El 30 de septiembre de 1930 y la escalinata universitaria

Ana Cairo • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Se están cumpliendo 85 años de aquel 30 de septiembre en el que los jóvenes convirtieron a la Escalinata de la Universidad de La Habana en uno de los sitios más reverenciados de la cultura republicana.

El  parque Maceo y la Escalinata (1916-1928)

El 20 de mayo de 1916 se inauguró la estatua ecuestre de homenaje al general Antonio Maceo en La Habana. El acto formaba parte de la campaña para las elecciones presidenciales que ocurrirían en noviembre.

La estrategia del presidente Mario García-Menocal Deop, quien aspiraba a la reelección, resultaba exitosa porque enfatizaba simultáneamente dos imágenes: la de un general del Ejército Libertador preocupado por enaltecer el legado patriótico y la de un gobernante modernizador.

Se trataba del primer paso para la ejecución de un parque dentro del ambicioso proyecto de  extender y realzar al Malecón como el paseo habanero más extenso, trascendente y de mayor impacto público. Se redimensionaba un antiguo enclave militar (torreón y después batería) en la caleta de San Lázaro.

Imagen: La Jiribilla

Antes de que se terminara el parque Maceo ya los estudiantes universitarios  lo escogieron como punto de reunión para acciones festivas. El lugar se combinaba con el del Parque Central y el paseo del Prado.

Durante 1918 se desencadenó la rebeldía estudiantil en América Latina. Primero fue en la Universidad de Córdoba y después en la de Buenos Aires, de la que irradió hacia el resto de las instituciones docentes en la Argentina.

Los movimientos de reforma en la Universidad de San Marcos en Lima, Perú, y en la Universidad Nacional de México también resonaron continentalmente.

En La Habana, los estudiantes mostraron las primeras inquietudes, pero, la política represiva del general García-Menocal frustró los intentos organizativos.  A partir de 1920, ellos comenzaron a utilizar también el parque Maceo como el punto de partida de algunas manifestaciones en defensa de sus intereses  docentes.

El 20 de mayo de 1921, el doctor Alfredo Zayas Alfonso juró como cuarto presidente de la República de Cuba. De inmediato, quiso marcar las diferencias de estilo político con su predecesor, quien en ocho años de mandato había multiplicado el autoritarismo y la represión sistemática, que se incrementó durante la brava electoral para reelegirse (noviembre de 1916-marzo de 1917) y se mantuvo para contener las protestas de los opositores políticos y las de los grupos sociales afectados por las secuelas del crac bancario (octubre de 1920).

Zayas surgió como intelectual en la década de 1890. Pertenecía a la comunidad de ilustrados, adeptos al liberalismo. Defendió el derecho al voto femenino en la Convención Constituyente de 1901. Perteneció a los fundadores del Partido Liberal en La Habana.

Solía mostrarse afable, sonriente, campechano. Era un buen cínico: podía prometer cualquier cosa sin preocuparse por el desprestigio inherente al acto de no cumplirlo; daba audiencias con facilidad; tenía un buen sentido del humor.

A partir de que Zayas juró la presidencia y hubo conciencia pública del nuevo estilo de gobierno, se reclamaron decisiones políticas y sociales, que habían permanecido engavetadas en el segundo tiempo del menocalato.

El claustro de la Universidad de La Habana solicitó a la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes (la institución regente) que acelerara la ley por la que se podrían conferir los grados honoríficos. Se promulgó el 11 de agosto de 1921.

Quizá en la velocidad con que se promulgó la ley, influyó algún tipo de compromiso soterrado de Zayas con el general García-Menocal, quien era el primer interesado en un homenaje público al hábil diplomático yanqui Enoch Crowder, enviado con poderes omnímodos por el Departamento de Estado para ayudarlo a enfrentar el crac bancario de octubre de 1920.

Entre el 20 de septiembre y el 8 de octubre de 1921, los estudiantes reformistas  de la Universidad Nacional de México, aprovecharon con laudable astucia, la política gubernamental de festejar con distintos tipos de evento el centenario fundacional de la nación.

Ellos organizaron el primer congreso latinoamericano, que se celebró en la Escuela Nacional Preparatoria. Allí, se acordó la lucha por la solidaridad estudiantil, el cogobierno, la docencia y la asistencia libres, la extensión universitaria, la creación de universidades populares, la autodeterminación de  los pueblos y la defensa de Santo Domingo y Nicaragua, víctimas de las invasiones yanquis.

Se decidió aunar esfuerzos para realizar el segundo en la Argentina (cuando se pudiera). Entretanto, se debería avanzar en las acciones de proselitismo; ya se estaba pensando en alguna variante de una internacional de estudiantes reformistas.

Eduardo García Agüero, vicepresidente de la asociación de alumnos de la Facultad de Derecho, fue el único cubano que participó en dicho evento.

El 16 de noviembre  de 1921, miembros de la asociación de estudiantes  de la Facultad de Derecho, rodearon el Aula Magna de la Universidad e impidieron que se entregara el primer doctorado honoris causa a Enoch Crowder.

El 18, los mismos jóvenes organizaron una manifestación del parque Maceo al Palacio Presidencial para difundir todavía más su rechazo al intervencionismo cotidiano del yanqui.

Zayas, sonriente, actuó como Poncio Pilatos. Si los muchachos estaban dispuestos a bloquear la ceremonia, habría que posponerla indefinidamente. De manera oblicua, estaba reciprocando también una de las numerosas humillaciones que la prepotencia de Crowder habían hecho públicas.

La victoria de noviembre de 1921 evidenció que ya se movilizaba una minoría de estudiantes universitarios reformistas e inconformes. Ellos estaban dispuestos a aprovechar las ventajas del zayato para reorganizar las asociaciones estudiantiles en las tres facultades y emerger como un movimiento político y  social, tal y como venían haciendo, desde 1918, sus hermanos  en las universidades argentinas, en la de San Marcos en  Lima, o en la Nacional  de México.

En octubre de 1921, había matriculado en la Facultad de Derecho, el alumno Nicanor McPartland, quien un mes después ya había participado en la revuelta anti-Crowder. Durante 1922 comenzó a hacerse famoso como atleta en los equipos universitarios. Entonces, decidió autobautizarse como Julio Antonio Mella.

El 20 de diciembre de 1922, como representante de la Facultad de Derecho, Mella se convirtió en uno de los fundadores de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Resultó elegido secretario general por un año.

Un mes antes, había organizado la aparición de la revista Alma Mater, destinada a servir de órgano a la FEU.

Imagen: La Jiribilla

Mella había elegido la escultura Alma Mater (1918), emplazada en el Patio de  los Laureles, como el símbolo de la FEU. Para resaltarlo, el primer directorio de la organización se retrató junto  a  la misma.

Entre enero y octubre de 1923, Mella gestó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes y al unísono encabezó el movimiento de reforma universitaria.

A partir del éxito del Primer Congreso, se demostró que los estudiantes se habían convertido en un nuevo  sujeto político de la vida republicana. Se había creado la primera red para articular las acciones de los universitarios con los jóvenes de la segunda enseñanza (institutos provinciales, escuelas normales, colegios privados laicos y religiosos).

El 18 de agosto de 1924, Mella y Leonardo Fernández Sánchez fundaron la Confederación de Estudiantes, primera organización para construir la alianza entre los reformistas universitarios y los de la enseñanza media (en particular los del Instituto de La Habana). La revista Juventud (1923-1925) se transformó en su órgano. Uno de sus redactores fue Aureliano Sánchez Arango.

Gerardo Machado juró como quinto presidente de la República el 20 de mayo de 1925. Como era conocida su megalomanía, desde esa misma fecha se iniciaron los cabildeos para lograr que las autoridades universitarias le concedieran el primer doctorado honoris causa (el que no había obtenido Crowder).

El 5 de marzo de 1926 se aprobó la iniciativa en el claustro de la Facultad de Derecho. El 31 de mayo se efectuó la ceremonia en el Aula Magna.

Probablemente en la negociación soterrada hubo una dimensión económica, porque el flamante primer honoris causa ordenó que se incluyera a la universidad en el plan de obras públicas, capitaneado por Carlos Miguel de Céspedes, apodado “el dinámico”.

En los inicios de 1927, ya se sabía que la Universidad sería una de las subsedes de  la Sexta Conferencia Panamericana, para la que se inaugurarían obras.

En marzo de 1927, se hizo pública la noticia de la reforma constitucional, que implicaba una prórroga de poderes y la reelección de Machado.

En abril se reestructuró el Directorio Estudiantil, quien se declaró mellista y antimachadista al unísono. Recomenzaban las protestas. Los estudiantes destruían las pancartas en las que se anunciaban las construcciones gestadas por el machadato. Gabriel Barceló se hizo famoso al  desmantelar una.

En julio de 1927, se divulgó que Calvin Coolidge, presidente de EE.UU. vendría a la apertura de la Sexta Conferencia Panamericana. De esta manera, también se daba el espaldarazo a la prórroga de poderes.

El rector y algunos profesores machadistas establecieron los tribunales disciplinarios. Pensaban que podrían liquidar la revuelta. Por el contrario, se multiplicó la rebelión. La expulsión se convertía en un elemento de orgullo político. Podría ilustrarse con el caso de Eduardo Chibás: estaba de licencia por encontrarse en el extranjero cuando comenzaron los juicios; al regresar, se incorporó de inmediato a la pelea y fue condenado. Por primera vez, una mujer, Inés Segura, fue sancionada.

El 15 de enero de 1928 se inauguró la Sexta Conferencia Panamericana en La Habana y esa es la fecha oficial de apertura de la Escalinata de la Universidad y del edificio  González Lanuza de la Facultad de Derecho, que funcionó como una de las subsedes. Dentro de la remodelación, se trasladó la estatua Alma Mater del  Patio de los Laureles al centro de la Escalinata.

Imagen: La Jiribilla

El 10 de enero de 1929 Julio Antonio Mella fue asesinado en México por sicarios del machadato. El 27 de noviembre, en un teatro habanero, se organizaba el acto tradicional para recordar a los ocho estudiantes de medicina (asesinados en  1871). Allí se circuló un manifiesto en el que se unían sus nombres con el de Mella.

Así comenzaba a estructurarse la imagen patrimonial de la continuidad histórica del martirologio estudiantil. La cual se difundió con el montaje de nueve retratos,  o en la de cuadros para recrear el fusilamiento de los ocho en diálogo con una foto de Mella.

La mejor expresión de esta tradición puede verse en el Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana, en el que se reúnen las imágenes gestadas desde el 27 de noviembre de 1929 hasta el 1 de enero de 1959.

Después  de 1937 (cuando la FEU obtuvo reconocimiento legal) comenzó a implementarse la ceremonia del “pase de lista” en actos patrióticos: se menciona cada nombre y la multitud dice “¡Presente!”; siempre están los ocho estudiantes de medicina, Mella y Rafael Trejo. Bajo el mismo principio, se continuaron añadiendo nombres de mártires en los combates antimachadistas y antibatistianos.

La manifestación del 30 de septiembre

Los intelectuales cubanos deseaban festejar el  cincuentenario del primer curso de filosofía impartido por don Enrique José Varona. Se creó un comité para coordinar acciones.

Durante 1930, se había ido reorganizando un nuevo Directorio Estudiantil Universitario (DEU), el cual mandó representantes al comité pro homenaje a Varona. Raúl Roa fue uno de los designados, porque  se necesitaba que el evento sirviera para difundir la resurrección del DEU mellista y antimachadista.

En el inicio del curso, ya estaban planificadas las acciones del DEU. El secretario de Instrucción Pública ordenó al rector impedirlas. Se decidió posponer el comienzo de las clases y cerrar todas las entradas a la institución. Se pensaba que desistirían.

Los jóvenes aceptaron el reto de medir fuerzas con las autoridades universitarias y con las de la policía que rodeaban el campus. Invitaron a profesores (como Juan Marinello) y a dirigentes sindicales (como Isidro Figueroa) a que los acompañaran. Aprovecharon con insólita rapidez la opción de concentrarse en la acera y en la calle, justo donde se erigía la escalinata. Avanzaron por San Lázaro hasta más allá de la calle Infanta. Fueron golpeados. La mayoría pudo escapar (como Roa y José Lezama Lima). El profesor Marinello fue encarcelado en el castillo del Príncipe, bajo la falsa acusación de haber instigado a los muchachos.

Hubo heridos. Rafael Trejo fue baleado, murió en el hospital.  Pablo de la Torriente Brau, con golpes en la cabeza, presenció el triste final y lo narró.  El obrero Isidro  Figueroa también fue ingresado.

La muerte de Rafael Trejo conmovió a Cuba. El velorio y el entierro se hicieron bajo fuertes medidas represivas. Las jóvenes miembros del DEU demostraron su valentía porque asumieron dicha responsabilidad para proteger a sus compañeros.

Los estudiantes de bachillerato y normalistas en las seis provincias juraron combatir la satrapía hasta que fuera derrocada.

La Universidad de la Habana fue ocupada  por el ejército (2 de octubre). El 9, se enfrentaron jóvenes y policías en un homenaje a Trejo. El 23, circuló el “Manifiesto- programa del Directorio Estudiantil Universitario”. El 30, las  autoridades universitarias dictaminaron el aplazamiento indefinido del comienzo del curso académico 1930-1931.

En diciembre, el DEU organizó de nuevo manifestaciones para boicotear la orden del sátrapa de que la Universidad  volviera a la normalidad docente. El día 10 , los intelectuales se solidarizaron con el DEU. El 11, fueron cesanteados 52 profesores. Finalmente, el 15, en un alarde de prepotencia, circuló un decreto presidencial que clausuraba a la Universidad, a los Institutos de Segunda Enseñanza y a las Escuelas Normales.

De inmediato, se presentaron denuncias judiciales que sustentaban la inconstitucionalidad del decreto. Se reactivaron continuos procesos de apelaciones. Sin embargo, la Universidad permaneció cerrada hasta septiembre de 1933.

Entre octubre de 1930 y agosto de 1933, decenas de adolescentes se convirtieron en nuevos sujetos políticos: pudieron ser líderes, héroes, mártires; algunos surgieron como intelectuales.

El objetivo de Mella y Leonardo Fernández Sánchez al fundar la Confederación de Estudiantes (agosto de 1924) para articular mejor  las demandas de los universitarios con la de los Institutos y las Escuelas Normales, e interactuar con otros movimientos latinoamericanos,  no se había podido cumplir.

La manifestación del 30 de septiembre de 1930  y la muerte de Rafael Trejo reactualizaron las audacias de aquel proyecto. Los dos hechos constituyen un punto de giro cualitativo en la rebeldía juvenil contra la dictadura de Machado. Se aceleró una praxis política y social, que transformó la historia republicana; que anticipó el ingreso a la comunidad de intelectuales.

Carlos Rafael Rodríguez, adolescente cienfueguero, encabezó manifestaciones en su ciudad natal cuando supo la muerte de Trejo. En agosto de 1933, allí se convirtió en el alcalde revolucionario. Meses después, cuando llegó a la Universidad de La Habana, se integró al Ala Izquierda Estudiantil y fue uno de sus dirigentes hasta que la organización se autodisolvió para favorecer la fuerza unitaria en la reorganización de la FEU.

Mirta Aguirre, Juan Pérez de la Riva, Julio Le Riverend, Juan Manuel Márquez, Luis Orlando Rodríguez, entre otros, en la adolescencia hicieron política.

A partir del 30 de septiembre de 1930, el movimiento estudiantil funcionó en dos instancias autónomas pero inseparables: la universitaria y la de la segunda enseñanza.

Las reformas docentes se solicitaban para los dos sistemas. Las organizaciones estudiantiles disfrutaban de similares libertades y derechos y hasta se aproximaban en las iniciativas para movilizar a sus miembros.

A partir de enero de 1936, comenzó a transitarse hacia una normalización de la vida docente. En 1937, se reconoció finalmente la autonomía universitaria, promulgada por un decreto del Gobierno de los Cien Días (septiembre de 1933) y suspendida con el golpe de estado (enero de 1934).

Se aprobaron unos estatutos provisionales  para la Universidad de La Habana, en los que se reconocía la existencia de la FEU y se comenzaron a implementar las modernizaciones.

Entre 1937 y 1939 se crearon y se reorganizaron los partidos y las organizaciones políticas y sociales. Surgieron las secciones juveniles y dentro de las mismas las dedicadas a los estudiantes.

En 1939, se realizó el Segundo Congreso Nacional de Estudiantes, en el que se legitimó definitivamente la existencia de ellos como sujetos políticos que debían ser atendidos tanto en sus demandas, como en la dimensión de que de allí estaban surgiendo nuevos líderes.

Por la iniciativa de antiguos estudiantes universitarios antimachadistas,  en los artículos de la Constitución de 1940 quedó refrendada la autonomía de la Universidad de La Habana. Esto facilitó el diseño de los estatutos  permanentes de 1942 orientados hacia la modernización.

Imagen: La Jiribilla

 

La Escalinata de la Universidad, sacralizada por la narración de Raúl Roa en “La jornada revolucionaria del 30 de septiembre” (1934), fue resaltada como uno de los símbolos nacionales de la épica revolucionaria. Sigue funcionando como lugar patrimonial y reciclándose como un espacio mítico. En el capítulo noveno de su novela Paradiso (1966), Lezama Lima hizo una de las recreaciones magistrales.

En el tránsito por sus escalones y descansos, millones de cubanos y extranjeros continúan enriqueciendo su emocionalidad personal y colectiva.

La  emocionalidad puede singularizarse en un acto profético del compromiso eterno con la vida revolucionaria. Fidel Castro es un mito vivo. Después de cuatro años enfermo, el 3 de septiembre de 2010,  decidió volver hablar desde allí a una multitud; estaba indicando con ese gesto que había recuperado la salud mínima para mantenerse como un modesto soldado de las ideas.

La emocionalidad puede ilustrarse con un acto de última voluntad. Alfredo Guevara falleció el 19 de abril de 2013. Fue secretario de la FEU en los años finales de la década de 1940. Quizá, las mejores vivencias de su juventud estaban asociadas con aquellos años; por esa razón, eligió a la Escalinata para que allí se esparcieran sus cenizas.
 

 

  Imagen: La Jiribilla

 

 

 

 

 

    

 

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