Literatura

Arrecife

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

El sociólogo, narrador y periodista  mexicano Juan Villoro, conocido entre nosotros por varios de sus textos (Espejo retrovisor, antología de artículos periodísticos y de cuentos, publicada por el Fondo Editorial Casa de las Américas, institución que le dedicara una Semana de Autor hace pocos años) y ¿Hay vida en la tierra?, vuelve a la carga con su estilo transgresor de géneros literarios.

La novela Arrecife, con la cual mereciera el Premio Especial de Narrativa José María Arguedas 2014, otorgado por Casa de las Américas, es una narración de ficción y además una intensa denuncia a la situación mexicana. En 225 páginas Villoro logra interesar al lector en una trama policial —tan temprano como en la cuartilla 20 aparece un cadáver, y el crimen justifica la búsqueda del culpable— sin que se logre disimular el verdadero propósito del libro: desnudar la podredumbre, la corrupción, el descalabro social del México de hoy.

A través de la amistad entre Antonio Góngora y Mario Müller, dos músicos que fracasaron en la banda de rock azteca “Los Extraditables”, actualmente laborantes en un hotel llamado “La Pirámide”, el autor profundiza en lo que conoce como “situaciones límites”. Todos los personajes se encuentran al borde de un abismo arrastrando sus propios demonios (Antonio es un exdrogadicto que ha perdido la memoria; Mario es un padre que ha abandonado a su única hija y agoniza de cáncer mientras regentea el hotel;  el policía que se encarga del “caso” perdió a su hijo y lamenta no haber estado en la guerra de Vietnam) y todos están dispuestos a saltar al vacío en caída libre.

Si nos detenemos en el objetivo turístico que ofrece “La Pirámide”: simular  secuestros de huéspedes, mortales ataques de serpientes, asaltos por bandas criminales, ya Arrecife contiene suficiente dosis de denuncia como para ser atendida. Sin embargo, estamos frente a un documento literario mucho más ambicioso, que trasciende incluso el marco de la novela negra. Villoro es un autor cuya presencia en los medios no es casual ni esporádica. Lo hemos visto en discusiones públicas, hemos leído sus artículos, sabemos que mantiene un activismo social admirable, dirigido valientemente a la exigencia del civismo que amenaza con desaparecer por completo en su país. De ahí que no sea extraña ni mucho menos impostada en su obra la insistencia porque el mundo conozca el espanto de la violencia, el grado de terror, la impunidad criminal que vive hoy México.

Inventando un pueblo (Kukulcán), Villoro respeta las raíces de su origen (“…según la leyenda, cuando los españoles llegaron aquí, el rey maya Juan Tutul Xiu se fue a Oriente, el sitio sagrado”, “…los mayas suprimían a los que competían con los dioses”) y al mismo tiempo nos muestra lo más crudo, lo verdaderamente tenebroso de la actualidad:

“El miedo es nuestro mejor recurso natural” o “México es un país de ilusiones gigantescas. El desastre contemporáneo se mitiga con proyectos desmedidos”.

La violencia en casi todas sus manifestaciones (hacia la mujer, hacia niños y niñas, contra las leyes, dirigida a quienes se atrevan a colaborar con las autoridades, el engaño, el soborno) está presente en esta novela de corte aparentemente policíaco. Más que un banco de rocas o un simple escollo de la naturaleza, contemplamos con pavor el rocoso montañoso que se ha erigido gracias al  mal, hasta constituir la inmoral y gigantesca muralla que existe hoy. Sugerimos la lectura de esta nueva entrega del Fondo Editorial Casa de las Américas. Aunque nos duela (y mucho), voltear la mirada, desamparar a México no conseguirá más que el mantenimiento de una impunidad que ya dura demasiado.

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