Diálogo con Jorge Fornet

Casa: fiel a su historia y a su tiempo

Mayra García Cardentey • La Habana, Cuba

Conversar con Jorge Fornet, siempre supone un ejercicio harto arriesgado. Como entusiasta investigador de las tendencias escriturarias y las revistas culturales en el país, dispone de incuestionable agudeza para el debate sobre estos temas, por muy espinoso que sea.  

Dialogar con el director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, resulta entonces, un acto periodístico provechoso in extenso, no solo por los aportes cognoscitivos, sino por el proverbial sentido para cuestionar preguntas y no escatimar en réplicas perspicaces.

Imagen: La Jiribilla

Bajo el tema del reto contemporáneo de las publicaciones culturales cubanas, acudimos al también co-director de la revista Casa, con apenas un boceto de (pre) ocupaciones sobre el tópico, ante el que supo argumentar ideas, especificar y hasta rectificar puntos contradictorios…

La revista Casa de las Américas se convirtió, desde sus inicios, en un centro para la vanguardia artística latinoamericana y en espacio legítimo de las nuevas letras del continente. ¿Cómo definiría a la publicación en este adolescente siglo XXI?

La revista, como la Casa misma, enfrenta el desafío de ser, a la vez, fiel a su historia y a este tiempo.

La revista, como la Casa misma, enfrenta el desafío de ser, a la vez, fiel a su historia y a este tiempo. Es obvio que su capacidad para situarse a la vanguardia de la literatura y el pensamiento latinoamericanos y caribeños tuvo que ver con el hecho de que tenía detrás de sí a la Revolución cubana, con todo lo que ella implicaba. Las circunstancias de hoy son bastante distintas, pero tengo la sensación de que el reto continúa siendo más o menos el mismo: seguir atrayendo colaboradores y lectores que piensen y deseen transformar nuestro entorno, y que estén en sintonía con el proyecto cultural y político “nuestramericano” que hemos defendido siempre. Si uno tiene clara esa esencia, casi todo lo demás puede y debe cambiar. En nuestro caso, existe un saludable diálogo en el hecho de que de las cuatro personas que hacemos la revista, dos son grandes figuras de nuestro universo intelectual y editorial (Roberto Fernández Retamar –decano, por demás, de los editores cubanos– y Aurelio Alonso), mientras que los otros dos no habíamos nacido cuando ya la revista Casa… recorría el mundo.

Desde Casa… se apuesta por textos que combinen la cotidianidad del periodismo y la profundidad reflexiva literaria. ¿Qué retos imponen al estilo editorial, el nuevo lector o los nuevos lectores integrantes de un público cada vez más fragmentado y que apuesta por una economía del discurso?

La pregunta está dando por hecho un hipotético lector que es también una coartada para muchos editores. Con frecuencia se escucha esa idea de que “el lector de hoy” no tiene el tiempo o la disposición para leer materiales que excedan cierta cantidad de caracteres o exijan algún esfuerzo intelectual. Hay, es cierto, muchas más opciones y hasta una nueva sintaxis a la hora de trasmitir discursos; y no es lo mismo enviar información o alguna idea más o menos atractiva en un tuit, que en el amplio espacio de una publicación cultural o académica. Pero ambos medios pueden servirnos, pues el tuit no le atrofia al lector inteligente la capacidad de leer y razonar. En pocas palabras, no podemos sacrificar a este otro lector (no hipotético, sino real) en virtud de aquella coartada.

En ese sentido, en Casa se defiende el concepto de cultura en su significado más amplio. ¿Cómo valora las complejas transformaciones que en el plano de la cultura, y en sentido general, vive la nación? ¿Cómo considera que debe ser el acercamiento desde las revistas culturales a temas tan polémicos como el mercado del arte y la economía de la cultura?

Si quieres que te sea franco, no sé bien cuáles son las complejas transformaciones que vivimos en el plano de la cultura. Sí sé, en cambio, cuál es la compleja realidad de la nación, y también que ello tendrá consecuencias serias para la cultura. Desde luego que el mercado y la economía tienen un papel decisivo en los procesos culturales, pero no podemos correr el riesgo de que —para aliviar la onerosa carga que supone el sostenimiento de la cultura (y sobre todo de su burocracia)— prevalezca una visión liberal o tecnocrática que se plantee la vida cultural en términos empresariales. Si eso no está claro, es difícil que las revistas culturales puedan acercarse al tema, simplemente porque desaparecerán.

La agilizada modernización tecnológica también ha impuesto a las publicaciones especializadas una migración hacia entornos virtuales. ¿Cómo asume hoy Casa los desafíos que exige el periodismo digital?

Desde hace más de diez años tenemos la revista Casa “colgada” en la web. En fechas más recientes apareció otra publicación exclusivamente digital, Arte América, editada por el departamento de Artes Plásticas de la institución, que es un referente en su campo. La Casa toda, por otra parte, mantiene un sitio web activo y atractivo (http://casadelasamericas.org), pero creo que lo más ambicioso en ese sentido es el portal informativo La Ventana, un espacio dinámico y atrevido, verdadero modelo de periodismo digital, que cuenta con infinidad de lectores dentro y fuera de Cuba.

Bajo este prisma de las nuevas tecnologías y ante un público que cada vez más privilegia la visualidad, ¿cómo articulan las revistas culturales cubanas, entre ellas Casa, los recursos gráficos de diverso tipo para potenciar y perfeccionar ese medio multimedial deseado?

La preocupación por eso que llamas “recursos gráficos” es tan antigua como la Casa misma. Sus publicaciones y eventos pretendieron, desde el primer momento, proyectar una visualidad revolucionaria, verificable en cubiertas o carteles de Raúl Martínez, Félix Beltrán y Alfredo Rotsgaard, por citar nombres más que reconocidos. Es legendario, por ejemplo, el sello que le imprimió a la revista Casa… Umberto Peña. En sentido general seguimos siendo fieles a esa vocación; no es casual que la Casa sea uno de los centros más activos tanto en la producción como en la promoción del diseño gráfico cubano (y continental).

Existe un espinoso escenario en la comercialización editorial: muchas revistas culturales del país circulan poco y desfasadas temporalmente. ¿Consideraciones?

Estoy totalmente de acuerdo. Es uno de los grandes dramas de nuestras publicaciones culturales. Con suerte, las revistas más sonadas se encuentran en algunas librerías, pero por lo general los lectores tienen que ir en busca de ellas —por caminos con frecuencia tortuosos— cuando se supone que sean ellas las que deban ir en busca de sus lectores. Hasta los años 90, estas publicaciones no se “presentaban” en el sentido en que se hace hoy; simplemente se anunciaba su aparición, y a partir de ese momento estaban disponibles en los estanquillos del país. El tema de la distribución, y de la red que la sostiene, sigue siendo una asignatura pendiente.

Incluso hay quienes consideran que ciertas revistas se repiten entre sí en cuanto a contenidos y perfil editorial… Como conocedor y detector de calidades escriturales que usted es, ¿posee criterios similares?

Es cierto que hay revistas que se parecen mucho entre sí, u otras cuyo nacimiento resulta desconcertante porque no agregan nada de peso al universo editorial cubano. Pero ya sabes cómo somos aquí en términos de cuotas. En sentido general, en todas partes, hay dos tipos de revistas: las institucionales y las de grupos. Nosotros tenemos alterada esa brújula pero a la larga habrá que aceptar una suerte de “cuentapropismo” editorial —con todas sus implicaciones— que descargue al Estado de la responsabilidad de sostener cuanta publicación exista, y enriquezca nuestro panorama cultural.

A la larga habrá que aceptar una suerte de “cuentapropismo” editorial —con todas sus implicaciones— que descargue al Estado de la responsabilidad de sostener cuanta publicación exista, y enriquezca nuestro panorama cultural.

Viendo esto algunos editores y administrativos incluso abogan, desde una postura reduccionista, por la disminución de revistas de menor alcance, dada la inestabilidad en la producción y la distribución, sumado a cierto parecido editorial…

No soy policía editorial, de modo que no abogaré por la desaparición de ninguna revista, aunque creo que la existencia del sistema de publicaciones, tal como lo conocemos, es insostenible. Pero no se trata de eliminar a las revistas pequeñas o recientes, porque algunas de ellas pueden estar haciendo propuestas más interesantes que publicaciones ya establecidas.   

Existen también quienes piensan que el proceso debiera ser un ciclo cerrado, donde cada editorial tuviera en su haber la creación de contenidos para las revistas, así como la producción, distribución y comercialización. Con la experiencia y la pericia adquirida en Casa, ¿lo cree factible?

No estoy de acuerdo. No conozco ninguna revista de grandes pretensiones y tiraje que cumpla por sí sola ese “ciclo”, ni creo que tenga que haberla. La idea parece propia de una realidad disfuncional en la que cada cual pretendería no depender de nadie más, como modo de garantizar su producción y circulación. Pésimo síntoma.

Ante estos escenarios descritos, ¿retos, proyectos, planes que vayan por la Casa…?

Son tantos, que mejor los dejamos para otra entrevista.

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