Balcells, el boom y Cuba

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
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Fallecida a los 85 años de edad el lunes 21 de septiembre en Barcelona, Carmen Balcells encarnó la imagen del agente literario como algo más que una figura mediadora entre la creación y el mercado editorial, además de convertir  su profesión, el menos en el ámbito iberoamericano, en una ficha visible, de interés mediático por sí misma.

Imagen: La Jiribilla

Manejó los derechos de los españoles Rafael Alberti y Vicente  Aleixandre, Camilo José Cela y Gonzalo Torrente Ballester, Miguel Delibes y Manolo Vázquez Montalbán, pero también los del colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Carlos Fuentes y el argentino Julio Cortázar, la chilena Isabel Allende y el uruguayo Juan Carlos Onetti.

Quizá por ello es que su nombre se asocie al llamado boom de la nueva narrativa latinoamericana, que desde los años 60 hasta principios de los 70 visibilizó en Europa y EE.UU. a un grupo de escritores de diversos países que renovaron estilística y temáticamente la literatura de la región.

Criticado por algunos y exacerbado por otros, no puede desconocerse, como lo dijo el escritor y periodista norteamericano Jon Lee Anderson, que con las obras del boomAmérica Latina, como una entidad cultural y geográfica propia, adquirió un lugar reconocido en el imaginario internacional literario, realmente por primera vez; América dejaría de ser interpretada casi exclusivamente en el ámbito internacional por autores extranjeros, y sobre todo con la obra de García Márquez,  se ofreció, también por primera vez una manera distinta de narrar, y de percibir, la realidad latinoamericana, destacando historias de la gente común, indígenas, mestizos, negros, y gentes de campo, tradicionalmente marginados, en lugar de personajes de la élite criolla hispana”.

En tal sentido, tampoco se puede desconocer el papel desempeñado por Balcells en la promoción de tales obras y escritores. Cuando comenzó, en plena era franquista, no existía el boom. Ni los agentes literarios eran lo que son hoy.

En una de sus escasas confesiones —pues no le gustó nunca dar entrevistas— Balcells dijo: “Cambié las reglas del juego, creé por primera vez dos elementos nuevos en los contratos: límites geográficos y de tiempo. Antes, las novelas se vendían a un editor para toda la vida y en todo el mundo. Fue un hallazgo que me dio gran seguridad, hoy es el procedimiento habitual en todo el mundo. La primera reacción de rebeldía que recuerdo fue al leer un contrato entre la sociedad de autores inglesa y un editor de Barcelona. El autor era nada menos que Rudyard Kipling y, por 75 libras, se concedían a la editorial los derechos indefinidos de Kim. Me dije: una de dos, o este oficio que hago no vale nada, y abandono, o hay que cambiar las cosas. Decidí convertir mi trabajo en algo digno. Y, poco a poco, fui cancelando los derechos indefinidos de autores como Faulkner, Joyce, etcétera. Imagínese: los herederos de Neruda todavía hoy cobran una cantidad de la que se puede vivir. Con el sistema anterior, Neruda habría cobrado una sola vez por cada uno de sus libros”.

Imagen: La Jiribilla

Aunque declaró más de una ocasión que tenía intereses y no amigos entre los escritores, Balcells cultivó una entrañable relación con Gabriel García Márquez. En una oportunidad explicó que cuando conoció los primeros textos del narrador colombiano, supo que este podía iniciar una revolución en las letras castellanas.

Poco después de la muerte del autor de Cien años de soledad, comentó: “Editar a Gabo fue una singularidad. Yo tuve la inspiración, el reflejo, la intuición, llámele como quiera, de entender al otro. La importancia es entender a la contraparte. Hagas lo que hagas,  es esencial que los colaboradores —y yo no he sido más que una colaboradora— entiendan la grandeza del otro".

Balcells no se distinguió  por una vida política activa. Pero fue una mujer de principios éticos. En 2006, ante la enfermedad que motivó el alejamiento de Fidel Castro de sus funciones como mandatario de la nación cubana, le dijo a la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde, quien la visitó en compañía de la cineasta Rebeca Chávez y su compañero Senel Paz, por cierto, uno de sus representados: “Quien tenga conciencia de lo que es este mundo hoy, no puede ignorar que Fidel y Cuba, nos son imprescindibles”.

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