A propósito… ¿el rey ha muerto?

Otra polémica se ha desatado nuevamente en torno a la
institucionalidad de la cultura. En este caso vuelve a ser el Instituto Cubano del
Arte e Industria Cinematográficos el tema de la discordia. Se habla
incluso de la muerte de la institución, o mejor, de la eutanasia a la
que quieren obligarle.
¿No existe el ICAIC? Si es así, donde quedan los festivales y eventos
que -desde y para el cine- organiza el ICAIC, o los cerca de 20
proyectos en los que ha trabajado y trabaja en los últimos años, entre
ellos, la mítica Conducta de Ernesto Daranas, que por semanas inundó
los cines cubanos, u otros filmes con una furia menos intensa ante las
taquillas pero con similar calidad artística.
En la ruta de esa máxima por la calidad de la cultura y sus productos
la Institución vuelve a ser  juzgada, ahora por su empeño en
justipreciar la importancia de no hacer cine por hacer cine, sino de
respaldar y fomentar, más que la cantidad, la calidad artística…los
criterios estéticos y conceptuales que nos recuerdan los pilares del
séptimo arte.
Se habla con orgullo de las nuevas generaciones de artistas, de sus
producciones, y gestiones extramuros para concretar sus producciones,
no se habla de la huella dejada por el ICAIC en esos creadores para
que hoy sean fruto de lo mejor de la cinematografía de la región, no
se habla de su plataforma de promoción, distribución y presentación,
no se habla de su apuesta por el Nuevo Cine Latinoamericano, por los
nuevos realizadores, de su continuidad con el Cine Pobre de Gibara, y
de los festivales de la crítica o en provincia; tampoco de otros para
la promoción de los que se hace fuera de las fronteras de Hollywwod,
de eso no se habla o prefieren no hablar los de la condena a muerte.
Es mejor el dedo en la llaga. Es mejor la condena a muerte…en lo que
los verdugos de la institución asoman el rostro: bienvenida la
polémica, porque nadie ha muerto.

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