Teatro

El deseo Macbeth o el miedo a la caída

Ambar Carralero • La Habana, Cuba

Si usted desea tomarse unos tragos, conocer a las personas que se esconden detrás de los personajes y reinventarse a Shakespeare junto a los invitados, no falte a la fiesta privada que organizan Lady Macbeth y Macbeth en su residencia de Línea y B en el Vedado. Si está molesto o molesta porque tuvo un mal día, le rompieron los zapatos en la guagua y se secó el helecho asiático que le costó 50 dólares, acuda sin dudarlo al brindis de esta pareja. Si quiere opinar sobre algunos de los dilemas que han acompañado a la humanidad durante siglos y, de paso, descubrir que también son los suyos, no deseche esta oferta. Los monstruosos personajes que creó un Shakespeare renacentista, también son muy contemporáneos; tanto así, que a través de la reescritura de Agnieska Hernández pudieran ser sus vecinos, o su familia, o la verdad que esconde dentro de sí mismo. No importa que su “si/sí” sea condicional o afirmativo, acudir a esta fiesta documental será un testimonio de su actitud proactiva ante la vida.

Imagen: La Jiribilla

Yo también estuve en la fiesta. Pensé mis respuestas aunque no las dije. Sentí deseos de bailar, pero no lo hice. Me propuse mejorar mi perfil en Linkedin y por primera vez estuve de acuerdo con el matrimonio Macbeth.

Mucho antes, la autora de El deseo Macbeth entrevistó a varias parejas, consultó manuales de autoayuda, se leyó a Baudrillard y cambió objetos por historias personales. Luego, entregó el texto a Julio César Ramírez, director de Teatro D´Dos, quien lo llevó a escena en un momento en que la agrupación celebra 25 años de trabajo. 

Ahora, Agnieska tiene la palabra.

¿Qué es El deseo Macbeth?

Principalmente, una fiesta documental. Me agarro de Shakespeare, pero ya no quiero ejércitos, no entiendo a los reyes, no quiero a otros, sólo a Lady Macbeth y a su esposo Macbeth. Pero tampoco puedo explorar la tragedia desde esos puntos de vista, ni el Poder desde esos puntos de vista, entonces salgo a las calles de La Habana en busca de parejas reales: un hombre, una mujer; un hombre, otro hombre; una mujer, otra mujer. Gente casada, que ha compartido criterios, bondades, amores, miserias del cuerpo o el espíritu, gente que se conoce de verdad. Manteniendo algunas referencias al estilo o lenguaje de Shakespeare, hilvanando una casi fábula de Shakespeare, convoco ficción y entrevistas reales, mezclo, y entonces sale esta fiesta documental, documental erróneo de la realidad, pseudocumental, en mixtura con la auto-ficción.

¿Pensaste en el elenco de Teatro D´Dos y en Julio César Ramírez desde el inicio para la representación de tu texto?

Julio César me pide hacer una versión del Macbeth de Shakespeare. Ahí te dices: “es hoy, por fin vas a batirte con un Shakespeare para desarmarlo en pedazos como has querido siempre y mantener ese centro shakespereano palpitante”. Luego comenzó la búsqueda de matrimonios reales. El texto siempre estuvo pensado para un matrimonio real. De hecho es flexible. Lo ideal sería acomodarlo a cada pareja de representación-pseudo-representación; pero, honestamente, no creo que una dramaturgia, ni siquiera una dramaturgia documental, goce de tanta suerte. Tendría el autor que estar presente en cada proceso de trabajo que se derive. Luego las parejas reales comenzaban a mezclarse con parejas de actores que conozco. De hecho en Teatro D´Dos el texto siempre estuvo enfocado para parejas “casadas y firmadas”, unas parejas más jóvenes, otras menos jóvenes, de manera que pudiera sostenerse la autoverdad del texto y las zonas documentales que dan saltos de Shakespeare a la vida doméstica, íntima, autorreferencial.

Teatro D´Dos celebra 25 años de trabajo, ¿qué relación encuentras entre tu texto y el momento actual que está viviendo el grupo?

Teatro D´Dos ha transitado por muchas etapas, pero siempre con una condición indispensable, el buen trabajo desde y hacia el actor. Es un grupo con numerosos espectáculos, y algunos son de referencia obligatoria para mirar el panorama teatral cubano. Estoy pensando en puestas en escena como Fausto, Ignacio y María, por ejemplo, o El baile, dentro de la Trilogía de Estorino. Todas estas, y ahora casi creo que con El deseo Macbeth también sucederá, pertenecen a esas zonas de riesgo y experimentación que han sido válidas siempre para Teatro D´Dos, bajo la dirección de Julio César Ramírez.

¿Cómo fue la investigación y el proceso de escritura del texto?

Una vez, hace ya mucho tiempo, me senté en una calle de La Habana Vieja, con un cartel: ‘SE CAMBIAN OBJETOS POR HISTORIAS PERSONALES’. La gente me contaba historias, y yo les regalaba mis objetos, cosas que habían formado parte de mí y venían bien al panorama de carencias de aquellos que deseaban cambiarme una verdad por algo en especie. Escribí un libro con ese título. Desde ese día no he podido parar. Simplemente porque tantas cabezas piensan más que una. Simplemente porque ese cliché de la “Vida blá blá blá es más rica que el Arte”, es cierto. Hablo mucho, hablo de más, incluso, y siempre digo que no hay que torturarme, que café y cigarrillos, como la película de Jarmusch, son suficientes para que yo hable. Así que para este Macbeth hice algo parecido. Envié postales a parejas, las reuní a todas en 23 y Malecón, no sé bien para qué, les hablé de mi proyecto, y fuimos hablando y trabajando. Como dice Lady Macbeth en mi texto: “no decíamos las cosas fácilmente… La autora tenía que preguntarnos, hacernos preguntas capciosas…” Y ahora El deseo Macbeth es un poco de todos ellos. Es digamos, una pareja cubana típica de nuevos ricos en ascenso.

¿En cada obra que escribes sigues pautas similares para la escritura o cambias en cada proceso de acuerdo a tus intereses?

Me obsesioné un poco con el Teatro Documental, aún me dura, principalmente el reto de no hacer documentales aburridos. De hecho estoy preparando un libro, que quizá se llamará Falso documental, donde reúno algunas de estas experiencias. Pero trabajar con no-actores es muy difícil. Difícil de hacer, de sostener en la escena, de hacer reiterativo y difícil por el riesgo que representa para ese no-actor que puede hacer una catarsis de psicología, no de las que usualmente acostumbramos a trabajar/leer/ver en el teatro. Lo hicimos, por ejemplo, Karina Pino y yo con una dramaturgia creada por mí bajo la dirección de ella (Los días raros). Fue muy bonito, pero difícil. Esa es la palabra. Ahora recién hice una dramaturgia que me encantó para Harry Potter: se acabó la magia (academia documental), bajo la dirección de Carlos Díaz y con la participación de estudiantes a punto de graduarse de la Academia. En ese texto conviven las referencias vivenciales de estos muchachos con la magia de Harry Potter. Pero no siempre trabajo así. A veces trabajo sola, por los caminos de la ficción. Y eso también me gusta. Pero me encanta desdoblarme y dar saltos bruscos de una novela de radio a algo mucho más conceptual y desdramatizado, porque disfruto escribir de todo. Es como pasar un tiempo con cada dramaturgia, sin abandonar una fina línea que te une a las cosas verdaderas; pero los encargos, las dramaturgias para sobrevivir, los programas de televisión, los teleplays, los cortometrajes, todo eso, te va enseñando a dibujar lo que a veces tienes ganas de desdibujar.

“La escritura es seducción”, lo dijo Milán Kundera como tantos otros grandes escritores, esta idea también es defendida en tu obra. ¿Cuáles son tus referentes?

Baudrillard, en primer lugar, luego vas aprendiendo que la seducción funciona. Le tomé la idea de la seducción prestada a Baudrillard, y espero que no se moleste. Cuando alguna vez lo leí me convencí de que debemos seducirnos unos a los otros, y que esa es la gran lubricación de las relaciones sociales. Seduces a tus amigos, a tu familia, a tu pareja, a tu jefe. Seducción en órdenes mayores de la palabra, no en los elementales y necesarios comportamientos sexuales. Dice Baudrillard,  a mí no me creas, que “no hay casi nada seductor en lo meramente explícito”. Y la escritura, por supuesto, debe seducir, por lo que no dice, por lo que esconde, por lo que evoca, por la manipulación benévola con el lector-espectador. Alguna vez me obsesioné con una idea dentro de la dramaturgia: los puntos de fuga. En cada obra debería existir, por decreto, un buen punto de fuga, donde la palabra o el gesto o la escena escapen para seducir.

¿Qué temas te interesan y sientes que son una constante en tu trabajo?

Me interesa un tema cuando se abre un tópico que puedo explorar, investigar, algo que no se convierta tan rápido en letra muerta, aunque eso también va  a pasar, por supuesto. Y de vez en cuando recuerdo que tenemos pocas heroínas, y aunque no me divierten ni entretienen las antologías, agrupaciones o etiquetas feministas, me da por poner en boca de alguna mujer un par de ideas para que las defienda. De algún modo he empezado a interesarme más por la dramaturgia para los espectáculos y menos por los textos. A veces todo se une en el deseo de explorar a ciertas personas y sacar de ellos experiencias que yo no puedo contar, aunque luego sean un of of of para la escena, donde no coincide ese actor que emite con esa persona que no tiene la capacidad de convertirse en vehículo para la escena. A eso me gusta llamarle: vergüenza del cuerpo y la palabra.

¿Sientes que la fiesta que hacen los anfitriones, de la cual forman parte los espectadores está explotada lo suficiente desde el texto y desde la puesta en escena?

Me gusta en ambos casos, cada fiesta con sus diferencias. La actriz Daysi Sánchez va de ella misma a su Lady Macbeth con mucho encanto y gracia, desplazándose entre grandes monólogos y sin obviar que ese público está ahí, cerca de ella, y que más que un público se trata de invitados. Quiero decir, la actriz principalmente me resulta buena anfitriona para la fiesta que propone esa dramaturgia. Fiestas podrían existir muchas, como anfitriones e invitados, e incluso logística para la celebración.

Al principio de la obra Lady Macbeth expone las preguntas que la autora hizo a varios sujetos en el proceso de investigación. Al final de la representación propone una dinámica con el público, y les pide de igual modo que “den un paso al frente” los que piensan afirmativamente sobre varias cuestiones relacionadas con las aspiraciones y angustias de la sociedad cubana. ¿La autora también da el paso al frente al respecto? ¿Agnieska también padece “el deseo Macbeth”?

Son preguntas. Preguntas utilizadas como herramientas para la entrevista y el documental. Son preguntas que comienzan con: “¿leyeron el texto que les di? ¿Consideran que Lady y Macbeth debieron actuar de otra manera?” Y luego esas preguntas se abren, para explorar zonas de dolor, verdad, criterio, provocación, en el no-actor, el actor, el público, la reacción del público… Nunca damos al frente todos los pasos que hacen falta y nunca nos quedamos con el pie atrás en todas las preguntas. La cuestión no es el paso. Es la pregunta. Durante el proceso de trabajo en Teatro D´Dos salía ese punto: ¿el paso, o la pregunta? Yo creo que hacerse la pregunta ya es un paso. Y en cuanto al “deseo Macbeth” es algo extraño. Aún las personas menos ambiciosas tienen alguna esfera donde desean llegar más alto, y como dice tu querido Milán Kundera: “sin pensar que algún día nos invadirá el vértigo, que es el miedo a la caída, y a veces nos da miedo un mirador provisto de barandas”…

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