utilización magistral de dibujos en directo sobre la arena, al tiempo que una grabación constante exhibe proyecciones en 
blanco y negro y alguna que otra intención de teatro de sombras. Teatro íntimo, concentrado, autorretrato personal que en mi opinión se pudo haber contado en menos tiempo, pero cuyo valor está en ese riesgo de andar por los bordes a nivel artístico contando historias de una manera diferente. Otra contribución a la idea convocatoria del festival fue la exhibición del documental Hooray for Hollywood, de Raven Kaliana, un estremecedor testimonio sobre el abuso sexual de menores, contado con la expresividad de los títeres, lo que le dio al filme un toque conmovedor, ante el cual nadie quedó ajeno a la tragedia de niños y niñas victimizados por gente inescrupulosa e inhumana.

Imagen: La Jiribilla

 

Sandglass Theater repuso para el festival el viernes 18  a los 8:00 p.m., en el New England Youth Theater, el espectáculo D-Generation: An Exaltation of Larks, producción dirigida por el salvadoreño Roberto Salomón, música de Paul Dedell, video de Michel Moyse y muñecos de Coni Richard, Inés Zeller y Jana Zeller, entre otros colaboradores. Los actores titiriteros Eric Bass, Inés Zeller Bass y Kirk Murphy, defienden con una interpretación y animación impecable una historia de ancianos que habitan en una residencia extraviados en sus recuerdos. Tema delicado el de las pérdidas y ausencias en la tercera edad, que la puesta en escena, efectiva y salpicada de humor,  se atreve a mostrar sin excesos dramáticos. Todo funciona con la sutileza de la existencia humana, luces y sombras en una misma vida. Hermosa lección de arte donde diferentes técnicas de animación, imágenes proyectadas, banda sonora llena de insinuaciones psicológicas y una escenografía siempre en movimiento, arroja un trabajo final de excelencia, digno del mayor aplauso.

Hullaba Lulu, de Thingumajig Theatre, de Inglaterra, en el Hilltop Montessori Theatre de Brattelboro, fue una opción completamente 
distinta. Un espectáculo actuado por Kathy y Andrew Kim, dirigido por Mark Whitaker, pensado para niños muy pequeños. Basada en una sencilla historia, se suceden amaneceres y anocheceres constantemente, sin que ocurra algo verdaderamente atractivo a nivel de dramaturgia, como no sea la aparición de un tierno personaje alado. Los recursos musicales de ambos artistas, que cantan con gusto y tocan varios instrumentos durante la representación, es de lo mejor que el espectáculo resuelve, lo que posibilita se establezca la comunicación con el público a través de elementos clownescos, ligados con títeres de diversas técnicas, artefactos y una escenografía muy atractiva a nivel plástico.

Imagen: La Jiribilla

 

El sábado 19 de septiembre, a las 11 de la mañana, me sumé a lo que se llamó Brown Bag Lunch Interviews en el Museo de Arte Contemporáneo de Brattelboro, una sesión que acogió durante varios días del festival a los grupos y personalidades participantes, para hablar sobre sus labores profesionales en diversos campos de acción donde intervienen los títeres. Conducido elegante e inteligentemente por el periodista Jon Potter, allí se ofreció un amplio panorama de visiones y formas de apreciar el arte del teatro de figuras.

Para el final del festival los cubanos dimos dos funciones a teatro lleno, a las 11 de la mañana y las 3 de la tarde en el Hilltop 
Montessori Theater. La función clausura en el New England Youth Theater, a las 8 de la noche, con el grupo alemán (Erfurt) Theater Waidspeicher fue con la presentación de su singular versión del drama shakespereano Romeo y Julieta. Todas mis expectativas se dirigían hacia la propuesta que finalizaba diez días intensos de trabajo y arte. La invitación del festival para caminar por los bordes de la creación, se hicieron realidad en el montaje de Christian Georg Fuchs. Obra sin palabras, sustentada en la banda sonora integral del ballet en cuatro actos OP 64, de Serguei Prokofiev sobre el referido título del escritor inglés.  

Combinación de actriz en vivo y pequeños muñecos realizados en madera, proyecciones de video y paleta cromática del diseño reducida a dos o tres colores. Los 90 minutos en que transcurre la conocidísima tragedia del dramaturgo británico, se convirtieron para mí en una larga e infructuosa lucha entre ideas luminosas y momentos atractivos en el cuerpo de la puesta en escena. Los abundantes vacíos de interés en la narración escénica, se debían a mi entender, a una dramaturgia espectacular donde la historia se volvía aburrida en sus acciones y no justificaba muchas veces la presencia perenne de la actriz que interpretaba a Julieta, ni su interacción como ser humano con las figuras simbólicas de los diferentes personajes.

Teatro de Las Estaciones al cierre, hizo entrega a Inés Zeller, directora y fundadora junto a Eric Bass, del Sandglass Theater, de una 
réplica de Pelusín del Monte, Títere Nacional de Cuba. Nuestro Peluso Patatuso pasará a formar parte desde 2015, de una magnífica colección de muñecos y figuras del mundo que ellos atesoran. El verde de nuestros campos y montañas se unen con el guajirito de Tres Ceibas a los no menos verdes bosques de Vermont, estado jardín de EE.UU., región que cada dos años acoge un festival que apuesta por lo mejor del arte titiritero mundial, y lo entrega a sus pobladores durante diez jornadas donde reina siempre un maravilloso tiempo de otoño.

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