Entrevista con Omar Valiño

Las revistas se parecen a la gente que las hacen

Reinol Sotolongo Hernández • La Habana, Cuba
Fotos: Archivo La Jiribilla

A 15 años del inicio de su construcción, la Casa Editorial Tablas-Alarcos resulta eje de múltiples valencias puestas en juego en el espacio actual de las artes escénicas cubanas y, en definitiva, en el tejido cultural de la nación.

El deseo de que Tablas se convirtiera en un centro de expansión de las artes escénicas, en un proyecto cultural, se anuda en el matrimonio entre Tablas y Alarcos. Así se conquista un nuevo espacio de promoción, intercambio y crecimiento. Ello se debe, precisamente, a la transformación estructural más significativa como institución desde su propia etapa fundacional: la Casa Editorial Tablas-Alarcos, legítimo redimensionamiento del perfil sostenido por la publicación como complejo cultural especializado.

Imagen: La Jiribilla

Así, la revista Tablas tiene otra diferencia muy marcada con sus primeros años. No solo ser madre del esquema mayor que es la Casa Editorial. De ese puente, no exento de tensiones, entre revista y Casa Editorial, y entre sus diferentes áreas y engranajes, nos habla su director, Omar Valiño.

Tablas surge en 1982 como una de las iniciativas del Ministerio de Cultura que pretendían reconstruir el tejido del teatro cubano, inmovilizado en la década anterior. ¿Qué estrategias han intervenido para convertir a Tablas en un sitio de diálogo cultural para los especialistas de teatro del país?

Como ustedes recuerdan en la pregunta, Tablas no es un hecho aislado, es justamente una de esas iniciativas de esos años y la mayoría están vivas todavía. En función de esa reconstitución del tejido cultural cubano y en particular el teatral, que había sido tan maltratado en los 70. Pienso que una estrategia es justamente la misma que pretendió el hecho de su fundación, la voluntad de dotar al teatro de un vehículo crítico, para acompañarlo, a las artes escénicas en general, pero en particular al teatro, que fuera como una posibilidad de trabajar con la memoria de ese arte dramático y con el presente que la revista iba siguiendo.

Tablas no solo ha estado contenida dentro de sus páginas, ha procurado siempre ser dentro de esas páginas y también fuera de ellas un territorio para dialogar con sentido crítico y con ética profesional, con sentido del arte y de sus vínculos profundos con la cultura cubana.

Otra cuestión es que ese mismo sentido con el que fue fundada, las sucesivas direcciones de la revista siempre lo han tenido claro: esta publicación debía ser, como me han dicho ustedes en su pregunta, un espacio de diálogo, un ámbito en el que mucha gente se pueda reconocer con su memoria y su presente, y un terreno editorial que, a pesar de la legitimidad del papel, de la palabra escrita, también fuera más allá de las páginas de la revista como tal. Yo creo que, desde el principio, Tablas no solo ha estado contenida dentro de sus páginas, ha procurado siempre ser dentro de esas páginas y también fuera de ellas un territorio para dialogar con sentido crítico y con ética profesional, con sentido del arte y de sus vínculos profundos con la cultura cubana. A mí me parece que otra estrategia de todas las épocas de la revista, ha sido la de participar de ese presente, acompañar al teatro cubano de un modo particular en sus avatares del día a día.

Es necesario también destacar la  misión de Tablas a través del tiempo en eventos, en cuanta iniciativa o fenómeno surge en Cuba. Que durante estos más de 30 años la revista haya podido contener sucesivamente los presentes de estas últimas tres décadas, yo creo que es también parte de una estrategia fundamental de diálogo. Creo que otra dirección importante de trabajo, ha sido incorporar, de manera sucesiva, la mayor cantidad de personas que puedan interesarse, escribir, abarcar el teatro cubano y las artes escénicas, darles voz a las generaciones que van llegando fundamentalmente desde la teatrología, pero no solo esto, sino también darles voz a los propios teatristas. Mucha gente no escribe, pero la revista les ha dado voz no solo a críticos, dramaturgos, actores, directores, diseñadores, y a mí me parece que eso es también algo que la convierte en un punto de diálogo. Yo señalaría estas cuestiones como básicas o permanentes.                   

¿Cómo se ha logrado vincular el ejercicio crítico y la práctica escénica en el itinerario de la revista?

La revista no se ha divorciado nunca de la práctica escénica. Si hay un mérito a lo largo de más de 30 años de la revista es que nunca ha estado separada de lo que pasa y puede interesarle al teatrista; y que permanentemente, a veces mejor, a veces no tanto, y en medio de lagunas que siempre quedan, no ha dejado de seguir la práctica escénica, en particular la del país, y también la foránea que pasa por aquí o incluso la que pueda realizarse en otras latitudes. Pero en el género de la crítica, y a través de una línea que rebasa el género de la crítica en específico, en la revista siempre es observable un diálogo entre el ejercicio crítico y la práctica escénica.

Imagen: La Jiribilla

Yo decía que un modo de permanecer de la revista ha sido estar, si no en todas partes, en buena parte de lo que ocurre en el teatro cubano, y en general el abordaje de esa práctica escénica tiene siempre una perspectiva crítica, una intención puntual, con puntual me refiero a que hay un objeto, sea una puesta en escena, sea un espectáculo que está siendo estudiado, pero la revista ha pretendido siempre interpretar —más allá de un espectáculo en concreto— lo que está ocurriendo en la práctica escénica del país. Eso no se puede hacer sin los árboles, que son fundamentales, pero sin dejar de ver el bosque también.          

¿Hasta dónde cree que Tablas ha contribuido en la relación entre dramaturgia y escenario cubanos?

La primera gran contribución tácita de Tablas a la dramaturgia cubana, es haber publicado decenas de obras completas en su sección de libretos, donde, como precisamente suele recordar Amado del Pino, se acumula uno de los repertorios teatrales cubanos más visibles, y ya largos, en realidad, y que ha dado voz y presencia a decenas de dramaturgos cubanos de todas las tendencias, épocas, escuelas, estilos, especialidades, etc. En un momento esa voluntad de Tablas de proponerle directamente a la práctica escénica una dramaturgia nacional, hizo surgir “Catálogo de Inéditos”, aquella sección que Amado condujo en su doble condición de dramaturgo y de crítico teatral. Justamente su “Catálogo” llamó la atención a los profesionales del teatro acerca de obras que podían estar en una gaveta y que potencialmente le podían servir. Esa sección en un momento se transformó y después en la tercera época desapareció porque Alarcos la hizo desaparecer, es decir, no había que llamar la atención sobre los inéditos porque estábamos intentando, a través de Ediciones Alarcos, publicarlos también. Pero vuelvo a Amado porque él siempre ha reclamado que por qué no hemos editado ese repertorio acumulado en los libretos,  en algún formato que permita verlo en su despliegue a lo largo de tantos años, y yo creo que es algo que debe hacerse. A veces hemos pensado —porque darían para más de un libro porque serían varios tomos o series— en algún tipo de soporte digital que pudiera abarcar todo o buena parte de ello. Eso es algo que está por hacerse.             

Tablas siempre tuvo interés de compendiar memoria y actualidad del teatro cubano. Sin embargo, en el período actual, la revista parece estar más pendiente de cuestiones teóricas e investigativas que se originan en paisajes teatrales distintos al nuestro. ¿Pudiera comentarnos los objetivos de dicha política editorial?

Siempre nos interesa que haya alguna cuestión histórica, alguna memoria sobre figuras, sucesos, panoramas, grupos, problemáticas del pasado y también del presente, y en el mejor de los casos si estas dos cosas tuvieran una relación orgánica, pues eso es la dramaturgia que persigue un número.

En la tercera época, que es la mía, a veces es difícil caracterizarla de una sola vez, porque va siendo larga, es ya la más larga de las tres épocas establecidas de Tablas, y es también la de más producción en términos de volúmenes de la revista. Esa voluntad, que a mí me gusta mucho decirle así como ustedes le llaman: memoria y presente, se puede recorrer incluso casi en la dramaturgia de muchos números. De alguna manera, incluso la estructura editorial de la revista en la tercera época, es un viaje en general de la memoria al presente. Siempre nos interesa que haya alguna cuestión histórica, alguna memoria sobre figuras, sucesos, panoramas, grupos, problemáticas del pasado y también del presente, y en el mejor de los casos si estas dos cosas tuvieran una relación orgánica, pues eso es la dramaturgia que persigue un número, que a nosotros nos gusta decirle, para acercarnos al teatro, que es justamente una puesta en papel de un discurso. Eso no siempre se logra, pero es, llamémosle así, el ideal. Y eso no ha sido borrado, es algo que seguimos persiguiendo. Eso no quiere decir que no sea cierto lo que ustedes señalan. Aunque Tablas tuvo siempre un ojo mirando hacia el exterior, ya fuera porque nos visitaban grupos, personas o teóricos que tenían su marca, su huella en la revista, también parte del equipo de la revista viajaba y se refería a cómo andaba el teatro en cualquier lugar del mundo. En los últimos años se ha acentuado eso creo que por dos razones, una ya la he señalado: las revistas se parecen a la gente que la hacen, y hoy la revista tiene un equipo muy joven con los ojos abiertos y pendientes de tendencias, hechos y perspectivas que se dan en otros lugares del mundo. Y también porque ha sido siempre una política de la revista, tratar de entrar al espacio nacional cuestiones prácticas y teóricas que puedan dialogar con el teatro cubano que se va haciendo. En nuestra lectura como equipo de la revista sobre el quehacer escénico cubano, se observan uniformidades, ciertos panoramas homogéneos, que pretendemos, en el mejor sentido de la palabra, bombardear, no imponer, informar sobre otras perspectivas de creación. No se trata de estar a la moda, frase que no me gusta, pero sí de estar actualizado y de que la gente no copie, que no es nuestra intención, algo que está ocurriendo en otro lugar del mundo, sino que conozca las coordenadas de muchos procesos, perspectivas, vectores de creación que se producen en otras latitudes. La revista no debe abandonar nunca ese diálogo con la tradición y el presente cubanos, y moverse, situar al teatro cubano en las coordenadas de lo que ocurre, por supuesto, más allá de la Isla.              

¿Considera que de esta forma Tablas se aleja de sus objetivos rectores, recogidos en la nota editorial que abre su primer número?1

Yo creo que no, que si bien el objetivo esencial de Tablas es el teatro, las artes escénicas cubanas, no ha querido ser nunca un vehículo de aislamiento de ese teatro y panorama escénico, sino justamente también someter a diálogo e interacción el panorama nacional y el internacional. Si se recorren las tres décadas de la revista, se verá que, en algunas ocasiones con más acento, en otras con menos, hay siempre una presencia internacional, porque ha llegado a las costas cubanas o porque se han visto en otras partes de cualquier manera. La revista ha publicado a lo largo del tiempo una buena carpeta de materiales teóricos. Recuerdo, por ejemplo, en la época en que Vivian Martínez Tabares dirigió la revista —a fines de los 80— que en esos años había un acento renovador en este sentido. Entre el ISA, Tablas y la primera gran generación de nuevos teatrólogos, se propició un acercamiento a las entonces nuevas nociones teóricas, metodológicas, etc., marcados por la influencia de la escuela teatrológica francesa, tan fuerte en aquellos años.     

¿En qué medida Tablas enfatiza, comenta o discute la relación de dependencia de nuestro teatro con respecto a prácticas escénicas foráneas?

La revista tiene que ser una ventana de esa interacción entre la Isla y el mundo. No puede ser un vehículo acrítico, en esa misma medida tiene no solo que reflejar, sino que efectivamente enfatizar, discutir, comentar los puntos de convergencias y de divergencias entre esas nociones o prácticas foráneas y las nuestras.

Yo creo que ese papel: enfatizar, comentar y discutir se puede encerrar en la acción de interactuar. No podemos vivir aislados de lo que sucede, menos cuando el teatro y las artes escénicas, son manifestaciones que cuesta ver literalmente en sus entornos originales. Por supuesto que la música, el cine, el libro viajan con mucha facilidad: entran, salen, se mueven; es mucho más difícil con las artes escénicas. La revista tiene que ser una ventana de esa interacción entre la Isla y el mundo. No puede ser un vehículo acrítico, en esa misma medida tiene no solo que reflejar, sino que efectivamente enfatizar, discutir, comentar los puntos de convergencias y de divergencias entre esas nociones o prácticas foráneas y las nuestras. Yo creo que lo hace en alguna medida, no tanto como me gustaría, porque siempre o casi siempre las visiones que tenemos no son verdaderamente abarcadoras de todo lo que ocurre en el panorama internacional; son sesgadas por una serie de cuestiones, pero de todas maneras a través de ejemplos particulares, sea un festival al que alguien haya podido ir, la importación de un artículo, de un material teórico de un especialista de cualquier parte, sea sobre el teatro o la danza o cualquier manifestación que venga aquí, siempre es una manera no absolutamente abarcadora, aunque sí una manera de mirar esa interacción y de hacerla nuestra, por decirlo de algún modo.     

La tercera época de Tablas se inicia en el año 2000, cuando usted se hace cargo oficialmente de la revista. Así como en su etapa fundacional tiene lugar tras un período de compleja naturaleza: el período especial. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades que debió enfrentar para sostener la publicación de la revista?

Bueno, el 2000 deja atrás la parte más crítica del período especial, pero en realidad esta tercera época es, aunque un período especial un poco más benevolente, período especial al fin. Yo te podría decir que todo ha sido dificultades en realidad. Solo el respaldo firme de la institución, léase Consejo Nacional de las Artes Escénicas, de que la revista no dejara de aparecer nunca y de apoyarnos en el resto de iniciativas que creamos a su lado a partir de ella, y además la persistencia de un pequeño equipo de trabajo de sortear todas esas dificultades es lo que ha permitido hacer todo lo que hemos hecho. Lo que pasa es que estos trabajos tienen una sola ventaja: la gente que lo hace, al menos lo miro así, no son trabajadores, uno está dejando parte de su quehacer vital.  No asumo Tablas como un trabajo sino como parte esencial de lo que hago y vivo. Entonces esa pasión, vamos a soslayar el consabido amor con que siempre queremos resolver las cosas, nos capacita para sortear los problemas, conjugada con esos apoyos fundamentales de un equipo y una institución.  

 ¿Qué elementos tuvo en cuenta para compendiar tradición y actualidad en la revista?

En lo personal, soy un lector de Tablas desde su primer número, cuando era un adolescente. Es decir que en principio tuve, con mucho interés, una visión de Tablas desde el lector, que contribuyó a mi formación y a mi definición vocacional por la crítica y el teatro allá en los años 80. Luego siempre estuve desde mi etapa como estudiante del ISA, y luego de graduado, cerca de Tablas como colaborador y como lector, por supuesto. De tal manera que cuando yo llegué allí puedo decir que conocía a Tablas, veía aciertos y también algunas limitaciones, con eso asumí una etapa en la que siempre he tratado que —amén de los acentos de épocas— que la revista continúe con su política cultural y su perspectiva dentro de la cultura cubana, que fue muy clara desde esa primera revista: potenciar la tradición mejor de la publicación y ponerla a dialogar con el periodo que me ha tocado a mí estar al frente de ella. Como les expliqué al principio, nosotros tratamos siempre de que en la revista haya, en cada número, un viaje por las artes escénicas cubanas hasta el presente. Cada viaje no es ni siempre lineal, ni es abarcador del todo, pero a lo largo de estos años hemos tocado muchos puntos de la historia y del presente teatral del país. Hemos tenido la ventaja de que Tablas pariera una editorial que ha permitido equilibrar tareas entre una línea de trabajo y la propia de la revista.  

¿Cuáles fueron las estrategias que le permitieron caracterizar y distinguir la tercera época?

Una esencial, que es hacia adentro de la revista: es esta cuestión de mirar siempre el pasado y el presente como elementos interconectados, como un pasado que no debe estar ahí por cumplir una tarea de visitar el pasado, sino que sea un pasado que podamos habitar, conocer, que habla todavía al presente. Eso es fundamental: que la revista pudiera tener capacidad de influir, también hemos hablado de eso, no solo en sus cien páginas, sino más allá de sus páginas, con todas las acciones descritas; que la revista pudiera estar presente en muchos lugares donde acontecía cualquier cosa del teatro y las artes escénicas cubanas; que la revista mantuviera ciertas coordenadas de su tradición visual, pero que tuviera un ordenamiento editorial estable y coherente, y que brindara una posibilidad de ser, no la mejor, no la más hermosa del mundo, pero que fuera un objeto agradable y que eso fuera parte de la transmisión de sentidos de sus páginas: la gráfica, la imagen, las fotos; que apoyara mucho la dramaturgia cubana, que nosotros encontramos en el año 2000. Hoy ustedes no se dan tanta cuenta de eso, porque, ¡claro!, estamos a 15 años de aquella fecha, pero era un desierto ese periodo en términos de producción dramatúrgica, de publicación, de presencia de la dramaturgia cubana en los escenarios. Yo creo que Tablas con ese conjunto de esfuerzos, y de otros que se han hecho desde el Consejo, desde el ISA, desde otras instituciones, ha logrado cambiar ese panorama.  

Poco tiempo después funda la editorial Tablas-Alarcos, ¿cuánto influyó en Alarcos la herencia de Tablas? ¿Cuánto influyó en Tablas la fundación de Alarcos?

Yo en lo personal sentía que Tablas, a lo largo de los años precedentes, necesitaba un sello editorial, porque la labor que hacía esa esfera tan especializada que son las artes escénicas, no la podía abarcar solo la revista. Ese era el concepto del surgimiento de Alarcos: extenderse como un brazo de Tablas hacia afuera, para que todo aquello que la revista pedía y necesitaba expandir.

Imagen: La Jiribilla

Lo más evidente en ese pedido —que yo veo en términos metafóricos— son los libretos que nosotros quisimos trabajar aún más, en el sentido de que pudieran ser unos pliegos que el lector pueda arrancarlos si fuera necesario de la revista y se quede como con un pequeño cuaderno que contiene virtualmente un librito, un texto dramático, una presentación de ese texto, una mínima bio-bibliografía del autor y una gráfica que lo acompaña. Yo creo que en realidad está allí el germen de Alarcos. Entonces, el otro más importante lo acabo de decir antes: es la necesidad de apoyar e impulsar la dramaturgia cubana que tuvo unos años de poca visibilidad, y de poco desarrollo. La legitimación de una publicación, de dar a conocer autores nuevos, de ir publicando el material de los dramaturgos cubanos de cualquier época, de bombardear esa dramaturgia, como ya expliqué antes, con otras dramaturgias, y otras nociones de la creación dramática, pues todo eso Alarcos lo ha intentado hacer, y, a su vez, Tablas ha recibido el beneficio de ampliarse por otra línea que permite, obviamente, tanto para la dramaturgia como para la técnica, la crítica y la teoría, tener a disposición libros completos que era imposible publicar en las páginas de la revista. Pero Tablas es la madre y la madrina de Alarcos. De otros modos también, como la editorial posee los dos vehículos en sus manos, pues efectivamente uno tiene la posibilidad de diferenciar dónde es mejor desarrollar una acción u otra, qué le corresponde mejor a la revista y qué al sello editorial, y así se complementan perfectamente.  

Hemos logrado remover ciertas zonas del teatro cubano, y, aunque eso es difícilmente medible, todas estas acciones han tenido influencia en el conocimiento del teatrista cubano sobre su creación, y la foránea.

¿Qué influencias ha tenido la política editorial de Tablas Alarcos en la escena cubana actual?

Algunas ya las he señalado, sobre todo esta que llega en el engranaje lectura, texto, texto asumido, puesta en escena. Otras, a través de estas mismas acciones pedagógicas: yo creo que han tenido una influencia en el sentido de mover las piedras —como en algún momento lo llamé— es decir, el río siempre fluye, y va por su caudal, pero solo cuando remueve las piedras del lecho se puede decir que algo está pasando. Hemos logrado remover ciertas zonas del teatro cubano, y, aunque eso es difícilmente medible, todas estas acciones han tenido influencia en el conocimiento del teatrista cubano sobre su creación, y la foránea. Hemos puesto decenas y decenas de textos a disposición del lector, mucho material teórico de todo tipo, y si les digo la verdad, yo me siento muy insatisfecho, yo creo, aunque pueda parecer una pedantería, que todo eso que hemos brindado, se aprovecha escasamente.  

Hace varios números puede notarse la ausencia de un grupo de colaboradores que con frecuencia publicaba en la revista. Sin embargo, cada vez es mayor la colaboración de jóvenes estudiantes de Teatrología y Dramaturgia. ¿Responde esto a la política editorial actual de la revista?

Esto es cierto y obedece a varios factores: la revista siempre lo ha hecho; muchas veces se dice que la carrera de Teatrología y Dramaturgia en el ISA y Tablas han tenido una relación de compañía, no se puede ver uno y otro camino separados; otro que los estudiantes de estos últimos años felizmente son muy activos; otro que casi todo el equipo actual de la revista salió del ISA y permanece vinculado como docentes a la facultad de Arte Teatral, de modo que la polea de transmisión es evidentemente muy cercana. He dejado para el final el más importante: mucha de la gente de nuestro movimiento teatrológico, que ya dije que es muy amplio, escribe muy poco, o cada vez de modo más escaso. Es decir, también ha sido una manera de sustentar, aunque no siempre de la mejor forma, en el sentido de que hubiera un balance entre firmas establecidas y las nuevas que llegan. En la revista ha sido un modo de salvaguardar ese espacio crítico porque mucha gente establecida, entre sus trabajos, responsabilidades, tareas que en general no son las de la escritura de la crítica, y una suerte de urdimbre entre los teatrólogos y buena parte del teatro que se hace, digo urdimbre de trabajo y de carácter personal, impide muchas veces que ese movimiento teatrológico cumpla parte de su misión, que es la de someter a una valoración crítica a la escena cubana. Es escaso el modo de proyección de nuestro movimiento teatrólogico en relación con eso, y a su vez, nosotros en la revista tenemos que hacer un esfuerzo mayor por no dejar que ese espacio se llene únicamente con las firmas más jóvenes, sino que se complementen con las de la gente más establecida. Estamos trabajando una estrategia, sobre todo a partir de una sección del sitio web de Tablas-Alarcos que se llama, como la sección en papel, Oficio de la Crítica, tratando de dar espacio a esa nueva crítica. Nos surgen decenas de quejas, problemas con ese modo de proyección, es cierto que a veces por falta de formación, son estudiantes del ISA, etc., porque la crítica es también un oficio, se deslizan frases desafortunadas, algún epíteto mal puesto, algún adjetivo que hiere la sensibilidad de un creador, es cierto, y nosotros somos responsables y tenemos que ocuparnos de una mejor edición de esos textos.

Sí tengo claro que va a ser el único modo en que vamos a incentivar una crítica verdadera en nuestro país, porque el resto de la gente, y me incluyo, sólo queremos hacer crítica de lo que nos gusta, y es perfectamente válido a nivel personal y a nivel global, pero deja seguramente mucho más de la mitad del teatro cubano sin atender.

¿Pretende Tablas reflexionar acerca de la relación entre teatro emergente y teatro legitimado?

Creo que, aunque no siempre se acierte, hay que apoyar críticamente el teatro emergente, porque todo teatro legitimado fue antes un teatro emergente, pero lamentablemente a mucha gente se le olvidan sus pasos anteriores y eso ha generado una discusión muchas veces equívoca sobre este fenómeno. A veces entiendo, y yo mismo no soy pasivo con parte de ese teatro emergente en términos críticos, pero eso no me hace dudar de la necesidad de dar oportunidades de desarrollo a la gente que intenta hacer algo, porque eso pasó con todos los que nos trajeron hasta aquí, es biológicamente natural, y es una lástima que a tanta gente se le olvide su pasado, el modo en que caminó hasta legitimarse. Siento que muchas críticas son justas en torno a partes de esos fenómenos, muchas también me parecen injustas, sobre todo cuando cuestionan, cuando niegan la posibilidad de que fenómenos de esta naturaleza existan. Yo considero que Tablas, entre otros centros de transmisión cultural, ha logrado poner la discusión sobre el escenario, aunque no considero que hayamos podido poner a dialogar de un modo natural y justo a todas las partes.



Notas:
1. Cf. “Nota editorial”, en Tablas, n. 1, 1982, p.2. 

 

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